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domingo, 30 de octubre de 2016

SOBRE EL COMENTARIO A “LAS MURALLAS DE HONGARA”

 
 
 
 
 
La publicación de mi reseña de la novela de Torres Quesada “Las murallas de Hongara” a propiciado un comentario de uno de los lectores del blog. Dicho comentario me empujó a examinar más detalladamente mis archivos, pues consideré que el amable comentarista pudiera tener razón en algo. Y, en efecto: como dice Angerues, “Un mundo llamado Badoon” no fue el último número de la primera época de “Luchadores del espacio”, sino el penúltimo. Como errar es humano, pido disculpas a los lectores del blog por este error que subsanaré cuanto antes. También es cierto que la novela reseñada da comienzo a una miniserie que Torres Quesada publicó en “Galaxia 2000”… asunto que pensaba mencionar en las correspondientes reseñas de otros títulos de éste autor. Si me refiero a ella como novela independiente, es porque estoy convencido de que el novelista la concibió en principio como tal, decidiendo más tarde incidir sobre los temas tratados en la misma. Al escritor gaditano se le quedaba corto el formato de bolsilibro, y, por otra parte, es tan prolífico, y posee una capacidad de fabulación tan extraordinaria, que frecuentemente desarrolló en series una historia en principio pergeñada sólo para una novela.

 
Pero en todo lo demás, el que está errado es el autor del comentario. La colección “Galaxia 2000” constó de 32 títulos publicados. ¿Qué por qué estoy tan seguro? ¡Caramba, pues porque esta serie la tengo completa! Es más, hubo alguna obra más que no llegó a publicarse, porque la colección se clausuró antes, como todas las de “Forum”. La desaparición de esas colecciones de bolsilibros fue propiciada por Planeta, cierto; pero se debió a los motivos que explico: salvo la dedicada a la ciencia ficción, el resto de las series de “Forum” eran deficitarias. En consecuencia, la pequeña editora no resultaba rentable, razón por la que se decidió finiquitarla.

 
Agradezco a Angerous su comentario, que me ha inducido a refrescar mis conocimientos bolsilibrescos. Tan sólo apuntar que ni él ni yo vamos a estar mejor informados que Torres Quesada de lo que pasó. Y en cuanto a “La Memoria Estelar”, es una de las secciones más notables del “Sitio de Ciencia Ficción”, y no creo que su autor se invente nada o cuente cosas a la ligera, sin haberlas contrastado adecuadamente.

 
Antonio Quintana
Octubre de 2016

domingo, 31 de julio de 2016

LAS MURALLAS DE HONGARA

 
 
 
 
 
Tras el colapso de Bruguera, Ediciones Forum trató de establecerse como el principal sello editorial centrado en el mercado de los bolsilibros. En lugar de la pléyade de colecciones que tenía Bruguera, Forum, mucho más modesta, optó por lanzar al mercado cuatro: “Mustang”, del Oeste; “Top Secret”, policiaca; “Thanatos”, de terror, y “Galaxia 2000”, dedicada a la ciencia ficción. Forum apostó desde un principio por ofrecer en sus colecciones novelas rigurosamente inéditas de los autores más representativos de cada género. Por desgracia, la andadura de Forum fue corta, pues de sus cuatro colecciones de bolsilibros tan sólo “Galaxia 2000” funcionó bien, siendo las tres restantes un rotundo fracaso. En consecuencia, Forum desapareció, y aunque posteriormente la pequeña Editorial Astri mantuvo vivos los bolsilibros durante algún tiempo, muy pronto se hizo evidente que el tiempo de esta clase de novelas de evasión había pasado.
 
“Galaxia 2000” siempre ha sido una serie especialmente apreciada por mí, ya que buena parte de los 32 títulos que la componen fueron escritos por Ángel Torres Quesada, el A. Thorkent de Bruguera, que en Forum recuperó el seudónimo de Alex Towers, bajo el que había sido publicada “Un mundo llamado Badoom”, su primera novela, que tuvo el honor de clausurar la colección “Luchadores del espacio” de Editora Valenciana. En “Galaxia 2000”, al contrario que en “La conquista del espacio”, Torres Quesada pudo dar rienda suelta a su creatividad literaria sin cortapisas de ningún tipo, pergeñando un puñado de excelentes novelas pertenecientes a su celebérrima Saga  de “El Orden Estelar”. También publicó en esta colección algunas novelas independientes, como “Las murallas de Hongara”, número 10 de la serie.
 
La acción de la novela se desarrolla en el planeta Hongara, habitado por humanos llegados a ese mundo dos siglos atrás en una nave estelar. Por diversos avatares, estos humanos han involucionado, aunque todavía conservan recuerdos vagos de su pasado. Divididos en tres naciones o “pueblos” más o menos diferenciados entre sí, viven en un constante estado de guerra con los khrislos, seres horrendos que parecen provenir del Norte inexplorado del planeta, y que periódicamente descienden a las tierras habitadas por los humanos. Las hordas de khrislos amenazan la existencia de los pueblos humanos, por lo que Varan, señor de Zheland, propone una alianza de las tres comunidades humanas. Su intención es unir a los tres pueblos humanos y dirigirse hacia una enorme y antiquísima ciudad, descubierta años atrás por una expedición exploratoria. Esa ciudad, bautizada con el mismo nombre del planeta, es el único vestigio dejado por los primitivos habitantes de ese mundo, humanos también presumiblemente. Como los khrislos son cada vez más numerosos, y sus incursiones más frecuentes y sanguinarias, Varan opina que la única oportunidad de sobrevivir que tienen es alcanzar esa ciudad y refugiarse en ella, pues posee unas altísimas y sólidas murallas tras las que guarecerse. Varan llega a un acuerdo con los otros jefes, pero Forjian, Señor de Cianlan, enamorado de Alehja, esposa de Varan, está enloquecido por los celos y urde un plan para hacerse con el poder, eliminar a Varan y conseguir a la mujer, aunque sea por la fuerza.
 
“Las murallas de Hongara” es uno de los amenísimos relatos a que nos tiene acostumbrados Torres Quesada. Sin ser de lo mejor de su autoría, es un relato que engancha y que satisfará a sus numerosos seguidores. Creo que el gran éxito de “Galaxia 2000”, sin que ello signifique menosprecio de los otros autores que colaboraron en la colección,  se debió a que la mayor parte de sus títulos fueron obra del afamado escritor gaditano, sin ninguna duda el mejor autor de bolsilibros de ciencia ficción después del valenciano George H. White (Pascual Enguídanos), autor de la maravillosa e imperecedera “Saga de los Aznar”. 

