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jueves, 20 de octubre de 2016

REGRESO A LA MUERTE



POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI
 
 
 
Número 1072 de la serie “Punto Rojo”, “Regreso a la muerte” es uno de los eficaces thrillers publicados en Bruguera por Burton Hare.
 
 
Matt Milton regresa a la pequeña población de Gardenville tras varios años de ausencia. Su llegada provoca reacciones de todo tipo entre los lugareños, ya que Matt abandonó la ciudad perseguido por una injusta acusación de asesinato. Ahora, después de muchos años y cuando nadie contaba con volver a verle jamás, Milton vuelve a Gardenville con el propósito de limpiar su nombre y averiguar qué ha sido de su hermana. Su presencia incomoda a unos y otros, y son varios los que le aconsejan que vuelva marcharse, esta vez para siempre, y que deje las cosas como están. Pero Matt está decidido a seguir adelante con sus propósitos, por lo que debe hacer frente no sólo a la policía local, muchos de cuyos miembros se la tienen jurada, sino también a los mafiosos del lugar, que ejercen un dominio casi completo de la pequeña ciudad. Matt descubre que su hermana ha sido empujada al vicio, la prostitución y la drogadicción por el cabecilla mafioso de la localidad, lo que le reafirma en su pretensión de averiguar quién maneja realmente y desde las sombras los hilos del crimen en Gardenville.
 
Típico bolsilibro policiaco, “Regreso a la muerte” tiene las dosis adecuadas de intriga y violencia para devenir en una novela interesante y muy entretenida, que reserva una sorpresa final al lector. Un relato del montón, si se quiere, que sin embargo ofrece un par de horas de sano entretenimiento. No puede pedírsele más a un bolsilibro.
 
Antonio Quintana

miércoles, 10 de agosto de 2016

LAS COSAS BUENAS DE LA VIDA

 
 
 
 
Esta novela, publicada por primera vez en la colección “La Huella”, y reeditada años después en la serie “Servicio Secreto”, es una de las más entretenidas que escribió Carrigan en su etapa de Bruguera.

El protagonista de la historia es Ross  Mac Nair, detective privado que bebe los vientos por Emily Evans, una bellísima vecina suya. Ross, un tipo de malas pulgas y muy “echao palante”, como tantos héroes carriganianos, no muestra tanta decisión cuando de intentar entablar relación con Emily se trata. La indecisión de Ross resulta harto cómica en un hombre como él, pero tiene una explicación: Emily es una prestigiosa abogada, y Ross tan sólo un “fisgón” de oficio, que ha progresado en lo suyo, como escribe Carrigan,  “a fuerza de ser más pillo que los pillos”. En consecuencia, se considera un tanto inferior a la muchacha, y aunque se ha hecho el firme propósito de intimar con ella, lo cierto es que no acaba de decidirse a actuar.

Pero un día es la propia Emily la que llama a su puerta, para pasmo de Ross. La muchacha desea contratar sus servicios profesionales, pidiéndole que investigue al prometido de una íntima amiga suya, del que sospecha ha tenido algo que ver con el secuestro y posterior asesinato de sus riquísimos tíos. Obviamente, Mac Nair acepta el caso, porque se trata de un asunto muy interesante, pero también porque le permitirá estar en contacto con su  adorable vecinita.

 
Como todos los thrillers del maestro barcelonés, LAS COSAS BUENAS DE LA VIDA es un relato amenísimo, que combina a la perfección la intriga y la acción. Posee también una muy agradable vertiente humorística, a cargo sobre todo de un impertinente lorito,  al que Ross ha enseñado una frase que describe con cierta bastedad el atractivo físico de Emily Evans.
 
Antonio Quintana
Agosto de 2016

viernes, 10 de junio de 2016

FÓRMULA “GEMINIS”

 
 
 
Si Luís García Lecha (Clark Carrados, Louis G. Milk) fue el autor principal de “Toray”, Lou Carrigan lo fue de “Rollan”, editora donde publicó numerosos westerns y muchos de sus mejores thrillers. FORMULA “GEMINIS” apareció en 1970 con el número 161 de la colección “Agente Federal”, y es un entretenidísimo bolsilibro policiaco, con casi cincuenta años a sus espaldas, pero muy agradable de leer.
 
Rick Vidor, agente especial del FBI,  es encargado por su inmediato superior, el inspector jefe Roger Cronin, de investigar un extraño asunto. En la delegación del Bureau de Los Angeles se ha recibido la llamada telefónica de un hombre. El individuo  aseguró al G-man que le atendió que un tal Harold Murchinson iba a entrevistarse con unos espías en la fiesta que da en su residencia Adeline Fermor, vieja amiga de Vidor, que ignora que éste es un agente federal. Según el misterioso comunicante, Murchinson alberga en su villa al profesor Rudolf Mankowick, que lleva a cabo una investigación secreta sobre cierta fórmula denominada “Geminis”. La llamada telefónica se cortó bruscamente por un disparo con silenciador y un grito de dolor. Cronin, que conoce la amistad existente entre Vidor y la señora Fermor, decide poner el asunto en las manos de éste, que es uno de sus mejores hombres. Vidor se presenta en la fiesta de su amiga e inicia sus investigaciones, que le llevan a contactar con la bella Greta Mankowick, hija del científico recluido en la villa de Murchinson. Vidor se ofrece más tarde a llevarla a su casa (es decir, a la de Murchinson), y cuando se despiden el G-man comprueba que está siendo seguido por dos hombres. Los individuos se han dado cuenta de que el agente federal ha estado tomando fotos de los asistentes a la fiesta con una cámara disimulada en un encendedor y tratan de obtenerlo como sea.  El G-man se ve obligado a matarlos para salvar su vida. Las averiguaciones de Vidor, y las confesiones de Greta Mankowick, que parece confiar en él, le llevan a concluir que Murchinson tiene secuestrado al profesor Mankowick, obligándole a  desarrollar la misteriosa fórmula “Geminis”, amenazándole con matar a su hija si se niega. Pero la cosa es mucho más complicada de lo que Vidor sospecha.
 
FÓRMULA “GEMINIS” es una buena novela, que mantiene la tensión y por tanto el interés del lector a lo largo de sus 126 páginas. Un ejemplo más del buen hacer literario de Antonio Vera, que una vez más nos ofrece, con su inigualable estilo, un ameno relato de evasión. Disfrutadlo.
 
