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miércoles, 31 de agosto de 2016

DESTINO INFERNAL

 
 

 
 
Publicada originalmente con el número 1824 de la colección “Bisonte Serie Roja” de Bruguera, y reeditada como el número 62 de la serie “Bisonte” de Ediciones B, “Destino infernal” es un magnífico western de uno de los autores especializados en el género, el sin par Clark Carrados.
 
Tex Lane encuentra el cadáver de un hombre cosido a balazos, y entre unas matas cercanas una bolsa repleta de fajos de billetes de banco. Tras enterrar al muerto, Lane prosigue su viaje, y un día después, al hacer un alto en el camino, descubre casualmente a un grupo de hombres que llevan secuestrada a una mujer. Lane decide liberar a la chica, que resulta ser la hija de Odin Brewster, un rico ranchero de la región. Tiempo atrás, Tex se vio obligado a matar a Ewen Brewster, y su hermano Odin juró vengarse de Lane matándolo en cuanto le echara el ojo. A pesar de ello, Tex no está dispuesto a dejar desamparada a Cassie Brewster, por lo que decide escoltarla hasta el rancho de su padre. Aunque ha rescatado a la chica y recuperado el dinero del rescate, Lane sólo se compromete con ella a llevarla hasta las inmediaciones de la hacienda de su padre, pues no tiene  intención de encontrarse con éste. Cassie no cree que el hombre que la ha salvado de sus captores sea un criminal, y trata de sonsacarle sobre lo que ocurrió realmente.

Puesto que se encuentran a unas ocho jornadas a caballo del rancho de los Brewster, Lane y la muchacha emprenden viaje tomando toda clase de precauciones, pues los forajidos les persiguen, obsesionados con apoderarse del dinero. A partir de ese momento la pareja sufrirá una persecución infernal, y Tex Lane se verá obligado a emplear todos sus recursos y habilidades para preservar su vida y la de la muchacha.

Sin ser una maravilla, “Destino infernal” se revela como un típico y hasta tópico bolsilibro del Oeste, sin nada especial que lo distinga de otros muchos. Pero eso al lector de bolsilibros no le preocupa. Lo importante es que se trata de un relato ameno y trepidante, en la línea a que nos tiene acostumbrados Clark Carrados en sus westerns. Una obra para pasar el rato, literatura de evasión pura y dura. ¿Se puede pedir más a un bolsilibro?

Antonio Quintana Carrandi
Agosto de 2016

miércoles, 20 de abril de 2016

EL CLUB DE LOS SUPERSERES

 
 
 
 
 
Número 347 de “Espacio, el mundo futuro”, “El club de los superseres”, que Lecha firmó como Louis G. Milk, es posiblemente una de sus mejores novelas de ciencia ficción para la barcelonesa Editorial Toray.

 
Bella, esposa de Tony de Valera, parece tenerlo todo: belleza, dinero, posición social. Pero un temor secreto atormenta a la mujer: el miedo a envejecer. Por eso responde a cierto anuncio aparecido en una revista, en  el que se ofrece una vida dilatadísima, sin enfermedad ni envejecimiento. El tratamiento del profesor Skawikof promete todo eso y más, y aunque Tony concluye que el tal profesor no es más que algo así como un charlatán de feria, Bella acaba por decidirse a someterse al tratamiento del mismo, que tiene un coste de nada menos que un millón de dólares. Como sabe que su esposo no está por la labor, Bella actúa a sus espaldas, dejándole a Tony una carta donde le explica que, a fin de llevar a cabo una especie de cura espiritual, ha decidido recluirse durante unos meses en un lugar que define como un monasterio laico. En otra parte de la ciudad, un hombre joven pero gravemente enfermo, Lyck Francis, toma idéntica decisión, dejando no poco preocupada a su bella esposa.

 
Poco después, Tony de Valera conoce casualmente a Fay Francis, la mujer de Lyck, y descubre que se encuentra en su misma situación. Tras entablar amistad con ella, Tony le confiesa sus aprensiones, que son compartidas por la muchacha. Ambos están muy preocupados por la actitud de sus respectivos cónyuges, que se les antoja casi incomprensible.  Las cosas se complican con el regreso al hogar de Bella y Lyck, que parecen los mismos de antes, pero que empiezan a observar un comportamiento extraño. Los dos muestran un rechazo total hacia el contacto físico y una repentina y desmedida afición a la lectura de las más variadísimas obras. Este detalle es especialmente significativo en Bella, que sin ser tonta, jamás había sentido interés alguno por la palabra impresa. Tony y Fay comparten sus dudas y temores, sospechando que algo siniestro se oculta tras el misterioso tratamiento al que se han sometido sus respectivas parejas. Fay y Tony deciden investigar el asunto, y lo que descubren hiela la sangre en sus venas.

 
En “El club de los superseres” no hay acción física, y, sin embargo, la obra se revela como una de las más logradas que escribió el autor riojano afincado en Barcelona. La intriga y el misterio que destila el argumento enganchan al lector desde la primera página, haciendo casi imposible el abandono de su lectura hasta el sorprendente desenlace. Es, en definitiva, un título muy recomendable dentro de la producción literaria de Luis García Lecha, un nombre de oro en la novelística española de aventuras. Que lo disfrutéis.

