LECTORES DE BOLSI & PULP:

CONTACTOS:

¡HOLA AMIGOS! ESTAN EN BOLSI & PULP, SITIO IMPERDIBLE PARA AMANTES DEL PULP

¡HOLA AMIGOS! ESTAN EN BOLSI & PULP, SITIO IMPERDIBLE PARA AMANTES DEL PULP
PINCHEN EN LA IMAGEN SUPERIOR Y DISFRUTEN DE NUESTRA VARIADA BOLSITECA

LO MÁS VISTO EN EL BLOG DURANTE ESTA SEMANA ES...

Mostrando las entradas con la etiqueta A Thorkent. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta A Thorkent. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de octubre de 2016

SOBRE EL COMENTARIO A “LAS MURALLAS DE HONGARA”

 
 
 
 
 
La publicación de mi reseña de la novela de Torres Quesada “Las murallas de Hongara” a propiciado un comentario de uno de los lectores del blog. Dicho comentario me empujó a examinar más detalladamente mis archivos, pues consideré que el amable comentarista pudiera tener razón en algo. Y, en efecto: como dice Angerues, “Un mundo llamado Badoon” no fue el último número de la primera época de “Luchadores del espacio”, sino el penúltimo. Como errar es humano, pido disculpas a los lectores del blog por este error que subsanaré cuanto antes. También es cierto que la novela reseñada da comienzo a una miniserie que Torres Quesada publicó en “Galaxia 2000”… asunto que pensaba mencionar en las correspondientes reseñas de otros títulos de éste autor. Si me refiero a ella como novela independiente, es porque estoy convencido de que el novelista la concibió en principio como tal, decidiendo más tarde incidir sobre los temas tratados en la misma. Al escritor gaditano se le quedaba corto el formato de bolsilibro, y, por otra parte, es tan prolífico, y posee una capacidad de fabulación tan extraordinaria, que frecuentemente desarrolló en series una historia en principio pergeñada sólo para una novela.

 
Pero en todo lo demás, el que está errado es el autor del comentario. La colección “Galaxia 2000” constó de 32 títulos publicados. ¿Qué por qué estoy tan seguro? ¡Caramba, pues porque esta serie la tengo completa! Es más, hubo alguna obra más que no llegó a publicarse, porque la colección se clausuró antes, como todas las de “Forum”. La desaparición de esas colecciones de bolsilibros fue propiciada por Planeta, cierto; pero se debió a los motivos que explico: salvo la dedicada a la ciencia ficción, el resto de las series de “Forum” eran deficitarias. En consecuencia, la pequeña editora no resultaba rentable, razón por la que se decidió finiquitarla.

 
Agradezco a Angerous su comentario, que me ha inducido a refrescar mis conocimientos bolsilibrescos. Tan sólo apuntar que ni él ni yo vamos a estar mejor informados que Torres Quesada de lo que pasó. Y en cuanto a “La Memoria Estelar”, es una de las secciones más notables del “Sitio de Ciencia Ficción”, y no creo que su autor se invente nada o cuente cosas a la ligera, sin haberlas contrastado adecuadamente.

 
Antonio Quintana
Octubre de 2016

domingo, 31 de julio de 2016

LAS MURALLAS DE HONGARA

 
 
 
 
 
Tras el colapso de Bruguera, Ediciones Forum trató de establecerse como el principal sello editorial centrado en el mercado de los bolsilibros. En lugar de la pléyade de colecciones que tenía Bruguera, Forum, mucho más modesta, optó por lanzar al mercado cuatro: “Mustang”, del Oeste; “Top Secret”, policiaca; “Thanatos”, de terror, y “Galaxia 2000”, dedicada a la ciencia ficción. Forum apostó desde un principio por ofrecer en sus colecciones novelas rigurosamente inéditas de los autores más representativos de cada género. Por desgracia, la andadura de Forum fue corta, pues de sus cuatro colecciones de bolsilibros tan sólo “Galaxia 2000” funcionó bien, siendo las tres restantes un rotundo fracaso. En consecuencia, Forum desapareció, y aunque posteriormente la pequeña Editorial Astri mantuvo vivos los bolsilibros durante algún tiempo, muy pronto se hizo evidente que el tiempo de esta clase de novelas de evasión había pasado.
 
“Galaxia 2000” siempre ha sido una serie especialmente apreciada por mí, ya que buena parte de los 32 títulos que la componen fueron escritos por Ángel Torres Quesada, el A. Thorkent de Bruguera, que en Forum recuperó el seudónimo de Alex Towers, bajo el que había sido publicada “Un mundo llamado Badoom”, su primera novela, que tuvo el honor de clausurar la colección “Luchadores del espacio” de Editora Valenciana. En “Galaxia 2000”, al contrario que en “La conquista del espacio”, Torres Quesada pudo dar rienda suelta a su creatividad literaria sin cortapisas de ningún tipo, pergeñando un puñado de excelentes novelas pertenecientes a su celebérrima Saga  de “El Orden Estelar”. También publicó en esta colección algunas novelas independientes, como “Las murallas de Hongara”, número 10 de la serie.
 
La acción de la novela se desarrolla en el planeta Hongara, habitado por humanos llegados a ese mundo dos siglos atrás en una nave estelar. Por diversos avatares, estos humanos han involucionado, aunque todavía conservan recuerdos vagos de su pasado. Divididos en tres naciones o “pueblos” más o menos diferenciados entre sí, viven en un constante estado de guerra con los khrislos, seres horrendos que parecen provenir del Norte inexplorado del planeta, y que periódicamente descienden a las tierras habitadas por los humanos. Las hordas de khrislos amenazan la existencia de los pueblos humanos, por lo que Varan, señor de Zheland, propone una alianza de las tres comunidades humanas. Su intención es unir a los tres pueblos humanos y dirigirse hacia una enorme y antiquísima ciudad, descubierta años atrás por una expedición exploratoria. Esa ciudad, bautizada con el mismo nombre del planeta, es el único vestigio dejado por los primitivos habitantes de ese mundo, humanos también presumiblemente. Como los khrislos son cada vez más numerosos, y sus incursiones más frecuentes y sanguinarias, Varan opina que la única oportunidad de sobrevivir que tienen es alcanzar esa ciudad y refugiarse en ella, pues posee unas altísimas y sólidas murallas tras las que guarecerse. Varan llega a un acuerdo con los otros jefes, pero Forjian, Señor de Cianlan, enamorado de Alehja, esposa de Varan, está enloquecido por los celos y urde un plan para hacerse con el poder, eliminar a Varan y conseguir a la mujer, aunque sea por la fuerza.
 
“Las murallas de Hongara” es uno de los amenísimos relatos a que nos tiene acostumbrados Torres Quesada. Sin ser de lo mejor de su autoría, es un relato que engancha y que satisfará a sus numerosos seguidores. Creo que el gran éxito de “Galaxia 2000”, sin que ello signifique menosprecio de los otros autores que colaboraron en la colección,  se debió a que la mayor parte de sus títulos fueron obra del afamado escritor gaditano, sin ninguna duda el mejor autor de bolsilibros de ciencia ficción después del valenciano George H. White (Pascual Enguídanos), autor de la maravillosa e imperecedera “Saga de los Aznar”. 

 
Antonio Quintana
Julio de 2016

lunes, 18 de enero de 2016

LOS DOMINADORES DE LA TIERRA

 
 
 
 
Otro divertido bolsilibro de Ángel Torres Quesada (A. Thorkent), publicado con el nº 602 de la exitosa serie LCDE de Editorial Bruguera.
 

La astronave “Lemur” regresa a la Tierra tras un periplo de largos años, durante el cual han transcurrido nada menos que seis décadas en nuestro mundo. Los expedicionarios esperan encontrar una sociedad muy distinta a la que dejaron al partir, pero su asombro no conoce límites cuando descubren que ahora existe un gobierno planetario, que no hay conflictos bélicos y, sobre todo, que la humanidad parece haber abandonado todo interés por la conquista del espacio. La “Lemur” aterriza en Australia y sus tripulantes son recibidos por una pequeña delegación gubernamental. Su arribada parece no haber despertado el mínimo interés entre la población, lo que deja un tanto perplejos a los astronautas. Dan Walker, comandante de los expedicionarios espaciales, no comprende muy bien la indiferencia tanto ciudadana como oficial ante su arribada, y poco a poco comienza a sospechar que ocurre algo extraño. Asombrado, Dan comprueba que en aquel tiempo la gente consume una bebida llamada zatel, presentada en pequeños botellines, que al parecer posee la capacidad de ser percibida por las glándulas gustativas de quien la bebe como whisky, martini o cualquier otra bebida que se le antoje. Pero el caso es que a él y a sus compañeros el zatel les sabe simplemente a agua del grifo. Aunque al principio no le da demasiada importancia al asunto,  una serie de extrañas circunstancias acrecientan sus sospechas, que se confirman cuando un grupo de resistentes entra en contacto con él a través de una mujer. Los disidentes le informan de la verdadera naturaleza del zatel, una droga somática a la que es adicta la inmensa mayoría de la humanidad, utilizada por unos alienígenas para mantener al género humano bajo su yugo.
 

