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martes, 15 de diciembre de 2015

LA ARAÑA ESPACIAL

 



En esta novela, una de las más entretenidas que publicó Lecha en LCDE, colección en la que apareció con el nº 68 en 1971, el autor nos presenta a una criatura sorprendente. Pero no adelantemos acontecimientos y pasemos a explicar brevemente de qué va la cosa.

La historia comienza cuando una nave exploradora de la Tierra se dispone a tomar posesión de un planeta recién descubierto. Apenas desembarcados, los exploradores son atacados por… ¡una turba de jinetes vestidos y armados a la usanza del viejo Oeste americano! Los expedicionarios no dan crédito a lo que ven, pero antes de que puedan reaccionar son eliminados. Todos menos el capitán, Dan Harris,  que consigue regresar con la nave a la Tierra. Cuando relata lo ocurrido, es sometido a juicio y declarado oficialmente demente e internado en una institución psiquiátrica, pues nadie cree su alucinante historia.

La LCA (Liga de Comandantes de Astronave) a la que pertenecía Harris, estudia el caso. Darryl Brabben, uno de sus miembros más prominentes, aboga por realizar una investigación in situ, pues siempre ha considerado a Harris como un hombre equilibrado y piensa que debe haber algo de cierto en su historia, por descabellada que pueda parecer. Además, se han perdido ciento treinta y seis vidas y a juicio de Brabben se debe averiguar qué ocurrió en realidad. Por otra parte, la investigación es absolutamente necesaria desde el punto de vista de la seguridad de  la navegación espacial. Tras una enconada deliberación, se decide que la LCA debe hacerse cargo de las investigaciones, pues ningún otro organismo tiene intención de hacerlo. Aunque en un principio se pretende designar a Brabben como director de la comisión investigadora,  éste rechaza la propuesta, ya que todavía se halla convaleciente de un accidente en el que perdió una pierna, que le fue reemplazada mediante un trasplante. No obstante, a la larga los acontecimientos obligarán a Darryl Brabben a investigar personalmente el asunto. Lo que acabará descubriendo será algo terrible y fantástico a la vez.

“La araña espacial” me enganchó desde sus primeros párrafos, impeliéndome a leerla de un tirón. Se trata indudablemente de uno de los mejores relatos que el riojano escribió para LCDE. Lecha retomaría a otros seres similares al descrito en esta novela en al menos un par de bolsilibros más, que también destacan como obras estimables dentro de su producción literaria. Pero, si no me equivoco, ésta fue la primera vez que el novelista riojano utilizó a una criatura semejante en un relato, y lo hizo a todas luces con una gran habilidad, pergeñando una historia amena e intrigante como pocas de las que vieron la luz en LCDE. Disfrutadla, pues se trata, insistamos en ello, de uno de los mejores bolsilibros de ciencia ficción de Luís García Lecha, Glenn Parrish.
 
Antonio Quintana
Diciembre de 2015

lunes, 9 de noviembre de 2015

EL LARGO DÍA DE LOS ROBOTS

 
 
 
 
POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Luís García Lecha siempre mostró un gran interés por la ciencia ficción de temática robótico, escribiendo numerosos relatos protagonizados por esos autómatas, entre los que destacan los de Kabé. No es casual que su primera colaboración en LCDE, con el nº 2 nada menos, fuese una novela titulada “¿Hombre o robot?”. “El largo día de los robots”, nº 64 de la famosísima colección de Bruguera, aparecida en noviembre de 1971, es otro de los amenos relatos robóticos que nos legó el autor riojano afincado en Barcelona.

La acción transcurre en la Tierra, donde tras una espantosa guerra que ha aniquilado a la inmensa mayoría de la humanidad, ha resurgido una civilización pacífica y muy avanzada. Los terrestres llevan una existencia en apariencia idílica, servidos por una legión de androides que realizan hasta las funciones más insignificantes que antes desempeñaban los humanos. Pero todo comienza a cambiar cuando una camarera robot asesina a dos clientes, un hecho inaudito. Esto será el inicio de una serie de extraños incidentes en la que se ven implicados los robots.