 
Antonio Quintana
Abril de 2016

martes, 15 de diciembre de 2015

LA ARAÑA ESPACIAL

 



En esta novela, una de las más entretenidas que publicó Lecha en LCDE, colección en la que apareció con el nº 68 en 1971, el autor nos presenta a una criatura sorprendente. Pero no adelantemos acontecimientos y pasemos a explicar brevemente de qué va la cosa.

La historia comienza cuando una nave exploradora de la Tierra se dispone a tomar posesión de un planeta recién descubierto. Apenas desembarcados, los exploradores son atacados por… ¡una turba de jinetes vestidos y armados a la usanza del viejo Oeste americano! Los expedicionarios no dan crédito a lo que ven, pero antes de que puedan reaccionar son eliminados. Todos menos el capitán, Dan Harris,  que consigue regresar con la nave a la Tierra. Cuando relata lo ocurrido, es sometido a juicio y declarado oficialmente demente e internado en una institución psiquiátrica, pues nadie cree su alucinante historia.

La LCA (Liga de Comandantes de Astronave) a la que pertenecía Harris, estudia el caso. Darryl Brabben, uno de sus miembros más prominentes, aboga por realizar una investigación in situ, pues siempre ha considerado a Harris como un hombre equilibrado y piensa que debe haber algo de cierto en su historia, por descabellada que pueda parecer. Además, se han perdido ciento treinta y seis vidas y a juicio de Brabben se debe averiguar qué ocurrió en realidad. Por otra parte, la investigación es absolutamente necesaria desde el punto de vista de la seguridad de  la navegación espacial. Tras una enconada deliberación, se decide que la LCA debe hacerse cargo de las investigaciones, pues ningún otro organismo tiene intención de hacerlo. Aunque en un principio se pretende designar a Brabben como director de la comisión investigadora,  éste rechaza la propuesta, ya que todavía se halla convaleciente de un accidente en el que perdió una pierna, que le fue reemplazada mediante un trasplante. No obstante, a la larga los acontecimientos obligarán a Darryl Brabben a investigar personalmente el asunto. Lo que acabará descubriendo será algo terrible y fantástico a la vez.

“La araña espacial” me enganchó desde sus primeros párrafos, impeliéndome a leerla de un tirón. Se trata indudablemente de uno de los mejores relatos que el riojano escribió para LCDE. Lecha retomaría a otros seres similares al descrito en esta novela en al menos un par de bolsilibros más, que también destacan como obras estimables dentro de su producción literaria. Pero, si no me equivoco, ésta fue la primera vez que el novelista riojano utilizó a una criatura semejante en un relato, y lo hizo a todas luces con una gran habilidad, pergeñando una historia amena e intrigante como pocas de las que vieron la luz en LCDE. Disfrutadla, pues se trata, insistamos en ello, de uno de los mejores bolsilibros de ciencia ficción de Luís García Lecha, Glenn Parrish.
 
Antonio Quintana
Diciembre de 2015

miércoles, 25 de noviembre de 2015

HOMBRES EN VENTA

 
 

 
 
 
La ciencia ficción de vertiente militar nos ha ofrecido obras tan notables como “Tropas del espacio”, de Henlein, y “La guerra interminable”, de Haldeman. En los bolsilibros también se trató el tema, y quien mejor lo hizo fue el valenciano Pascual Enguídanos Usach (George H. White) en la primera parte de su exitosa “Saga de los Aznar”. El riojano Luís García Lecha también destacó en el campo de la ciencia ficción guerrera. Durante la incivil guerra civil española Lecha combatió en el bando nacional, llegando a alcanzar el grado de teniente de la Legión. Indudablemente esta experiencia le vino muy bien cuando, años más tarde, se convirtió en el autor estrella de “Toray”, publicando numerosos títulos en sus colecciones “Hazañas bélicas” y “Relatos de guerra”. Algunas de sus novelas de ciencia ficción están protagonizadas por soldados, y entre ellas destaca esta magnífica “Hombres en venta”, nº 370 de “Espacio, el mundo futuro”.
 
La novela narra las aventuras de Kenner, un terrestre que se alista en una unidad mercenaria, contratada por la soberana del planeta O´gor para reprimir una rebelión. Los rebeldes ogorianos atentan contra la unidad mercenaria con una bomba, con la evidente intención de tratar de disuadir a los soldados de fortuna de seguir adelante con su misión. Pero el líder de los mercenarios se muestra inflexible, estando dispuesto a llevar a cabo su cometido a toda costa. La operación de O´gor es ciertamente muy peligrosa, pues  no sólo tendrán que enfrentarse a los insurrectos, sino también posiblemente a los lagartos gigantes y semiinteligentes del planeta, unas criaturas temibles. La unidad mercenaria es transportada a O´gor, y apenas desembarca comienza una lucha salvaje, en la que Kenner tiene un protagonismo destacado. Kenner repara en varios detalles incongruentes, y acaba descubriendo que en O´gor las cosas no son lo que parecen, y que tras la rebelión se oculta un oscuro secreto.
 