Ejemplo perfecto de ciencia ficción bolsilibresca, “Los dominadores de la Tierra” posee todos los alicientes de los mejores relatos de Thorkent. Una novela ideal para desconectar de la cruda realidad durante un par de horas, o para descansar la mente de lecturas más trascendentes. En todo caso, una aventura entretenidísima, pergeñada por uno de los mejores autores de bolsilibros. Disfrutadla.
 
Antonio Quintana
Enero 2016

lunes, 30 de noviembre de 2015

LA AMENAZA DEL INFINITO

 

 
 
La Saga del “Orden Estelar”, que comprende también los periodos del Gran Imperio y la Superioridad, conforma el conjunto de obras más populares del gaditano Ángel Torres Quesada. Pero también escribió un puñado de excelentes bolsilibros de ciencia ficción independientes, y “La amenaza del infinito”, publicada en mayo de 1971 en LCDE, es uno de sus relatos más logrados y entretenidos.

La novela narra la historia de Marc Alevin, capitán de una expedición a Plutón en busca de una nave espacial desaparecida con su valioso cargamento. Tras encontrar los restos del naufragio, la tripulación, con la intención de quedarse con el rico botín, se amotina y abandona a Alevin en el helado mundo, condenándole a una muerte horrible. Pero en el último segundo, cuando nuestro héroe está a punto de perecer, es salvado in extremis por unos alienígenas, humanos por otra parte,  llegados al Sistema Sol a bordo de un navío estelar que sólo puede ser definido como extraordinario. Representantes de una fabulosa Liga Estelar, que agrupa incontables mundos y razas, estos alienígenas ponen a Marc al tanto de su misión, que consiste en buscar nuevas civilizaciones y entablar relaciones amistosas con las mismas. Los grhalladahnos, que tal es el nombre de los extraterrestres pues proceden del planeta Grhalladah, que orbita en torno a una estrella de la constelación del Cochero,  así como sus aliados de la Liga, están en guerra con los varvols, raza de entes diabólicos que ni piden ni dan cuartel, y que se expanden por el universo como una plaga de langosta. Enemigos declarados de cualquier forma de inteligencia que no sea la suya propia, los varvols poseen un arma terrible, capaz de “apagar”, por así decirlo, una estrella. Los grhadallahnos y sus aliados llevan largo tiempo combatiéndolos. Han descubierto que, en su destructivo peregrinar por el cosmos, la flota varvol llegará a los mundos de su Liga en apenas unas semanas, según el cómputo del tiempo terrestre. Los grhadallahnos deben regresar a los mundos de la Liga para ponerlos sobre aviso y tratar de hacer frente a los varvols. Pero los sistemas energéticos de su nave necesitaban ser recargados, así que decidieron detenerse en nuestro sistema, pues sus navíos estelares usan las estrellas amarillas, como nuestro Sol, como fuente de energía. Al comprobar la existencia de un planeta habitado en este sistema, y tras rescatar a Marc Alevin de una muerte segura, los grhadallahnos decidieron avisar a la humanidad terrícola del terrible peligro que se cierne sobre ella, utilizando al terrestre como emisario, y proporcionándole las pruebas necesarias para dar verosimilitud a su historia. Incluso le muestran a Marc un varvol que retienen en su nave, para que el terrestre pueda hacerse una idea del horror cósmico contra el que debe luchar la humanidad.

La nave alienígena da alcance al “Star”, el navío de Alevin, con la intención de que éste lo utilice para regresar a la Tierra y advertir a las autoridades del peligro que representa la inminente llegada de los varvols. Los amotinados, sorprendidos por la aparición de los grhadallahnos, no tienen otro remedio que rendirse y ponerse de nuevo bajo el mando de Alevin, el cual no las tiene todas consigo. Poco antes, la muchacha grhadallahna bajo cuyo cargo ha estado, y que dijo llamarse María, pues su nombre auténtico resultaría impronunciable para él, le ha confesado que los grhadallahnos no creen que los terrícolas puedan resistir durante mucho tiempo frente a los varvols; pero que confían en que, al menos, puedan ralentizar a tan espantosas criaturas lo suficiente para que la Liga esté en condiciones de combatirlos con posibilidades de salir victoriosa. Tal revelación irrita a Alevin, a la par que le llena de tristeza, pues se ha enamorado de la joven. Pero trata de reponerse, y obviando el aparente egoísmo de los grhadallahnos, se dispone a cumplir su misión, mientras la nave grhaddalahna emprende el regreso a los mundos de la Liga Estelar.

 
“La amenaza del infinito” posee los ingredientes propios de la mejor “Space Opera”, revelándose como una novela muy superior a la media de las publicadas hasta entonces por LCDE. Thorkent, alter ego literario de Torres Quesada, vuelve a sorprendernos con un relato épico, en la mejor tradición de la novelística de aventuras. “La amenaza del infinito” podría haber sido una estupenda novela larga, pues su argumento, desarrollado en profundidad y con gran cuidado y esmero, habría devenido sin duda en una más que correcta obra de ciencia ficción. Creo haberlo dicho antes, pero no me importa repetirme: el formato bolsilibro se le quedaba muy pequeño a Thorkent. Sus obras largas más recientes así lo han demostrado. Si la inmensa mayoría de sus bolsilibros de ciencia ficción poseen una calidad más que notable, ¿Qué cotas podría haber alcanzado si hubiese podido desarrollar con más profundidad y extensión sus argumentos?

Un último y curioso detalle. En la batalla entre las flotas terrestre y varvol, las naves de esos seres diabólicos ostentan un diseño “aracnoide”, por definirlo de alguna manera, que las asemeja mucho a los navíos de los Medusas de “La legión del espacio”, de Jack Williamson, y a las poderosas “naves sombra” de “Babylon 5”.

 
Antonio Quintana
Noviembre 2015

martes, 30 de junio de 2015

TRAICIÓN EN URLANKA

 
 
 


 
A.Thorkent (Ángel Torres Quesada) publicó la mayor parte de su obra bolsilibresca en Bruguera. Como esa casa editora no era muy amiga de las series, aunque en última instancia se aviniera a publicar algunas por mero afán de lucro, se vio obligado a recurrir a argucias y triquiñuelas varias para dar forma a su celebérrima saga de El Orden Estelar. Ante las protestas de los responsables de la editorial,  que no veían con buenos ojos que Thorkent insistiera en escribir historias protagonizadas por los comandantes Alice Cooper y Adán Villagrán, de la Unidad Exploradora “Silente”, el novelista optó por presentar otros relatos ambientados en el mismo marco, pero con otros protagonistas. Dicha solución permitió al autor gaditano seguir creando un universo futurista muy singular, pero como quiera que los editores siguieran mostrándose muy suspicaces al respecto, el escritor encontró otra manera de seguir con su saga de Space Opera: redactar novelas de ciencia ficción aparentemente independientes de El Orden, pero que, merced al subterfugio de incluir un comentario o pasaje determinado, acababan por revelarse como piezas integrantes del mismo universo ficticio. “Traición en Urlanka” es una de esas novelas.
 

La acción se desarrolla en un planeta habitado por dos especies, los humanos y los ghalores. Ambas razas sostienen una cruenta guerra por el control de ese mundo. Aunque los ghalores parecen llevar las de ganar, los humanos han logrado construir una gran fuerza de ataque que les permitirá enfrentarse a los siniestros humanoides con posibilidades de éxito. Sin embargo, el más destacado jefe guerrero ghalor propone una tegua a los humanos. Unos belicosos alienígenas han llegado a Urlanka, estableciendo una base en el planeta. Al parecer, esos seres pretenden conquistar ese mundo, aniquilando previamente a humanos y ghalores. Éstos últimos, que tienen localizada la base alienígena, requieren la colaboración de los humanos para erradicar esa supuesta amenaza común. En contra de la opinión de Dhal Darkes, coronel de las fuerzas humanas y protagonista de la novela, la propuesta es aceptada. Darkes, aunque no está muy de acuerdo, obedece como buen soldado. Todo parece ir bien al principio. Pero pronto se revela que los ghalores han urdido una elaborada estratagema para exterminar a sus irreconciliables enemigos humanos.
 