Antonio Quintana
Junio de 2016

lunes, 8 de junio de 2015

GENTE DE INVERNADERO


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Siempre que me propongo reseñar una obra de Carrigan, la releo antes, aunque esté seguro de acordarme bien de la trama. Y siempre me pasa lo mismo: la disfruto tanto o más que la primera vez que la leí. “Gente de invernadro”, nº 136 de “La Huella”, aparecida en 1977 pero publicada originalmente por Rollan en 1972, no fue una excepción. Su intrigante argumento me enganchó desde la primera página, a pesar de conocer ya el desenlace. Ahí reside la gran virtud de Lou como novelista. Sus obras son como esas películas que uno no se cansa de ver una y otra vez.
 
El protagonista de la novela es Mike Marsh, uno de esos simpaticotes agentes del FBI que poblaron muchos de los relatos del Maestro barcelonés. Marsh languidece en la delegación del FBI de Syracuse, estado de New York, una pequeña agencia del buró donde reina la calma, porque en esa tranquila población no hay demasiados delitos que digamos. Marsh sueña con resolver uno de esos casos fabulosos con gran proyección mediática, pues, como es lógico, desea hacer carrera en el FBI. Además es un gran admirador de Sheila Carroll, una bellísima actriz teatral, de la que por otra parte está irremediablemente enamorado. Y he aquí que la señorita Carroll acude al FBI en demanda de ayuda. Resulta que la actriz, decidida a comprar una casa, respondió a un anuncio puesto por un tal señor Whitaker. La casa que éste había puesto a la venta fue del agrado de la señorita Carroll, que pagó al señor Whitaker con un cheque por valor de 55.000 dólares. Convinieron en verse a la mañana siguiente en la casa, donde Whitaker la esperaría con la escritura de venta. Pero cuando Sheila hizo acto de presencia, el señor Whitaker no estaba. El ama de llaves, una tal señora Cavendish, dijo a Sheila que Whitaker no había pasado la noche en la casa. Pero su coche seguía allí, en el garaje. Sheila insiste en que Whitaker le dio una buena impresión. No así los dos hombres que llegaron cuando ella ya se despedía de él. Esos hombres, que parecían un tanto irritados, le provocaron un estremecimiento a la muchacha, pues la verdad es que eran muy mal encarados. Al día siguiente, al no encontrar a Whitaker en la casa, como habían acordado, Sheila Carroll empezó a preocuparse y decidió recurrir al FBI.
 
Mike Marsh no oculta su satisfacción. ¡Ahí es nada conocer en persona a la hermosísima y adorable Sheila Carroll! Pero también es un avezado G-man y comienza sus investigaciones asistido por sus compañeros de la delegación de Syracuse. Aunque en un principio no avanza demasiado, su sexto sentido de agente federal le dice que allí ocurre algo muy extraño. Valora la posibilidad de que Whitaker haya estafado a la señorita Carroll, dándose a la fuga después. Pero las piezas del rompecabezas no acaban de encajar. Marsh, que con todo es un hombre sensible, amante de las flores, admira el invernadero que posee la mansión, unido a ésta por un pasaje subterráneo. Pero en ese invernadero hallará la primera pista importante para resolver el caso, en forma de tres cadáveres cosidos a balazos y enterrados bajo algunos macizos de flores.


Carrigan nos ofrece en esta novela uno de sus estupendos relatos policiales, con mucho suspense, fino humor, diálogos chispeantes y algo de acción. En definitiva: cien por cien Lou Carrigan. “Gente de invernadero” es un relato de puro entretenimiento, que satisfará sin duda a los fans de los bolsilibros y a los miles de seguidores del mejor autor de novela popular: Antonio Vera Ramírez. Lou Carrigan.


Antonio Quintana

miércoles, 22 de abril de 2015

CALLES SANGRIENTAS

 
 
 
 
 
 
Número 1064 de “Punto Rojo”, aparecida en septiembre de 1982, “Calles sangrientas” no es de lo mejor de Carrados en su vertiente policial, pero resulta una novela entretenida, en la que su protagonista,  Vic Lester, se embarcará en una curiosa aventura para ayudar a May Hickock a encontrar a su jefe, el profesor Voorhis, un sabio que ha inventado algo terrible, un artilugio que desencadenaría mil calamidades de caer en manos inapropiadas. Varias bandas rivales andan tras Voorhis y su artefacto y provocarán más de un problema a Lester y la muchacha. Por otro lado, parece haberse desatado una extraña epidemia de ira incontenible en la ciudad, y Lester acaba por sospechar que el aparato ideado por Voorhis tiene mucho que ver con ello. Se impone por tanto encontrar al científico, antes que lo haga alguno de los facinerosos que también lo buscan.
 
Poco más hay que contar, salvo señalar que parece una novela escrita con cierta prisa… lo que tampoco debe extrañar, conociendo cómo funcionaba el mercado bolsilibresco en los 80. Como digo, no está a la altura de otras grandes novelas policiacas de Carrados, pero tampoco decepciona mucho. Una obra para pasar el rato agradablemente. Ni más, ni menos.
 
Antonio Quintana
Abril de 2015

lunes, 26 de enero de 2015

LAS COLECCIONES POLICIACAS DE BRUGUERA

 
 
 
  
 
El género policiaco ha sido siempre uno de los más populares, y el mundo del bolsilibro no podía ignorarlo. En consecuencia, todas las editoriales dedicadas a la “novela de a duro” tuvieron sus colecciones centradas en tal temática, siendo Bruguera, posiblemente, la más destacada de ellas.
 

La serie más longeva de bolsilibros policiales, si mis datos son correctos, fue “Servicio Secreto”, pues fue publicada sin interrupciones desde 1950 hasta 1985, es decir, durante nada menos que treinta y cinco años, totalizando alrededor de 1800 títulos, más o menos. Puesto que permaneció en los quioscos durante algo más de una generación, se convirtió en una serie muy popular, sólo superada en ventas por las novelas del Oeste y las románticas. Por razones obvias, no conozco las obras de todos los autores que publicaron en dicha serie, pero sí las de muchos de ellos, entre los que cabe destacar a Clark Carrados, Silver Kane, Keith Luger y Curtis Garland. George H. White, conocido por su exitosa “La Saga de los Aznar”, publicada por Valenciana en su colección “Luchadortes del espacio”, también colaboró con cierta asiduidad en “SS”. En cuanto al maestro Carrigan, si no me equivoco empezaría a colaborar en esta serie en los 70.
 