“Hombres en venta” destaca, aparte de por su intrigante argumento, por las vívidas batallas descritas en ella. Carrados pergeña una más que aceptable novela de ciencia ficción bélica, que a pesar de su condición de relato bolsilibresco, con todo lo que ello implica, tiene poco que envidiar a otras obras más enjundiosas de similar temática. En resumen: un buen bolsilibro de ciencia ficción militar, que conocería una reedición en la colección “Galaxia 2001”, de “Editorial Andina”, con el nº 274 de la misma.
 
Antonio Quintana
Noviembre 2015

lunes, 9 de noviembre de 2015

EL LARGO DÍA DE LOS ROBOTS

 
 
 
 
POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Luís García Lecha siempre mostró un gran interés por la ciencia ficción de temática robótico, escribiendo numerosos relatos protagonizados por esos autómatas, entre los que destacan los de Kabé. No es casual que su primera colaboración en LCDE, con el nº 2 nada menos, fuese una novela titulada “¿Hombre o robot?”. “El largo día de los robots”, nº 64 de la famosísima colección de Bruguera, aparecida en noviembre de 1971, es otro de los amenos relatos robóticos que nos legó el autor riojano afincado en Barcelona.

La acción transcurre en la Tierra, donde tras una espantosa guerra que ha aniquilado a la inmensa mayoría de la humanidad, ha resurgido una civilización pacífica y muy avanzada. Los terrestres llevan una existencia en apariencia idílica, servidos por una legión de androides que realizan hasta las funciones más insignificantes que antes desempeñaban los humanos. Pero todo comienza a cambiar cuando una camarera robot asesina a dos clientes, un hecho inaudito. Esto será el inicio de una serie de extraños incidentes en la que se ven implicados los robots.

Mientras tanto, Jan Varga, nuestro protagonista, se dirige a la Tierra en su nave, procedente de  Olyshoor-11, pues ansía conocer el planeta de sus mayores. Los sensores de su nave captan una señal de socorro emitida desde el planeta Rogos. Cuando se dirige al rescate de quien envió tal señal, su astronave es atacada y Varga repele la agresión, destruyendo un navío espacial edmoriano, procediendo luego al rescate de la persona que transmitió la señal de auxilio, una mujer terrestre llamada Helena 3Otkos, a la que transporta a la Tierra. Ya en ésta, cada uno se dedica a sus asuntos, pero pronto volverán a coincidir y, juntos, habrán de hacer frente a una situación extrema, relacionada con los robots que tanto proliferan en la Tierra y que empiezan a comportarse de un modo irracional y violento, lo que les lleva a sospechar que los androides planean rebelarse contra sus amos humanos. Las averiguaciones de Jan y Helena les inducen a creer que los robots pueden estar siendo manipulados por un tal doctor Otthan Orlid, experto en robótica avanzada. Pero la realidad es aún más terrible.

Un detalle interesante se refiere a los apellidos de los terrestres. En la época en que transcurre el relato, y según el autor, los habitantes de la Tierra anteponen una cifra a su apellido, correspondiendo ésta al número de generaciones que han ostentado tal apellido. Así pues, Helena 3Otkos se corresponde con la tercera generación  apellidada Otkos.

Novela sencilla y sin pretensiones, “El largo día de los robots” ofrece un par de horas de amena e intrascendente lectura. Pura literatura bolsilibresca. No se puede pedir más.
 
Antonio Quintana
Noviembre de 2015

lunes, 10 de agosto de 2015

OBJETIVO: EL HOMBRE

 
 
 
Siempre he sentido predilección por las historias de robots, y OBJETIVO: EL HOMBRE es una de las mejores que he leído. Publicada en 1963 por Toray, es también una de las obras más logradas del riojano Luis García Lecha a quien, por una vez y sin que sirviera de precedente, se le permitió firmar con su nombre real, en vez de con sus seudónimos habituales de Clark Carrados y Louis G. Milk.
 
La serie Best Sellers del Espacio fue un intento de Toray por ofrecer a sus lectores obras más trabajadas en un formato más digno que el del bolsilibro. Quizás por eso, porque se consideraba que era una colección de más calidad, pudo Lecha firmar, por fin, con su nombre real. Sea como fuere, nos encontramos ante una obra típica de su autor, escrita en un estilo claramente bolsilibresco. Sin embargo, posee virtudes que la sitúan muy por encima del bolsilibro de ciencia-ficción, tal y como se concebía éste en los años sesenta.
 
La acción se sitúa en el siglo XXII. La humanidad ha sido exterminada por una plaga procedente del espacio, una extraña enfermedad que sólo afectó al género humano, respetando al resto de los seres vivos, animales y plantas. El planeta está habitado por robots androides, que han sobrevivido a sus amos humanos, creando una curiosa sociedad robótica cuyo objetivo principal parece ser el de construir más y más robots. RK-7, un robot biólogo, cree que su existencia y la de sus congéneres carece de sentido, porque no tienen amos humanos a los que servir. Durante años, y con autorización de JF-1, el líder de esta sociedad robótica, ha trabajado en un ambicioso proyecto. RK-7 pretende, nada más y nada menos, que crear un hombre. Y lo consigue, replica un cuerpo humano perfectamente conformado, un ser que vive y respira... pero sólo como si fuera un vegetal. Su mente es el vacío, y RK-7 ha de admitir, desolado, que jamás podrá replicar el cerebro humano; que, aunque es posible crear prácticamente de la nada el cuerpo, no se puede crear en un laboratorio ese halito misterioso de la vida humana que llamamos alma.
 