“Traición en Urlanka”, bolsilibro típico, demuestra una vez más que a Thorkent le quedaba pequeño el formato de las “novelas de a duro”. Su interesante argumento podría haber dado origen a una novela más extensa y elaborada, dada la profesionalidad de su autor y su costumbre de sorprender al lector en el último momento. En cuanto a su conexión con la saga de El Orden Estelar, puedo adelantar a los lectores que el relato está ambientado durante la época de caos y oscuridad que siguió a la caída del Gran Imperio y que precedería a la creación de El Orden. Por otra parte, en esta novela, que Bruguera publicó en la colección “Héroes del espacio” en noviembre de 1983, con el nº 186, aparecen los ghalores, humanoides a los que no debe confundirse con los gharjoles  de “Emigración al terror”, nº 673 de “La conquista del espacio”, publicada en julio del mismo año. Aunque parecen compartir ciertos aspectos comunes, como el hecho de haber sido empleados por el Gran Imperio como tropas mercenarias, ghalores y gharjoles son dos especies distintas.
 
 
NOTA: En Bolsi & Pulp tenemos otra reseña de esta novela, (del columnista Deka Black) si quieren leerla pinchen acá.
 

 
Antonio Quintana
Junio de 2015

jueves, 30 de mayo de 2013

EL PELIGRO LATENTE DE MHURG

 
 
 
 
EL PELIGRO LATENTE DE MHURG, nº 560 de La conquista del Espacio, modesta pero interesante novela de Thorkent, narra la extraordinaria aventura en la que se ve implicada la tripulación del Trade Planet, un carguero estelar que recorre la galaxia al servicio de la compañía Double Transport. La tripulación la forman cuatro humanos, Jack Shafer, Kent Freeman, Claire Seelye, y Rosa Checa, más un nativo de Antares, Oofoor. El humanoide es el más experimentado de los tripulantes, no en vano ha pasado casi toda su vida recorriendo las rutas estelares.
 
A bordo del carguero la convivencia no siempre es fácil, debido principalmente a las constantes disputas de las dos mujeres, provocadas casi siempre por Claire, que mantuvo una relación con Jack en el pasado y no ha asimilado muy bien que éste sea ahora la pareja de Rosa. Kent, por su parte, bebe los vientos por Claire, con lo cual el enfrentamiento entre ambas parejas se adivina inevitable. Oofoor, aunque no parece mostrarse interesado por las discusiones de sus compañeros humanos, siente predilección por Jack, al que le une una sólida amistad. El ser de Antares sabe que el ambiente está muy tenso a bordo, y que en cualquier momento puede ocurrir lo peor. Y lo peor ocurre cuando los sensores detectan una masa metálica en la ruta que recorre la Trade Planet.
 
El cuerpo metálico resulta ser una nave espacial, un enorme vehículo de cinco kilómetros de largo por dos de ancho. Su configuración resulta desconocida incluso para Oofoor, que conoce prácticamente todos lo modelos de naves estelares en servicio. El inmenso ingenio parece ir a la deriva, y Jack Shafer y sus compañeros deciden inspeccionarla, ya que si, como sospechan, se trata de un pecio, su rescate puede hacerles inmensamente ricos.
 
Tras aproximar la Trade Planet al navío desconocido, el grupo se introduce en éste y comienza a explorarlo. Todo parece indicar que la gigantesca nave lleva muerta mucho tiempo. En una cabina encuentran un esqueleto de mujer, lo que les confirma que los tripulantes de tan fabulosa astronave fueron humanos. Poco después, hacen dos importantes hallazgos: una cabina repleta de oro, iridio, palladium y otros metales valiosos, y una bodega llena de relucientes robots, aparentemente desactivados. Oorfoor, tras examinar uno de ellos, afirma que se trata de robots construidos en el planeta Mhurg. Pero el humanoide hace otro descubrimiento, algo que puede representar una seria amenaza para todos los humanos de la galaxia. Oofoor hace partícipe a Jack de lo que ha descubierto. Los robots mhurgos, que han vuelto a funcionar cuando ellos restablecieron la energía en algunos sectores de la gran nave, están programados con una directriz que los convierte en verdaderos asesinos mecánicos. El humanoide, visiblemente nervioso, llega a sugerir que deberían hacer volar esa nave en un millón de pedazos. Pero los reactivados robots no son el único peligro al que deben hacer frente. Kent y Claire, cegados por la codicia, han decidido eliminar al resto de la tripulación del Trade Planet y quedarse ellos dos con la nave mhurga y todo lo que contiene. Valiéndose de la legión de autómatas asesinos, la pareja intenta acabar con Jack, Oofoor y Rosa, pero éstos logran alcanzar una navecilla auxiliar y huir rumbo al planeta Procyon II. La intención de la pareja de humanos es avisar del peligro que representa la nave de Mhurg y sus miles de robots asesinos en manos de dos psicópatas como Kent Freeman y Claire Seelye. Pero el humanoide sabe que no podrán llegar a ese planeta antes que Kent y Claire, ya que la navecilla en que han logrado escapar es un bote salvavidas que sólo puede alcanzar un tercio de la velocidad de la luz, y eso forzando los impulsores al máximo. Mientras viajan hacia Procyon II, nuestros protagonistas se enteran, gracias a una grabación dejada por Elmerga, última superviviente de la tripulación de la nave mhurga, de lo sucedido en el legendario planeta Mhurg y en aquella fabulosa nave estelar.
 
Mhurg había sido un mundo feliz, cuyos habitantes vivían rodeados de comodidades y sin ninguna preocupación. Dedicados sólo a la buena vida, los mhurgos descuidaron las cosas más importantes, y muy pronto tuvieron que enfrentarse a un terrible problema. Habían dejado la producción de alimentos a cargo de los robots, y éstos, siguiendo su programación, cultivaron las tierras de labor año tras año, década tras década, sin dejarlas reposar, hasta que se agotaron. La población había aumentado desmesuradamente, y no había suficientes alimentos para todos. La situación se hizo insostenible, y un grupo de mhurgos decidió construir una gran nave que les permitiera huir de aquel caos. Pero parte del gobierno mhurgo sostenía que el planeta todavía podía salvarse, a condición de que se suprimiese el exceso de población, reduciendo ésta a unos niveles tolerables para el ecosistema del planeta. Los científicos mhurgos, desesperados, idearon un plan que era, a un tiempo, sencillo, eficaz y brutal. Según ellos, era preciso esterilizar a la mayor parte de los hombres o mujeres, para evitar que la población aumentase. Hecho esto, se procedería a reacondicionar el planeta, sin cometer el error de volver a dejar la producción de alimentos en manos de los torpes autómatas.
 
El problema era que en Mhurg se había impuesto la filosofía de la total libertad del individuo, por lo que sus habitantes se negaron en redondo a permitir que sobre ellos se llevasen a cabo prácticas de control de natalidad. Ante tal estado de cosas, el gobierno mhurgo lanzó en secreto al espacio la nave estelar recién construida, en la cual viajaban varios centenares de personas, miembros todos ellos de las castas dirigente y científica. Arribaron a un lejano planeta, y allí diseñaron un robot muy especial, casi perfecto, pero con una peculiaridad que lo diferenciaba notablemente de cualquier otro construido hasta entonces: las barreras cibernéticas que impedían a un robot hacer daño a sus creadores habían sido eliminadas.
 
Este nuevo modelo de robot no admitía órdenes y sólo tenía un programa básico insertado en su cerebro positrónico: esterilizar a toda la población masculina de Mhurg. Para tal fin, los robots fueron dotados de medios para anestesiar a sus víctimas (llamémoslas así) y practicarles, en apenas unos minutos, una perfecta vasectomía. Esterilizados todos los hombres, no nacerían niños durante largos años y la población se reduciría rápidamente. Pasado el tiempo, y restablecido el equilibrio demográfico, las mujeres serían fecundadas nuevamente con los bancos de semen liofilizado conservados previamente. Llegados a este punto, los robots esterilizadores serían desactivados y desarmados para siempre.
 