Mientras tanto, Jan Varga, nuestro protagonista, se dirige a la Tierra en su nave, procedente de  Olyshoor-11, pues ansía conocer el planeta de sus mayores. Los sensores de su nave captan una señal de socorro emitida desde el planeta Rogos. Cuando se dirige al rescate de quien envió tal señal, su astronave es atacada y Varga repele la agresión, destruyendo un navío espacial edmoriano, procediendo luego al rescate de la persona que transmitió la señal de auxilio, una mujer terrestre llamada Helena 3Otkos, a la que transporta a la Tierra. Ya en ésta, cada uno se dedica a sus asuntos, pero pronto volverán a coincidir y, juntos, habrán de hacer frente a una situación extrema, relacionada con los robots que tanto proliferan en la Tierra y que empiezan a comportarse de un modo irracional y violento, lo que les lleva a sospechar que los androides planean rebelarse contra sus amos humanos. Las averiguaciones de Jan y Helena les inducen a creer que los robots pueden estar siendo manipulados por un tal doctor Otthan Orlid, experto en robótica avanzada. Pero la realidad es aún más terrible.

Un detalle interesante se refiere a los apellidos de los terrestres. En la época en que transcurre el relato, y según el autor, los habitantes de la Tierra anteponen una cifra a su apellido, correspondiendo ésta al número de generaciones que han ostentado tal apellido. Así pues, Helena 3Otkos se corresponde con la tercera generación  apellidada Otkos.

Novela sencilla y sin pretensiones, “El largo día de los robots” ofrece un par de horas de amena e intrascendente lectura. Pura literatura bolsilibresca. No se puede pedir más.
 
Antonio Quintana
Noviembre de 2015

miércoles, 11 de febrero de 2015

VIAJE AL FONDO DE LA GALAXIA

 
 
 
Aparecida en junio de 1978, con el nº 409 de “La conquista del espacio”, “Viaje al fondo de la galaxia” se erige como una de las novelas más logradas de Glenn Parrish (Luís García Lecha) en su etapa de Bruguera.
 
 
Juan Byden, que ha causado la muerte involuntaria del marido de su amante, es juzgado y condenado a cadena perpétua. No obstante, el juez le da a elegir entre pasar el resto de su vida entre rejas y servir al profesor Ravenstock. Para Juan, un hombre joven, la decisión no es difícil, optando por ir con el misterioso individuo. Ravenstock resulta ser un hombre amable y un científico notable, que ha inventado un nuevo tipo de vehículo espacial: la psiconave. Su intención es que Juan pilote esa nave movida por energía psíquica, que puede trasladarse teóricamente a cualquier rincón del universo a la velocidad del pensamiento, en un viaje al sistema de la estrella Necuno, situado a unos 120.000 años luz de la Tierra y que es el origen de unas misteriosas señales de radio. Ravenstock no sólo desea investigar dichas señales, sino averiguar, si ello es posible, lo que les ocurrió a sus tres ayudantes, uno de los cuales era su hija Carlota, que emprendieron el mismo viaje en otras tantas psiconaves y han desaparecido sin dejar rastro.
 
 
Byden emprende el fantástico periplo y en cuestión de segundos se encuentra en el sistema Necuno, poniendo proa inmediatamente hacia un planeta cercano, muy similar a la Tierra. No tarda en encontrar a Carlota, que le explica por qué no ha podido regresar y le pone al corriente de ciertos detalles del mundo en que se encuentran. La fabulosa aventura de Juan Byden acaba de empezar, porque además de buscar la fuente de las señales de radio y a los otros dos psiconautas, habrá de enfrentarse a mil peligros en un planeta habitado por tribus muy atrasadas y bárbaras.
 