El número de títulos publicados por “SS” era tan alto, que  Bruguera decidió sacar al mercado “Selecciones del Servicio Secreto”, que se publicaría entre 1962 y 1967. Esta serie estaba dedicada a la reedición de aquellas novelas de “SS” que más éxito habían cosechado.
 

Vista la popularidad alcanzada por “SS”, y en feroz competencia con Toray, Rollan y Valenciana, Bruguera amplió su oferta de bolsilibros policiacos con “Punto Rojo”, que estaría en los quioscos desde 1962 hasta 1986, editándose unos 1300 títulos aproximadamente. La tónica era la misma de “SS”, pues en esta serie se publicaron novelas policiacas y de espionaje, como en la colección hermana. Evidentemente, “Punto Rojo” se inscribía en la política editorial característica de Bruguera, que pretendía monopolizar la publicación de bolsilibros, objetivo que a la larga alcanzaría. Debido a ello, durante los años 60 la firma barcelonesa inundó el mercado de colecciones dedicadas a las temáticas más populares, en clara competencia con otras editoriales del ramo. Entre 1964 y 1967 lanzaría la serie “Archivo Secreto”, en principio más centrada en el espionaje que en el relato policial al uso. El nombre de esta colección sería recuperado en los 70, cuando Bruguera comenzara a publicar las aventuras de la agente Brigitte “Baby” Monfort, genial creación de Lou Carrigan ya publicada en parte por Rollan. La colección “Alto Secreto” tuvo una vida efímera, pues sólo se publicaría durante 1967.




En general, fueron “SS” y “Punto Rojo” las series estrellas de Bruguera, en lo que a los bolsilibros policiales se refiere. El éxito de estas dos colecciones fue tan considerable, que cuando el Grupo Zeta se hizo con los activos de Bruguera, tras el colapso de esta editora, Ediciones B, filial de dicho grupo, publico una serie denominada “Punto Rojo”, en la que se reeditaron algunos títulos de las antiguas “SS” y “Punto Rojo”.

 
Otra serie policial muy exitosa, que figura entre mis favoritas, fue “La Huella”, que sería publicada entre 1974 y 1978, si mis datos son correctos. Esta colección iba a estar dedicada en exclusiva a Lou Carrigan, con una periodicidad quincenal, debido a que el maestro Lou tenía mucho trabajo por aquel entonces. Pero los responsables de la empresa editorial, siempre ansiosos por maximizar los beneficios, optaron por publicar esta colección semanalmente. Peor aún: aprovechándose sin duda de la abusiva legislación contemporánea, que favorecía al empresario por encima del trabajador, decidieron abrir “La Huella” a otros autores, buenos profesionales sin duda, pero cuyas obras no podían compararse ni de lejos con las de Carrigan.

 
“Kiai, Héroes de las Artes Marciales”, también fue una serie ideada en principio para Carrigan, que además era un experto judoka. Aunque nacida al amparo de la tremenda popularidad de las películas de kárate provenientes de Hong-Kong,  el argumento de las novelas aparecidas bajo este sello era eminentemente policiaco. El único autor que demostró estar a la altura de Carrigan en este campo fue Clark Carrados, que escribió una serie de relatos excepcionales, protagonizados por un experto en las artes marciales orientales, personaje al que ya he dedicado un trabajo en el blog. Con todo, las mejores obras de esta colección serían las de Carrigan, que, al contrario que sus colegas, tenía unos amplios conocimientos del tema, lo que sin duda le daba una considerable ventaja sobre ellos.

 
Bruguera compitió con otras editoriales por el control del mercado bolsilibresco. Al final logró monopolizarlo, pero eso, como era inevitable por otra parte, se tradujo en una considerable merma de la calidad de los textos de las obras publicadas. Mientras hubo de competir con las series publicadas por la competencia, puede decirse que Bruguera “mimó” sus colecciones policiales, en especial “SS” y “Punto Rojo”. Pero cuando se hizo con el control absoluto del mercado, cuando ya no tuvo con quién competir, la editorial ya no prestó tanta atención a los textos. Incluso las ilustraciones de cubierta, que siempre habían sido uno de los puntos fuertes de Bruguera, perdieron calidad cuando la empresa se decantó por las obras de agencia en sustitución de los dibujos originales para cada novela. En cuanto a los textos, basta leer una obra publicada en los 50 o 60, y compararla con otra aparecida en los 80, para constatar la pérdida de calidad. Además de a las causas antes mencionadas, esto se debió también a la reducción de páginas de los bolsilibros, que obligaba a los autores a reducir también al mínimo los pasajes descriptivos, optando en muchas ocasiones por un estilo cuasitelegráfico que no beneficiaba en nada a la novela. Algunos autores, con Carrigan y Carrados a la cabeza, capearon el temporal con profesionalidad y elegancia, adaptándose bastante bien a la nueva situación. Otros, por el contrario, no supieron hacerlo, por lo que sus obras de las últimas etapas de “SS” y “Punto Rojo” se resintieron notablemente.

 
Los bolsilibros policiacos suponen un importante segmento de la producción de novelas populares. Hubo muchas colecciones dedicadas a dicha temática, pero las de Bruguera son las más conocidas y recordadas hoy día, sin que ello signifique menosprecio de otras editadas por las empresas rivales. En todo caso, mi reconocimiento y admiración para todos los escritores que publicaron en ellas.


Antonio Quintana Carrandi
Enero de 2015


domingo, 30 de noviembre de 2014

UN CUBO LLENO DE BASURA



 
 
“La Huella” fue una de mis colecciones preferidas, en parte por su fascinante diseño gráfico, el mejor de Bruguera para una serie policial, y en parte porque Lou Carrigan se prodigó muchísimo en ella. Tanto es así que, a pesar de que “La Huella” estuvo abierta a otros autores muy notables, es considerada por los aficionados a los bolsilibros casi como una colección “carriganiana”. El autor barcelones fue con mucho el que más títulos publicó en ella, por lo que sus  novelas de esta serie ocupan un lugar destacado en su producción literaria.
 
Las aportaciones de Carrigan para “La Huella” se dividen entre las reediciones de obras suyas que antes vieron la luz en colecciones de Rollán, como “El rompecabezas”, nº 55 y “Operación Akak 398”, nº 103, y los relatos  que el maestro escribió expresamente para ella. La novela que tengo el gusto de comentar para los lectores de “Bolsi & Pulp, “Un cubo lleno de basura”, es de éstas últimas y vio la luz en 1975, con el nº 16 de la colección, con una estupenda cubierta de Jorge Núñez. Posteriormente sería reeditada en “Servicio Secreto”, como muchas otras, en 1981, con el nº 1610. En esta edición no figura el autor de la ilustración de cubierta, por lo que deduzco que debía ser de agencia.
 
