Según palabras del propio RMC: “UNDERGROUND fue escrito un día lluvioso, con un cielo entoldado y gris, un día bastante triste y opaco que hizo evocar en mi mente la escena de la lluvia acida golpeando la cúpula de la ciudad edificada sobre un planeta agónico, no recuerdo en que mes fue cuando escribí el cuento, pero fue pasada la mitad de aquel lejano 1997. Un cuento de Harold Rolseth llamado "Hey tú que estas ahí abajo", fue otro de los detonantes que me hicieron escribir UNDERGROUND, en dicho relato se habla de una especie racional que vive en el subsuelo, aunque dicha especie termina aficionándose a la carne humana debido a un error cometido por el protagonista del cuento. Se trata de una historia satírica y macabra que me dio la idea de usar criaturas subterráneas en mi relato”.
LECTORES DE BOLSI & PULP:
CONTACTOS:
¡HOLA AMIGOS! ESTAN EN BOLSI & PULP, SITIO IMPERDIBLE PARA AMANTES DEL PULP
LO MÁS VISTO EN EL BLOG DURANTE ESTA SEMANA ES...
-
Foto de Lou Carrigan a los 43 años, tomada en Abril de 1978. FOTO EXCLUSIVA PARA BOLSI & PULP (Gentileza de Lou Carrigan.) ODISEO: Háble...
jueves, 18 de octubre de 2012
LOS CUENTOS DE RMC-3: UNDERGROUND
Según palabras del propio RMC: “UNDERGROUND fue escrito un día lluvioso, con un cielo entoldado y gris, un día bastante triste y opaco que hizo evocar en mi mente la escena de la lluvia acida golpeando la cúpula de la ciudad edificada sobre un planeta agónico, no recuerdo en que mes fue cuando escribí el cuento, pero fue pasada la mitad de aquel lejano 1997. Un cuento de Harold Rolseth llamado "Hey tú que estas ahí abajo", fue otro de los detonantes que me hicieron escribir UNDERGROUND, en dicho relato se habla de una especie racional que vive en el subsuelo, aunque dicha especie termina aficionándose a la carne humana debido a un error cometido por el protagonista del cuento. Se trata de una historia satírica y macabra que me dio la idea de usar criaturas subterráneas en mi relato”.
lunes, 11 de julio de 2011
LOS CUENTOS DE RMC – 2: LA JUSTICIA DEL DEMIURGO
Estimados amigos de Bolsi & Pulp, continuamos con la nueva sección de RMC, nuestro amigo y colaborador del Perú que nos ofrece otra nueva historia de Ciencia Ficción.
Pero antes les comentaré una curiosa anécdota: cuando tiempo atrás leí por primera vez el primer cuento titulado ENCUENTRO que publicamos en el blog (si no lo leyeron, pinchen acá para leerlo) le comente a RMC, que el cuento dejaba una sensación como que el final daba pie a imaginarse que habría una continuación.
Me confesó que inicialmente así lo tenía pensado, pero que debido a asuntos de diversa índole, había desechado finalmente la idea. Sinceramente le rogué prácticamente a que realizará una segunda parte, puesto que el cuento me había dejado muy intrigado y quería saber cómo seguía la historia.
Rubén lo encontró divertido y lo tomó también como un reto personal, pues le propuse esto a fines del año pasado y el cuento lo había escrito en el 2001 lo cual significaba que después de casi diez años, realizaría la continuación de la aventura.
¿Y cuál fue el resultado final? Justamente lo que les presentamos ahora, en pocas palabras: LA JUSTICIA DEL DEMIURGO, que es la segunda parte del cuento ENCUENTRO, y que no podrán encontrar en ningún otro lugar de Internet, puesto que se publica ahora de forma exclusiva en Bolsi & Pulp.
¡Disfrútenlo amigos!
Atentamente: Odiseo…Legendario Guerrero Arcano.
LA JUSTICIA DEL DEMIURGO
PREFACIO
La criatura salió a la calle percibiendo, por vez primera, la calidez del sol posándose sobre la piel que había usurpado. Sí, ahora era dueño de una apariencia semejante a la de aquellos vagabundos que le estaban retando con insultos y navajas desenvainadas. Ahora era consciente de poseer un cuerpo que la permitiría apropiarse de una parte del expuesto botín que contenía aquella vieja urbe de adobe y cemento, cuyo nombre todos habían olvidado.
Entonces sintió deseos de alzar la voz para silenciar el desagradable murmullo que producían sus adversarios, y lo hizo de manera rotunda que pareció como si el poder de un dios los hubiera despojado del habla, en efecto, todos callaron súbitamente, pero no desalojaron de su mente el deseo de confrontar a aquel intruso, por el contrario aquella manifestación de autoridad fortaleció su convicción de acabar con él.
De pronto, uno de aquellos vagabundos enmudecidos por la voz sintió vergüenza de su docilidad, reunió suficiente valor para creer que podría salir victorioso del duelo que pretendía entablar, y se abalanzó contra aquel que también pretendía conquistar un lugar bajo el sol. El resto de sus compañeros se contagió de su iniciativa, y todos cargaron al mismo tiempo, impelidos con un coraje intuitivo que solo podía proceder del deseo de eliminar la amenaza que representaba el desconocido para su supervivencia.
