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viernes, 18 de abril de 2014

GLOSARIO DE CIENCIA FICCIÓN: ÁGUILA

 
 
POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



ÁGUILA: Nombre dado al modelo de nave espacial empleado por los protagonistas de la serie televisiva de mediados de los 70 Espacio 1999. Éstas naves recibieron este nombre como homenaje al módulo Águila que transportó a la superficie lunar a los astronautas del Apolo XI Neil Amrstrong y Edwind Aldrin.
 
Estas naves de la Base Lunar Alpha surgieron de la fecundísima imaginación de Brian Johnson. Este reputado maestro de los efectos especiales logró crear un diseño tan innovador que, con el paso del tiempo, las míticas Águilas se han convertido en todo un icono de la ciencia-ficción.
 
Un Águila tiene una longitud de 25 metros, puede despegar y aterrizar verticalmente y está dotada de gravedad artificial. Lo más llamativo de este tipo de naves es su diseño modulable. Una nave Águila consta de un módulo de mando y una estructura en la que van integrados los motores propulsores. Pero el cuerpo principal de la nave, situado entre el módulo de mando y el emplazamiento a popa de los motores, puede ser desacoplado fácilmente para ensamblar en su lugar un módulo distinto. Si se requiere asistencia sanitaria para un equipo de misión destinado en algún planeta, se le ensambla a la nave un módulo equipado como un hospital en miniatura, pero preparado para atender casi cualquier contingencia de índole sanitario. A esta configuración se la denomina Águila Médica. Pero existen muchas otras configuraciones posibles. Un Águila Exploradora lleva un módulo repleto de sensores e instrumentos científicos de gran precisión. El Águila de Transporte es como un avión comercial, con varias filas de asientos para el transporte de pasajeros. El Águila de Carga vendría a ser como un camión actual, que recoge un remolque (módulo-contenedor en este caso) y lo lleva donde sea necesario.
 
Todas las Águilas van armadas con un potente cañón láser en la proa y otro, orientable, situado en la parte superior de la estructura principal. Este último cañón permanece oculto mientras no se necesita. Pero existe también el Águila de Combate, provista de un módulo principal en el que pueden montarse baterías láser suplementarias y lanzadores de misiles termonucleares.
 
El característico módulo de pilotaje de las Águilas también puede soltarse y ensamblarse a otras naves. En el episodio EL DOMINIO DEL DRAGÓN, de la primera temporada, podemos apreciar el originalísimo diseño modular de estas hermosas naves. En el mismo episodio, el profesor Victor Bergman (Barry Morse) comenta que todos los vehículos espaciales construidos en la Tierra han sido diseñados para ser compatibles entre si.
 
Las Águilas disponen de un brazo robot, que se controla desde la cabina del piloto, con el que se pueden realizar múltiples tareas en el espacio. Disponen también de un corredor o pasillo telescópico, que puede desplegarse para ser acoplado a la puerta de otra Águila, permitiendo así el transbordo de personal de una nave a otra en pleno espacio.
 
El Águila de Espacio 1999 es, después de la Enterprise de Star Trek, la nave espacial más famosa de la ciencia-ficción catódica. Como ejemplo, basta el siguiente dato: George Lucas, creador de Star Wars, rechazó el primer diseño que le presentaron del Halcón Milenario porque era, básicamente, una reestructuración del Águila de Brian Johnson.
 
Se confeccionaron varias maquetas de estas míticas naves. Las mayores medían un metro de largo, y las más pequeñas, apenas unos centímetros. No se construyó ninguna maqueta a tamaño real. A la vista de los excelentes resultados en pantalla, tampoco hacía falta.
 
La pasión por estas legendarias naves entre los aficionados a la ciencia-ficción es notable, a juzgar por el número de páginas dedicadas a ellas que aparecen en la red.

miércoles, 5 de febrero de 2014

ESPACIO 1999: LAS FABULOSAS MAQUETAS

 
 
Aunque Espacio 1999 no fue el gran éxito que sus creadores esperaban, dejó una huella indeleble en el recuerdo de los aficionados a la ciencia-ficción televisiva, sobre todo en nuestro país. En efecto, la fabulosa serie del matrimonio Anderson tuvo una buena acogida en España. A ello contribuyeron varios factores, entre los que cabe destacar los siguientes: 1º, se estrenó en la temporada 1976/77, después de una relativamente larga sequía de ciencia-ficción en la programación de TVE, la emisora estatal de televisión, única que existía por aquel entonces; 2º, por primera vez en la historia del género, se empleaban grandes sumas de dinero y abundantes recursos técnicos en la realización de una serie de ciencia-ficción para la pequeña pantalla; 3º, los aficionados españoles, devoradores de los bolsilibros de ciencia-ficción publicados por Bruguera, Toray, Valenciana, Andina y muchas otras editoras, eran muy receptivos a la magia de los modernos efectos especiales utilizados en Espacio 1999, sin ninguna duda los más convincentes vistos hasta ese momento en una producción catódica; y 4º, la serie, al menos en su primera temporada (la mejor) tenía un aire de seriedad y trascendencia que la diferenciaba notablemente de cuanto se había visto hasta entonces en materia de ciencia-ficción televisiva.
 