 
Antonio Quintana
Julio de 2016

miércoles, 20 de abril de 2016

EL CLUB DE LOS SUPERSERES

 
 
 
 
 
Número 347 de “Espacio, el mundo futuro”, “El club de los superseres”, que Lecha firmó como Louis G. Milk, es posiblemente una de sus mejores novelas de ciencia ficción para la barcelonesa Editorial Toray.

 
Bella, esposa de Tony de Valera, parece tenerlo todo: belleza, dinero, posición social. Pero un temor secreto atormenta a la mujer: el miedo a envejecer. Por eso responde a cierto anuncio aparecido en una revista, en  el que se ofrece una vida dilatadísima, sin enfermedad ni envejecimiento. El tratamiento del profesor Skawikof promete todo eso y más, y aunque Tony concluye que el tal profesor no es más que algo así como un charlatán de feria, Bella acaba por decidirse a someterse al tratamiento del mismo, que tiene un coste de nada menos que un millón de dólares. Como sabe que su esposo no está por la labor, Bella actúa a sus espaldas, dejándole a Tony una carta donde le explica que, a fin de llevar a cabo una especie de cura espiritual, ha decidido recluirse durante unos meses en un lugar que define como un monasterio laico. En otra parte de la ciudad, un hombre joven pero gravemente enfermo, Lyck Francis, toma idéntica decisión, dejando no poco preocupada a su bella esposa.

 
Poco después, Tony de Valera conoce casualmente a Fay Francis, la mujer de Lyck, y descubre que se encuentra en su misma situación. Tras entablar amistad con ella, Tony le confiesa sus aprensiones, que son compartidas por la muchacha. Ambos están muy preocupados por la actitud de sus respectivos cónyuges, que se les antoja casi incomprensible.  Las cosas se complican con el regreso al hogar de Bella y Lyck, que parecen los mismos de antes, pero que empiezan a observar un comportamiento extraño. Los dos muestran un rechazo total hacia el contacto físico y una repentina y desmedida afición a la lectura de las más variadísimas obras. Este detalle es especialmente significativo en Bella, que sin ser tonta, jamás había sentido interés alguno por la palabra impresa. Tony y Fay comparten sus dudas y temores, sospechando que algo siniestro se oculta tras el misterioso tratamiento al que se han sometido sus respectivas parejas. Fay y Tony deciden investigar el asunto, y lo que descubren hiela la sangre en sus venas.

 
En “El club de los superseres” no hay acción física, y, sin embargo, la obra se revela como una de las más logradas que escribió el autor riojano afincado en Barcelona. La intriga y el misterio que destila el argumento enganchan al lector desde la primera página, haciendo casi imposible el abandono de su lectura hasta el sorprendente desenlace. Es, en definitiva, un título muy recomendable dentro de la producción literaria de Luis García Lecha, un nombre de oro en la novelística española de aventuras. Que lo disfrutéis.

 
Antonio Quintana
Abril de 2016

lunes, 18 de enero de 2016

LOS DOMINADORES DE LA TIERRA

 
 
 
 
Otro divertido bolsilibro de Ángel Torres Quesada (A. Thorkent), publicado con el nº 602 de la exitosa serie LCDE de Editorial Bruguera.
 

La astronave “Lemur” regresa a la Tierra tras un periplo de largos años, durante el cual han transcurrido nada menos que seis décadas en nuestro mundo. Los expedicionarios esperan encontrar una sociedad muy distinta a la que dejaron al partir, pero su asombro no conoce límites cuando descubren que ahora existe un gobierno planetario, que no hay conflictos bélicos y, sobre todo, que la humanidad parece haber abandonado todo interés por la conquista del espacio. La “Lemur” aterriza en Australia y sus tripulantes son recibidos por una pequeña delegación gubernamental. Su arribada parece no haber despertado el mínimo interés entre la población, lo que deja un tanto perplejos a los astronautas. Dan Walker, comandante de los expedicionarios espaciales, no comprende muy bien la indiferencia tanto ciudadana como oficial ante su arribada, y poco a poco comienza a sospechar que ocurre algo extraño. Asombrado, Dan comprueba que en aquel tiempo la gente consume una bebida llamada zatel, presentada en pequeños botellines, que al parecer posee la capacidad de ser percibida por las glándulas gustativas de quien la bebe como whisky, martini o cualquier otra bebida que se le antoje. Pero el caso es que a él y a sus compañeros el zatel les sabe simplemente a agua del grifo. Aunque al principio no le da demasiada importancia al asunto,  una serie de extrañas circunstancias acrecientan sus sospechas, que se confirman cuando un grupo de resistentes entra en contacto con él a través de una mujer. Los disidentes le informan de la verdadera naturaleza del zatel, una droga somática a la que es adicta la inmensa mayoría de la humanidad, utilizada por unos alienígenas para mantener al género humano bajo su yugo.
 

Ejemplo perfecto de ciencia ficción bolsilibresca, “Los dominadores de la Tierra” posee todos los alicientes de los mejores relatos de Thorkent. Una novela ideal para desconectar de la cruda realidad durante un par de horas, o para descansar la mente de lecturas más trascendentes. En todo caso, una aventura entretenidísima, pergeñada por uno de los mejores autores de bolsilibros. Disfrutadla.
 
Antonio Quintana
Enero 2016

martes, 15 de diciembre de 2015

LA ARAÑA ESPACIAL

 



En esta novela, una de las más entretenidas que publicó Lecha en LCDE, colección en la que apareció con el nº 68 en 1971, el autor nos presenta a una criatura sorprendente. Pero no adelantemos acontecimientos y pasemos a explicar brevemente de qué va la cosa.

La historia comienza cuando una nave exploradora de la Tierra se dispone a tomar posesión de un planeta recién descubierto. Apenas desembarcados, los exploradores son atacados por… ¡una turba de jinetes vestidos y armados a la usanza del viejo Oeste americano! Los expedicionarios no dan crédito a lo que ven, pero antes de que puedan reaccionar son eliminados. Todos menos el capitán, Dan Harris,  que consigue regresar con la nave a la Tierra. Cuando relata lo ocurrido, es sometido a juicio y declarado oficialmente demente e internado en una institución psiquiátrica, pues nadie cree su alucinante historia.