La criatura aguardó impávidamente la embestida de sus agresores y contempló como se aproximaba aquella hilera de navajas, relucientes como centellas, en medio de la nube de polvo que ocultaba a los atacantes. Había comprendido que presentaba una ocasión para demostrar que era capaz de sobrevivir bajo las condiciones de este mundo hostil, y su cuerpo reclamo la reserva de energía que había asimilado hacia poco para superar este trance. Entonces la criatura juntó sus manos hasta que sus dedos se entrelazaron para formar un puño descomunal que empezó a palpitar mientras pensaba en la identidad del objeto que deseaba invocar. Cuando su mente enfocó con exactitud la apariencia del arma que necesitaba, extendió el puño frente a sus ojos, y esperó unos segundos. Algo semejante a una sustancia ardiente y luminosa, empezó a brotar en aquel puño. Pronto aquello empezó a adquirir el aspecto de una sutil columna de luz que se fue difuminando hasta perder su apariencia ígnea, y solidificándose convirtiéndose en la réplica exacta de una cimitarra.
Mientras tanto la navaja del vagabundo que encabezaba la carga se aproximaba todavía más, y pareció caer en picada sobre su pecho buscando ahogar el latido de su corazón, sin embargo la rapidez de su reflejo interpuso la cimitarra en el momento preciso, y desvió la embestida de la navaja que escapo de la mano de su dueño y se precipito a tierra como una cosa inocua. En ese instante el temor del vagabundo desarmado se hizo evidente , ya no le cabía duda de que se enfrentaba a un ser capaz de realizar obras inconcebibles para su estrecha mente de hombre cotidiano, y la fuerza de su miedo fue tan intensa que lo mantuvo quieto en el sitio que ocupaba, pese a que otra parte de su mente le pedía a gritos salir corriendo para salvar su vida, pero la criatura no le dio tiempo para dudar más, y la cimitarra apareció ante él como algo nefasto que cortó su vientre desnudo de un solo tajo. La visión de la sangre saliendo de la herida le sacó de su absurda quietud, y cayó de rodillas sobre aquella tierra enrojecida con su propia sangre. En esa posición el vagabundo parecía estar suplicando por su vida mientras la criatura contemplaba a su reciente victima con infinita arrogancia, y no decidía que hacer con aquel hombre humillado pues su mente era como una ruleta que había empezado a girar velozmente.
Mientras tanto su rostro permaneció inexpresivo esperando la idea que le daría una intención a sus actos, de pronto sus ojos relucían como pequeñas estrellas, y su faz cobro la vida. Ya sabía qué hacer y sonrió mostrando una dentadura irregular y amarillenta. Entonces la cimitarra volvió a la acción y se abatió cual un ave de cetrería sobre el cuello del infeliz que permanecía hincado con las manos asidas el estomago en un vano intento por contener la hemorragia. Y la cabeza del vagabundo se desprendió del cuello y dio algunas vueltas en el aire antes de caer sobre el suelo como un vulgar despojo. Copiosos borbotones de sangre empezaron a manar de las arterias cercenadas tiñendo de rojo el área que rodeaba el cadáver decapitado.
La terrible visión de aquel cuerpo mutilado bastó para contener el ímpetu bélico de los compañeros del caído, la palidez del miedo se imprimió sobre sus rostros y todos se dieron la media vuelta alejándose de aquella poderosa espada sangrante que permanecía desafiante, defendiendo el derecho de su dueño a dominar el terreno que estaba pisando.
Y llegó el día en el que la vanguardia de los homúnculos divisó el vetusto perfil del edificio que parecía custodiar la entrada Este de aquella ciudad extinta. Una estruendosa ovación celebró el avistamiento y provocó la huida de una bandada de buitres que se estaban dando un festín con los desperdicios que se habían acumulado en las orillas del camino real. Los urbícolas que buscaban alimento en aquel sector advirtieron el peligro y corrieron hacia las bocas de los túneles que daban acceso al interior del edificio, precariamente protegido por una vieja muralla disimulada entre la vegetación.
Aquella horda ofreció un aspecto repugnante y feroz, se trataba de individuos semidesnudos, apenas cubiertos con breves taparrabos, y premunidos de una gama de armas blancas y arrojadizas, que complementaban los afilados colmillos que ocultaban sus bocas ansiosas de probar carne humana. Los homúnculos apresuraron su marcha y se abrieron paso a machetazos para deshacer la tupida maleza que se extendía como un tejido viviente alrededor de la vieja muralla que protegía el edificio en el cual se habían refugiado los urbícolas. En cuanto tuvieron una vía despejada para poder maniobrar dieron aviso a quienes venían en la retaguardia para que entraran en acción. En seguida un objeto largo y puntiagudo, y cuya forma se asemejaba al de un ariete hizo su aparición, sin embargo aquella cosa avanzaba torpemente a través del terreno, y fue necesario azotar duramente a los cautivos encargados de moverlo, para que adquiriera el necesario impulso para batir aquella muralla. El ariete cargo una y otra vez contra la muralla golpeándola en diversos puntos hasta crear varias brechas que serian aprovechadas para invadir el predio.