Suele decirse que en Espacio 1999 se potenció el efectismo visual en detrimento de los guiones y la caracterización de los personajes. Sin duda hay algo de cierto en esta apreciación, pero eso lo comentaré con más detenimiento en otro trabajo. De lo que quiero hablar ahora es del apabullante despliegue de maquetas que nos ofreció esta magnífica serie británica, una fantástica colección de astronaves que hicieron soñar a los que, como quien esto firma, éramos unos críos cuando John Koenig y su gente asomaron las caras por aquellos viejos televisores en blanco y negro.
 
Cuando se menciona Espacio 1999, ¿cuál es la primera imagen que se nos viene a la cabeza? Exacto, las portentosas Águilas, aquellas preciosas naves espaciales que nos dejaban boquiabiertos cada vez que despegaban o aterrizaban, o cuando nos mostraban sus elaborados interiores. Pero las Águilas, con ser las reinas de la función, por así decirlo, representaban sólo una parte del encanto visual de la serie. Por los 48 episodios que componen la producción, dividida en dos temporadas, desfilaron un puñado de diseños que merecen ser recordados y que, en su momento, inspiraron a más de un joven aficionado al maquetismo, como mi amigo madrileño Fernando Ledesma. Veamos ahora algunas de las maquetas más logradas, creadas por el gran Brian Johnson y sus colaboradores. No están todas, por supuesto, pero sí las más interesantes.
 
 
Los halcones (JUEGOS DE GUERRA)

Estas hermosas naves sólo se vieron en éste episodio, pero gustaron tanto al público que en ciertas páginas web dedicadas a la serie se afirma, erróneamente, que formaban parte de la dotación de la base Alpha. Su diseño, aunque inspirado por el de las Águilas, es más estilizado y elegante.
 
JUEGOS DE GUERRA es uno de los episodios más espectaculares de Espacio 1999, y el único en el que Alpha, atacada por una escuadra de naves de guerra alienígenas, resulta devastada hasta el punto de forzar a sus habitantes a evacuarla. Las naves atacantes son, lógicamente, estos fabulosos Halcones, que diezman a las Águilas y destruyen con espantosa facilidad las defensas de la base lunar. Los Halcones van armados con un cañón o proyector en la proa, que pestañea como una ametralladora cuando dispara y que emite un ruido muy peculiar al hacer fuego... aunque esto carezca de sentido, pues en el vacío no se transmite el sonido, como todos sabemos. En el episodio no se explica qué clase de arma equipa a estas navecillas, pero lo cierto es que, sea lo que fuere, es mucho más poderosa que los proyectores láser de las Águilas.
 
 
La sonda Delta (EL DOMINIO DEL DRAGÓN)
 

Uno de los grandes hitos de Espacio 1999 en lo que a maquetas se refiere, la Delta era un navío construido para realizar largas travesías espaciales, más allá de los límites del sistema solar. Su estructura constaba de dos secciones que podían separarse si era necesario. El cuerpo principal albergaba los alojamientos y servicios para los tripulantes, un completo laboratorio científico y una pequeña enfermería. En la popa se hallaban los depósitos de combustible, los poderosos motores y las toberas de escape de gases. El módulo de mando era muy similar al de las Águilas, aunque dos veces más grande. Concebido también como unidad de evacuación de emergencia, no sólo podía separarse de la sección principal de la nave; contaba, además, con sus propios motores, y llevaba una provisión extra de oxígeno, agua y comprimidos alimenticios, por si era necesario utilizarlo como bote salvavidas. El punto de anclaje del módulo de mando de la nave Delta estaba diseñado para permitir el perfecto acoplamiento al mismo de cualesquiera otros módulos de pilotaje, incluidos, por supuesto, los de las Águilas. Realizada hace la friolera de treinta y seis años, esta maqueta es un claro exponente del nivel de profesionalidad alcanzado por Brian Johnson como técnico de efectos especiales. La nave Delta de EL DOMINIO DEL DRAGÓN es un vehículo espacial mucho más creíble que el Halcón Milenario de Han Solo. 