La LCA (Liga de Comandantes de Astronave) a la que pertenecía Harris, estudia el caso. Darryl Brabben, uno de sus miembros más prominentes, aboga por realizar una investigación in situ, pues siempre ha considerado a Harris como un hombre equilibrado y piensa que debe haber algo de cierto en su historia, por descabellada que pueda parecer. Además, se han perdido ciento treinta y seis vidas y a juicio de Brabben se debe averiguar qué ocurrió en realidad. Por otra parte, la investigación es absolutamente necesaria desde el punto de vista de la seguridad de  la navegación espacial. Tras una enconada deliberación, se decide que la LCA debe hacerse cargo de las investigaciones, pues ningún otro organismo tiene intención de hacerlo. Aunque en un principio se pretende designar a Brabben como director de la comisión investigadora,  éste rechaza la propuesta, ya que todavía se halla convaleciente de un accidente en el que perdió una pierna, que le fue reemplazada mediante un trasplante. No obstante, a la larga los acontecimientos obligarán a Darryl Brabben a investigar personalmente el asunto. Lo que acabará descubriendo será algo terrible y fantástico a la vez.

“La araña espacial” me enganchó desde sus primeros párrafos, impeliéndome a leerla de un tirón. Se trata indudablemente de uno de los mejores relatos que el riojano escribió para LCDE. Lecha retomaría a otros seres similares al descrito en esta novela en al menos un par de bolsilibros más, que también destacan como obras estimables dentro de su producción literaria. Pero, si no me equivoco, ésta fue la primera vez que el novelista riojano utilizó a una criatura semejante en un relato, y lo hizo a todas luces con una gran habilidad, pergeñando una historia amena e intrigante como pocas de las que vieron la luz en LCDE. Disfrutadla, pues se trata, insistamos en ello, de uno de los mejores bolsilibros de ciencia ficción de Luís García Lecha, Glenn Parrish.
 
Antonio Quintana
Diciembre de 2015

lunes, 30 de noviembre de 2015

LA AMENAZA DEL INFINITO

 

 
 
La Saga del “Orden Estelar”, que comprende también los periodos del Gran Imperio y la Superioridad, conforma el conjunto de obras más populares del gaditano Ángel Torres Quesada. Pero también escribió un puñado de excelentes bolsilibros de ciencia ficción independientes, y “La amenaza del infinito”, publicada en mayo de 1971 en LCDE, es uno de sus relatos más logrados y entretenidos.

La novela narra la historia de Marc Alevin, capitán de una expedición a Plutón en busca de una nave espacial desaparecida con su valioso cargamento. Tras encontrar los restos del naufragio, la tripulación, con la intención de quedarse con el rico botín, se amotina y abandona a Alevin en el helado mundo, condenándole a una muerte horrible. Pero en el último segundo, cuando nuestro héroe está a punto de perecer, es salvado in extremis por unos alienígenas, humanos por otra parte,  llegados al Sistema Sol a bordo de un navío estelar que sólo puede ser definido como extraordinario. Representantes de una fabulosa Liga Estelar, que agrupa incontables mundos y razas, estos alienígenas ponen a Marc al tanto de su misión, que consiste en buscar nuevas civilizaciones y entablar relaciones amistosas con las mismas. Los grhalladahnos, que tal es el nombre de los extraterrestres pues proceden del planeta Grhalladah, que orbita en torno a una estrella de la constelación del Cochero,  así como sus aliados de la Liga, están en guerra con los varvols, raza de entes diabólicos que ni piden ni dan cuartel, y que se expanden por el universo como una plaga de langosta. Enemigos declarados de cualquier forma de inteligencia que no sea la suya propia, los varvols poseen un arma terrible, capaz de “apagar”, por así decirlo, una estrella. Los grhadallahnos y sus aliados llevan largo tiempo combatiéndolos. Han descubierto que, en su destructivo peregrinar por el cosmos, la flota varvol llegará a los mundos de su Liga en apenas unas semanas, según el cómputo del tiempo terrestre. Los grhadallahnos deben regresar a los mundos de la Liga para ponerlos sobre aviso y tratar de hacer frente a los varvols. Pero los sistemas energéticos de su nave necesitaban ser recargados, así que decidieron detenerse en nuestro sistema, pues sus navíos estelares usan las estrellas amarillas, como nuestro Sol, como fuente de energía. Al comprobar la existencia de un planeta habitado en este sistema, y tras rescatar a Marc Alevin de una muerte segura, los grhadallahnos decidieron avisar a la humanidad terrícola del terrible peligro que se cierne sobre ella, utilizando al terrestre como emisario, y proporcionándole las pruebas necesarias para dar verosimilitud a su historia. Incluso le muestran a Marc un varvol que retienen en su nave, para que el terrestre pueda hacerse una idea del horror cósmico contra el que debe luchar la humanidad.

La nave alienígena da alcance al “Star”, el navío de Alevin, con la intención de que éste lo utilice para regresar a la Tierra y advertir a las autoridades del peligro que representa la inminente llegada de los varvols. Los amotinados, sorprendidos por la aparición de los grhadallahnos, no tienen otro remedio que rendirse y ponerse de nuevo bajo el mando de Alevin, el cual no las tiene todas consigo. Poco antes, la muchacha grhadallahna bajo cuyo cargo ha estado, y que dijo llamarse María, pues su nombre auténtico resultaría impronunciable para él, le ha confesado que los grhadallahnos no creen que los terrícolas puedan resistir durante mucho tiempo frente a los varvols; pero que confían en que, al menos, puedan ralentizar a tan espantosas criaturas lo suficiente para que la Liga esté en condiciones de combatirlos con posibilidades de salir victoriosa. Tal revelación irrita a Alevin, a la par que le llena de tristeza, pues se ha enamorado de la joven. Pero trata de reponerse, y obviando el aparente egoísmo de los grhadallahnos, se dispone a cumplir su misión, mientras la nave grhaddalahna emprende el regreso a los mundos de la Liga Estelar.

 
“La amenaza del infinito” posee los ingredientes propios de la mejor “Space Opera”, revelándose como una novela muy superior a la media de las publicadas hasta entonces por LCDE. Thorkent, alter ego literario de Torres Quesada, vuelve a sorprendernos con un relato épico, en la mejor tradición de la novelística de aventuras. “La amenaza del infinito” podría haber sido una estupenda novela larga, pues su argumento, desarrollado en profundidad y con gran cuidado y esmero, habría devenido sin duda en una más que correcta obra de ciencia ficción. Creo haberlo dicho antes, pero no me importa repetirme: el formato bolsilibro se le quedaba muy pequeño a Thorkent. Sus obras largas más recientes así lo han demostrado. Si la inmensa mayoría de sus bolsilibros de ciencia ficción poseen una calidad más que notable, ¿Qué cotas podría haber alcanzado si hubiese podido desarrollar con más profundidad y extensión sus argumentos?