Parrish construye un relato quizá algo tópico, pero muy ameno; una aventura espacial que satisfará a los amantes de la ciencia ficción concebida como puro entretenimiento. Un estupendo bolsilibro, ideal para descansar de otras lecturas más trascendentes. Disfrutadlo.
 
 
Antonio Quintana
Febrero de 2015

jueves, 30 de octubre de 2014

ROBOTS PROHIBIDOS


 
 
 
 
Número 313 de LCdE, aparecida en agosto de 1976,  firmada por Lecha como Glenn Parrish y con una sugestiva cubierta de Salvador Faba, que sería reutilizada para la reedición de “Máquinas rebeldes”, del mismo autor pero como Clark Carrados, nº 222 de “Héroes del Espacio”, “Robots prohibidos” es otra de las aventuras que el novelista de Haro dedicó  a la robótica, uno de los temas que más cultivó dentro de la ciencia ficción.
 

En esta ocasión, como en muchas otras, Lecha plantea una conspiración a nivel planetario, en la que ciertas personas emplean a un tipo de robot muy especial. Los autómatas prohibidos del título no llevan incorporadas las tres leyes de Asimov, siendo, en la práctica, capaces de llevar a cabo cualquier acto, aunque ello implique la pérdida de una vida humana. Obviamente, Parrish no enuncia las leyes asimovianas textualmente, pero en la práctica viene a ser lo mismo. El caso es que el protagonista, Roy Coleman, se ve envuelto casi casualmente en una aventura extraordinaria, en la que tendrá que enfrentarse a esos sofisticados y peligrosos androides y a quienes les han programado para actuar como auténticos asesinos. Como es habitual en los relatos de Lecha, el héroe contará con la ayuda de una hermosa chica, May Haskell, y la de un grupo de incondicionales amigos.
 
Bolsilibro muy entretenido, como todos los de Lecha, resulta un auténtico placer releerlo treinta y ocho años después de su publicación. El futuro descrito por el autor sigue teniendo su atractivo, y el modo en que trata el tema de los robots nos hace añorar su estupendo ciclo dedicado al androide Kabé, publicado por Toray en “Espacio, el mundo futuro”. Como creo haber dicho ya en alguna ocasión, los robots y su mundo fueron uno de los temas más queridos por Lecha, y sin duda “Robots prohibidos” es una de sus mejores novelas de Bruguera. Con gran habilidad, el novelista teje un relato absorbente, que engancha al lector desde la primera página y no lo suelta hasta su  espectacular final. A esas alturas de su carrera Lecha era ya un maestro, y lo demostró urdiendo una trama intrigante y divertida a la vez, en una novela quizá previsible, como por otra parte ocurría con todos casi todos los bolsilibros, pero que no defrauda en ningún momento. Ciencia ficción popular y de consumo, sí; pero de un nivel muy aceptable. Si podéis leerla, no dejéis pasar la oportunidad. La diversión está asegurada, y eso es mucho más de lo que ofrecen obras supuestamente de más enjundia.

 
Antonio Quintana
Octubre de 2014

jueves, 17 de julio de 2014

ISLOTE EN EL COSMOS


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Un episodio de la serie de los 90 Más allá del límite, cuyo título no recuerdo en este momento, trataba sobre los habitantes de una pequeña porción de la Tierra que, tras ser arrancada de nuestro planeta, era llevada a otro mundo. El argumento puede parecer original, pero lo cierto es que Luís García Lecha, firmando como Glenn Parrish el número 300 de LCDE, ya imaginó algo similar en fecha tan lejana como 1976.
 