Pero RK-7 es un robot con mucha determinación. Ha descubierto que, poco antes de que la plaga exterminara la vida humana, una nave espacial partió hacia un lejano planeta, transportando a un puñado de hombres y mujeres. Así pues, nuestro robot está casi seguro de que en ese planeta pueden existir humanos, descendientes de aquellos exiliados, y planea una expedición para ir en su busca. Su intención es reparar una vieja nave espacial y emprender vieja a las estrellas para encontrar al hombre, constructor de los primeros robots y amo y señor de éstos. Pero JF-1 y BO-12, cabezas dirigentes del mundo robótico, tienen otros planes. Consideran que los robots son superiores al hombre, que no pudo evitar su propio exterminio, y están dispuestos a hacer lo que sea para mantener el actual status quo. El proyecto de RK-7 es saboteado constantemente, mientras que la programación de los robots que salen de fábrica es alterada para que se opongan a la vuelta del hombre a la Tierra. Consciente de lo que está pasando, RK-7 manipula la programación de varios robots que están siendo construidos, de forma que éstos, al escuchar una palabra clave, obedezcan sus órdenes sin vacilar. Poco después, y con la ayuda de LIA-4, un hermoso robot de apariencia femenina, RK-7 comienza a alistar su nave. Pero antes de que pueda concluir su labor, estalla un enfrentamiento entre los robots partidarios de buscar al hombre y los que piensan que el tiempo de éste pasó, y que la Tierra es ahora de las criaturas mecánicas. La guerra civil robótica es tan brutal y despiadada como lo fueron las guerras humanas del pasado, lo que horroriza a RK-7 y LIA-4. La astronave de RK-7 es destruida por el enemigo, y nuestro robot se ve obligado a emplear sus conocimientos en el desarrollo de un arma que permita a su bando ganar la guerra. Pero el espantoso devenir de los acontecimientos, y la destrucción de LIA-4, por la que nuestro mecánico héroe empezaba a sentir algo, le harán tomar una terrible determinación.
 
Lo más interesante de OBJETIVO: EL HOMBRE es su planteamiento humanista, patentizado en la figura del robot protagonista, un androide que, fiel a su programación primaria, piensa que sólo el servir a un ser superior, el hombre, creador y programador de los primeros robots, puede dar sentido a su existencia robótica. RK-7 defiende esta idea con convicción y valentía ante cualquier robot que quiera escucharle, lo que acaba por convertirle en una suerte de peligroso disidente al que es preciso eliminar. Los androides descritos en esta novela han evolucionado bastante, asemejándose cada vez más a los humanos, hasta el punto de replicar muchos de los comportamientos de éstos, incluso los menos recomendables. A pesar de esa evolución, que JF-1 y BO-12 pretenden acelerar mediante nuevos programas más avanzados, la robótica es una sociedad sin perspectivas de futuro, y así lo entienden RK-7 y LIA-4, quienes, aun admitiendo que ellos mismos se comportan cada vez más como humanos, no olvidan en ningún momento que son máquinas, construidas por otras máquinas que, a su vez, han sido construidas por otras creadas por el hombre. Este planteamiento humanista del relato quedará de manifiesto en su impactante final, uno de los mejores de toda la obra de Lecha, y que si bien es consecuente con el desarrollo de la acción, se aleja bastante del típico final feliz, con beso incluido, característico del bolsilibro.
 
OBJETIVO: EL HOMBRE es, aun con sus limitaciones, un excelente botón de muestra de lo que Luis García Lecha podría haber conseguido en el terreno de la ciencia-ficción de más empaque, de haber tenido oportunidad de hacerlo. Una obra de notable calidad tanto argumental como literaria, que todo fan de Clark Carrados debería leer.

miércoles, 22 de abril de 2015

CALLES SANGRIENTAS

 
 
 
 
 
 
Número 1064 de “Punto Rojo”, aparecida en septiembre de 1982, “Calles sangrientas” no es de lo mejor de Carrados en su vertiente policial, pero resulta una novela entretenida, en la que su protagonista,  Vic Lester, se embarcará en una curiosa aventura para ayudar a May Hickock a encontrar a su jefe, el profesor Voorhis, un sabio que ha inventado algo terrible, un artilugio que desencadenaría mil calamidades de caer en manos inapropiadas. Varias bandas rivales andan tras Voorhis y su artefacto y provocarán más de un problema a Lester y la muchacha. Por otro lado, parece haberse desatado una extraña epidemia de ira incontenible en la ciudad, y Lester acaba por sospechar que el aparato ideado por Voorhis tiene mucho que ver con ello. Se impone por tanto encontrar al científico, antes que lo haga alguno de los facinerosos que también lo buscan.
 
Poco más hay que contar, salvo señalar que parece una novela escrita con cierta prisa… lo que tampoco debe extrañar, conociendo cómo funcionaba el mercado bolsilibresco en los 80. Como digo, no está a la altura de otras grandes novelas policiacas de Carrados, pero tampoco decepciona mucho. Una obra para pasar el rato agradablemente. Ni más, ni menos.
 