Un último y curioso detalle. En la batalla entre las flotas terrestre y varvol, las naves de esos seres diabólicos ostentan un diseño “aracnoide”, por definirlo de alguna manera, que las asemeja mucho a los navíos de los Medusas de “La legión del espacio”, de Jack Williamson, y a las poderosas “naves sombra” de “Babylon 5”.

 
Antonio Quintana
Noviembre 2015

miércoles, 25 de noviembre de 2015

HOMBRES EN VENTA

 
 

 
 
 
La ciencia ficción de vertiente militar nos ha ofrecido obras tan notables como “Tropas del espacio”, de Henlein, y “La guerra interminable”, de Haldeman. En los bolsilibros también se trató el tema, y quien mejor lo hizo fue el valenciano Pascual Enguídanos Usach (George H. White) en la primera parte de su exitosa “Saga de los Aznar”. El riojano Luís García Lecha también destacó en el campo de la ciencia ficción guerrera. Durante la incivil guerra civil española Lecha combatió en el bando nacional, llegando a alcanzar el grado de teniente de la Legión. Indudablemente esta experiencia le vino muy bien cuando, años más tarde, se convirtió en el autor estrella de “Toray”, publicando numerosos títulos en sus colecciones “Hazañas bélicas” y “Relatos de guerra”. Algunas de sus novelas de ciencia ficción están protagonizadas por soldados, y entre ellas destaca esta magnífica “Hombres en venta”, nº 370 de “Espacio, el mundo futuro”.
 
La novela narra las aventuras de Kenner, un terrestre que se alista en una unidad mercenaria, contratada por la soberana del planeta O´gor para reprimir una rebelión. Los rebeldes ogorianos atentan contra la unidad mercenaria con una bomba, con la evidente intención de tratar de disuadir a los soldados de fortuna de seguir adelante con su misión. Pero el líder de los mercenarios se muestra inflexible, estando dispuesto a llevar a cabo su cometido a toda costa. La operación de O´gor es ciertamente muy peligrosa, pues  no sólo tendrán que enfrentarse a los insurrectos, sino también posiblemente a los lagartos gigantes y semiinteligentes del planeta, unas criaturas temibles. La unidad mercenaria es transportada a O´gor, y apenas desembarca comienza una lucha salvaje, en la que Kenner tiene un protagonismo destacado. Kenner repara en varios detalles incongruentes, y acaba descubriendo que en O´gor las cosas no son lo que parecen, y que tras la rebelión se oculta un oscuro secreto.
 
“Hombres en venta” destaca, aparte de por su intrigante argumento, por las vívidas batallas descritas en ella. Carrados pergeña una más que aceptable novela de ciencia ficción bélica, que a pesar de su condición de relato bolsilibresco, con todo lo que ello implica, tiene poco que envidiar a otras obras más enjundiosas de similar temática. En resumen: un buen bolsilibro de ciencia ficción militar, que conocería una reedición en la colección “Galaxia 2001”, de “Editorial Andina”, con el nº 274 de la misma.
 
Antonio Quintana
Noviembre 2015

lunes, 9 de noviembre de 2015

EL LARGO DÍA DE LOS ROBOTS

 
 
 
 
POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Luís García Lecha siempre mostró un gran interés por la ciencia ficción de temática robótico, escribiendo numerosos relatos protagonizados por esos autómatas, entre los que destacan los de Kabé. No es casual que su primera colaboración en LCDE, con el nº 2 nada menos, fuese una novela titulada “¿Hombre o robot?”. “El largo día de los robots”, nº 64 de la famosísima colección de Bruguera, aparecida en noviembre de 1971, es otro de los amenos relatos robóticos que nos legó el autor riojano afincado en Barcelona.

La acción transcurre en la Tierra, donde tras una espantosa guerra que ha aniquilado a la inmensa mayoría de la humanidad, ha resurgido una civilización pacífica y muy avanzada. Los terrestres llevan una existencia en apariencia idílica, servidos por una legión de androides que realizan hasta las funciones más insignificantes que antes desempeñaban los humanos. Pero todo comienza a cambiar cuando una camarera robot asesina a dos clientes, un hecho inaudito. Esto será el inicio de una serie de extraños incidentes en la que se ven implicados los robots.

Mientras tanto, Jan Varga, nuestro protagonista, se dirige a la Tierra en su nave, procedente de  Olyshoor-11, pues ansía conocer el planeta de sus mayores. Los sensores de su nave captan una señal de socorro emitida desde el planeta Rogos. Cuando se dirige al rescate de quien envió tal señal, su astronave es atacada y Varga repele la agresión, destruyendo un navío espacial edmoriano, procediendo luego al rescate de la persona que transmitió la señal de auxilio, una mujer terrestre llamada Helena 3Otkos, a la que transporta a la Tierra. Ya en ésta, cada uno se dedica a sus asuntos, pero pronto volverán a coincidir y, juntos, habrán de hacer frente a una situación extrema, relacionada con los robots que tanto proliferan en la Tierra y que empiezan a comportarse de un modo irracional y violento, lo que les lleva a sospechar que los androides planean rebelarse contra sus amos humanos. Las averiguaciones de Jan y Helena les inducen a creer que los robots pueden estar siendo manipulados por un tal doctor Otthan Orlid, experto en robótica avanzada. Pero la realidad es aún más terrible.

Un detalle interesante se refiere a los apellidos de los terrestres. En la época en que transcurre el relato, y según el autor, los habitantes de la Tierra anteponen una cifra a su apellido, correspondiendo ésta al número de generaciones que han ostentado tal apellido. Así pues, Helena 3Otkos se corresponde con la tercera generación  apellidada Otkos.

Novela sencilla y sin pretensiones, “El largo día de los robots” ofrece un par de horas de amena e intrascendente lectura. Pura literatura bolsilibresca. No se puede pedir más.
 