En Islote en el cosmos una pequeña ciudad residencial, Freeville, es transformada en un sorprendente islote cósmico tras ser separada de nuestro planeta por seres alienígenas, que al parecer tienen la intención de llevar éste a su mundo de origen, presumiblemente como complemento de una especie de zoo espacial. El trozo desgajado de nuestro mundo, que comprende la ciudad y sus alrededores en una extensión de setecientos cincuenta kilómetros cuadrados de superficie, emprende un vertiginoso viaje por los abismos siderales, aunque, aparentemente, todo sigue igual. Además de las especies habituales de la zona, los alienígenas han concentrado en la isla espacial numerosos ejemplares de la fauna terrícola, lo que provoca no pocos quebraderos de cabeza a los perplejos habitantes de Freeville, que no acaban de creerse lo que les ocurre. El primero en percatarse de la asombrosa realidad es Ray Ockers, el borrachín del pueblo, que en realidad es un científico que ha caído bajo la influencia del alcohol como consecuencia de un fracaso profesional. Con la ayuda de Cleo Langfries y Nancy Guild, dos hermosas mujeres que se detestan mutuamente, Ockers intentará encontrar la sala de control que sin duda controla el islote, para, después de dominar a los extraterrestres, invertir el proceso y tratar de volver a la Tierra.
 
Aunque, dada su condición de bolsilibro, todo parece quedar un tanto en el aire, pues en ningún momento se explica cómo se supone que van a reintegrar esa suerte de isla cósmica a la Tierra, lo cierto es que se trata de una de las mejores novelas de Lecha en su etapa de Bruguera. Muy sencilla y algo ingenua, está más lograda que otras obras más aparatosas del autor. Parrish logra mantener el suspense durante casi toda la novela, que resulta entretenida y misteriosa a partes iguales. En definitiva, lectura divertida e intrascendente con la que pasar un buen rato. No se puede pedir más.
 
Antonio Quintana
Julio de 2014

lunes, 5 de marzo de 2012

UN CEREBRO DE IDA Y VUELTA



POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


El nº 536 de La conquista del espacio, publicado en noviembre de 1980, con portada de M. García, nos presenta una de las historias más divertidas y originales escritas por Luis García Lecha, aquí firmando como Glenn Parrish.

El protagonista de UN CEREBRO DE IDA Y VUELTA es Gil Krottyn, un joven y hambriento vagabundo que fue apuñalado por otro desdichado como él, mientras se peleaban por un trozo de pan con carne fría que el primero había encontrado en un cubo de basura. Dado por muerto, y certificada su defunción por el forense, su cuerpo fue reclamado por un tal doctor Florenz, que se presentó ante las autoridades alegando ser primo suyo por parte de madre. En realidad, el tal Florenz es un científico que tiene unos planes muy especiales para el cuerpo de Krottyn, o, mejor dicho, para una parte muy especial del pobre vagabundo.

Algún tiempo después, Krottyn resucita convertido nada más y nada menos que un mono gigante del planeta Irmgod. El enigmático Florenz, al que acompaña una mujer llamada Roxelia Amedden, explica a Gil que le eligieron a él precisamente por su condición de paria, por no tener parientes, ni amigos ni nadie que le eche en falta. El científico le cuenta cómo preparó su falso asesinato para hacerse con su cuerpo y, lo más importante, con su cerebro. El pobre Krottyn no entiende por qué le han hecho algo tan horrible, ni qué es lo que pretenden de él. Es Roxelia quien responde a esos interrogantes. En Frecqul, capital de Irmgod, se encuentra la Torre Máxima, una imponente construcción de setecientos metros de altura, una fortaleza supuestamente inexpugnable. En la cúspide de dicha torre hay una plataforma en la que, protegida bajo una cúpula transparente, se encuentra una caja metálica, de forma cúbica y superficies completamente lisas. Lo que Roxelia y Florenz pretenden es que Krottyn escale la torre por el exterior, alcance la plataforma y se apodere del contenido de la extraña caja allí depositada.