Entonces los homúnculos penetraron en tropel en la pequeña explanada que extendía frente a la entrada principal, emitiendo un ruido molesto e insoportable que pretendía suscitar una oleada de pánico entre los urbícolas refugiados dentro del edificio, en ese instante aquellos seres se sintieron presos de un miedo inaudito que pareció nacer de sus propias entrañas, y empezaron a correr a través de los pasadizos interiores como si buscaran alejarse de un ruido tenaz y ubicuo que los perseguía a donde fueran. Hubo quienes no pudieron soportar aquel drama que se estaba viviendo dentro del edificio y rompieron las ventanas para aventurarse a buscar su salvación en el exterior, corriendo el riesgo de caer en manos de los caníbales.
Y la gente continuo saliendo en tropel a través de la ventana de aquel edificio tugurizado que ya no era seguro, sin embargo aquellos hombres desorientados, medio enloquecidos por el ruido no eran capaces de pensar, y simplemente se esparcieron por todos los confines de la explanada como una bandada de palomas asustadas. El ruido había dañado uno de sus hemisferios cerebrales pues no parecían tener conciencia de andar por un territorio peligroso, y pronto los machetes de los homúnculos empezaron a diezmar a aquel rebaño de infelices.
Desde el segundo piso, y protegido detrás de uno de los tantos ventanales que daban hacia la explanada donde se desarrollaba el drama se encontraba la criatura, bajo el aspecto de un hombre muy alto, de piel atezada por efecto del tórrido sol veraniego. Estaba vestido con un sucinto taparrabos, y portaba en bandolera la vaina de una espada árabe. Aquel hombre se había cansado de presenciar como aquellos homúnculos descuartizaban a sus víctimas, y hacían acopio de aquella carne recién cortada como provisiones para un viaje largo, mientras arrojaban las cabezas de sus víctimas alrededor de la fuente que adornaba el centro de la explanada. Y sirviendo de fondo a esta horrible escena, resonaba aquel ruido insidioso y sutil, que proveía de nuevas víctimas a la hecatombe. En ese instante la criatura sintió el vehemente deseo de intervenir para detener aquel carnaval de sangre, a continuación se irguió y extendió sus brazos alrededor de su cuerpo formando una especie de aspa, y empezó a girar sobre sí mismo mientras pronunciaba unas palabras cabalísticas que le permitirían trasvasar la energía del entorno hacia su propio cuerpo, entonces una esfera de luz radiante se materializó sobre su cabeza y derramó un raudal de energía que impregnó su cuerpo, a partir de este momento la criatura se sintió completamente vigorizada como si hubiera sido dotada de una parte del poder que poseían alguno de los tantos demiurgos que deambulaban por el vasto universo.
Luego su cuerpo embistió contra los cristales de la ventana haciéndola trizas, y se lanzo al vacio como si también hubiera enloquecido, pero su cuerpo no impacto en el suelo, por el contrario, y ante el asombro de sus enemigos potenciales consiguió frenar la caída extendiendo brazos y piernas como lo haría un Quirantropo (1). Mientras tanto los depredadores intentaron impedir que la osadía de aquella criatura torciera el curso de los acontecimientos, y le arrojaron decenas de jabalinas que se fueron despedazando ante la solida pantalla de psicoenergia que protegía el cuerpo de la criatura. Asombrados por esta circunstancia los homúnculos dejaron de lado sus intenciones agresivas al constatar que sus armas eran incapaces de vulnerar aquella coraza energética, solo cabía esperar que el agotamiento físico que exigía aquellas proezas terminaran minando la resistencia de aquel formidable escudo. Si esa ocasión se presentaba, habría que aprovecharla.
Y entonces la criatura toco tierra como si fuera un ángel vengador enviado por un dios ignoto, y la barrera energética hizo menos opaca a la figura que envolvía, luego oscilo brevemente antes de desaparecer. La criatura desenvaino su cimitarra, se puso en guardia y avanzo repartiendo mandobles y estocadas contra los oponentes que tenía a su alcance. La hoja de su espada desgarraba los pechos de sus enemigos dibujando flores de sangre sobre el aire. Pronto su camino quedó regado de hombres moribundos que gemían maldiciendo la desgracia de haber enfrentado a un espadachín tan diestro, sin embargo el esfuerzo cobró su tributo y su concentración empezó a menguar, y su piel mostró algunos rasguños a los que no dio importancia, pues las cosas todavía se presentaban favorables para él. Había eliminado a un buen número de los guerreros que custodiaban a las victimas reservadas para el descuartizamiento, permitiendo su huida, y ahora arremetía contra los capataces encargados de azotar a los cautivos que manejaban los arietes.
La situación se tornaba crítica para los incursores. El consejo de ancianos había decidido realizar este raid para atraer la atención de este presunto héroe y eliminarlo, Y ahora resultaba que era mucho más fuerte de lo que suponían, pues su ímpetu le había permitido abrirse paso hasta la retaguardia. Si conseguía quebrar la última línea defensiva llegaría a las tiendas donde se cobijaban los ancianos. Así ante semejante amenaza, ellos decidieron invocar todos los poderes del cielo.