¿Qué es “Un cubo lleno de basura”? Pues otro magnífico relato policiaco de Carrigan. Quien ya conozca al maestro no necesitará saber  más. No obstante, para aquellos que se aproximen por primera vez a este fantástico escritor, diré que nos encontramos ante una novela muy interesante y absorbente, claro ejemplo del buen hacer del mejor autor de bolsilibros. La obra se centra en las vicisitudes de Warren Holding, un ex policía que acaba de salir de la cárcel, tras pasarse un año entre rejas por un delito que no ha cometido. Holding vuelve a la libertad no amargado, pero sí desilusionado, pues su acrisolada honradez le sirvió de muy poco a la hora de denunciar la corrupción de un superior. Pero su salida de prisión no es traumática gracias a la mujer que le ama, una de esas féminas realmente especiales que pueblan las novelas de Carrigan, y a un viejo amigo, dueño de una Agencia de Investigación privada, que no duda en ofrecerle trabajo. Una serie de misteriosos asesinatos, incluido el de su amigo, sumado a un intento de matarle a él, volverá a enfrentar a Holding con su antiguo superior, el inquietante capitán Ernest Blodd.
                                     
 
Misterio, intriga, acción trepidante. “Un cubo lleno de basura” lo tiene todo para satisfacer al lector más exigente. Otra más de las obras que nos regaló Lou Carrigan. Creo que no cabe decir más.
 
 
Antonio Quintana
Noviembre de 2014

miércoles, 22 de octubre de 2014

DIEZ AÑOS DESPUÉS



POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Esta novela, nº 781 de la colección “Servicio Secreto”, data de julio de 1965, cuando el firmante de esta reseña contaba tan sólo nueve meses de edad, pero acabo de leerla por primera vez. Y debo reconocer que, a pesar de tratarse de un relato policial típico, con medio siglo a sus espaldas, mantiene todo su interés, siempre y cuando se tenga en cuenta al leerlo la época en que se editó y las características del mercado bolsilibresco para el que fue escrita. La intriga no decae en ningún momento, manteniendo al lector pendiente de cada una de sus páginas hasta la conclusión final, sólo desvelada en el último tramo de la historia.
 
¿De qué va la cosa? Pues del asalto a un furgón blindado, que transporta setecientos mil dólares, de los de hace cincuenta años, no lo olvidemos. El atraco sale a la perfección, pero el jefe de la banda asesina a sus esbirros y a los escoltas del envío de dinero, pues pretende quedarse con todo el botín. Uno de los guardias no muere en el acto, revelando algo sorprendente: el jefe de los asaltantes era una mujer.
 
Como la policía no parece tener ninguna pista de importancia, Doris Dynn, directora de la compañía propietaria del dinero sustraído, decide contratar los servicios del investigador privado Bart Claughely. Éste acepta el encargo e inicia sus investigaciones, asistido por su fiel secretaria y un grupo de colaboradores. El asunto se revela como un condenado embrollo, que parece conducir a un callejón sin salida. Para acabar de complicarlo todo, las investigaciones de Claughely parecen indicar la culpabilidad de Doris, que además mantenía cierta relación con uno de los atracadores muertos. Claughely deberá descubrir la verdad, aunque esto pueda conducir a la cárcel a Doris, de la que se ha enamorado.
 
“Diez años después” es una novela predecible, si se quiere, característica ésta común al grueso de la literatura bolsilibresca; pero  es un relato absorbente, que no defrauda en ningún instante. También es muy superior, al menos estilísticamente, a otras obras policiales de Lecha más recientes, pues en ella se aprecia la calidad de su prosa en la que yo considero su mejor etapa como escritor. Posteriormente, las editoriales reducirían el número de páginas de sus volúmenes, lo que se traduciría en una considerable merma de la calidad de los textos. Pero para eso todavía faltaba más de una década. Disfrutemos, pues, de una de las entretenidísimas intrigas policiales urdidas por Clark Carrados a mediados de los 60.
 


Antonio Quintana
Octubre de 2014

domingo, 30 de junio de 2013

PERMISO PARA MATAR

 
 
 
SINOPSIS


Clarence Hadaway, inspector especial del FBI, recibe la visita de un hombrecillo que se presenta como Millard Watts. La intención del sujeto es, sencillamente, chantajear al “G-man”. Watts pretende “venderle” a Hadaway diecisiete vidas humanas, las de cinco agentes federales y sus familias. Si Hadaway no acepta el trato, esos “G-men” y sus esposas e hijos serán asesinados inmediatamente. Para salvar esas vidas,  Clarence Hadaway sólo debe hacer una cosa: matar a Jake Chabers, un espía enemigo que el FBI tiene detenido en su Delegación de Miami, Florida. A fin de que el “G-man” esté bajo vigilancia en todo momento, le acompañará Lissa Dalles, una hermosa integrante del grupo de Watts. En vista de la situación, Hadaway no tiene otro remedio que seguirles la corriente a Watts y sus cómplices, aunque, eso sí, tratando de ganar tiempo para intentar desbaratar sus siniestros planes y salvar las vidas de los cinco “G-men” y sus familiares.
 

 
 COMENTARIO


El personaje de Clarence Hadaway es una de las grandes creaciones del MaestroCarrigan. Este abnegado agente del FBI protagonizó un buen puñado de novelas, llegando a coincidir en alguna aventura con la sin par Brigitte “Baby” Monfort, la mortífera agente de la CIA a la que le une una buena amistad. Hadaway es el prototipo del héroe masculino “carriganiano” por excelencia, un hombre de una pieza, un tipo duro de los de antes a quien, no sé por qué, siempre me  imagino con el porte y las facciones de ese gran actor norteamericano que fue Dana Andrews. 
 
En PERMISO PARA MATAR Hadaway debe hacer frente a una situación tancompleja como desesperada, y ha de hacerlo solo, pues al hallarse bajo la atenta vigilancia de Lissa Dalles no puede ni soñar con poner a sus compañeros al tanto del asunto. Así las cosas, nuestro héroe tendrá que ingeniárselas para urdir,  sobre la marcha,  un desesperado plan de acción que le ofrezca alguna posibilidad, por remota que sea, de frustrar los planes de Watts y su gente.
 