Antonio Quintana
Abril de 2015

domingo, 22 de marzo de 2015

MARTE, BASE DE ATAQUE








Número 62 de la serie “Ciencia Ficción”, de Ediciones Toray, “Marte, base de ataque” es otra de las divertidas novelas que Lecha, firmando con el más popular de sus seudónimos, Clark Carrados, dedicó al planeta rojo.

Una nave espacial, procedente de Marte, se aproxima a la Tierra. Su único tripulante, Tony Zeiss, transmite un angustioso mensaje por radio. Según él, el cuarto planeta está siendo utilizado como una base  desde la cual unos alienígenas van a lanzar un ataque contra nuestro mundo.  Poco después, la nave se estrella y a Zeiss, segundo jefe de la primera colonia humana en Marte, conocida como “Camp Vickary”, se le da por volatilizado al no encontrarse su cuerpo. Pero milagrosamente Zeiss ha sobrevivido, y poco después llega a una casa de campo, propiedad de Peggy Styles, en la que también se encuentra casualmente el capitán astronauta Reynold Tloth, que ha sufrido una herida durante una jornada de pesca y se ha acercado a la vivienda en busca de ayuda. Se da la circunstancia de que, momentos antes de la aparición de Zeiss, Reynold y Peggy estaban comentando los recientes acontecimientos, pues Mike, el hermano de la muchacha, formaba parte de la dotación de la colonia marciana. Zeiss, gravemente herido y bajo los efectos de un tremendo shock, es ingresado en el hospital astronáutico.

Una nave de socorro comienza a ser alistada, pues se ha perdido todo contacto con la colonia de Marte y la División de Astronáutica de la ONU teme lo peor. Ante la imposibilidad de obtener más información de Zeiss, cuya vida pende de un hilo, uno de los médicos sugiere que podrían recurrir a un aparato denominado “electroencefalocámara” inventado por un tal profesor Curton, pero el doctor Copperfield despotrica contra Curton tachándole de farsante. Reynold y Peggy, que han escuchado por casualidad la conversación de los doctores, deciden ir a ver a Curton con la intención de valorar si su invento puede ayudarles a descubrir lo ocurrido en “Camp Vickary”. La “electroencefalocámara” es, según su inventor, un aparato que permite visualizar el pensamiento de una persona en una pantalla y obtener una placa fotográfica del mismo. Peggy, ansiosa por tener noticias de su hermano, se somete al aparato de Curton y el resultado es impresionante. Aunque a regañadientes, a Copperfield no le queda más remedio que permitir que Curton someta al yacente Zeiss a su máquina, y el pensamiento fijado fotográficamente del segundo jefe de “Camp Vickary” es tan sorprendente que provoca la perplejidad más absoluta en los asistentes a la prueba. Es algo tan… sin sentido, que Curton, asombrando a todos, propone reactivar la mente de Zeiss, que se encuentra en coma, para saber lo que ocurrió realmente. Curton asegura que él puede hacerlo y las autoridades le dan carta blanca. Pero Zeiss es asesinado. Poco después un extraño accidente destruye la nave que estaba siendo alistada para socorrer a “Camp Vickary”. Una terrible amenaza se cierne sobre la humanidad, y Reynold Tloth y Peggy Styles deberán conjurarla con la ayuda del profesor Curton.

“Marte, base de ataque” es uno de los más amenos relatos de ciencia ficción escritos por Lecha en su época de Toray. A pesar de su condición de modesto bolsilibro, todavía hoy, cuarenta y cuatro años después de su publicación, conserva buena parte de su interés. Aventura, acción e intriga en un relato fantástico de 126 páginas que sin duda satisfará a los amantes de la literatura bolsilibresca. Una pequeña gran novela que vale la pena leer.



Antonio Quintana
Marzo de 2015


jueves, 26 de febrero de 2015

ALAS TRUNCADAS

 
 
 
 
 
Número 607 de la colección “Hazañas Bélicas” de Toray, publicada en 1966, “Alas truncadas”, sin ser de las mejores novelas de guerra de Carrados, es una entretenidísima aventura ambientada en la II Guerra Mundial.

 
Su título hace alusión a las vicisitudes por las que pasa su protagonista, Henry d´Arveilly, un francés libre alistado como piloto de combate en la RAF británica. Tras ser derribado sobre Francia, Henry cae en manos de la resistencia. Henry espera que los resistentes le faciliten el regreso a Inglaterra para seguir luchando. No obstante, tras identificarse es conducido a presencia de un hombre que dice ser el “auténtico” Henry d´Arveilly. Éste resulta ser Michel, un hermano que Henry no sabía que tenía, apartado de la familia por su padre desde el momento de su nacimiento. Michel, resentido profundamente por esa marginación, no duda en acusar a Henry de ser un impostor y un espía nazi. Aunque Michel intenta asesinarle, Henry logra escapar y va en busca de la mujer que crió a Michel. Nuestro héroe se encuentra en una situación muy difícil, pues debe esquivar tanto a los alemanes como a los resistentes hasta que consiga demostrar que realmente es quien dice ser.

 
La obra cuenta con todos los alicientes propios del género bélico, combinados sabiamente con una intriga familiar que engancha al lector y le sumerge en un relato tópico, pero muy interesante, con una conclusión típica de los bolsilibros, que satisfará a los amantes de esta clase de novelas de aventuras. Un relato ameno y trepidante que cumple a las mil maravillas con su único objetivo: entretener.