SEGUNDA PARTE
Entonces la puerta de la tienda más grande se abrió y cuatro hombrecillos entrados en años, pero sumamente obesos, salieron al exterior. Iban tocados con viejas mitras doradas que se combinaban adecuadamente con las túnicas raídas que cubrían sus cuerpos informes y rollizos.
Si la criatura hubiera podido verlos le hubieran parecido tres gordas cucarachas huyendo de su escondrijo, pero en realidad no pretendían huir, simplemente se disponían a realizar una tarea sencilla, pero dramática enviar un mensaje al cielo. El fragor de la batalla continuaba y ellos tenían que moverse con rapidez, y se distribuyeron sobre el terreno hasta formar la figura de una cruz, cuyos extremos ocuparon, luego cada uno de ellos alzo un tubo largo y delgado, cuya forma recordaba la silueta de un cañón antiaéreo y lo apunto contra el sector del cielo que le correspondía según su ubicación. De inmediato el espacio se lleno de luces rutilantes que se encendían y se apagaban como tenues estrellas. Cuando esto ocurría los anciano volvían a lanzar otra andanada de proyectiles para alimentar aquel flujo de luz que pretendía atraer la atención de algún vagabundo de los cielos.
Y en efecto algo ocurrió pues todos empezaron a oír cada vez más cerca un sonido potente y extraordinario que nadie hubiera identificado como el zumbido de las hélices de un aeroplano. La batalla se detuvo y todos pusieron su atención en el cielo, vista desde abajo el fuselaje de aquella aeronave plateada se asemejaba al de una especie de inexistente cetáceo volante, empotrado entre dos planos rectangulares de idéntica envergadura, cuyas semialas externas lucían ligeramente aflechadas, encima del plano inferior, cerca de la unión de aquel plano con el fuselaje, se hallaban las góndolas motrices que producían aquel ruido atronador.
El gran biplano sobrevoló lentamente el campo de batalla, y pareció alejarse pero invirtió el rumbo y volvió a pasar como si estuviera buscando a alguien. Sentado en una cabina abierta, ubicada en el morro, se veía como un hombre rapado, de tez blanca y expresión adusta escaneaba aquella superficie cubierta de seres diminutos ocupados en una lucha intrascendente, a continuación aquel individuo empezó a agitar sus manos a una velocidad vertiginosa como si estuviera realizando un ejercicio de prestidigitación, y las extendió hacia el vacio. Sus manos permanecieron quietas un instante, y todos vieron como una sustancia oscura como el mucilago empezó a manar de sus dedos hacia el ambiente, mientras el biplano ganaba altura y parecía alejarse
Y aquella sustancia se fragmento y empezó a caer del cielo como una lluvia suave e inocua que roció los cuerpos de los capataces que se disponían a enfrentar a la criatura cuando el biplano irrumpió en el cielo. Al cabo de unos segundos, algo había cambiado en su interior pues se sentían diferentes, osados y llenos de una energía primitiva e irracional que los impulsaba a combatir con vesania y brutalidad. Ahora que se sabían poseedores de un poder del que carecía el resto de sus congéneres, aunque sus rostros permanecían completamente inexpresivos como si nada hubiera pasado.
Y el más bestial de todos ellos, un individuo moreno de edad madura y aspecto desaliñado soltó el látigo que usaba para castigar a los obreros indóciles y avanzo resueltamente para enfrentarse a la criatura. Ambos se contemplaron largamente como si midieran el valor que necesitaban para entrar en pugna. De pronto la criatura decidió tomar la iniciativa e intento aniquilar a su rival asestándole unos mandobles que el capataz eludió hábilmente.
La criatura empezó a sentir como la semilla del miedo germinaba en su interior y presintió que esta vez no saldría bien librado, entonces volvió la mirada y vio como el rostro de su antagonista enrojecía mientras sus ojos parecían dilatarse extraordinariamente. Su instinto percibió el peligro y blandió su cimitarra para protegerse del contraataque. Y este vino asumiendo la forma de cuatro vectores tenues y ondulantes que parecieron brotar de la espalda del capataz, y se proyectaron a través del aire cual brazos elásticos y fantasmales que empezaron a acosar a la criatura. La cimitarra se multiplicaba e iba de aquí para allá tratando de parar aquel alud de golpes, sin embargo su esfuerzo resulto infructuoso, aquellos brazos eran demasiado agiles, demasiado flexibles para su espada. Intento convocar nuevamente la protección del campo de fuerza individual pero no funciono. La lucha le había agotado demasiado para hacerlo.
Súbitamente la criatura se vio atrapada por una fuerza irresistible que le produjo una intensa sensación de miedo como si temiera la ejecución de una sentencia largamente diferida. Entonces aquellos tentáculos invisibles firmemente enroscada sobre cada una de sus extremidades empezaron a tirar de él y la criatura contempló con espanto como su brazos y piernas se desprendían violentamente de su cuerpo en medio de una explosión de sangre mientras su torso se desplomó pesadamente sobre aquel suelo sembrado de cadáveres. La criatura gritó como jamás pensó gritar, estaba desmembrado y ya no era capaz de luchar contra nadie, sería una presa fácil para aquellos homúnculos que se estaban aproximando para arrancarle el corazón. Ahora se sentía lacerado por el palpitante dolor que emanaba de sus muñones e invadía lo que quedaba de su cuerpo, era como un insecto mutilado aguardando ser aplastado por la bota de su triturador, y así dar fin a su pesadilla.