Pero los tripulantes de la gran nave llevaban consigo los mismos males que habían provocado el caos en su mundo de origen. Comenzaron a nacer niños en la nave y pronto la población de esta pequeña ciudad espacial se duplicó. Mientras el gran navío emprendía el regreso a Mhurg, los comandantes mhurgos decidieron que debía llevarse a cabo a bordo el experimento que, más tarde, se desarrollaría a escala planetaria. Era el momento oportuno para ello, dado que la nave ya no podía admitir más gente a bordo, y aún tardarían años en regresar a Mhurg.
 
Los robots fueron activados y los mhurgos comprobaron, con satisfacción, que funcionaban perfectamente. Los hombres de la tripulación se dejaron operar por los androides y todo fue como una seda, sin problemas de ninguna clase. Pero la nave cruzó las proximidades de un extraño sol, cuyas radiaciones afectaron a los cerebros positrónicos de los robots, volviéndoles literalmente locos. Su programación fue alterada, convirtiéndose en verdaderos asesinos cibernéticos. Cuando atrapaban a un hombre, ya no utilizaban anestesia para operarle, y la delicada y perfecta intervención de vasectomía se transformó en una brutal castración. Hombre que era atrapado por los autómatas, hombre que moría desangrado en medio de una espantosa agonía. Incluso los que ya habían sido esterilizados fueron asesinados por los enloquecidos robots. En apenas una semana, todos los miembros masculinos de la tripulación de la nave fueron asesinados. Sin hombres sobre los que aplicar las directrices de su programación, los robots se quedaron estáticos. Entre las mujeres cundió el desaliento, y para acabar de complicar las cosas, la nave se averió, comenzando a vagar sin rumbo, impulsada sólo por la inercia. Al principio, las mujeres, dirigidas por Elmerga, pensaron en reparar la nave y emprender el regreso a Mhurg. Pero la perspectiva de llevar a su mundo tal horror les hizo reconsiderarlo, y decidieron seguir vagando por el espacio hasta que la última de ellas hubiera muerto. Elmerga fue la última en morir y dejó aquel mensaje grabado, para advertir a quien encontrara la nave en el futuro del espantoso peligro que ésta encerraba. La desdichada Elmerga murió sin saber que su civilización se había extinguido, víctima de su propia inconsciencia. El planeta Mhurg acabó colapsándose por el exceso de población, el hambre y las enfermedades se cebaron en los miles de millones de mhurgos, que terminaron pereciendo ante la pasividad y la cibernética indiferencia de los millones de robots que habían sido creados para servirlos.
 
Jack y sus amigos escucharon la grabación de Elmerga sobrecogidos por el espanto ante la terrible suerte corrida por la civilización mhurga. Ahora, esa misma suerte podrían llegar a correrla los habitantes de Procyon II. ¿Lograrían ellos impedirlo?
 
Cuando, por fin, llegan a Procyon II, descubren que los robots mhurgos ya están allí. En el astropuerto principal del planeta se aprecian signos de combates, y hay muchos muertos esparcidos por doquier. Pero también hacen otro descubrimiento más horrible aún: los robots ya no atacan sólo a los hombres, si no también a las mujeres.
 
Mientras Oofoor y Rosa se dirigen a la cercana ciudad de Laskae, en busca de algún superviviente, Jack se queda en el astropuerto, en las oficinas de la compañía propietaria del Trade Planet. Poco después, comienzan a llegar camiones repletos de robots mhurgos, que rodean el edificio. A pesar de estar bien armado, Jack teme que su suerte esté echada. De pronto, escucha el zumbido de un videófono. Es Claire, que desea parlamentar con él. El joven accede y la perversa mujer entra en el edificio. Claire pone a Jack al tanto de lo ocurrido desde que éste y sus amigos huyeron de la nave mhurga. Según la mujer, los robots asaltaron el puente de mando y despedazaron a Kent. Ella, por su parte, descubrió un extraño brazalete electrónico en el cadáver de Elmerga. Aquel brazalete resultó ser un dispositivo de control de los robots, construido por la propia Elmerga poco antes de morir. Con dicho artefacto, Claire pudo dominar a los robots a su antojo, y así, cuando arribaron a Procyon II, programó a los autómatas para que atacaran también a las mujeres. Claire, enloquecida por su desmedida ambición, sueña con utilizar su ejército de robots asesinos y casi indestructibles para crear un Imperio Galáctico, conquistando la Tierra y sus colonias. Pero también aspira a recuperar lo que ella cree que siempre fue suyo: el amor de Jack. Propone a éste que se una a ella en su locura, pero Jack, aprovechando una momentánea distracción de aquella demente, la deja sin sentido de un puñetazo. Intenta arrebatarle el brazalete, pero está muy ajustado al brazo. Por un momento, pasa por la mente de Jack la idea de cortarle el brazo a esa arpía, pero ya los robots se han puesto en movimiento hacia él, y no le queda más remedio que huir de allí. Mas tarde, ya en Laskae, ciudad cercana al astropuerto, se reúne con Rosa, Oofoor y lo que queda de la milicia de dicha ciudad, que trata de hacer frente como puede a la horda de engendros mecánicos. Juntos, preparan un plan para intentar derrotar al ejército de autómatas y a su deleznable líder humana. La energía que alimenta a los robots asesinos procede de la nave mhurga, que Claire hizo descender a cierta distancia de Laskae. Jack cree que, destruyendo la nave, los androides, faltos de suministro energético, quedaran inmovilizados como estatuas.
 
Un comando, dirigido por Jack, logra apoderarse de la nave mhurga tras violentos enfrentamientos con las hordas robóticas. Claire y un grupo de sus servidores cibernéticos persiguen al comando al interior de la nave, pero Jack y los suyos logran introducirse en el puente de mando y aislarse en el mismo. Nuestros héroes hacen despegar la gran nave, lanzándola al espacio exterior. Cuando se encuentran a prudencial distancia de Procyon II, activan el sistema de autodestrucción, preparado siglos atrás por Elmerga y sus desgraciadas compañeras. Y mientras el módulo que alberga el puente de mando se separa del resto de la estructura, alejándose de regreso a Procyon II, la gran nave se desintegra, llevándose con ella a la pérfida Claire Seelye.
 
Y así concluye EL PELIGRO LATENTE DE MHURG, otra de las sencillas pero efectivas Spaces Operas surgida de la fecundísima imaginación de A Thorkent. No es, evidentemente, una gran novela de ciencia-ficción. Ni siquiera es de las mejores de Ángel Torres Quesada. Pero cumple a las mil maravillas el cometido para el que fue escrita: entretener. Obra modesta y sin ambiciones, lectura perfecta para todo aquel que sólo desee evadirse durante un par de horas de las preocupaciones cotidianas.


TÍTULO: EL PELIGRO LATENTE DE MHURG
AUTOR: A. THORKENT (Ángel Torres Quesada).
COLECCIÓN: LA CONQUISTA DEL ESPACIO (Nº 560)

CUBIERTA: ANTONIO BERNAL
EDITORIAL: BRUGUERA
AÑO DE PUBLICACIÓN: 1981.
PÁGINAS: 96.

domingo, 11 de marzo de 2012

CAMINO ABIERTO A LAS ESTRELLAS


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



NOTA DEL AUTOR:

Un amable lector ha tenido el detalle de comentar esta reseña, indicándome que esta obra de Thorkent no es una novela independiente, sino que forma parte del ciclo de los Kherles. Así es, efectivamente. Este título es el primero de la Saga Kherle, y no me explico cómo pudo pasárseme por alto este punto. Agradezco al citado lector su puntualización y procedo a corregir el pequeño error.

Esta novela, número 78 de la colección Héroes del Espacio de Bruguera, demostró, por enésima vez, que al gaditano Ángel Torres Quesada se le quedaba pequeño el formato bolsilibro. Camino abierto a las estrellas es uno de los mejores relatos escritos por Thorkent en su época de autor de novelas de a duro. Una obra que es, en sí misma, un perfecto compendio de todo lo bueno que podía ofrecer la literatura popular española. Una magnífica historia de ciencia ficción, que engancha al lector desde la primera página.