Nuestro héroe, en principio, se niega a secundar los planes de la pareja que le ha hecho víctima de semejante monstruosidad. Pero Florenz y la muchacha le chantajean. Su cuerpo está perfectamente conservado. Si accede a sus deseos, cuando todo termine reimplantarán su cerebro en el mismo, y además le darán diez millones de créditos. Pero si se niega, lo incinerarán y él tendrá que seguir siendo un simio irmgodita para el resto de su vida. Al pobre Gil no le queda otro remedio que aceptar, y comienza inmediatamente el entrenamiento para lograr una perfecta coordinación entre su cerebro humano y su nuevo cuerpo simiesco. Roxelia no se separa de él ni un momento y Krottyn acaba descubriendo por qué una muchacha tan hermosa está metida en un asunto tan turbio. Shubaddar, Primer Ministro de Irmgod, fue el responsable del asesinato del esposo de la joven. Cuando la pareja estaba celebrando su banquete de bodas, los esbirros del Primer Ministro entraron en el lugar y dieron muerte al flamante marido de Roxelia ante sus propios ojos. Por eso desea vengarse de Shubaddar, y la mejor forma de hacerlo es apoderándose del objeto contenido en la caja situada en la cima de la Torre Máxima.

Gil, aunque comprende los motivos de la muchacha, no puede simpatizar con ella por lo que le ha hecho. Pero no tiene más remedio que hacer lo que ella diga, si quiere recuperar su verdadero cuerpo. El plan sigue adelante como estaba previsto. La idea es que Roxelia, convenientemente disfrazada, se traslade a Irmgod con su mono amaestrado, con el que se dedicará a actuar por las calles de la capital. El mono tocará la guitarra, las castañuelas y las campanillas, y Roxelia, cual bella zíngara de antaño, bailará a su son, mientras buscan la ocasión oportuna para llevar a cabo su misión.

Pero las cosas se complican. A bordo de la astronave que les lleva a Irmgod, Krottyn recibe un cartucho de vídeo, en el que se ve el cadáver del doctor Florenz sobre un charco de sangre, y a un individuo disparar una pistola de energía contra su cuerpo humano, conservado en una cápsula criogénica. Luego, aparece en la grabación otro individuo, quien afirma que Roxelia jamás logrará sus propósitos. Nuestro héroe está desolado. Ese mensaje, el asesinato del doctor y la desintegración de su cuerpo humano significan que Shubaddar y sus esbirros conocen sus planes. Pero la muchacha no se resigna y está dispuesta a seguir adelante como sea. Gil, por su parte, está casi desesperado. Su cuerpo original ya no existe. ¿Qué será de él cuando todo termine? Roxelia trata de animarle, asegurándole que, de algún modo, conseguirán otro cuerpo al que poder trasplantar su cerebro. Después de todo, alega la muchacha, se producen muertes por accidente con mucha frecuencia, por lo que no debería resultar difícil conseguir un cuerpo humano parecido al suyo.

Por fin llegan a Irmgod y comienzan a actuar por las calles de la capital, mientras esperan la ocasión propicia para el asalto a la Torre Máxima. Sin embargo, una gran sorpresa les aguarda en ese mundo. Según el doctor Florenz, los monos gigantes de Irmgod se hallan en el estadio correspondiente al de los neanderthales terrestres, y emiten unos sonidos que los científicos califican de lenguaje, aunque muy rudimentario. Krottyn sí puede hablar normalmente, ya que Florenz modificó el aparato bucal del simio receptor del cerebro de nuestro héroe. Pero en un encuentro casual entre Frogo (nombre dado por Roxelia al Gil simiesco) y algunos congéneres suyos, que actúan en un circo, el terrestre descubre que estos monos son mucho más inteligentes de lo que creen los irmgodianos, ya que poseen no sólo la capacidad de comunicarse oralmente entre ellos mediante un lenguaje casi tan complejo como el humano, sino también una conciencia de raza verdaderamente admirable.

Mas no será ésa la única sorpresa que se llevarán nuestros amigos. Poco a poco, Gil y Roxelia irán descubriendo que las cosas en ese planeta no son lo que parecen, que Shubaddar, aunque no es trigo limpio, tampoco es el monstruo que creían, y que ellos mismos forman parte de una sucia intriga política urdida por alguien que se oculta en la sombras, una persona dispuesta a cometer toda clase de crímenes para lograr sus oscuros propósitos.