Este título es, posiblemente, uno de los mejores protagonizados por Clarence Hadaway, un relato absorbente, que  mantiene el suspense hasta la última página y que, como casi todos los del Maestro barcelonés, contiene unos espectaculares y hábilmente descritos pasajes de acción. Como creo haber comentado ya en otras ocasiones, la narrativa de Carrigan se caracteriza por un estilo descriptivo casi cinematográfico, gracias al cual sus obras se leen de un tirón, pues, como en el caso de la novela que nos ocupa, los acontecimientos se suceden tan vertiginosamente que resulta imposible abandonar la lectura.
 
El ejemplar que poseo, en bastante buen estado de conservación por cierto, fuepublicado por Bruguera en octubre de 1975 en su estupenda colección “La Huella”, siendo el nº 51 de la misma.  El  precio de venta al público era de 18 pesetas. Pero se trataba de una reedición, ya que PERMISO PARA MATAR  se editó por primera vez en diciembre de 1966 en Editorial Rollán, apareciendo como el nº 29 de la también popularísima serie “Agente Federal”. En cuanto al precio de esta primera edición, fue de 10 pesetas, dos hermosos “duros” de la época.
 
La edición de Bruguera me parece mucho más atractiva, ya que “La Huella” contó con un original,  elegante y llamativo diseño de cubierta. La portada que dibujó Fabá para este volumen está mucho más lograda que la empleada en su día por Rollán, aunque la ilustración de contracubierta de “Agente Federal” era fantástica. Como curiosidad, cabe mencionar que, como se aprecia en una de las imágenes que acompañan esta reseña, Rollán tenía la costumbre de añadir en sus bolsilibros un supuesto “título original en inglés”, con la “sana” intención de convencer al lector de que sus publicaciones eran traducciones al castellano de las obras de “prestigiosos” autores extranjeros, presumiblemente estadounidenses. Penosa estratagema ésta que no impidió a los lectores adivinar que, bajo aquellos nombres de tan marcada resonancia anglosajona,  se ocultaban un puñado de notables escritores españoles.
 
PERMISO PARA MATAR es otra de las pequeñas grandes obras policiales del mejor especialista en el género en lengua española, el inimitable e insuperable Lou Carrigan, Antonio Vera Ramírez. Si tenéis ocasión de leerla, no la dejéis pasar. Vale la pena.

 

miércoles, 20 de febrero de 2013

VACACIONES SIN CRIMEN, VACACIONES PERDIDAS

 
 
 
 
Aparecida en febrero de 1982, con el nº 1034 de la exitosa colección Punto Rojo de Bruguera y con una sugestiva portada de Martín, VACACIONES SIN CRIMEN, VACACIONES PERDIDAS se revela como una de las novelas policíacas más entretenidas que escribió Lecha en los últimos años de su carrera.
 
A Santa Maura, una idílica isla situada en algún rincón del Caribe, llega Sandy Sanders dispuesto a pasar las mejores vacaciones de su vida. Santa Maura es una pequeña joya natural, en la que no existen aglomeraciones urbanas de ningún tipo ni esas urbanizaciones turísticas que tanto han contribuido a destruir para siempre la belleza de lugares antaño maravillosos. Ni siquiera Rickview, la capital, es una ciudad propiamente dicha, si no más bien un conglomerado de edificios de poca altura, situados al parecer sin orden ni concierto y separados por amplias zonas verdes. Sanders se muestra fascinado por la belleza natural del entorno, todavía no mancillada por la acción del hombre, y se dispone a disfrutar de unas semanas de holganza en aquel pequeño paraíso. Lejos está nuestro héroe de sospechar que esas van a ser las vacaciones más agitadas de su vida.
 
La primera señal de que algo raro pasa en ese lugar la tiene Sanders nada más bajarse del hidroavión que le ha llevado hasta allí. El nativo que se acerca en un bote a recogerle se dirige a él como señor Spotter, aunque rápidamente le pide disculpas por ello, alegando que había olvidado que el recién llegado quería mantener el incógnito sobre su identidad. Al principio Sanders no hace caso y se limita a disfrutar del paisaje, mientras el bote se arrima al muelle de pilotes de madera, en el que se encuentra una hermosa joven rubia. Richard, el barquero, le dice a Sanders que la muchacha es Charity Howell, pero no añade nada más.
 
Richard le conduce al único hotel de la isla en un viejo automóvil. La dueña del establecimiento es Mamá Fevalle, una oronda mujer que es, además, la alcaldesa de Rickview. Mamá Fevalle se muestra muy cortés con Sanders, pero también muy misteriosa. Sorprendentemente, invita al recién llegado a cenar con ella, y cuando Sanders acepta, ella responde que le conviene. Sanders empieza a preguntarse si ha hecho bien en gastarse la mitad de sus ahorros en aquellas vacaciones en una isla en la que la gente parece estar medio loca. El barquero se había dirigido a él por un nombre que no era el suyo, y Mamá Fevalle empleaba un tono irónico cuando le llamaba señor Sanders. ¿Qué le pasaba a la gente de esa isla? Cada vez más molesto, nuestro protagonista se dirige a su habitación, en la que le espera una desagradable sorpresa. Alguien ha dejado allí una nota amenazadora. Su presencia no es deseada en Santa Maura y lo mejor que puede hacer es irse por donde ha venido, si quiere disfrutar de una larga existencia. El anónimo va dirigido al señor Spotter.
 
Sanders decide hacer caso omiso de esa nota. Si en Santa Maura están todos mal de la cabeza, allá ellos. Él ha ido allí a disfrutar de un merecido descanso y no está dispuesto a permitir que nadie le amargue las vacaciones. Durante la cena, Mamá Fevalle le pone al tanto de algunas curiosidades históricas de la isla. Aparte de eso, la oronda alcaldesa le proporciona algunos sabrosos detalles de la vida en Santa Maura, tales como el asesinato del anterior alcalde de Rickview, Ray Harmony, y la existencia de dos bandas rivales enfrentadas por el control del negocio del contrabando. Tras contarle todo esto y algunas otras cosas más, Mamá Fevalle le dice que se alegra muchísimo de que viniera, aunque fuera bajo otra personalidad, y le pregunta cuáles son sus honorarios.
 