Antonio Quintana
Febrero de 2015

miércoles, 11 de febrero de 2015

VIAJE AL FONDO DE LA GALAXIA

 
 
 
Aparecida en junio de 1978, con el nº 409 de “La conquista del espacio”, “Viaje al fondo de la galaxia” se erige como una de las novelas más logradas de Glenn Parrish (Luís García Lecha) en su etapa de Bruguera.
 
 
Juan Byden, que ha causado la muerte involuntaria del marido de su amante, es juzgado y condenado a cadena perpétua. No obstante, el juez le da a elegir entre pasar el resto de su vida entre rejas y servir al profesor Ravenstock. Para Juan, un hombre joven, la decisión no es difícil, optando por ir con el misterioso individuo. Ravenstock resulta ser un hombre amable y un científico notable, que ha inventado un nuevo tipo de vehículo espacial: la psiconave. Su intención es que Juan pilote esa nave movida por energía psíquica, que puede trasladarse teóricamente a cualquier rincón del universo a la velocidad del pensamiento, en un viaje al sistema de la estrella Necuno, situado a unos 120.000 años luz de la Tierra y que es el origen de unas misteriosas señales de radio. Ravenstock no sólo desea investigar dichas señales, sino averiguar, si ello es posible, lo que les ocurrió a sus tres ayudantes, uno de los cuales era su hija Carlota, que emprendieron el mismo viaje en otras tantas psiconaves y han desaparecido sin dejar rastro.
 
 
Byden emprende el fantástico periplo y en cuestión de segundos se encuentra en el sistema Necuno, poniendo proa inmediatamente hacia un planeta cercano, muy similar a la Tierra. No tarda en encontrar a Carlota, que le explica por qué no ha podido regresar y le pone al corriente de ciertos detalles del mundo en que se encuentran. La fabulosa aventura de Juan Byden acaba de empezar, porque además de buscar la fuente de las señales de radio y a los otros dos psiconautas, habrá de enfrentarse a mil peligros en un planeta habitado por tribus muy atrasadas y bárbaras.
 
Parrish construye un relato quizá algo tópico, pero muy ameno; una aventura espacial que satisfará a los amantes de la ciencia ficción concebida como puro entretenimiento. Un estupendo bolsilibro, ideal para descansar de otras lecturas más trascendentes. Disfrutadlo.
 
 
Antonio Quintana
Febrero de 2015

sábado, 6 de diciembre de 2014

LA MISIÓN DE “IRÁS Y NO VOLVERÁS”

 
 
 
 

Tras un título tan singular se esconde otra trepidante aventura bélica surgida de la fecunda mente de Clark Carrados. Número 13 de la colección “Metralla”, de ECSA, la novela sigue las pautas a que ya nos había acostumbrado el autor riojano en sus numerosas colaboraciones para Toray en “Hazañas Bélicas”, “Relatos de Guerra”, “Relatos de Guerra Extra” o la serie también llamada “Metralla” de Bruguera.
 
La novela narra la historia de Ronald Tracy, oficial americano que mantiene cierta enemistad con un superior por un asunto de faldas. Coleman, que así se llama el superior, aborrece a Tracy  aunque trata de disimularlo. Un día encuentra la excusa perfecta para intentar deshacerse de su rival por el cariño de una bella y caprichosa heredera: envía a Tracy a cumplir una oscura misión a una isla del Pacífico ocupada por los japoneses. Es casi una misión suicida, que en nada alterará el curso de la guerra, pero Tracy no puede negarse. No obstante, debido a un error del piloto del avión en que viaja, Tracy es lanzado en paracaídas en otra isla, ésta supuestamente desierta. Tracy no tardará en descubrir que allí existe una base secreta del enemigo, y a pesar de hallarse en clara desventaja, tratará de combatir a los nipones con todos los medios a su alcance, por exiguos que éstos sean.
 
Mientras tanto, un comando japonés de tres hombres ha incursionado con éxito en la base americana de la que ha partido Tracy, llevándose gran cantidad de documentación y haciendo prisioneros al coronel Coleman y a la sargento Beryl Chase, del cuerpo auxiliar femenino del ejército, una muchacha que ha empezado a sentir algo por Tracy. Los nipones y sus rehenes se dirigen a la isla de Kalehala, que los americanos creen desierta y los japoneses consideran como su gran baza contra ellos en ese sector del Pacífico. Pero nadie cuenta con Ronald Tracy, que pese a su inferioridad se revelará como un enemigo nada desdeñable.
 
Aunque se trata de un típico bolsilibro bélico, el argumento es muy interesante, y además cuenta con unos giros inesperados, muy caracterísitcos de Luis García Lecha, que lo hacen destacar por encima de otras obras similares. Como siempre, los pasajes de acción están muy logrados, consiguiendo transmitirnos la angustiosa sensación de hallarnos en medio de la batalla. Carlos Quintana padre sostiene que el bélico fue el mejor género cultivado por Lecha, y aunque no esté totalmente de acuerdo con esa afirmación, he de admitir que muchas de sus mejores novelas están ambientadas en la II Guerra Mundial. La que nos ocupa, publicada allá por 1980, con una vistosa cubierta de Norma, es de lo mejor que escribió Clark Carrados, un bolsilibro tópico, pero muy conseguido. Una novela que cumple a las mil maravillas con su objetivo: entretener.
 