Los vítores de triunfo se escuchaban cada vez cerca de él, y las grotescas sombras de aquellos seres le rodeaban ya, mientras uno de ellos pretendía alzarlo, sin embargo un ruido atronador y persistente que inundó el ambiente, capturó la atención de aquellos seres.
Provenía del firmamento, y no era posible sustraerse a su influencia.
El gran biplano había vuelto aparecer de nuevo, y su enorme sombra sobrevoló la explanada cual un ave siniestra, desprendiendo una serie de artefactos, parecidos a vainas metálicas que produjeron un sonido pululante mientras caían. Y aquellas cosas explotaron cuando tocaron el suelo esparciendo una densa columna de humo que el viento agrupo hasta formar una vasta nube amarilla que envolvió a todos en una lúgubre oscuridad. En ese instante la criatura advirtió que los homúnculos empezaban a ser presa de violentas convulsiones que agitaban sus cuerpos como si fueran orates azotados por la crisis, mientras su piel enrojecía de a pocos, y produciendo llagas indescriptibles. No se escuchaba ningún alarido, tan solo una serie de jadeos entrecortados que fueron cesando conforme de aquellos cuerpos desfigurados empezaban a derrumbarse victimas del gas.
El instinto de supervivencia de la criatura tomo las riendas y su mente activo con premura de aquel cuerpo antes poderoso, una vacilante esfera de luz empezó a formarse en torno al indefenso torso de la criatura, su corazón latía con violencia dentro de su pecho pues no estaba seguro de que aquella idea funcionase tal como estaban las circunstancias. Era el primero en reconocer que se hallaba demasiado débil y que necesitaba alguna especie de milagro que actuara a su favor.
Y el milagro produjo.
Antes de que su conciencia se eclipsara, sintió como una fuerza solo comparable a aquella que lo había desmembrado se aferraba a él para elevarlo velozmente hacia el vientre del biplano que estaba atravesando el cielo.
EPÍLOGO
Después de varios minutos de inconsciencia la criatura abrió los ojos y advirtió que se hallaba dentro de una capsula ovoide carente de escotillas pero cubierta de pantallas apagadas que lo rodeaban de todas partes.
De pronto aquellas pantallas de encendieron y el interior de la capsula se ilumino como una claridad semejante a la del plenilunio, y algo empezó a surgir de entre aquel mosaico de pixeles parpadeante, era el semblante de un hombre maduro de tez pálida, completamente calvo y de expresión adusta que había clavado su torva mirada en él como si deseara ablandar su posible resistencia, entonces la criatura advirtió como aquellos poderosos vectores, cuya fuerza conocía surgían repentinamente de aquella imagen y se abalanzaron sobre él.
Los vectores atravesaron con horripilante facilidad los tejidos y órganos internos de la criatura hasta llegar al sitio donde se alojaba el corazón, entonces aquellos tentáculos se enroscaron en torno al musculo palpitante y tiraron bruscamente hasta arrancarlo de su lugar. Justo en ese momento la escasa energía que sustentaba lo que quedaba de su cuerpo dejo de fluir, y la criatura expiro, aparentemente.
Pero el demiurgo sabia que la esencia vital de su criatura permanecía encerrada dentro del corazón que había arrancado y apeló a su poder psicocinetico para reducirlo a jirones, entonces una esfera blanquecina surgió de entre aquellos fragmentos desmenuzados y se elevó como un pequeño globo buscando escapar del acceso del demiurgo, sin embargo no había lugar adonde ir el interior del biplano era un mundo cerrado, sin aberturas visibles pero tal vez si conseguía penetrar en la cabina e invadía el cuerpo de uno de los pilotos, tendría una oportunidad de escapar arrojándose en paracaídas, sin embargo no tuvo tiempo de hacer lo planeado, pues uno de los vectores de demiurgo consiguió aferrar su pequeño cuerpo globular, justo en el tiempo que tardo en pensar lo que haría para salir del trance en el que se hallaba.
Estaba atrapado, preso de una fuerza capaz de reducirlo a simples átomos, o de volverlo a instalar en un cuerpo semejante al que había abandonado, y lo peor de todo era que ignoraba lo que el demiurgo haría con el. Echó un vistazo hacia la pantalla y vio la imagen de un hombre inexpresivo ocupado en la tares de vigilarlo, mientras manipulaba una serie de teclas. En seguida una estructura rectangular brotó lentamente del suelo convocado por aquella combinación de guarismos, en medio de aquella estructura revestida de lustrosas placas oscuras se podía ver una especie de agujero que parecía lleno de una sustancia densa y viscosa.