Una de las cosas que más me gustan de Luis García Lecha es que sus novelas siempre rezuman optimismo. Sus héroes siempre conservan la esperanza, incluso en las situaciones más sombrías. En esta novela tenemos un buen ejemplo de esto. En un momento dado de la aventura, Gil / Frogo, está convencido de que nunca volverá a tener un cuerpo humano. A pesar de todo, no se deja vencer por el abatimiento. Si ha de ser un mono de Irmgod para el resto de su vida, tratará de hacer algo por sus nuevos semejantes, que viven bajo el temor constante de ser cazados por los hombres. Nuestro protagonista hace partícipe a Roxelia de sus proyectos para su nueva existencia. Cuando todo termine, se irá al bosque con los suyos y procurará ayudarles a evolucionar. Les enseñará a construir refugios, herramientas, armas para defenderse de sus enemigos naturales y también de los humanos. Les dará la rueda y el fuego, los instrumentos que sacaron a los hombres prehistóricos del salvajismo. Gil / Frogo incluso habla de buscar una hembra, aparearse y tener descendencia que continúe su labor al frente de la comunidad simia. Como podemos ver, el protagonista de esta historia es un hombre animoso, dispuesto a salir delante de la mejor forma posible incluso en las circunstancias más adversas. Un magnífico ejemplo de lo que Luis García Lecha entendía por héroe.

Como es habitual en todas las obras de nuestro admirado autor riojano, el sentido del humor salpica la novela casi de principio a fin. Como botón de muestra, basta recordar ese hilarante pasaje del capítulo IV en el que Gil / Frogo reconoce ante Roxelia, avergonzado, que le gusta Drya, la mona gigante del circo, lo que provoca las carcajadas de la muchacha.

La aventura narrada en esta novela tiene, como exigían tanto los editores como los lectores de novelas de a duro, un final feliz que, naturalmente, no revelaré aquí. Tan sólo os diré que Krottyn no tendrá que seguir siendo un mono gigante de Irmgod para el resto de su existencia. Así que, como es lógico, tampoco tendrá que aparearse con ninguna mona, aunque sea una beldad peluda como la tal Drya.

UN CEREBRO DE IDA Y VUELTA es, en resumen, otro de los espléndidos bolsilibros que Luis García Lecha publicó en Bruguera, una aventura imaginativa, trepidante y divertida a partes iguales. Si la encontráis, no dejéis de leerla. Os puedo asegurar que no os arrepentiréis.

jueves, 24 de febrero de 2011

EL SECRETO DEL DOCTOR TYNE


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


He aquí una modesta pero divertidísima novela de Luís García Lecha, que hará las delicias de los amantes de la literatura bolsilibresca. En esta ocasión, Lecha, bajo su seudónimo de Glenn Parrish, nos narra las aventuras y desventuras de Sholto Farrar, un joven abogado sin demasiada suerte, que se verá enfrentado a un siniestro personaje que amenaza con destruir la Tierra si no se le paga una astronómica suma de dinero. Pero no adelantemos acontecimientos y veamos el planteamiento del relato.

Sholto Farrar, que está pasando por una racha de penuria económica, acude al domicilio de su tío, el doctor Phillibert S. Tyne, para pedirle un préstamo. El doctor Tyne está furioso y preocupado por cierto error cometido por la avanzada computadora que posee, fallo gravísimo según él, que puede tener peligrosas consecuencias. Tyne pide a su sobrino que le ayude a destruir ciertas fórmulas, y después de quemar todos sus papeles, el científico suspira aliviado, comentando que la Tierra se ha salvado del desastre. Mas de pronto parece reparar en algo y llama a su secretaria personal por videófono, conminándola a que le lleve la libreta de notas que le había dejado para pasar a limpio, pues también debe ser destruida. Sholto, acostumbrado a las rarezas de su tío, no entiende nada, y por tanto no le da ninguna importancia al asunto. Con un cheque en el bolsillo, abandona el domicilio del doctor tranquilamente, sin ser consciente de que acaba de presenciar el primer acto de una tragedia.