Sanders no sale de su asombro. La alcaldesa, al parecer, le confunde con un tal Spotter, que pasa por ser el mejor detective privado de todo el Sudeste de los Estados Unidos, individuo al que ella ha contratado para que evite una guerra de hampones en Santa Maura y de paso descubra al asesino o asesinos de Harmony, ya que en la isla no hay policía ni nada parecido. De nada sirven los argumentos de nuestro héroe. Mamá Fevalle está convencida de que él es Spotter y le dice que en su habitación encontrará un sobre conteniendo un esquema de la situación en Santa Maura y abundante información sobre los personajes implicados.
 
Nuestro protagonista, irritado por la estúpida confusión de que es objeto, está a punto de irse de aquella isla de locos. Pero ha gastado su buen dinero en aquellas vacaciones y no está dispuesto a permitir que nadie se las estropee, de modo que decide quedarse. Y así, Sandy Sanders acabará envuelto en una enrevesada trama criminal, en la que los asesinatos más crueles estarán a la orden del día. Impelido por las circunstancias, nuestro protagonista deberá hacer uso de toda su inteligencia para salir con vida de ese avispero de criminales en el que se ha metido al elegir Santa Maura para pasar sus vacaciones. En el transcurso de su aventura, Sanders descubrirá que Harmony, el alcalde asesinado, era hijo de Mamá Fevalle y que, además de Vardo y Chairman, los cabecillas de las bandas de contrabandistas, hay una tercera persona en la sombra que pugna por hacerse con el control de Santa Maura. Nuestro héroe acabará aliándose con Charity Howell, que parece ser la única persona decente en todo ese maldito embrollo, y entre los dos lograrán desenmascarar al criminal que se oculta en las sombras.
 
VACACIONES SIN CRIMEN, VACACIONES PERDIDAS es una magnífica muestra de la novela policíaca que cultivaba Lecha. Como siempre, el protagonista es un hombre de lo más normal, en este caso un turista que se ve envuelto, sin comerlo ni beberlo, en una peligrosa trama criminal. En las novelas policíacas de Lecha raras veces aparecía el típico y tópico policía o detective privado de una pieza, omnipresente en la obra de otros autores. Sanders es el clásico héroe forzoso lechano, el hombre corriente que no busca problemas pero que sabe hacerles frente con entereza cuando se presentan. Un protagonista con el que el lector puede identificarse más fácilmente que con los policías, detectives privados o agentes secretos descritos por otros autores.
 
Santa Maura, lógicamente, no existe. No la busquéis en un mapa del Caribe, porque se trata de una invención del autor. La situación jurídica de esta isla ficticia es muy peculiar. Aunque descubierta por los españoles y ocupada, a lo largo de la historia, por otras naciones, curiosamente ninguno de esos países tomó posesión formalmente de ella. Sin embargo, la Corona Española le atribuyó la propiedad de la isla a su descubridor, como pago a los servicios prestados por éste a España. Y se da la circunstancia de que Charity Howell, a pesar de su apellido anglosajón, es descendiente directa de don Francisco de Moraleda, el primero en desembarcar en Santa Maura en 1516, lo que la convierte en dueña de la isla, extremo corroborado por ciertos documentos encontrados en un archivo español. Como es natural, alguien pretende evitar que esos documentos lleguen a manos de la muchacha, y será Sanders quien consiga frustrar los planes del criminal anónimo que pretende hacerse con el control de Santa Maura. Huelga decir que Sanders y Charity se enamoran y el hombre decide quedarse en la paradisíaca isla, en compañía de la muchacha.
 
La intriga, el misterio y la acción se conjugan perfectamente, matizados por el fino sentido del humor tan característico del autor, en VACACIONES SIN CRIMEN, VACACIONES PERDIDAS. Una novela que cumple a las mil maravillas la función para la que fue escrita: entretener. No se puede pedir más.

sábado, 23 de junio de 2012

CLUB DEL MISTERIO: UNA GRAN COLECCIÓN



Editorial Bruguera lanzó al mercado, hacia 1981, una interesante colección de novelas policiacas en formato “pulp”. La idea era ofrecer al público una selección de thrillers de los mejores autores anglosajones del género en una edición económica, pero también cuidada. El resultado fue “Club del Misterio”, una serie que, a pesar de su discreto éxito, merece ocupar un puesto de honor en la historia de la mítica editora barcelonesa.

La estética de la colección se inspiró en la de los legendarios “Pulp Magazines” estadounidenses de los años 30. El formato era de 23´5 x 17´5 cm. El texto se presentaba a dos columnas por página, enmarcadas en líneas verticales, y el tipo de letra empleado era el mismo y de igual tamaño que el utilizado en los bolsilibros. El símbolo de la colección era una pequeña ilustración, situada en la parte inferior derecha de la cubierta y encerrada en un círculo con doble cenefa negra y blanca, que representaba a Humphrey Bogart empuñando una pavorosa automática con una mano, mientras con el otro brazo enlazaba por la cintura a una hermosa mujer. Las ilustraciones de cubierta eran sugerentes, coloristas y de notable calidad. Gran parte de ellas fueron realizadas por Isidre Monés, aunque también hubo colaboraciones de otros artistas, como por ejemplo Jorge Núñez Segura. En cuanto a las sugestivas ilustraciones interiores en blanco y negro, fueron obra de un puñado de excelentes dibujantes, entre los que cabe citar a Julio Vivas, Eduardo Feito, Juan Martínez Osete, Edmundo Fernández (Edmond), Francisco Puerta Aparicio y Carles Freixas. Para el fondo de cubierta, lomo y contracubierta se optó por emplear una surtida gama de colores, lo que acentuó notablemente la vistosidad de los volúmenes.

En la parte interior de la contracubierta se ofrecía una breve reseña biográfica del autor de la obra, y más abajo un avance del siguiente número de la colección. En la parte exterior de la contracubierta se repetían el nombre del autor, el título de la obra contenida en el ejemplar y una sinopsis del argumento; y, debajo de ésta, el logo de la serie. En lo que al precio de venta al público se refiere, se mantuvo durante toda la existencia de la colección en 150 pesetas de la época.

“Club del Misterio” fue, sin lugar a dudas, una interesante iniciativa de Bruguera que, por desgracia, no acabó de cuajar del todo, quizás porque vio la luz en un momento delicado para la editorial. Por aquel entonces, y debido a la concatenación de una serie de factores adversos, entre los que tuvo un peso específico la codicia de la familia propietaria, la empresa caminaba hacia su desaparición. Con todo, fue una colección atractiva, a la que me enganché desde el primer número y de cuya lectura disfruté especialmente en las largas noches invernales. Hoy los volúmenes de esta estupenda serie ocupan un lugar destacado en mi biblioteca personal.

martes, 17 de agosto de 2010

ALTO, GUAPO, MORENO Y GOLFO


El bolsilibro del maestro Carrigan que reseño hoy para los amigos del Bolsi & Pulp es uno de esos personalísimos thrillers a que nos tiene acostumbrados el gran novelista barcelonés, un relato trepidante, en el que la intriga, el suspense, la acción y el humor están garantizados.