El argumento gira en torno a un extraño artefacto extraterrestre, descubierto durante unas excavaciones en la imaginaria república sudamericana de Atagua. El gobierno de EE UU, tras llegar a un acuerdo con las autoridades ataguayas, envía ese objeto a una base secreta de Arizona. Es, ciertamente, un descubrimiento sorprendente, ya que se trata de una especie de aeronave, de diseño ahusado y reducido tamaño, que tiene miles de años de antigüedad. Pero lo más extraño de todo es que dicha nave es prácticamente un casco vacío, ya que carece de motores, sistemas de control e incluso de equipamiento interior. Vamos, es que ni siquiera tiene asientos para los tripulantes. El funcionamiento de tan singular aparato es un completo misterio. Para tratar de resolverlo, el gobierno yanqui recurre a Ted Hallison, un niño de diez años con poderes paranormales, que está al cuidado de la psicóloga infantil Carla Rossi. Dado que la nave no tiene equipo propulsor ni controles de ninguna clase, los expertos gubernamentales han llegado a la conclusión de que ésta se activa mediante el poder de la mente, de ahí la inclusión del superdotado Ted en el proyecto. Siempre precavidas, las autoridades designan a un hombre de acción, de absoluta confianza, para ocuparse de la seguridad del niño y del artefacto, en previsión de que alguna potencia extranjera trate de apoderarse de ambos. El elegido es John Skawa, quien pronto se verá inmerso en una fantástica aventura repleta de suspense y acción que, como todas las surgidas de la fecunda pluma de Thorkent, tendrá un final tan inesperado como fascinante.

Torres Quesada rompe en esta novela con uno de los tabúes típicos de la literatura bolsilibresca española. Las mal llamadas novelas de a duro estaban protagonizadas, indefectiblemente, por personas de raza blanca, algo con lo que el autor gaditano no parecía estar muy de acuerdo, postura que le honra. Quizá por eso decidió que John Skawa y Ted Hallison fuesen de raza negra. Sea como fuere, este detalle representa una inesperada novedad que contribuye a aumentar el interés del relato. Que yo sepa, los únicos autores de bolsilibros que describieron alguna vez héroes no caucásicos fueron Frank Caudett en una novela del Oeste, Lou Carrigan en varios thrillers y José Mallorquí, muchas de cuyas novelas están protagonizadas por mexicanos de piel cetrina e incluso por algún mestizo, como sucedía en “Entre dos rencores”, título perteneciente a la serie de “Dos hombres buenos”.

Camino abierto a las estrellas es un relato trepidante e intrigante a partes iguales, que está a la misma altura que las mejores novelas escritas por el autor dentro de su saga de El Orden Estelar. Con esta fascinante novela, el gaditano iniciaría el Ciclo de los Kherles, otra de sus grandes creaciones literarias. Con títulos como éste, Ángel Torres Quesada demostró que era el mejor escritor de ciencia ficción de Bruguera. Publicada hace la friolera de veintinueve años, esta novela sigue conservando todo su interés y toda su frescura. Si podéis, leedla. No os defraudará. En realidad, ¿qué novela de Thorkent defrauda?

sábado, 14 de enero de 2012

EL ORDEN ESTELAR O MI PRIMER CONTACTO CON LA CIENCIA-FICCIÓN

POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


Siempre he creído que para todo aficionado a la ciencia-ficción el momento más importante de su vida es aquel en que tomó contacto por vez primera con el género. En mi caso esto sucedió hace tres décadas. Contaba por aquel entonces doce años y como casi todos los críos de la época leía mucho, cómics principalmente. Claro que entonces se los conocía como tebeos en toda España menos en Llanes, Asturias, donde nací y vivo y trabajo actualmente. Aquí siempre se les llamó cuentos, aunque hasta la fecha no he podido averiguar por qué. El caso es que leía muchísimo y casi todo el tiempo libre que tenía lo dedicaba a Mortadelo y Filemón, a Supermán, a Flash Gordón, al Inspector Dan o a cualquier otro personaje tebeístico. Hasta entonces nunca me había sentido atraído por ninguna novela. Había visto, eso sí, muchas de las llamadas de a duro, pero nunca llamaron mi atención. Pero cierto día caí enfermo y hube de guardar cama durante bastante tiempo. Las visitas que recibí me proporcionaron mucho material para leer y hacerme más llevadera la convalecencia.

Una de esas personas me llevó una enorme bolsa de plástico llena de tebeos variados, y cuando los estaba revisando me encontré conque entre ellos venía una de aquellas novelitas de a duro. Recuerdo que llamó poderosamente mi atención la colorista portada y el intrigante título: MISIÓN EN OULAX. Estuve un buen rato admirando la llamativa portada, pasé sus páginas al tún tún y acabé dejándola sobre la mesita de noche, tras lo cual escogí una novela gráfica de Tex, mi héroe favorito del Lejano Oeste, y me sumergí en sus apasionantes aventuras, olvidándome por completo de aquel librito que firmaba un tal A. Thorkent.

Unos días más tarde ya había acabado con los tebeos, y como no tenía nada más me acordé de la novelita que descansaba sobre la mesilla de noche. La tomé en mis manos, me recreé unos instantes en la contemplación de su fascinante portada y, tras un leve titubeo, la abrí y empecé a leer. Me zambullí en la lectura de aquella obrita con la mejor de las intenciones, aunque la verdad es que estaba seguro de que no podría pasar del segundo o tercer capítulo. Para mi sorpresa no sólo terminé el primer capítulo sino que me la leí de un tirón. Y me gustó tantísimo que decidí leer alguna otra novela de aquel estilo.

Ya recuperado de mi enfermedad acudí como una flecha a la tiendecita que regentaba una señora llamada Josefina. Era una de esas tiendas mixtas en las que se vendían golosinas, juguetes, revistas y periódicos y además, aunque os sorprenda, ¡se zurcían medias! También funcionaba como librería de lance donde se podían cambiar tebeos y novelas. La señora, una vez la informé de lo que quería, me sacó un montón de novelas de las que ella llamaba de Cosas Raras, vaga definición ésta que abarcaba todos los géneros que no fueran Oeste, Amor y Policiaco. Pero había un problema. Había que dejar una novela por cada una que te llevaras más una pequeña cantidad de dinero. Yo tenía el dinero pero no las novelas, y naturalmente no quería deshacerme de MISIÓN EN OULAX, la única que poseía entonces. Al percatarse de mi contrariedad la buena de Josefina sonrió y me dijo que cogiera las que quisiera, que de este modo hacía un nuevo cliente. Nunca le agradeceré lo bastante a esa buena mujer el gran favor que me hizo.

Así que husmeé entre aquel montón de bolsilibros con entusiasmo, separé los de ciencia-ficción y luego seleccioné cinco de entre éstos, ya que mi exiguo presupuesto no daba para más. Sufrí una pequeña decepción porque entre aquellas novelitas no había ninguna de A. Thorkent. No me quedó más remedio que hacer de tripas corazón e irme a casa con dos de Clark Carrados, una de Curtis Garland, una de Joseph Berna y otra de Lou Carrigan. Tres días más tarde ya me las había leído. Me gustaron, pero no tanto como aquella de Thorkent. De modo que tan pronto como reuní unas pesetillas volví corriendo a la tienda de Josefina. ¡Eureka! Esta vez me hice con tres de A. Thorkent, MUNDO OLVIDADO, LOS ENEMIGOS DE LA TIERRA y LOS MERCENARIOS DE LAS ESTRELLAS.

Más contento que unas castañuelas me leí una de ellas esa misma noche, de una sentada. Creo que fue entonces cuando me di cuenta de que allí había una verdadera saga espacial y que el personaje dominante de ésta era la mujer, aquella hermosa Alice Cooper, de rubios cabellos y verdes ojos. Hoy no llamaría la atención que el protagonista principal de un ciclo de novelas de ciencia-ficción fuera una mujer, pero en aquella época, y en aquel tipo de literatura, las mujeres ejercían generalmente de simples comparsas del héroe masculino de turno. Todavía no conocía a Baby, la divina espía creada por Lou Carrigan, y faltaban algunos años (no muchos no vayais a creer) para que supiera de la existencia literaria de la robopsicóloga Susan Calvin imaginada por el Buen Doctor, así que encontré el protagonismo de Alice Cooper tremendamente novedoso y sugestivo. Me parecía que aquel Thorkent era un genio de la literatura y me propuse reunir todas las novelas suyas que pudiera.

Cuando me regalaron una montaña de novelas de Marcial Lafuente Estefanía, autor que nunca me gustó, me fueron valiosísimas para ir cambiándolas por las del Espacio, que eran las que me interesaban. Mi admiración por Alice Cooper, Adán Villagrán y el Orden Estelar crecía a pasos agigantados. No obstante mi relación con el autor podía considerarse de amor y odio. Admiraba profundamente su trabajo y le estaba agradecido por haberme mostrado lo maravillosa que podía ser la ciencia-ficción. Pero también me irritaba su manía de escribir las novelas del Orden salteadas, sin aparente orden ni concierto, dando saltos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo. No acertaba a comprender por que lo hacía así. Sólo con la llegada de Internet y este estupendo Sitio pude conocer las dificultades que tuvo Thorkent para dar un mínimo de coherencia a su saga.