Y la tragedia comienza con el accidente de aeromóvil en el que muere la secretaría del doctor Tyne cundo iba a llevarle el cuaderno de notas. El científico, aunque lamenta la muerte de su secretaría, respira aliviado porque cree que esas notas que tanto le preocupaban han sido destruidas, pero no es así. Alguien se ha apoderado de ellas y las utilizará para sus siniestros fines.

Mientras tanto, Sholto acude a la residencia de Octavia Van Kroydt, una multimillonaria, antigua conocida suya, que le ofrece una fabulosa suma de dinero a cambio de que haga un trabajito para ella. Octavia pretende que Sholto se introduzca en la sede de la Norton Interspatial y se apodere de ciertos documentos. Aunque está pasando una mala racha, y la oferta de Octavia es muy tentadora, Farrar es un hombre honrado y se niega en redondo a perpetrar una acción ilegal. Despechada, Octavia le jura que lamentará haber rehusado trabajar para ella. Y efectivamente, las cosas comienzan a irle mucho peor a nuestro protagonista, pues la rencorosa Van Kroydt utiliza su influencia para que nadie contrate sus servicios como abogado.

A todo esto, los medios de comunicación se hacen eco de una noticia fantástica. Un individuo, que firma como Shylock Smith, dirige un ultimátum al gobierno de la Tierra: si no se le pagan doce mil millones de escudos, destruirá el planeta. Para demostrar que puede cumplir su amenaza, asegura que el día 27 de mayo de 2173, a las 23,59 hora de Greenwich, procederá a destruir Calixto, cuarto satélite de Júpiter. Semejante noticia provoca una conmoción mundial, aunque en realidad todo el mundo, incluidos los miembros del gobierno, piensa que el tal Shylock Smith es un chiflado que sólo busca notoriedad. Por si acaso, y más por tranquilizar a la población que porque crean que el anónimo chantajista pueda cumplir su amenaza, el gobierno envía una nave a las proximidades de Calixto. Mientras la humanidad espera, entre divertida y temerosa, lo que ocurra en esa luna de Júpiter, Farrar recibe la visita de Janet Fork, una de las empleadas de Octavia Van Kroydt, a la que conoció durante su desagradable visita a la multimillonaria. Janet, que ha sido despedida, quiere contratar los servicios profesionales de Farrar, pues su hermano se ha metido en un lío. Empleado de Norton Interspatial, Tony Fork se avino a hacer aquello a lo que Farrar se había negado. Pero resultó que sus superiores, que no se fiaban de él, le pusieron como cebo unos documentos falsos. Furiosa, Octavia denunció a Fork, alegando que la había obligado a firmarle un cheque por varios millones de escudos amenazándola de muerte. Sholto, conmovido por la desesperación de la muchacha, y deseoso de devolverle la pelota a la arpía, accede a representar al hermano de Janet. Pero antes, y dado que el plazo fijado por el misterioso Shylock Smith está a punto de concluir, encienden el televisor para comprobar, como miles de millones de personas, si ese personaje cumple o no su palabra de destruir Calixto. Y efectivamente, ante los horrorizados ojos de la población mundial, las cámaras de la astronave enviada a Júpiter captan la destrucción de su cuarta luna, que parece ir disolviéndose en polvillo cósmico. La nave también resulta destruida y esto acaba de convencer al gobierno terrestre de que se enfrentan a un enemigo formidable, que posee un arma desconocida y de efectos devastadores.

Los acontecimientos se precipitan cuando el doctor Tyne, visiblemente alterado, llama a su sobrino y le exige que acuda a su domicilio cuanto antes. Farrar se presenta en casa de su tío acompañado por Janet, y éste les hace una sorprendente revelación: el arma empleada por el tal Shylock Smith para disolver Calixto es invención suya; mejor dicho, tal arma ha sido el resultado de los errores cometidos por la computadora del doctor. Tyne, hombre de grandes recursos económicos e influencias políticas, quiere que su sobrino investigue el asunto de Shylock y recupere la diabólica sustancia capaz de disolver planetas enteros. Y así, nuestro héroe se verá embarcado en una peligrosa aventura, en la que deberá hacer frente a numerosos obstáculos, antes de poder llevar su misión a feliz término.