El tipo al que hace mención el título es Grant Maynard, camarero del Tobago Club, cierto tugurio neoyorkino de mala muerte. El pobre Grant bebe los vientos por Didi Lorenay, una hembra de bandera que actúa en el club representando un “numerito” en el que siempre acaba ligerita de ropa. El problema es que la tal Didi no le hace ni puñetero caso, lo cual tiene al bueno de Maynard bastante mortificado.

Una noche aparece por el Tobago Club una bella mujer que, tras presentarse como Georgina Calhoun, detective de la policía de Miami, le hace una sorprendente proposición a nuestro protagonista: le ofrece la suma de 80.000 dólares si colabora con ellos en la resolución de cierto asuntillo. Poco después, ya en el coche de la mujer policía, ésta y su compañero, que se presenta como el teniente Tolliver, le muestran una fotografía en la que se ve al bueno de Grant en compañía de otro hombre, con el que guarda un extraordinario parecido. Evidentemente, se trata de un montaje, ya que nuestro héroe jamás ha visto al tipo que está junto a él en esa fotografía. Este hombre, Arthur Green, resulta ser un delincuente al que la policía de Miami abatió a tiros dos semanas atrás. Tres días antes de su enfrentamiento con las fuerzas del orden, el tal Green y la banda que dirigía habían asaltado un furgón blindado, obteniendo un botín de 800.000 dólares y dándose de inmediato a la fuga. Uno de los asaltantes fue detenido dos días más tarde. Al ser interrogado, confesó que los miembros de la banda se habían separado y que no sabía dónde estaban los demás, porque así lo habían acordado por si surgían dificultades. Pero lo que sí sabía era que el jefe, Green, estaría dos días después en el hotel Queensland de Miami, y que tenía en su poder la llave de un compartimiento de equipajes de una terminal de autobuses, donde habría dejado el dinero para repartirlo más adelante, cuando la cosa se hubiera enfriado un poco. La policía, dispuesta a atraparle sin violencias, decidió esperar a Green en la habitación que tenía reservada en el hotel mencionado, pero el hampón, por lo visto, se había citado allí con su amante; ésta vio a los policías entrar en la suite reservada por él y sumó dos y dos. Alertado por su fulana, Green emprendió la huida, pero en el exterior del edificio un par de detectives le dieron el alto, entablándose un tiroteo en el que el delincuente resultó muerto. No se le encontró encima ninguna llave que pudiera ser de un compartimiento de equipajes de una estación de autobuses, así que la policía comprendió que Green se la había entregado a su amante. El problema era que no sabían qué aspecto tenía la prójima. La policía sólo tenía una pista. La fulana del gángster tenía que ser, por fuerza, una de las cuatro mujeres solas que habían estado alojadas en la misma planta del hotel en la que Arthur Green tenía reservada habitación: Rose Avery, de Nueva York; Jessica Newcomb, de Montgomery, Alabama; Norma Delmare, de Artesia, Nuevo Méjico, y Olivia Saint Cyr, de Boston, Massachussets. Los agentes de la ley podrían haberlas interrogado en su momento, pero decidieron no hacerlo por una razón muy sencilla: la fulana de Green sabía que la policía no sabía quién era ella, y no era cosa de ponerla sobre aviso con un interrogatorio al uso. Lo que los policías pretenden es que Maynard, haciéndose pasar por el inexistente hermano de Green, visite a esas cuatro damas, averigüe cuál de ellas era la amiguita del forajido y recupere la llave que, sin duda, éste le entregó poco antes de caer acribillado a tiros por la policía de Miami.
Según Georgina y Tolliver, las cuatro mujeres fueron puestas rápidamente bajo vigilancia, si bien la que les parecía más sospechosa era la de Nueva York, Rose Avery, a la que estaban vigilando precisamente ellos dos. Una noche habían entrado por casualidad en el Tobago Club, y al fijarse en el gran parecido físico existente entre Green y Maynard, la mujer policía le tomó una foto subrepticiamente con una pequeña cámara especial. Dispuestos a resolver el caso sin ayuda de sus colegas de Nueva York, los detectives, con la aprobación de sus superiores del Miami Police Department, decidieron recabar el auxilio de aquel camarero alto, guapo y moreno, que debería hacerse pasar por un falso hermano de Green, miembro también de la banda, para tratar de recuperar el dinero robado y averiguar el paradero de los cómplices del difunto. A cambio de su ayuda, los policías le cederán al simpático camarero la totalidad de la recompensa ofrecida por la recuperación del dinero sustraído.

Aunque con ciertas reticencias, Grant Maynard acaba por aceptar la proposición de los polizontes de Florida. Está convencido de que la despampanante Didi no le mira ni a la cara porque no es más que un triste barman que no tiene donde caerse muerto, pero imagina que, si tuviera “pasta”, aquella diosa del sexo le miraría con mejores ojos. Y 80.000 “pavos” son muchos “pavos”, qué demonios. Así pues, nuestro “camareta” coge “el toro por los cuernos” y se sumerge de lleno en una aventura que, naturalmente, no se desarrollará exactamente como él esperaba, y en la que estará a punto de perder la vida.

Aparecida en abril de 1980, con el nº 1550 de la colección Servicio Secreto, ALTO, GUAPO, MORENO Y GOLFO tiene todos los ingredientes típicos del mejor thriller carriganiano: misterio y suspense sabiamente dosificados, humor chispeante y un tanto irónico, acción espectacular y, sobre todo, una conclusión no por esperada menos sorprendente. Otra pequeña gran joya de la literatura policial que nos regaló el mejor autor del género en lengua española, el inimitable Antonio Vera Ramírez, Lou Carrigan.

lunes, 7 de junio de 2010

UNA CHICA CON GANAS DE JALEO


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI

He aquí una de las novelas policíacas más rabiosamente divertidas de LGL. En casi todas sus novelas, el escritor riojano concedió protagonismo a las mujeres, pero siempre en calidad de auxiliares, digámoslo así, del chico, del mocín de la historia, como decíamos en mi pueblo. Pero en UNA CHICA CON GANAS DE JALEO, nº 960 de la colección Punto Rojo, aparecida en septiembre de 1980, el autor decidió darle todo el protagonismo a una mujer. Y el resultado fue una de sus mejores novelas policiales.