Antonio Quintana
Noviembre de 2015

jueves, 15 de octubre de 2015

CEMENTERIO CÓSMICO

 
 
 
 
“Cementerio cósmico” es una entretenida novela de Curtis Garland (Juan Gallardo), aparecida con el nº 568 de LCDE. Como muchas de las novelas de ciencia ficción de Garland, se trata de una historia cargada de tensión y, en cierta manera, viene a ser una mezcla de terror gótico y “Science Fiction”. Narra las terribles vivencias de un matrimonio de astronautas que, embarcado en una audaz misión espacial en una nave más rápida que la luz, encuentra un misterioso e inquietante cementerio de naves espaciales, en el que se oculta un horror sin límites. La vertiente gótica del relato se concreta en un gigantesco navío, cuyo diseño recuerda muchísimo al de un sarcófago, y en el sorprendente cadáver momificado que allí encuentran los protagonistas. Tras vivir una terrible experiencia, en la que pierde la vida el compañero de misión de la pareja de astronautas, éstos regresan a la Tierra pero nadie cree su historia. Atormentados por los recuerdos de tan infausto viaje, los héroes de la novela se ven sometidos a un examen constante por parte de las autoridades astronáuticas, que están convencidas de que todo es fruto de su imaginación. Pero un hombre cree en su historia, un misterioso individuo que les propone regresar al cementerio de astronaves.
 
La base del argumento de este bolsilibro recuerda muchísimo al episodio “El dominio del dragón”, de la serie “Espacio: 1999”, donde también aparecían un cementerio de naves espaciales y un monstruo de pesadilla. Cabe preguntarse si Garland se inspiró en dicho capítulo para desarrollar su historia. En todo caso, aunque las similitudes entre el episodio citado y este bolsilibro son notables, tanto el desarrollo de la historia como el desenlace de la misma son muy distintos en la novela, que, en todo caso, es un buen ejemplo de la manera en que Garland afrontaba los relatos de ciencia ficción. Como casi todos los bolsilibros, “Cementerio cósmico” se lee de un tirón, proporcionando un par de horas de lectura intrascendente, pero muy amena, ideal para desconectar un poco de la grisácea realidad de cada día. Disfrutadla.
 
Antonio Quintana
Octubre de 2015

lunes, 10 de agosto de 2015

OBJETIVO: EL HOMBRE

 
 
 
Siempre he sentido predilección por las historias de robots, y OBJETIVO: EL HOMBRE es una de las mejores que he leído. Publicada en 1963 por Toray, es también una de las obras más logradas del riojano Luis García Lecha a quien, por una vez y sin que sirviera de precedente, se le permitió firmar con su nombre real, en vez de con sus seudónimos habituales de Clark Carrados y Louis G. Milk.
 
La serie Best Sellers del Espacio fue un intento de Toray por ofrecer a sus lectores obras más trabajadas en un formato más digno que el del bolsilibro. Quizás por eso, porque se consideraba que era una colección de más calidad, pudo Lecha firmar, por fin, con su nombre real. Sea como fuere, nos encontramos ante una obra típica de su autor, escrita en un estilo claramente bolsilibresco. Sin embargo, posee virtudes que la sitúan muy por encima del bolsilibro de ciencia-ficción, tal y como se concebía éste en los años sesenta.
 
La acción se sitúa en el siglo XXII. La humanidad ha sido exterminada por una plaga procedente del espacio, una extraña enfermedad que sólo afectó al género humano, respetando al resto de los seres vivos, animales y plantas. El planeta está habitado por robots androides, que han sobrevivido a sus amos humanos, creando una curiosa sociedad robótica cuyo objetivo principal parece ser el de construir más y más robots. RK-7, un robot biólogo, cree que su existencia y la de sus congéneres carece de sentido, porque no tienen amos humanos a los que servir. Durante años, y con autorización de JF-1, el líder de esta sociedad robótica, ha trabajado en un ambicioso proyecto. RK-7 pretende, nada más y nada menos, que crear un hombre. Y lo consigue, replica un cuerpo humano perfectamente conformado, un ser que vive y respira... pero sólo como si fuera un vegetal. Su mente es el vacío, y RK-7 ha de admitir, desolado, que jamás podrá replicar el cerebro humano; que, aunque es posible crear prácticamente de la nada el cuerpo, no se puede crear en un laboratorio ese halito misterioso de la vida humana que llamamos alma.
 
Pero RK-7 es un robot con mucha determinación. Ha descubierto que, poco antes de que la plaga exterminara la vida humana, una nave espacial partió hacia un lejano planeta, transportando a un puñado de hombres y mujeres. Así pues, nuestro robot está casi seguro de que en ese planeta pueden existir humanos, descendientes de aquellos exiliados, y planea una expedición para ir en su busca. Su intención es reparar una vieja nave espacial y emprender vieja a las estrellas para encontrar al hombre, constructor de los primeros robots y amo y señor de éstos. Pero JF-1 y BO-12, cabezas dirigentes del mundo robótico, tienen otros planes. Consideran que los robots son superiores al hombre, que no pudo evitar su propio exterminio, y están dispuestos a hacer lo que sea para mantener el actual status quo. El proyecto de RK-7 es saboteado constantemente, mientras que la programación de los robots que salen de fábrica es alterada para que se opongan a la vuelta del hombre a la Tierra. Consciente de lo que está pasando, RK-7 manipula la programación de varios robots que están siendo construidos, de forma que éstos, al escuchar una palabra clave, obedezcan sus órdenes sin vacilar. Poco después, y con la ayuda de LIA-4, un hermoso robot de apariencia femenina, RK-7 comienza a alistar su nave. Pero antes de que pueda concluir su labor, estalla un enfrentamiento entre los robots partidarios de buscar al hombre y los que piensan que el tiempo de éste pasó, y que la Tierra es ahora de las criaturas mecánicas. La guerra civil robótica es tan brutal y despiadada como lo fueron las guerras humanas del pasado, lo que horroriza a RK-7 y LIA-4. La astronave de RK-7 es destruida por el enemigo, y nuestro robot se ve obligado a emplear sus conocimientos en el desarrollo de un arma que permita a su bando ganar la guerra. Pero el espantoso devenir de los acontecimientos, y la destrucción de LIA-4, por la que nuestro mecánico héroe empezaba a sentir algo, le harán tomar una terrible determinación.
 