Hoy día poseo treinta y nueve novelas de A. Thorkent, o de Ángel Torres Quesada, como más os guste, incluyendo MISIÓN EN OULAX, la primera obra del género que cayó en mis manos. Casi todas están en perfecto estado y reposan en un lugar privilegiado de mi biblioteca, junto a Asimov, Clarke, Pohl, Heinlein y otros muchos. Creo sinceramente que sus obras, incluso estas modestas novelillas de a duro, merecen estar con las de los grandes maestros del género. Creo que yo jamás habría leído a esos monstruos de la ciencia-ficción sin haber leído antes a Thorkent y sus colegas de la literatura popular española. Por eso mi idilio con Alice Cooper y el Orden Estelar, que comenzó hace treinta años, perdura aún intensamente. Gracias, Ángel, por las emocionantes aventuras que nos hiciste vivir a bordo de la Hermes y la Silente.

martes, 30 de marzo de 2010

ENEMIGOS OCULTOS





Publicada en octubre de 1979, con el nº 479 de LCDE, ENEMIGOS OCULTOS es una de las novelas de a duro de Thorkent que más me gustaron en su momento.

Nos encontramos en el planeta Ra, un mundo tipo Tierra habitado por una comunidad de colonos humanos. Los habitantes de este mundo son, en realidad, colonizadores forzosos. Su destino original era otro planeta situado a enorme distancia de éste, pero cien años atrás, la nave en que viajaban sufrió un accidente y se vio arrastrada hasta este mundo apartado de las rutas estelares conocidas. Los colonos consiguieron hacer aterrizar su nave sin que sufriera apenas desperfectos, con lo que no se perdió ni una sola vida. Pero se encontraron convertidos en verdaderos náufragos espaciales, abandonados a su suerte en un planeta desconocido. Dentro de su desgracia, la fortuna, en cierto modo, les había sonreído. Habían caído en un planeta dotado de gravedad y atmósfera similares a las de la vieja madre Tierra y con abundancia de agua y vegetación. Con el equipo que transportaban en la nave pronto lograron establecerse con un mínimo de comodidad. Ra, nombre con el que bautizaron a su nueva y forzosa patria, era un mundo bastante acogedor y la colonia fue prosperando poco a poco. El mayor problema con el que se encontraron los raianos fue la escasez de metales, que parecían no existir en el planeta. Debido a ello, tuvieron que recurrir a los metales de los que estaba construida la nave, aprovechando hasta el último miligramo de ellos.

Los raianos viven felices y sin problemas, pero no han perdido la esperanza de ser localizados un día por alguna nave de la Federación Terrestre. Mientras llega ese día, ansiado por todos, continúan trabajando incansablemente para colonizar el planeta.

Uno de los habitantes de la colonia no es descendiente de los pasajeros de la nave espacial accidentada. Se trata de un muchacho llamado Redon, que llegó al planeta diez años atrás, en una nave que, según sus propias palabras, acabó precipitándose en el fondo de un profundo lago, logrando salvarse él casi de milagro. Redon fue aceptado en la comunidad con ciertas reservas al principio, reservas que desaparecieron casi por completo cuando el muchacho demostró sus habilidades tecnológicas, ayudando a los colonos a reparar sus anticuados sistemas de comunicaciones. Esos sistemas no sirven para comunicarse con planetas habitados, pues éstos se hallan a tan enorme distancia que se tardarían décadas, o tal vez siglos, en establecer contacto con ellos y recibir una respuesta. Pero pueden emplearse para tratar de detectar alguna nave que navegue por las proximidades de Ra, siempre y cuando esa hipotética nave no se halle a una distancia superior a los mil millones de kilómetros y el equipo de los colonos la cubra con su cono de rastreo. Los raianos saben que las posibilidades de que una nave federal se aventure por esa inexplorada zona del espacio son mínimas, pero no pierden la esperanza.

Y un día, se produce el milagro. Una nave estelar entra en contacto con las autoridades coloniales, avisando de su inminente arribada. Toda la colonia recibe la noticia con alegría y gran expectación. Tras un siglo de trabajo y esfuerzo, los colonos consideran Ra como su hogar, y por tanto no desean abandonarlo. Pero ansían poder mantener relaciones comerciales con otros planetas habitados, lo que sin duda redundaría en un mayor progreso de la colonia. Por eso la llegada de la nave de la Tierra es celebrada por todos. Por todos, menos por Redon. El misterioso muchacho tiene la costumbre de desaparecer de la circulación durante unos cuantos días, perdiéndose en los bosques, para meditar o algo así. Los colonos, acostumbrados ya a la peculiar forma de ser de Redon, no encontraron extraño que éste se esfumara apenas unos días antes de la llegada de la nave federal. Están lejos de sospechar que, esta vez, la marcha de Redon está íntimamente relacionada con la arribada de la nave espacial. Porque el muchacho sabe quiénes son realmente los tripulantes de ese navío y lo que pretenden de los raianos.

ENEMIGOS OCULTOS, como su título índica, aborda uno de los temas más recurrentes de la CF, el de los invasores alienígenas que se presentan bajo un falso aspecto humano para ganarse la confianza de los invadidos y así poder llevar a cabo sus siniestros propósitos. Pero no importa lo tópica que, en principio, pueda parecer la historia que se relata. Como siempre, Torres Quesada consigue que la novela funcione a las mil maravillas, manteniendo el interés del lector hasta la última página. El protagonismo de la aventura recae, naturalmente, en el extraño Redon, un muchacho que dice proceder del planeta Malada y que demuestra poseer unos poderes muy especiales, con los que puede incluso sugestionar a la gente, haciéndole ver cosas que no existen. El mejor amigo de Redon, casi podría decirse que el único, es el anciano Juan, posiblemente el único miembro de la comunidad que se ha percatado de sus peculiares habilidades. Como es natural, también hay una hermosa muchacha enamorada de ese chico del planeta Malada, que no ha envejecido nada en diez años y que es más raro que un perro verde. Brenda, que tal es su nombre, bebe los vientos por Redon, pero éste parece ser inmune a su innegable encanto femenino. Y para completar el triángulo amoroso, que tan buenos resultados da en cualquier novela, tenemos al tercero en discordia, el pobre Joshua, que aunque admira y respeta a Redon, no puede evitar tenerle un poquito de inquina, ya que ama a Brenda pero ésta sólo tiene ojos para el maladiano.

Los alienígenas, por su parte, responden a la perfección al tipo de extraterrestre popularizado por la literatura pulp y las películas de Serie B de los años cincuenta. Tras su apariencia humana se ocultan unos bichejos repugnantes, masas informes de carne viscosa y rojiza, con unos ojos blancos como la nieve en los extremos de unas antenas que salen de sus cabezas. Poseen la capacidad de alterar su estructura molecular para adquirir la apariencia física exterior de otra forma de vida, de un modo parecido, supongo, a como lo hacía la inolvidable Maya de ESPACIO 1999. Estos seres se autodenominan Yials. En cuanto a Redon, pertenece a la raza Kohco, una rama de la especie humana cientos de miles de años más evolucionada, en todos los aspectos, que la terrestre. Ambas especies son enemigas mortales desde muchos siglos atrás.

Aunque la novela es independiente de la Saga de El Orden Estelar, creo que puede integrarse perfectamente en el mismo universo futurista. Aquí se menciona una Federación Terrestre, que podría muy bien ser la predecesora del Gran Imperio, por lo que la acción de la novela se situaría en la época en que la humanidad terrícola comenzó a expandirse por la galaxia. Sería interesante conocer la opinión del autor sobre esta idea que apunto.

ENEMIGOS OCULTOS. Novela de a duro de uno de los grandes de la CF española. Si podéis encontrarla, leedla. Disfrutareis de unas horas de sano entretenimiento, de la mano de uno de los escritores que ha dado carta de naturaleza a la CF nacional.


TÍTULO: ENEMIGOS OCULTOS
AUTOR: A. THORKENT (Ángel Torres Quesada).
COLECCIÓN: LA CONQUISTA DEL ESPACIO (Nº 479)

CUBIERTA: JORGE SAMPERE
EDITORIAL: BRUGUERA
AÑO DE PUBLICACIÓN: 1979.
PÁGINAS: 96.

domingo, 10 de enero de 2010

¿EL ORDEN EN LA TELE? ¿POR QUÉ NO?