Nuestra protagonista es Lotte Braddon, una chica normalita que trabaja en unos Grandes Almacenes. Un día, los Almacenes son atracados, pero cuando los ladrones se disponen a huir del lugar, Lotte, que ha sido testigo del hecho, idea una ingeniosa estratagema y consigue encerrar a los bandidos en un montacargas. El nombre de nuestra heroína salta a los titulares de los periódicos, pero eso a ella no se le sube a la cabeza, a pesar de que su buena amiga Tessa insista machaconamente en que se ha convertido en una celebridad.

Nuestra protagonista tiene la cabecita muy bien puesta en todos los aspectos menos en uno: está convencida de que es un adefesio. No puede evitar compararse con su amiga, una de esas bellezas neumáticas que hacen que los hombres casi se desnuquen al volver la cabeza para mirarlas cuando se las tropiezan por la calle. Tessa trata de sacar a Lotte de su error, pero no hay manera; ésta sigue creyendo que es tan guapa como una de las hermanastras de Cenicienta. Para acabar de complicar el asunto, nuestra heroína bebe los vientos por el atractivo Rex Fulham, que no parece fijarse en ella en absoluto. Sin embargo, poco después del incidente en los Grandes Almacenes, al pasar por el puerto deportivo, Lotte y Tessa ven cómo Fulham, que se encuentra en la cubierta de un lujoso yate, es atacado por un individuo que le deja sin sentido. Ni corta ni perezosa, Lotte toma cartas en el asunto, y mientras su amiga se ocupa de Fulham, ella se encarga de reducir al atacante de éste. Poco después, Rex se presenta ante Lotte con flores y bombones, en muestra de agradecimiento por haberle salvado la vida. Parece que todo marcha bien para nuestra protagonista, que por fin ha conseguido entrar en contacto con el hombre al que ama, aunque de momento él no parezca demasiado atraído por ella. Pero una serie de equívocos harán creer a Lotte que Rex es un gigoló, un sinvergüenza que vive de las mujeres, más concretamente de la madura Elynor McCraven, propietaria de los Almacenes en los que trabajaba nuestra protagonista hasta que decidió buscar un empleo más agradable. Lotte detesta esa clase de comportamiento en un hombre, así que comienza a tratar a Rex con mal disimulado desprecio, a pesar de seguir coladita por él. Fulham, sin embargo, no es un mantenido ni mucho menos. En realidad, es un agente del gobierno que anda tras los pasos de un peligrosísimo delincuente de altos vuelos, íntimamente relacionado con Elynor McCraven. Para tenderle una trampa a ese personaje, Fulham necesita la ayuda de una mujer, pero como no pueden recurrir a ninguna agente del gobierno, pues los tentáculos de ese mafioso llegan a lo más alto y no saben, por tanto, en quién pueden confiar y en quién no, su jefe le sugiere que busque a alguna chica que no esté relacionada con el Servicio. Rex piensa de inmediato en Lotte, que ha demostrado ser una muchacha de armas tomar y poseer una notable inteligencia. Como no puede contarle toda la verdad, trata de convencer a nuestra heroína de que necesita su ayuda para recuperar ciertos documentos. Lotte, creyendo que los documentos de marras son cartas subidas de tono que Rex piensa emplear para chantajear a alguien, se niega en redondo a ayudarle. Pero la situación se va complicando por momentos. Un vecino de Lotte y Tessa es asesinado de un tiro ante la aterrorizada mirada de la primera, que, no obstante, y haciendo gala de su extraordinario valor, consigue atrapar al asesino. La víctima, antes de morir, pronuncia unas palabras que sólo Lotte escucha. Al poco, nuestra heroína es secuestrada y conducida a la mansión de un hampón, que está vivamente interesado en saber qué dijo aquel hombre antes de palmarla. Rex, que ha presenciado el rapto de Lotte, intenta rescatarla, pero acaba cayendo en manos de los mafiosos. Ahora, tanto si le gusta como si no, Lotte Braddon tendrá que colaborar con Fulham para intentar huir, cosa que lograrán con una sencilla pero efectiva argucia. Poco a poco, Lotte irá descubriendo que Rex no es la clase de tipejo que había imaginado y le ayudará en su peligrosa misión.

Lo mejor de UNA CHICA CON GANAS DE JALEO es su protagonista principal, Lotte Braddon, un personaje femenino magistralmente descrito por Lecha, una mujer con sentimientos, dudas y temores que, no obstante, hace gala de una resolución impresionante cuando de salir de una situación crítica se trata. Estamos, que yo sepa, ante la única novela del riojano en la que el protagonismo recae exclusivamente en la chica de la función, quedando los hombres reducidos al rol de simples comparsas. La inteligencia, preparación física, sentido común y capacidad de reacción ante situaciones límite de Lotte Braddon contrasta notablemente con la aparente ineptitud de Rex Fulham. El hombre, aunque resuelto y voluntarioso, no es precisamente el clásico héroe de bolsilibro al que estamos acostumbrados, y se comporta más como un patético funcionario que como un agente del gobierno. En realidad, su principal función en el desarrollo de la historia parece ser la de convencer a Lotte de que es una mujer muy atractiva, por la que cualquier hombre daría un mundo. Lo consigue, naturalmente, y ése es su mayor logro en toda la novela. Acaban juntos, claro, como mandaban los cánones de las novelas de a duro. Pero uno no puede evitar preguntarse cómo es posible que una mujer como Lotte se conforme con alguien como Fulham, muy atractivo, pero absolutamente inferior a ella en todo. Cosas del amor, supongo.

En todo caso, UNA CHICA CON GANAS DE JALEO se revela como una pequeña gran novela policial, una obra casi genial y algo atípica dentro de la extensa obra bolsilibresca de LGL. Un relato ameno, salpicado de acción trepidante y de muchísimo sentido del humor. El personaje de Lotte Braddon habría dado mucho juego en otras novelas, y es una pena que LGL no decidiera escribir más aventuras de tan sugestiva muchachita. Estoy seguro de que habría tenido tanto éxito como Budd Baxter, el budoka que protagonizó todas las novelas que el autor escribió para la fabulosa colección ¡KIAI! Héroes de las Artes Marciales.