El demiurgo emergió de la pantalla y se materializo junto a la extraña estructura, luego sin pensarlo demasiado arrojo la esencia vital de su criatura dentro de aquel agujero
Y la esfera se hundió en medio de aquella oscuridad liquida, su caída era lenta, pero inexorable, su destino incierto porque ignoraba adonde podía conducirle aquel viaje a través de aquel puente dimensional. No sabía si hallaría el alivio en medio de la quietud pero esa podría ser la bendición después de la agonía del dolor. Siguió hundiéndose y distinguió algunas formas breves y rutilantes empezaron a aparecer debajo de él, se trataba de pequeñas plataformas metálicas que parecían deslizarse como peces en medio de un mar muerto. Entonces sintiose bruscamente atraído hacia una de ellas, suavemente se poso sobre aquella superficie metálica y percibió que ya no era un cuerpo extraño colocado sobre una cosa desconocida. En ese momento supo que la plataforma podía transferirlo a otra parte del cosmos donde tal vez aquel demiurgo no tuviera poder alguno. Estaba confiado de iniciar aquel viaje entre dimensiones, y no temió lo que le pasaría cuando su ser empezó a expandirse hasta abarcar todo el espacio, percibió el leve atisbo de otro planeta aproximándose.
(1). Quirantropo: es un neologismo, inventado por Kelltom McIntire, sacado de un bolsilibro de dicho autor y que alude a una criatura hibrida, fruto del cruce entre genes humanos y genes de murciélago.
Título: LA JUSTICIA DEL DEMIURGO
Género: Cuento de ciencia ficción
Año de creación: 2011
Autor: Rubén Mesías Cornejo (RMC)
Desde Chiclayo, en el norte del Perú, para Bolsi & Pulp; Rubén Mesías Cornejo (RMC).
lunes, 18 de abril de 2011
LOS CUENTOS DE RMC – 1: ENCUENTRO
Estimados amigos de Bolsi & Pulp, tal y como les habíamos prometido partimos con la nueva sección de RMC, nuestro amigo del Perú que cada cierto tiempo nos hará disfrutar con alguna de sus historias.
Para empezar con sus cuentos, hemos seleccionado el titulado ENCUENTRO.
ENCUENTRO trata sobre una criatura alienígena que ha permanecido aletargada durante un siglo, recupera súbitamente la conciencia y se dispone a usurpar el cuerpo de un habitante del planeta donde ha sido exiliado.
Sin más que agregar, les dejó el cuento de nuestro amigo para que lo disfruten.
Atentamente: Odiseo.
ENCUENTRO
Nota informativa: Al autor comunica que este contenido es original suyo por lo que queda prohibida la reproducción parcial o total en cualquier medio de este contenido, salvo previo consentimiento del autor.El vigor de la vida está penetrando en el interior del capullo restaurando las funciones del cuerpo que permanecía dentro. A continuación, la criatura extendió sus brazos y batió poderosamente sus alas para romper la frágil membrana que le apartaba del mundo exterior.
Cuando estuvo afuera se ocupó en calcular la cantidad de tiempo que había transcurrido desde su último despertar. Y el número de años que acudió a su mente le pareció tan desproporcionado que decidió recurrir a la evidencia externa para corroborar la exactitud de su cálculo. Entonces sacó la cabeza fuera del capullo, y le echó un vistazo al polvoriento escenario que se encontraba debajo suyo. A su alrededor las paredes lucían endebles y ruinosas como si se hubiera olvidado el cometido para el que fueron construidas. Un poco más lejos los muebles parecían vetustos fantasmas socavados por la molicie. En ese momento recordó por qué su demiurgo le había arrojado sobre este planeta. Se trataba de un experimento fallido, de una bioforma deleznable desarrollada para regular la demografía de un mundo en ciernes, que se reveló monstruosa a los ojos de su creador por su rapacidad incontrolable. Esa había sido la causa que originó su exilio en la Tierra. Su demiurgo quería que sucumbiera en las aguas del océano, pero el destino no estuvo de acuerdo con su decisión, y unos pescadores rescataron la cápsula, y la llevaron a la playa. Una vez allí la abrieron, y se encontraron con aquella forma horrorosa que los indujo a huir despavoridos, mientras la criatura se despabilaba adaptándose a la gravedad del planeta en el cual debería sobrevivir. De pronto el recuerdo se difuminó y las necesidades del momento volvieron a ocupar un lugar preferente en su conciencia. Apenas concluyó la inspección, se convenció de que llevaba mucho tiempo en estado Anabiótico (1). Sin embargo, una antigua propensión permanecía en su mente, y ahora que estaba despierto deseaba concretar su anhelo de usurpar un cuerpo ajeno...
De pronto la vetusta puerta crujió denunciando que alguien se estaba acercando. Podía escuchar el ruido de sus pasos arrastrándose como una serpiente en medio del silencio acumulado .La criatura metió la cabeza dentro del capullo para vigilar al hombre que había invadido sus dominios.
Se trataba de un vagabundo que buscaba un lugar donde guarecerse de la intemperie. Y eso significaba que ya no se encontraba solo, entonces recordó la crispación que sentían los humanos cuando se enfrentaban con lo extraordinario. Pero era lógico que temieran lo inefable pues no podían servirse de la experiencia, ni de su razón para comprender el misterio que tenían ante ello. Y él como una criatura extraña a este mundo era una manifestación de un reino que transgredía los parámetros delimitados por la ciencia del hombre. Creer en su existencia era una cuestión de fe, una excitante paradoja que podría ocupar las cavilaciones de un erudito. Desde el comienzo de su existencia sobre este planeta había sentido necesidad del plasma de los habitantes de este mundo. Y así aquel líquido salobre se había convertido en la fuente que renovaba su energía cuando solía despertar. Y según presentía, aquel vagabundo tenía las venas repletas del líquido que deseaba beber.