Para Ángel Torres Quesada, con cuyas obras me sumergí en el fabuloso universo de la CF.


El pasado lunes, 28 de diciembre, los miembros de la lista de correo ghwhite fuimos víctimas de una inocentada. Uno de los miembros nos envió la falsa noticia de que una importante productora de televisión norteamericana había adquirido los derechos de la saga de El Orden Estelar, con la intención de convertirla en una serie con personajes reales y extraordinarios FXs. Uno, que no siente especial simpatía por determinado tipo de celebraciones, y en consecuencia pasa por alto idioteces tales como el día de los inocentes, ha de reconocer que se tragó la bola, al menos durante el primer minuto; pasado el cual, y una vez que reparé en la dichosa fecha, no pude evitar una mezcla de ira y desánimo al descubrir que se trataba de una inocentada, dotada, sin duda, de cierta gracia; pero maldita la que me hizo en aquel momento.

A pesar de ello, como todo suele tener su lado bueno en esta vida, la bromita de marras puso en marcha los circuitos de mi cacumen, y la pregunta que encabeza este artículo apareció en mi mente con grandes caracteres fosforescentes. De acuerdo; había sido una broma pesada, pero, ¿por qué no podía ser verdad?

La cuestión me pareció sumamente interesante. Las series televisivas de CF, tanto las clásicas como las más recientes, han procedido siempre del ámbito anglosajón, más concretamente de EE UU e Inglaterra, naciones mucho más avanzadas que la vieja España, dotadas de una poderosa industria audiovisual y una gran tradición literaria en lo que a la CF se refiere. Esto ha sido así desde siempre. Mas nosotros también tenemos una tradición ciencificcionera digna de consideración, aunque no sea tan vasta y universal como la anglosajona. Ahí está, sin ir más lejos, La Saga de los Aznar, de Pascual Enguídanos, que a pesar de haber sido publicada inicialmente en formato de bolsilibro, deja en mantillas (por no decir en ridículo) a las obras de bastantes autores ingleses o yanquis, mucho más conocidos internacionalmente. El miniciclo de novelas que LGL dedicó al robot humaniforme Kabé, ¿no podría emplearse como base para una serie de tv? No veo por qué no. LGL, al igual que la mayoría de sus colegas de la Edad de Oro de la novela de a duro, era tan buen escritor como cualquier súbdito de su Graciosa o ciudadano de la república del Tío Sam. Y, naturalmente, tenemos, así mismo, al citado Torres Quesada, nombre señero de la CF nacional y creador de una de las series literarias más interesantes y sugestivas del género. Así pues, ¿por qué no podrían hacerse aceptables series de CF para la tv española?

A éste interrogante podemos darle dos respuestas. Primera: el marcado desinterés demostrado por las productoras cinematográficas y televisivas de nuestro país, que siempre han ninguneado a la CF; segunda: los elevados costes de producción de una serie de este tipo. La primera respuesta es difícil de rebatir, dado que, efectivamente, nuestro género ha sido despreciado olímpicamente por las televisiones, y eso no parece tener visos de cambiar; si las cadenas se muestran reticentes a programar CF producida en otros países, ¿cómo podemos esperar que se avengan a realizar ellas mismas una serie de tal temática? Las productoras privadas tampoco se animan a hacerlo, pues antes de emprender un proyecto de tal envergadura necesitan saber que tienen mercado para el mismo; es decir, cadenas de tv dispuestas a comprarlo y emitirlo. Visto lo anterior, resulta hasta cierto punto comprensible que la industria audiovisual española no se muestre demasiado proclive a crear una teleserie de CF española.

Pero la segunda respuesta puede rebatirse con más facilidad. Es cierto que los costes de producción de una serie de CF suelen ser elevados, mucho más si se pretende que el producto sea de gran calidad. Pero hoy día, gracias a la informática, esos costes pueden verse notablemente reducidos, pues ya no es imprescindible crear costosas maquetas y decorados para ambientar la acción. El ejemplo más notable lo tenemos en Babylon 5, en la que todas las naves estelares, las escenas de batallas espaciales y no pocas criaturas alienígenas fueron generadas mediante técnicas infográficas. Y otro tanto puede decirse de Enterprise, la última saga televisiva Trek. Con todo, fueron realizaciones costosísimas, según los baremos de las productoras españolas. Mas tengo el convencimiento de que en nuestro país podría rodarse una buena serie de CF, siempre y cuando hubiera voluntad para ello.

A principios de los años 70, TVE acarició el proyecto de realizar una serie de acción real basada en el personaje de Diego Valor, cien por cien pura CF española, que había arrasado en su versión radiofónica. La idea no cuajó debido no sólo a la falta de financiación, si no también a las carencias técnicas de la televisión de entonces, que imposibilitaban el dotar a la producción de los FXs mínimos para hacerla creíble. Hoy eso ya no representa un problema. Tomemos el caso de la saga de El Orden, puesto que este trabajo ha sido inspirado por una inocentada relacionada con ella. Con los actuales avances en infografía, sería relativamente sencillo recrear el vasto universo futurista imaginado por Thorkent. Se requeriría, obviamente, una inversión económica alta, pero no tanto como, por ejemplo, las que se comen engendros tales como Cuéntame cómo pasó o Amar en tiempos revueltos, por citar dos de las producciones más caraomen engendros tales como s y lastimosas de la tv pública. Un ejemplo de que lo que afirmo es posible nos lo da Star Trek: The News Voyages, la serie amateur rodada en EE UU directamente para Internet por un puñado de trekkies entusiastas. Cuando vi el primer episodio me quedé literalmente con la boca abierta. Gracias a las nuevas tecnologías, unos fans de TOS se pusieron a rodar nuevos episodios de su serie favorita. Lo hicieron en su tiempo libre, gastando su propio dinero y sin obtener ningún beneficio económico a cambio. El éxito de esta revolucionaria producción de la Red fue apoteósico, a pesar de que no está considerada como oficial dentro del vastísimo universo Trek. Tal fue su aceptación, que muchos de los antiguos colaboradores de Gene Roddenberry aceptaron participar en el proyecto, por supuesto desinteresadamente; entre ellos, la legendaria guionista DC Fontana y los actores Walter Koenig y William Windom. Pero lo más fascinante fueron los impactantes FXs, generados por ordenador, que permitieron presentar no sólo una Enterprise más realista que la de la serie clásica, si no también una larga serie de vehículos espaciales a cada cual más espectacular. Gracias a las infografías, pudimos presenciar batallas espaciales sólo superadas por las de las entregas fílmicas de la saga; disfrutamos de las clásicas lanzaderas cúbicas de TOS convenientemente remozadas, e incluso pudimos admirar una máquina del día del juicio final muchísimo más lograda que la aparecida en el episodio homónimo de la serie original. Que todo esto pudieran hacerlo unos cuantos trekkies con la ayuda de equipos informáticos que están al alcance de cualquier productora televisiva, o de cualquier particular con posibles, demuestra que también en España, si se quisiera, se podría hacer buena CF para televisión. Con los mismos medios que emplearon James Crowley y sus amigos, nosotros podríamos llevar a la pequeña pantalla, o a los monitores de los ordenadores, que tanto da, las aventuras de Alice Cooper y Adán Villagrán. Si Crowley y los suyos fueron capaces de recrear no sólo la Enterprise, si no también toda clase de naves federales o alienígenas, no existe razón para que no pudiera hacerse otro tanto con la Hermes y la Silente. Lo ideal sería que alguna cadena de tv apostara por el proyecto, aunque también resultaría interesante que fueran los propios fans los que lo hicieran para la Red. Huelga decir que en la actual coyuntura económica, con una crisis galopante de la que vamos a tardar años, si no décadas, en salir, a pesar de toda la hueca palabrería de los políticos, el panorama no invita precisamente a especular con sueños como éste. Pero algún día saldremos del hoyo, y llegado ese momento, sería cuestión de plantearse seriamente la idea, ¿no os parece?