Lo más interesante de OBJETIVO: EL HOMBRE es su planteamiento humanista, patentizado en la figura del robot protagonista, un androide que, fiel a su programación primaria, piensa que sólo el servir a un ser superior, el hombre, creador y programador de los primeros robots, puede dar sentido a su existencia robótica. RK-7 defiende esta idea con convicción y valentía ante cualquier robot que quiera escucharle, lo que acaba por convertirle en una suerte de peligroso disidente al que es preciso eliminar. Los androides descritos en esta novela han evolucionado bastante, asemejándose cada vez más a los humanos, hasta el punto de replicar muchos de los comportamientos de éstos, incluso los menos recomendables. A pesar de esa evolución, que JF-1 y BO-12 pretenden acelerar mediante nuevos programas más avanzados, la robótica es una sociedad sin perspectivas de futuro, y así lo entienden RK-7 y LIA-4, quienes, aun admitiendo que ellos mismos se comportan cada vez más como humanos, no olvidan en ningún momento que son máquinas, construidas por otras máquinas que, a su vez, han sido construidas por otras creadas por el hombre. Este planteamiento humanista del relato quedará de manifiesto en su impactante final, uno de los mejores de toda la obra de Lecha, y que si bien es consecuente con el desarrollo de la acción, se aleja bastante del típico final feliz, con beso incluido, característico del bolsilibro.
 
OBJETIVO: EL HOMBRE es, aun con sus limitaciones, un excelente botón de muestra de lo que Luis García Lecha podría haber conseguido en el terreno de la ciencia-ficción de más empaque, de haber tenido oportunidad de hacerlo. Una obra de notable calidad tanto argumental como literaria, que todo fan de Clark Carrados debería leer.

martes, 30 de junio de 2015

TRAICIÓN EN URLANKA

 
 
 


 
A.Thorkent (Ángel Torres Quesada) publicó la mayor parte de su obra bolsilibresca en Bruguera. Como esa casa editora no era muy amiga de las series, aunque en última instancia se aviniera a publicar algunas por mero afán de lucro, se vio obligado a recurrir a argucias y triquiñuelas varias para dar forma a su celebérrima saga de El Orden Estelar. Ante las protestas de los responsables de la editorial,  que no veían con buenos ojos que Thorkent insistiera en escribir historias protagonizadas por los comandantes Alice Cooper y Adán Villagrán, de la Unidad Exploradora “Silente”, el novelista optó por presentar otros relatos ambientados en el mismo marco, pero con otros protagonistas. Dicha solución permitió al autor gaditano seguir creando un universo futurista muy singular, pero como quiera que los editores siguieran mostrándose muy suspicaces al respecto, el escritor encontró otra manera de seguir con su saga de Space Opera: redactar novelas de ciencia ficción aparentemente independientes de El Orden, pero que, merced al subterfugio de incluir un comentario o pasaje determinado, acababan por revelarse como piezas integrantes del mismo universo ficticio. “Traición en Urlanka” es una de esas novelas.
 

La acción se desarrolla en un planeta habitado por dos especies, los humanos y los ghalores. Ambas razas sostienen una cruenta guerra por el control de ese mundo. Aunque los ghalores parecen llevar las de ganar, los humanos han logrado construir una gran fuerza de ataque que les permitirá enfrentarse a los siniestros humanoides con posibilidades de éxito. Sin embargo, el más destacado jefe guerrero ghalor propone una tegua a los humanos. Unos belicosos alienígenas han llegado a Urlanka, estableciendo una base en el planeta. Al parecer, esos seres pretenden conquistar ese mundo, aniquilando previamente a humanos y ghalores. Éstos últimos, que tienen localizada la base alienígena, requieren la colaboración de los humanos para erradicar esa supuesta amenaza común. En contra de la opinión de Dhal Darkes, coronel de las fuerzas humanas y protagonista de la novela, la propuesta es aceptada. Darkes, aunque no está muy de acuerdo, obedece como buen soldado. Todo parece ir bien al principio. Pero pronto se revela que los ghalores han urdido una elaborada estratagema para exterminar a sus irreconciliables enemigos humanos.
 

“Traición en Urlanka”, bolsilibro típico, demuestra una vez más que a Thorkent le quedaba pequeño el formato de las “novelas de a duro”. Su interesante argumento podría haber dado origen a una novela más extensa y elaborada, dada la profesionalidad de su autor y su costumbre de sorprender al lector en el último momento. En cuanto a su conexión con la saga de El Orden Estelar, puedo adelantar a los lectores que el relato está ambientado durante la época de caos y oscuridad que siguió a la caída del Gran Imperio y que precedería a la creación de El Orden. Por otra parte, en esta novela, que Bruguera publicó en la colección “Héroes del espacio” en noviembre de 1983, con el nº 186, aparecen los ghalores, humanoides a los que no debe confundirse con los gharjoles  de “Emigración al terror”, nº 673 de “La conquista del espacio”, publicada en julio del mismo año. Aunque parecen compartir ciertos aspectos comunes, como el hecho de haber sido empleados por el Gran Imperio como tropas mercenarias, ghalores y gharjoles son dos especies distintas.
 
 
NOTA: En Bolsi & Pulp tenemos otra reseña de esta novela, (del columnista Deka Black) si quieren leerla pinchen acá.
 

 
Antonio Quintana
Junio de 2015

domingo, 22 de marzo de 2015

MARTE, BASE DE ATAQUE








Número 62 de la serie “Ciencia Ficción”, de Ediciones Toray, “Marte, base de ataque” es otra de las divertidas novelas que Lecha, firmando con el más popular de sus seudónimos, Clark Carrados, dedicó al planeta rojo.

Una nave espacial, procedente de Marte, se aproxima a la Tierra. Su único tripulante, Tony Zeiss, transmite un angustioso mensaje por radio. Según él, el cuarto planeta está siendo utilizado como una base  desde la cual unos alienígenas van a lanzar un ataque contra nuestro mundo.  Poco después, la nave se estrella y a Zeiss, segundo jefe de la primera colonia humana en Marte, conocida como “Camp Vickary”, se le da por volatilizado al no encontrarse su cuerpo. Pero milagrosamente Zeiss ha sobrevivido, y poco después llega a una casa de campo, propiedad de Peggy Styles, en la que también se encuentra casualmente el capitán astronauta Reynold Tloth, que ha sufrido una herida durante una jornada de pesca y se ha acercado a la vivienda en busca de ayuda. Se da la circunstancia de que, momentos antes de la aparición de Zeiss, Reynold y Peggy estaban comentando los recientes acontecimientos, pues Mike, el hermano de la muchacha, formaba parte de la dotación de la colonia marciana. Zeiss, gravemente herido y bajo los efectos de un tremendo shock, es ingresado en el hospital astronáutico.