 
Antonio Quintana
Diciembre de 2014

jueves, 30 de octubre de 2014

ROBOTS PROHIBIDOS


 
 
 
 
Número 313 de LCdE, aparecida en agosto de 1976,  firmada por Lecha como Glenn Parrish y con una sugestiva cubierta de Salvador Faba, que sería reutilizada para la reedición de “Máquinas rebeldes”, del mismo autor pero como Clark Carrados, nº 222 de “Héroes del Espacio”, “Robots prohibidos” es otra de las aventuras que el novelista de Haro dedicó  a la robótica, uno de los temas que más cultivó dentro de la ciencia ficción.
 

En esta ocasión, como en muchas otras, Lecha plantea una conspiración a nivel planetario, en la que ciertas personas emplean a un tipo de robot muy especial. Los autómatas prohibidos del título no llevan incorporadas las tres leyes de Asimov, siendo, en la práctica, capaces de llevar a cabo cualquier acto, aunque ello implique la pérdida de una vida humana. Obviamente, Parrish no enuncia las leyes asimovianas textualmente, pero en la práctica viene a ser lo mismo. El caso es que el protagonista, Roy Coleman, se ve envuelto casi casualmente en una aventura extraordinaria, en la que tendrá que enfrentarse a esos sofisticados y peligrosos androides y a quienes les han programado para actuar como auténticos asesinos. Como es habitual en los relatos de Lecha, el héroe contará con la ayuda de una hermosa chica, May Haskell, y la de un grupo de incondicionales amigos.
 
Bolsilibro muy entretenido, como todos los de Lecha, resulta un auténtico placer releerlo treinta y ocho años después de su publicación. El futuro descrito por el autor sigue teniendo su atractivo, y el modo en que trata el tema de los robots nos hace añorar su estupendo ciclo dedicado al androide Kabé, publicado por Toray en “Espacio, el mundo futuro”. Como creo haber dicho ya en alguna ocasión, los robots y su mundo fueron uno de los temas más queridos por Lecha, y sin duda “Robots prohibidos” es una de sus mejores novelas de Bruguera. Con gran habilidad, el novelista teje un relato absorbente, que engancha al lector desde la primera página y no lo suelta hasta su  espectacular final. A esas alturas de su carrera Lecha era ya un maestro, y lo demostró urdiendo una trama intrigante y divertida a la vez, en una novela quizá previsible, como por otra parte ocurría con todos casi todos los bolsilibros, pero que no defrauda en ningún momento. Ciencia ficción popular y de consumo, sí; pero de un nivel muy aceptable. Si podéis leerla, no dejéis pasar la oportunidad. La diversión está asegurada, y eso es mucho más de lo que ofrecen obras supuestamente de más enjundia.

 
Antonio Quintana
Octubre de 2014

miércoles, 22 de octubre de 2014

DIEZ AÑOS DESPUÉS



POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Esta novela, nº 781 de la colección “Servicio Secreto”, data de julio de 1965, cuando el firmante de esta reseña contaba tan sólo nueve meses de edad, pero acabo de leerla por primera vez. Y debo reconocer que, a pesar de tratarse de un relato policial típico, con medio siglo a sus espaldas, mantiene todo su interés, siempre y cuando se tenga en cuenta al leerlo la época en que se editó y las características del mercado bolsilibresco para el que fue escrita. La intriga no decae en ningún momento, manteniendo al lector pendiente de cada una de sus páginas hasta la conclusión final, sólo desvelada en el último tramo de la historia.
 
¿De qué va la cosa? Pues del asalto a un furgón blindado, que transporta setecientos mil dólares, de los de hace cincuenta años, no lo olvidemos. El atraco sale a la perfección, pero el jefe de la banda asesina a sus esbirros y a los escoltas del envío de dinero, pues pretende quedarse con todo el botín. Uno de los guardias no muere en el acto, revelando algo sorprendente: el jefe de los asaltantes era una mujer.
 
Como la policía no parece tener ninguna pista de importancia, Doris Dynn, directora de la compañía propietaria del dinero sustraído, decide contratar los servicios del investigador privado Bart Claughely. Éste acepta el encargo e inicia sus investigaciones, asistido por su fiel secretaria y un grupo de colaboradores. El asunto se revela como un condenado embrollo, que parece conducir a un callejón sin salida. Para acabar de complicarlo todo, las investigaciones de Claughely parecen indicar la culpabilidad de Doris, que además mantenía cierta relación con uno de los atracadores muertos. Claughely deberá descubrir la verdad, aunque esto pueda conducir a la cárcel a Doris, de la que se ha enamorado.
 
“Diez años después” es una novela predecible, si se quiere, característica ésta común al grueso de la literatura bolsilibresca; pero  es un relato absorbente, que no defrauda en ningún instante. También es muy superior, al menos estilísticamente, a otras obras policiales de Lecha más recientes, pues en ella se aprecia la calidad de su prosa en la que yo considero su mejor etapa como escritor. Posteriormente, las editoriales reducirían el número de páginas de sus volúmenes, lo que se traduciría en una considerable merma de la calidad de los textos. Pero para eso todavía faltaba más de una década. Disfrutemos, pues, de una de las entretenidísimas intrigas policiales urdidas por Clark Carrados a mediados de los 60.
 