El secreto del doctor Tyne es un bolsilibro típico, con las virtudes y los defectos característicos de esta clase de novelas. Aunque no está a la altura de las excelentes historias que Lecha escribió para la mítica Espacio, el mundo futuro de Toray, este bolsilibro se lee sin sentir, ya que se trata de un relato trepidante y desenfadado. Lo mejor es su impagable final, que hará soltar la carcajada al lector cuando, en la última página y ya resuelta la situación, Farrar le pregunta a su tío qué demonios pretendía inventar exactamente.

El secreto del doctor Tyne, una novela de ciencia ficción de Luís García Lecha; es decir, diversión asegurada.

miércoles, 12 de mayo de 2010

MÁQUINAS REBELDES


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


Aparecida por vez primera con el nº 18 de LCDE, y posteriormente reeditada con el nº 222 de Héroes del Espacio, de Ceres (filial de Bruguera), la acción de Máquinas Rebeldes se sitúa en el siglo XXII. Monte Owree, un joven que se encuentra en precaria situación económica, es contratado como mayordomo por la doctora Medora Fulham. Owree no es un vagabundo, sino un científico que ha pasado por una mala racha, fruto de su acendrada honradez, que le impidió secundar los planes de la empresa para la que trabajaba, lo que acabó por costarle el empleo. En su nueva faceta de mayordomo, el protagonista de nuestra historia se siente realmente cómodo y no echa en falta para nada su antigua profesión. De hecho, como confiesa en un pasaje de la novela a una antigua amiga, ya empezaba a estar más que harto de una profesión que no llenaba su espíritu. De momento, su trabajo para Medora Fulham le satisface y no tiene intención de cambiarlo. Claro que en ello influye también la atracción que ejerce sobre él la hermosa doctora.

Sin embargo, Monte deberá recurrir de nuevo a sus vastos conocimientos para ayudar a Medora, que está investigando unos extraños sucesos relacionados con el insólito comportamiento de las máquinas que, en este tecnificado siglo XXII, utiliza la humanidad profusamente. De un tiempo a esta parte, estas máquinas observan comportamientos erráticos, sin sentido, como si de pronto su programaciones se hubieran alterado volviéndolas literalmente locas. Sistemas de control de tránsito, dispensadoras de alimentos, molinillos de café, cuchillos eléctricos… Todos estos artilugios se desmandan sin razón aparente, causando algunos de ellos víctimas mortales. Monte y Medora descubren que a estas máquinas se les ha insertado un circuito extra, que no aparece en las especificaciones de fábrica, y cuyo diseño resulta desconocido. Sea como sea, todo huele a conspiración, y la pareja protagonista acabará descubriendo qué siniestros intereses se ocultan tras estas criminales manipulaciones, y quién dirige los hilos de la trama desde la sombras.

Sin ser de las mejores obras de CF de Lecha, Máquinas Rebeldes posee todos los alicientes de la mejor novela de a duro: intriga, suspense, emoción, algo de acción y, sobre todo, sentido del humor. Impagable la escena en la que Monte y Medora se conocen, cuando él se pone a cuatro patas en el jardín de la doctora y finge pacer la hierba, en un intento de conmoverla ante la terrible situación económica que padece, que le ha llevado incluso a pasar hambre.

Máquinas Rebeldes se lee como cualquier bolsilibro: en un pis pas, y deja el buen sabor característico de estas obritas pergeñadas por aquella legión de forzados de la pluma cuyo único objetivo era entretener al lector con sus intrascendentes pero amenos relatos. En pocas palabras, otra muestra del buen hacer literario de Luís García Lecha.