Una nave de socorro comienza a ser alistada, pues se ha perdido todo contacto con la colonia de Marte y la División de Astronáutica de la ONU teme lo peor. Ante la imposibilidad de obtener más información de Zeiss, cuya vida pende de un hilo, uno de los médicos sugiere que podrían recurrir a un aparato denominado “electroencefalocámara” inventado por un tal profesor Curton, pero el doctor Copperfield despotrica contra Curton tachándole de farsante. Reynold y Peggy, que han escuchado por casualidad la conversación de los doctores, deciden ir a ver a Curton con la intención de valorar si su invento puede ayudarles a descubrir lo ocurrido en “Camp Vickary”. La “electroencefalocámara” es, según su inventor, un aparato que permite visualizar el pensamiento de una persona en una pantalla y obtener una placa fotográfica del mismo. Peggy, ansiosa por tener noticias de su hermano, se somete al aparato de Curton y el resultado es impresionante. Aunque a regañadientes, a Copperfield no le queda más remedio que permitir que Curton someta al yacente Zeiss a su máquina, y el pensamiento fijado fotográficamente del segundo jefe de “Camp Vickary” es tan sorprendente que provoca la perplejidad más absoluta en los asistentes a la prueba. Es algo tan… sin sentido, que Curton, asombrando a todos, propone reactivar la mente de Zeiss, que se encuentra en coma, para saber lo que ocurrió realmente. Curton asegura que él puede hacerlo y las autoridades le dan carta blanca. Pero Zeiss es asesinado. Poco después un extraño accidente destruye la nave que estaba siendo alistada para socorrer a “Camp Vickary”. Una terrible amenaza se cierne sobre la humanidad, y Reynold Tloth y Peggy Styles deberán conjurarla con la ayuda del profesor Curton.

“Marte, base de ataque” es uno de los más amenos relatos de ciencia ficción escritos por Lecha en su época de Toray. A pesar de su condición de modesto bolsilibro, todavía hoy, cuarenta y cuatro años después de su publicación, conserva buena parte de su interés. Aventura, acción e intriga en un relato fantástico de 126 páginas que sin duda satisfará a los amantes de la literatura bolsilibresca. Una pequeña gran novela que vale la pena leer.



Antonio Quintana
Marzo de 2015


miércoles, 11 de febrero de 2015

VIAJE AL FONDO DE LA GALAXIA

 
 
 
Aparecida en junio de 1978, con el nº 409 de “La conquista del espacio”, “Viaje al fondo de la galaxia” se erige como una de las novelas más logradas de Glenn Parrish (Luís García Lecha) en su etapa de Bruguera.
 
 
Juan Byden, que ha causado la muerte involuntaria del marido de su amante, es juzgado y condenado a cadena perpétua. No obstante, el juez le da a elegir entre pasar el resto de su vida entre rejas y servir al profesor Ravenstock. Para Juan, un hombre joven, la decisión no es difícil, optando por ir con el misterioso individuo. Ravenstock resulta ser un hombre amable y un científico notable, que ha inventado un nuevo tipo de vehículo espacial: la psiconave. Su intención es que Juan pilote esa nave movida por energía psíquica, que puede trasladarse teóricamente a cualquier rincón del universo a la velocidad del pensamiento, en un viaje al sistema de la estrella Necuno, situado a unos 120.000 años luz de la Tierra y que es el origen de unas misteriosas señales de radio. Ravenstock no sólo desea investigar dichas señales, sino averiguar, si ello es posible, lo que les ocurrió a sus tres ayudantes, uno de los cuales era su hija Carlota, que emprendieron el mismo viaje en otras tantas psiconaves y han desaparecido sin dejar rastro.
 
 
Byden emprende el fantástico periplo y en cuestión de segundos se encuentra en el sistema Necuno, poniendo proa inmediatamente hacia un planeta cercano, muy similar a la Tierra. No tarda en encontrar a Carlota, que le explica por qué no ha podido regresar y le pone al corriente de ciertos detalles del mundo en que se encuentran. La fabulosa aventura de Juan Byden acaba de empezar, porque además de buscar la fuente de las señales de radio y a los otros dos psiconautas, habrá de enfrentarse a mil peligros en un planeta habitado por tribus muy atrasadas y bárbaras.
 
Parrish construye un relato quizá algo tópico, pero muy ameno; una aventura espacial que satisfará a los amantes de la ciencia ficción concebida como puro entretenimiento. Un estupendo bolsilibro, ideal para descansar de otras lecturas más trascendentes. Disfrutadlo.
 
 
Antonio Quintana
Febrero de 2015

lunes, 19 de enero de 2015

MUERTE EN LA ESTRATOSFERA

 
 
 
 
 
En los años 50 la Guerra Fría estuvo a punto de entrar en una fase “caliente” en varias ocasiones, debido a la prepotencia y matonismo de la Unión Soviética, que trataba de extender el comunismo por el mundo a cualquier precio. La actitud norteamericana tampoco ayudaba mucho a mantener la paz, pues la política de contención del comunismo inaugurada por Harry Truman fomentaba el enfrentamiento. El espectro de una guerra nuclear planeaba sobre el mundo, y en este ambiente vio la luz “Muerte en la estratosfera”, un bolsilibro de Pascual Enguídanos (George H. White) publicado por Valenciana en su estupenda serie “Luchadores del espacio” con el nº 27 de la misma.  Enguídanos, preocupado como muchos de sus contemporáneos por el cariz de las relaciones entre USA y la URSS, que amenazaban  la paz mundial, pergeñó un relato donde especulaba sobre cómo podría ser una guerra atómica. La novela, cuya acción se desarrollaba en un futuro más bien cercano, quizá en la década de los 60, no tenía muchos elementos de ciencia ficción, pero exponía con descarnada claridad lo que podría llegar a ocurrir si Estados Unidos y Rusia se dejaban arrastrar por la paranoia belicista inspirada por  sus diferencias ideológicas. Puesto que transcurría en el futuro, su inclusión en “Luchadores…” resultaba lógica, aunque no se tratara, en puridad, de un bolsilibro de tema fantástico, sino una oscura premonición del destino que le aguardaba a la humanidad si ambas superpotencias acababan  por enfrentarse militarmente. En este sentido, la novela de Enguídanos funcionaba como un relato ficticio que advertía sobre una terrible posibilidad, y en eso radica su interés.
 