Antonio Quintana
Octubre de 2014

martes, 14 de octubre de 2014

LUCHAR POR MARTE


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


El planeta rojo fue un escenario habitual en los bolsilibros de Luís García Lecha. Luchar por Marte, nº 289 de LCdE, aparecida en febrero de 1976, con cubierta de Salvador Fabá y firmada por el autor como Clark Carrados, es otra de esas entretenidas novelas con que nos obsequió el escritor de Haro.
 
En Luchar por Marte la colonización del cuarto planeta de nuestro sistema está en manos de la Marspace Energy, una corporación que suministra toda la energía que se consume en Marte, lo que le confiere un enorme poder sobre los colonos. Pero esa compañía tiene un oscuro propósito para el planeta. En los últimos tiempos ha estado comprando grandes extensiones de terreno a los colonos marcianos. De hecho, está utilizando prácticas mafiosas para obligar a éstos a vender, lo que está teniendo resultados muy negativos en el proceso de colonización. A pesar de ello, Dave Lay, que ansía labrarse un porvenir en el planeta, adquiere la granja de un colono que ha “decidido” emigrar, presionado por la ME. Los agentes de la corporación tratan de impedírselo sin conseguirlo, lo que los induce a tomar medidas drásticas contra el joven. Pero éste, animoso y decidido a hacer valer sus derechos, y también a desenmascarar los turbios planes de la ME, decide hacerles frente con la ayuda de Charlotte Hogan, una colonizadora que está pasando por graves apuros.
 
El Marte de esta novela es descrito por el autor como un mundo con una ténue atmosfera, que obliga a usar ropas de abrigo y mascarillas de oxígeno en el exterior. Obviamente, en 1976 todavía se sabía muy poco sobre ese planeta, así que la descripción de Lecha puede aceptarse. La vida se desarrolla bajo cúpulas estancas, una visión clásica que tiene todas las papeletas para hacerse realidad en un futuro a medio o largo plazo, y el transporte se realiza con los consabidos “coches marcianos” imaginados por el autor, cuya plasmación real es el fabuloso LER de la NASA. También destaca el protagonismo de los “zrinns”, unas criaturas alienígenas que son empleadas como peones por algunos colonos, y que demostrarán ser mucho más inteligentes de lo que sospechan sus jefes humanos.
 
Luchar por Marte es un bolsilibro y da lo que el lector espera recibir. Por supuesto que no puede compararse a otras obras ilustres ambientadas en el planeta rojo. Pero es mucho mejor que algunas novelas de más empaque que transcurren en Marte y que acaban revelándose como obras decepcionantes.  En todo caso, es una entretenidísima opción para desintoxicarse de otras lecturas más  farragosas y aburridas. Disfrutadla.


Antonio Quintana
Octubre de 2014

jueves, 17 de julio de 2014

ISLOTE EN EL COSMOS


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Un episodio de la serie de los 90 Más allá del límite, cuyo título no recuerdo en este momento, trataba sobre los habitantes de una pequeña porción de la Tierra que, tras ser arrancada de nuestro planeta, era llevada a otro mundo. El argumento puede parecer original, pero lo cierto es que Luís García Lecha, firmando como Glenn Parrish el número 300 de LCDE, ya imaginó algo similar en fecha tan lejana como 1976.
 
En Islote en el cosmos una pequeña ciudad residencial, Freeville, es transformada en un sorprendente islote cósmico tras ser separada de nuestro planeta por seres alienígenas, que al parecer tienen la intención de llevar éste a su mundo de origen, presumiblemente como complemento de una especie de zoo espacial. El trozo desgajado de nuestro mundo, que comprende la ciudad y sus alrededores en una extensión de setecientos cincuenta kilómetros cuadrados de superficie, emprende un vertiginoso viaje por los abismos siderales, aunque, aparentemente, todo sigue igual. Además de las especies habituales de la zona, los alienígenas han concentrado en la isla espacial numerosos ejemplares de la fauna terrícola, lo que provoca no pocos quebraderos de cabeza a los perplejos habitantes de Freeville, que no acaban de creerse lo que les ocurre. El primero en percatarse de la asombrosa realidad es Ray Ockers, el borrachín del pueblo, que en realidad es un científico que ha caído bajo la influencia del alcohol como consecuencia de un fracaso profesional. Con la ayuda de Cleo Langfries y Nancy Guild, dos hermosas mujeres que se detestan mutuamente, Ockers intentará encontrar la sala de control que sin duda controla el islote, para, después de dominar a los extraterrestres, invertir el proceso y tratar de volver a la Tierra.
 
Aunque, dada su condición de bolsilibro, todo parece quedar un tanto en el aire, pues en ningún momento se explica cómo se supone que van a reintegrar esa suerte de isla cósmica a la Tierra, lo cierto es que se trata de una de las mejores novelas de Lecha en su etapa de Bruguera. Muy sencilla y algo ingenua, está más lograda que otras obras más aparatosas del autor. Parrish logra mantener el suspense durante casi toda la novela, que resulta entretenida y misteriosa a partes iguales. En definitiva, lectura divertida e intrascendente con la que pasar un buen rato. No se puede pedir más.
 
Antonio Quintana
Julio de 2014