Abajo, el hombre que había turbado la paz de aquella ruina continuaba husmeando entre los escombros con la tenacidad de un espía. El lugar parecía excelente como albergue para pernoctar aquella noche. De todas las casas arrasadas por el diluvio, esta era la que mejor había resistido el embate, y también era la más notable. Era una muestra, un vestigio de la persistencia de aquella ciudad de adobe que había sido abatida por un alud de lluvias. Tal vez este detalle extraído del pasado le había atraído a esta vieja callejuela dormida, plena de soledad. Era como retornar a un estado de identidad primigenia que había extraviado, cuya historia se podía leer entre las ruinas que contemplaba. Pero el solamente buscaba una paz leve, de algunas horas, para equilibrar la tensión vivida en aquel mundo externo tan lleno de incógnitas que lo devoraban. No sabía si conseguiría sobrevivir. Tal vez la respuesta sería positiva si conseguía aprovechar de forma eficaz la enorme cantidad de víveres que había conseguido salvar de las lluvias y que milagrosamente se preservaban en los depósitos de los supermercados... El problema se agudizaría cuando se acabaran estas provisiones, entonces su conflicto con los perros y el resto de vagabundos entraría en una fase más álgida, que inevitablemente se decantaría hacia el canibalismo.
Por ahora había disipado esos pensamientos lúgubres dejándose llevar por el azaroso camino que le deparaba su linterna. El haz erraba en medio del territorio sombrío escrutando aquel caos. Afuera, a lo lejos, su oído percibió el agudo grito de otro vagabundo atacado por una jauría de canes hambrientos. Paulatinamente sus gritos se fueron acallando y los gruñidos de los canes llenaban el éter con su ferocidad salvaje. En estos tiempos los perros se habían convertido en depredadores terribles, cuya astucia y habilidad resultaban difíciles de superar sino se contaba con un arma de fuego. Y para complicar las cosas hacía tiempo que la munición que las hacia temibles había dejado de fabricarse. Pero no era el momento para agobiarse con tantas preocupaciones. Lo importante era que había encontrado un techo bajo el cual guarecerse durante unos días.
La prodigiosa invasión de la luz despertó los recuerdos más recónditos de la criatura. De pronto su cuerpo se agitó estremecido por la nostalgia. Se recordó a sí mismo, transitando por las angostas callejuelas empedradas por ciclópeos adoquines. La noche transcurría con parsimonia, levantando un tenue ruido entre el sopor del crepúsculo, mientras que en la esquina de la Calle Real una carreta movida por la fuerza de un asno se dedicaba a transportar el agua que necesitaban los vecinos. A todas luces la escena tenía la impronta de uno de esos veranos inclementes que solían afectar estas comarcas en aquellas épocas pretéritas... Y la criatura añoró entonces la caricia del sol posado sobre su cuerpo. Fuera de los límites de su poder, la criatura se percibió como una entidad monstruosa que se veía inducida a depredar la biosfera que lo acogía. Un problema, por lo demás, bastante habitual en los seres provenientes de ecosistemas diferentes. En cambio, el vagabundo que portaba la linterna era libre de moverse en cualquier espacio que fuera. Su aspecto y su fisiología no le impedían actuar sobre el proscenio de su mundo, pese a las contingencias que lo atribulaban. Oculta en su capullo la criatura percibió los pasos que proclamaban el enorme temor que habitaba en la mente de aquel hombre perseguido por sus semejantes. Sin embargo la horda de vagabundos paso de largo y sus tropelías no dejaron huella en el lugar, Y eso solo podía significar que la vida de aquel hombre continuaría su curso durante algún tiempo.
Entonces la luz de la linterna empezó a brillar entre la oscuridad y la criatura relacionó aquel fulgor con los destellos emitidos por una fuente de luz que incrementara su potencia conforme menguaba la distancia que los separaba. Y aquella luz horadó la oscuridad revelando la existencia de un voluminoso capullo que pendía del cielo raso como una vieja araña de cristal En ese momento, el vagabundo que había subido los peldaños de aquella escalera crujiente se dio cuenta de que tenía enfrente algo que trascendía su experiencia habitual.
Bruscamente, la criatura abandonó el capullo, desplegó sus alas y empezó a dar vueltas en torno a aquel hombre sobrecogido como si aguardara el momento para atacar. De pronto, el vagabundo imaginó que se hallaba ante una de esos repulsivos transgénicos que la catástrofe había liberado de sus laboratorios, y decidió defenderse blandiendo el revolver que había encontrado entre las ropas de un miserable al que desvalijó en las afueras de la ciudad. Tenía que eliminar a esa criatura cuya presencia estorbaba el derecho que creía haber ganado sobre aquel solar abandonado. De esta manera dominada por el deseo de suprimir al intruso siguió con su linterna la trayectoria que trazaba aquella monstruosidad. Y estaba a punto de disparar cuando advirtió que el cuerpo de la criatura tenía una tonalidad lívida como la de la luna llena, y que sus facciones eran toscas y sumamente pronunciadas como las de un simio. Su cabello largo y desaliñado le confería un aire autoritario y salvaje que estremecía a quien tuviera ocasión de contemplarlo. Sin embargo, el detalle más impresionante de aquella anatomía era la correosa membrana que reverberaba como la piel de un escualo, adosada a las prolijas extremidades superiores de la criatura, otorgándole la portentosa facultad de desplazarse en el espacio.