En general, la obra sigue los esquemas narrativos característicos de la primera parte de “La saga de los Aznar”, con batallas aéreas sin cuento y la destrucción atómica esparciéndose por doquier. Enguídanos poseía una gran habilidad para describir la acción bélica, y en “Muerte en la estratosfera” nos ofrece un pormenorizado relato de un conflicto que por aquel entonces representaba una amenaza real. Los problemas personales del protagonista, David Stewart, son accesorios y sólo sirven para dotar a la obra del romance que exigían público y editores. Lo importante es la acción bélica, la descripción de la guerra atómica, y en este punto el novelista valenciano pasó la prueba con nota. Porque a pesar de su carácter de novela concebida como puro entretenimiento, “Muerte en la estratosfera” logra trascender su condición de modesta obra de evasión gracias a la inclusión de una nota preliminar del autor, en la que éste explica sucintamente los motivos que le impulsaron a escribir el relato, a la vez que hace un llamamiento en favor de la paz. Esa sencilla nota le confiere a “Muerte en la estratosfera” un significado mucho más profundo de lo que pudiera dar a entender, en principio, su por otra parte algo tópico argumento, pues en dicha introducción Enguídanos se nos revela como un amante de la paz—el término “pacifista” ya ha sido corrompido en exceso por los seguidores de la “corrección política”—, sinceramente preocupado por el porvenir inmediato de la humanidad. Así, las novela que nos ocupa se destaca como uno de los mejores títulos independientes de su autor, y como un relato característico de aquellos años. No mucho tiempo después, lo descrito por Enguídanos  estuvo a punto de hacerse realidad cuando, en un alarde de insensata chulería, de la que quizá Kruschev no fue tan responsable como pudiera parecer,  pues se hallaba a merced de los personajes más extremistas del Kremlin, la URSS comenzó a construir plataformas de lanzamiento y a estacionar misiles nucleares en Cuba.
 
El protagonista pilota un aparato VTO, un caza de despegue vertical descrito con detalle por el autor. Aquí quizá se le fue algo la mano, porque describe este tipo de avión como una combinación de reactor dotado de hélice. En teoría, la hélice se emplea para el despegue vertical, aunque también sirve para propulsar el aparato cuando no se desea utilizar el motor a reacción. En un momento de la acción, Enguídanos nos cuenta que el aeroplano del protagonista se desplazaba a 1.000 k/h impulsado por su hélice, lo que no parece posible. Durante la Segunda Guerra Mundial se diseñaron cazas muy veloces, pero se descubrió que los motores de pistón, los que llevaban los aparatos de hélice, no resultaban eficaces en velocidades superiores a los 730 k/m. Los aparatos de hélice más veloces fueron el “Lockheed P-38 Lightning”, que alcanzaba 666 km/h, el “North American P-51 Mustang”, con 703 km/h, el “Republic P-47 Thunderbolt”, que desarrollaba 700 km/h,  y el “Vought F4U Corsair” con 718 km/h por parte estadounidense. Los británicos desarrollaron el fantástico “De Havilland Mosquito”, que llegaba hasta los 668 km/h, el “Hawker Typhoon”, con 663 km/h, y el “Supermarine Spitfire PR Mk XI”, de 655 km/h. Después de la guerra los ingleses aún desarrolaron un caza de hélice, el “Hawker Tempest Mk II”, capaz de llegar a los 708 km/h. Los rusos lanzaron el “Lavochkin La-5”, caza-bombardero que llegaba hasta los 648 km/h,  el “Mikoyan-Gurevich MiG-3” de 640 km/h y el “Yakolev Yak-1”, con 600 km/H. La industria aeronáutica italiana puso en liza el “Macchi MC. 205V Veltro”, un caza que llegaba a los 642 km/h.  Alemania puso en combate el “Messerschmitt BF-109”, con 621 km/h y el fabuloso “Focke Wulf FW 190”, capaz de volar a 640 km/h. Fueron los alemanes los primeros en desarrollar reactores eficaces y también en emplearlos en combate, con tres modelos que se convirtieron en una auténtica pesadilla para los pilotos aliados. El “Messerschmitt Me 163 Komet” volaba a nada menos que 955 km/h, y el bombardero de reconocimiento “Arado Ar 234 BLITZ” a 780 km/h en su versión cuatrimotor. El más eficaz de todos fue el “Messerschmitt 262A-2”, con 780 km/h de velocidad máxima, cuyo diseño sería estudiado posteriormente por los americanos, que emplearían la configuración de sus alas en el estupendo “North American F-86F Sabre”. Los británicos construyeron el “Gloster Meteor”, un caza monoplaza a reacción cuya alta velocidad, 962 km/h, lo hacía ideal para “cazar” las bombas volantes que los nazis lanzaron sobre Inglaterra en los últimos meses del conflicto.
 
En cuanto a los aviones VTO descritos por Enguídanos, obviando el asunto de las hélices, parecen basarse en los experimentos previos realizados por diversas compañías aeronáuticas para desarrollar un caza de despegue vertical, susceptible de ser empleado tanto por la marina de guerra como por el ejército del aire. Cuando Enguídanos escribió “Muerte…” este tipo de aeronaves estaban en fase de estudio, pero muy pronto se convertirían en una realidad merced a los esfuerzos combinados de las compañias “Aerospace” británica y la “McDonnell Douglas” estadounidense, que en 1969 alumbraron el “Harrier GR. 1”, el primer avión de despegue vertical operativo del mundo.
 
Por otra parte, en su novela Enguídanos presenta una coalición Rusochina que se consideraba lógica en el momento en que el valenciano escribió su relato. No obstante, la amistad y colaboración entre la URSS y la China roja se rompió a mediados de los 60, cuando Kruschev descubrió la clase de tarado que era Mao, quien contemplaba la posibilidad de una guerra atómica con una frialdad inquietante, por lo que el “premier” soviético decidió no seguir apoyando a los chinos en su intento de desarrollar un arma nuclear. Por desgracia ya era demasiado tarde, pues los chinos consiguieron detonar su primera bomba atómica en 1964, en parte gracias a lo que habían aprendido de los técnicos rusos.
 
Dejando a un lado estas apreciaciones, la novela de Enguídanos es realmente magnífica y ofrece una visión sombría, por lo realista, del horror que desencadenaría un conflicto nuclear. Aunque se sugiere una “victoria” de Occidente, el tono final del relato es más bien pesimista, remitiéndonos a aquel adagio que dice: “En una guerra nadie vence jamás”. Palabras que, como parece darnos a entender el autor, adquieren un significado mucho más siniestro cuando se trata de una guerra atómica.


Antonio Quintana
Enero de 2015