viernes, 29 de mayo de 2009

LOS DESCENDIENTES DEL ARCA



POR ANTONIO QUINTANA

He aquí una de las novelas más logradas de la etapa bolsilibresca de Torres Quesada. La acción se sitúa en un planeta cuyo nombre no se menciona, si es que tiene alguno. Este mundo está habitado por humanos, divididos en cuatro etnias bien diferenciadas: Uropes, Afras, Satis y Mercas. Los Uropes y los Mercas ocupan uno de los continentes del planeta, los Satis otro, y los Afras un puñado de islas. El protagonista de nuestra historia es Tadeo Sierra, Tad para los amigos, un joven Urope que vive con su tío Jacob. Los Uropes llevan una vida nómada. Aunque tienen algunas aldeas y cultivan un poco la tierra, más por necesidad que por otra cosa, no gustan de vivir en comunidad. Prefieren vagabundear en pequeños grupos, generalmente unidos por lazos de parentesco. Comercian un poco con los Afras y los Satis, y combaten a muerte contra los peligrosos Mercas, horrorosos mutantes que habitan las heladas tierras del norte, descendiendo periódicamente hacia el sur. Son antropófagos, y sus incursiones en territorio Urope tienen como principal objetivo el aprovisionamiento de carne humana. Al contrario que los Uropes, que se dispersan por el continente en pequeños grupos aislados unos de otros, los Mercas están unidos bajo la férula de un jefe único, Dronovan. Bien armados y pertrechados, y cada vez más numerosos, los Mercas representan una seria amenaza para el pueblo Urope. Pero éstos, habituados desde generaciones a su nomadismo e independencia, son reacios a unirse para hacer frente juntos al enemigo común. Prefieren seguir como hasta entonces, combatiendo a los Mercas cuando se tercie y comerciando esporádicamente con los Satis.
El joven Tad, aunque respeta las costumbres y creencias de su pueblo, sospecha que éste acabará sucumbiendo ante los Mercas si no se une. Un día, su tío Jacob y él encuentran a una hermosa muchacha, casi una niña, Ana Valle, cuya familia ha sido exterminada por los mutantes. Con todo, la joven ha conseguido matar a algunos de los monstruos y apoderarse de sus armas y su vehículo blindado, lo que deja no poco perplejos a los dos hombres. Ambos jóvenes se enamoran y, con el tiempo, se emparejan. Ana está convencida, al igual que Tad, de la necesidad de unificar al pueblo Urope en previsión de un ataque masivo de los Mercas, pero tío Jacob no lo aprueba. Pero un día, tío Jacob se presenta ante los dos jóvenes en compañía de un amigo suyo, Samuel Pino, único Urope que ha viajado a las tierras de los Mercas y ha regresado para contarlo. Pino había logrado introducirse en las ciudades de los mutantes confeccionándose una máscara que imitaba casi a la perfección los rasgos deformes de esos seres. Lo que allí descubrió le llenó de terror. Los Mercas poseían granjas en las que criaban a humanos como ganado para devorar su carne. Eran más fuertes que nunca, tenían miles de vehículos blindados, cientos de miles de armas y toneladas de munición. Se habían reproducido como moscas y estaban preparándose para lanzar una gran ofensiva cuyo objetivo no podía ser otro que adueñarse de las tierras de los Uropes. Pino, al igual que Ana y Tad, ha comprendido que los Uropes deben unirse y crear un ejército disciplinado. Jacob también acaba aceptando esta realidad. Pero todos son conscientes de lo difícil que será convencer al resto de los Uropes.
A pesar de todo, nuestros héroes consiguen sembrar la duda y el miedo entre las distintas comunidades Uropes, logrando que renuncien en parte a su anárquica forma de vida y se avengan a crear una milicia para combatir al odiado enemigo del norte. Pero necesitan más armas y, sobre todo, vehículos blindados, y ese material sólo puede serles suministrado por los ricos Satis. Los Afras poco pueden aportar en material de guerra, pero son valientes y nunca han dudado cuando de combatir a los Mercas se trataba, de modo que Tad y los demás están seguros de que los orgullosos guerreros de piel oscura se aliarán con los Uropes.
Al principio, las cosas parecen ir bien para nuestros amigos. Los Afras están dispuestos a luchar codo con codo junto a ellos, y los Satis acceden a proporcionarles el material bélico que necesitan. El ejército regular Urope ya es una realidad, y los primeros enfrentamientos contra los mutantes se saldan con la victoria de Tad y su pueblo, aunque a un elevadísimo coste en vidas humanas. Pero la situación se complica cuando Ana comienza a recelar de la actitud y las verdaderas intenciones de los astutos y reservados Satis. La muchacha y Tad discuten sobre el asunto. Al principio, el joven piensa que Ana habla así porque está celosa de una bella Sati con la que él mantiene cierta amistad, pero muy pronto observa indicios que sugieren que ella está en lo cierto. Posteriores indagaciones confirman las sospechas de Ana. Los Satis están haciendo un doble juego, ya que suministran armas a Uropes y Mercas por igual. Lo que pretenden con esto es un misterio, pero nuestros protagonistas no están dispuestos a dejarse manipular como títeres, y en un desenlace lleno de acción, emoción y dramatismo, logran conjurar el peligro Merca al tiempo que frustran los oscuros planes de los Satis.
Esta excelente novela, publicada en 1981, con el nº 569 de LCDE y cubierta de Luís Almazán, es una de mis preferidas dentro de la vasta producción literaria de Thorkent. El argumento es bastante original. La humanidad, huyendo de una Tierra moribunda, ha localizado un planeta habitable y ha organizado el éxodo hacia el mismo. Cuatro grandes naves generacionales, denominadas Arcas en clara referencia bíblica, son lanzadas al espacio. Europeos, africanos, asiáticos y americanos enfilan las proas de sus naves hacia ese nuevo y prometedor mundo. Las Arcas abandonan la madre Tierra juntas y está previsto que lleguen al planeta de destino al mismo tiempo. Pero los americanos ansían llegar los primeros, con la intención de adueñarse de todo el planeta, y tratan de modificar los propulsores de su nave para aumentar la velocidad. Como consecuencia de esto, se producen serias averías en los motores, y las fugas de radioactividad transforman a los desdichados americanos en mutantes enloquecidos, los Mercas del relato. Convertidos poco menos que en animales sólo ligeramente racionales, los Mercas acaban practicando el canibalismo entre ellos mismos. Ya en el planeta de destino, ocupan las regiones polares del norte y se convierten en enemigos del resto de los humanos, a los que persiguen sañudamente para emplearlos como alimento. Su degeneración es tal, que prefieren la carne humana a cualquier otra, resignándose a alimentarse de animales sólo cuando no pueden capturar a algún Urope o Afra.
Los Afras, de raza negra, son los descendientes de los habitantes del llamado Continente Negro de la Tierra, África. Cuando descendía sobre el planeta, su Arca se hundió en un pantano y perdieron sus bancos de datos y todo el material y los suministros que transportaban. Son, por tanto, y para variar, los más pobres de esta Nueva Tierra. En cuanto a los Uropes, verdaderos protagonistas de la historia, descienden de los europeos; más concretamente de los habitantes de la península ibérica, de ahí sus nombres. Su Arca sufrió graves daños en el aterrizaje y lo perdieron casi todo. Son una raza indómita, anárquica, que considera que todos los males que acabaron con la vida en el otro mundo procedían de la política, de la estructuración del planeta en parcelas denominadas naciones, del establecimiento de leyes e instituciones. En consecuencia, viven en completa libertad, vagabundeando de un lado a otro, sin gobierno o jefes reconocidos, siendo cada uno dueño de su persona y bienes sin tener que dar cuenta a nadie. Una existencia que puede parecer idílica, pero que se verán obligados a cambiar para sobrevivir ante los terribles Mercas.
Por último tenemos a los Satis. Son los únicos que consiguieron aterrizar en el planeta con su Arca intacta y, por tanto, los más avanzados tecnológicamente. Inteligentes y muy corteses en su trato con Afras y Uropes, con los que comercian frecuentemente, son en realidad egoístas y recelosos. No permiten que los otros pueblos visiten su continente, y entre los Uropes corre el rumor de que poseen algunas de aquellas bombas de increíble poder destructor que se mencionan en las historias antiguas, y que muy pronto conseguirán fabricar aeronaves. Como el lector comprueba a medida que avanza el relato, los Satis representan, en realidad, una amenaza incluso peor los Mercas, ya que éstos últimos actúan, sin saberlo, como marionetas manejadas por los asiáticos.

LOS DESCENDIENTES DEL ARCA tiene todos los ingredientes de la mejor novela de a duro: acción a raudales, intriga, misterio y romance. A pesar de sus grandes logros posteriores en la CF de más enjundia, sigo creyendo que la mejor época como escritor de Ángel Torres Quesada fue su etapa de autor de bolsilibros, y la novela que nos ocupa es un magnífico ejemplo de ello. Si podéis encontrarla, no dejéis de leerla. No os defraudará.