De pronto, aquel ser detuvo su vuelo y descendió ante él. En ese momento, el vagabundo dejó de contemplarlo con incredulidad. Su razón se había resquebrajado lo suficiente como para admitir la existencia concreta de esta clase de seres. Y ahora que se miraban, sus pensamientos se habían hecho diáfanos el uno para el otro, estableciendo el puente para realizar lo que uno de ellos deseaba.
-¿Qué diablos eres, maldita sea? -dijo el buscavidas- ¿Y cuál es el nombre que llevas? Si tienes alguno, horrible demonio...
Estas fueron las únicas preguntas que el atemorizado hombre se atrevió a formularle a la criatura antes de ceder ante la intrusión telepática que le impelió a soltar su revólver. Obviamente no hubo respuesta, pues aquella criatura no empleaba sonidos para comunicarse. En su mundo el lenguaje articulado era una herramienta obsoleta, remplazada por un código de imágenes que comunicaba sus intenciones de manera visual a sus receptores potenciales... Dominado por aquella forma de intrusión el humano cayó en un trance que lo dejó indefenso ante aquella criatura que lo había envuelto en su abrazo para succionarle algo más que su sangre... Sometido al poder de esa mirada de acero, el humano descubrió la naturaleza de sus sueños más delirantes. En el mundo de la criatura, soñar significaba ausentarse de las comarcas del tiempo y aproximarse a la matriz de la esencia con la mente despojada de símbolos. Poco a poco sentía cómo su psicoforma lo abandonaba hasta diluirse en la conciencia de la criatura que le estaba robando su cuerpo.
La criatura despertó nuevamente y advirtió que aquel instante de comunicación había sido pleno. Había conseguido apoderarse del cuerpo de una forma de vida oriunda de este mundo, y eso significaba que su exilio había terminado. Por ese lado su necesidad estaba saciada, y a través del opaco cristal de las ventanas, observó el triste color de la madrugada. Detrás de los derruidos edificios el sol asomaba su llameante faz sobre el planeta, por un breve instante la nostalgia le indujo a buscar el cuerpo que lo había albergado.
Ahora el triste despojo que fue su cuerpo yacía de bruces sobre el rellano de la escalera, definitivamente libre de la permanente amenaza de calcinación que le había mortificado tanto. Ahora tenía el aspecto de un nativo y algo que hacer en el mundo. Verdaderamente era hermoso sentir que tenía la vida por delante para luchar por ella pese a las dificultades del mundo en el que se desenvolvería. Afuera le esperaban las ruinas, los perros y el resto de vagabundos que no tendrían ningún escrúpulo en destrozarlo apenas lo vieran salir. Sin embargo era imperativo hacerlo pues sus propias inclinaciones se lo aconsejaban.
Afuera le esperaban las ruinas, los perros y el resto de vagabundos que no tendrían ningún escrúpulo en destrozarlo apenas lo vieran salir. Sin embargo era imperativo hacerlo pues sus propias inclinaciones se lo aconsejaban. Además no era el mismo ser que ellos habían conocido y estaba dotado de ciertas facultades insospechadas para ellos.
Por eso cruzó la sala repleta de escombros, y atravesó el umbral en busca de la zozobra. Más allá la desfigurada silueta de la calle parecía traerle a la memoria un cuadro de las escaramuzas que había sostenido con los hombres que surgían de sus escondites, blandiendo sus navajas, con la intención de enfrentarlo.
(1). Anabiótico quiere decir inactivo. La criatura había permanecido en esa condición mucho tiempo.
Título: ENCUENTRO
Género: Cuento de ciencia ficción
Año de creación: 2001
Autor: Rubén Mesías Cornejo (RMC)
domingo, 6 de marzo de 2011
LOS CUENTOS DE RMC

Atención amigos de Bolsi & Pulp:
Pronto les presentaremos una nueva sección, que estará a cargo de nuestro amigo y colaborador peruano RMC (Rubén Mesías Cornejo).
La sección se llamará “LOS CUENTOS DE RMC”, y en la misma encontraremos variados cuentos de Ciencia Ficción donde nuestro columnista, nos hará viajar hacia las más insólitas aventuras, donde no existe la palabra imposible.
RMC ha publicado sus cuentos en revistas y diversos sitios de Internet dedicados a la Ciencia Ficción, y pronto nos deleitará con todas sus geniales historias en donde destacan tanto su gran imaginación, como su originalidad.
Tiempo atrás en la sección gente que lee bolsilibros, Bolsi & Pulp entrevistó a RMC, si quieres ver dicha entrevista puedes hacerlo pinchando acá.
Así que ya lo saben amigos... Muy pronto en Bolsi & Pulp…
¡LOS CUENTOS DE RMC!