El Swift (EL CEREBRO ELECTRÓNICO)
 
 
Otra lograda creación de Johnson fue esta astronave aparecida en uno de los episodios más divertidos de la segunda temporada. Algo mayor que un Águila, el Swift fue concebido, tal y como se da a entender en el capítulo citado, como nave auxiliar de otro vehículo espacial de más envergadura. Su diseño, como el de la mayoría de las maquetas que pudimos admirar en Espacio 1999, es deudor de la estética Thunderbird, posteriormente perfeccionada en UFO, la primera serie de acción real de los Anderson y quizá la mejor de su vasta producción catódica.


El super Swift (PORTADORES DE ILUSIONES)
 

Único episodio doble de Espacio 1999, PORTADORES DE ILUSIONES narraba la llegada a Alpha de una expedición de rescate procedente de la Tierra. Los expedicionarios, que curiosamente eran todos ellos familiares o amigos de los alfanos, tripulaban un Super Swift, un navío de gran porte dotado con un equipo propulsor que le permitía alcanzar e incluso superar la velocidad de la luz. En realidad, se trataba de un grupo de alienígenas que pretendían destruir Alpha. En cuanto a la nave, era simplemente una ilusión creada por las poderosas mentes de aquellos seres.
 
Si los Halcones de JUEGOS DE GUERRA se inspiraban en las Águilas, el Super Swift, como su nombre indica, era una versión mejorada del Swift de EL CEREBRO ELECTRÓNICO. Este navío cósmico estaba equipado con una pequeña navecilla auxiliar que, sin embargo, podía alcanzar velocidades tan elevadas como su nave madre. Claro que, como he dicho, todo esto no eran más que ilusiones creadas por los extraterrestres para lograr sus siniestros propósitos. De todos modos, el Super Swift y su nave salvavidas fueron dos de las maquetas más conseguidas de la serie.
 
 
 
El viajero 1 (EL RETORNO DEL VIAJERO)
Esta maqueta rompió con los estándares seguidos hasta entonces a la hora de diseñar vehículos espaciales construidos en la Tierra. Su configuración se asemeja más a la de las viejas sondas Voyager que a la de las Águilas u otros diseños anteriores de Johnson. Nave de grandes dimensiones, pensada para la exploración del espacio profundo situado más allá de la órbita de Plutón, integraba una batería de sensores muy avanzados, y estaba equipada con el revolucionario motor Queller, un impulsor neutrónico con el que podían alcanzarse velocidades fantásticas. Durante las pruebas iniciales del prototipo se descubrió que el motor generaba peligrosísimas radiaciones, capaces de destruir la materia que se encontrara dentro del radio de influencia del campo neutrónico creado. La solución al problema consistió en el empleo de dos motores distintos en la misma nave: el ya citado motor Queller para la propulsión estelar, y un motor cohete convencional, de combustión química, para las maniobras de despegue y aterrizaje. Cuando el Viajero 1 se aproximaba a un planeta y se disponía a aterrizar, el ordenador de a bordo apagaba el poderoso pero destructivo impulsor Queller, procediendo a activar el propulsor cohete convencional.
 
Aunque diseñado para llevar una tripulación, el Viajero 1 fue lanzado al espacio como una sonda exploradora automática, controlada por una sofisticada computadora. El encuentro de Alpha con esta nave, que iba de regreso hacia la Tierra, estuvo a punto de tener consecuencias terribles para John Koenig y los suyos.
 
 

La nave del proyecto Meta (SEPARACIÓN)

 
Parece una versión anterior de la ya citada nave Delta de EL DOMINIO DEL DRAGÓN. Pudimos verla, si bien casi fugazmente, en el primer episodio de Espacio 1999. Más estilizada que la Delta, esta nave estaba siendo alistada para emprender un viaje exploratorio hacia un planeta recién descubierto, bautizado como Meta. Resultó destruida a consecuencia de las alteraciones gravitacionales provocadas por la Luna, al ser ésta violentamente arrancada de su órbita por una explosión nuclear.
 
Esta nave no era muy distinta de otros diseños de Johnson. Llaman la atención los paneles que, a modo de alas, lleva en sus costados, seguramente colectores de energía solar. Es una verdadera pena que no pudiéramos ver esta maqueta con más detalle.
 
 
 

El crucero espacial (EL NIÑO DE ALPHA y JUEGOS DE GUERRA)
 
 
A falta de una denominación mejor, he decidido definir esta nave como un crucero espacial. Pudimos disfrutar de esta soberbia maqueta en dos ocasiones. En JUEGOS DE GUERRA era la nave nodriza de la escuadra que atacó Alpha. Cuando presumiblemente se disponía a arrasar definitivamente la base lunar, Alan Carter consiguió destruirla con una descarga masiva de los láseres de su Águila. Posteriormente, aparecería en EL NIÑO DE ALPHA como la gran nave en que llegan a la Luna los perseguidores de la pareja de aliens que se han hecho con el control de la base.
 

Estación espacial (SEPARACIÓN)

 
Lograda maqueta que representaba una estación orbital de gran tamaño, construida con módulos de sección cilíndrica. Aunque no era muy original, estaba perfectamente realizada y quedaba muy bien en pantalla. Tuvimos ocasión de verla en dos episodios, el piloto y EL DOMINIO DEL DRAGÓN. Su configuración anticipó en varias décadas la de la actual ISS, si bien ésta muestra, lógicamente, un aspecto más sencillo. Resultó destruida al mismo tiempo que la nave Meta.
 
Como dato curioso cabe mencionar que algunas de estas maquetas, junto con otras procedentes de series anteriores de los Anderson, se utilizaron para recrear el siniestro cementerio de astronaves que vimos en EL DOMINIO DEL DRAGÓN.
 
Y esto es todo en lo que a maquetas de Espacio 1999 se refiere. Al menos por el momento, pues, como saben los nostálgicos seguidores de esta mítica serie, aún nos quedan muchas que recordar. Pero eso lo dejaremos para una próxima ocasión.

viernes, 31 de enero de 2014

ESPACIO 1999: ARMAS LIGERAS

 


En su momento, Espacio 1999 fue la primera serie de ciencia-ficción de acción real que contó con un presupuesto generoso, lo que permitió a los productores dotarla de un espléndido diseño de producción en el que los trucajes, las maquetas, los decorados, el vestuario y el material de atrezzo fueron de una calidad nunca vista hasta entonces. Su fabulosa puesta en escena impactaba visualmente al espectador incluso en el glorioso blanco y negro de aquellos televisores de mediados de los setenta. Anteriormente he dedicado sendos artículos a las míticas naves Águila y al comunicador. Hoy le toca el turno a las armas portátiles.
 
Comenzaremos por el arma personal por excelencia de la serie, la pistola láser. Cuando uno emplea el vocablo pistola, todos imaginamos un artefacto de configuración clásica, es decir, un chisme similar en su concepción y aspecto a las armas cortas actuales. Todas las pistolas lanzarrayos que han aparecido en la ciencia-ficción televisiva y cinematográfica desde los inicios del género respondían a esta descripción. Pero los responsables de crear los complementos y equipos de los alfanos decidieron romper con este molde, diseñando un arma corta realmente original. Como recordarán los fans de la serie, y como puede apreciarse en las imágenes que ilustran este trabajo, el laser gun de Space 1999 era un arma elegante e ingeniosa. A pesar de lo chocante de su configuración, se caracterizaba por un diseño ergonómico que permitía un fácil empuñe y uso. Compacta como pocas, la pistola láser de Koenig y compañía se llevaba en una sencilla funda que se acoplaba fácilmente al cinturón del uniforme, pero también podía portarse cómodamente en los bolsillos. El disparador era una tecla situada en la parte anterior y superior del arma, y se pulsaba con el dedo pulgar. Además de incorporar un seguro, como cualquier arma que se precie, poseía un selector de tiro, situado en la parte superior del armazón, justo delante del disparador. Este selector tenía dos posiciones: Stun (aturdir) y Kill (matar) Si se ajustaba en la primera de ellas, el arma emitía un rayo de brillante color amarillo, de baja potencia energética, que paralizaba instantáneamente a la persona contra la que se disparaba, provocándole un estado de inconsciencia que podía durar hasta una hora. En la posición Kill, el rayo emitido era de intenso color azul y gran poder calorífico y destructor.


Los únicos miembros de Alpha que iban siempre armados eran, obviamente, los agentes de Seguridad, pero en el arsenal de la base se guardaban pistolas láser suficientes para armar a todos los alfanos en caso necesario. Por otra parte, cada Águila llevaba una dotación fija de cinco pistolas y un rifle, debidamente expuestas en un elegante y funcional armero situado junto a una de las puertas de la nave.
 
En cuanto a las armas largas, las había de dos tipos: rifles y lanzagranadas. En la serie aparecieron dos modelos básicos de fusiles. El que aparece en las imágenes adjuntas era el más potente y pesado de ellos, dotado de gran alcance y de una sofisticada mira electrónica. La potencia de fuego de esta arma debía ser considerable, teniendo en cuenta que en el episodio EL CHICO DE ALPHA, Koenig planea deshacerse de las naves alienígenas que flotan sobre la base abatiéndolas con estos rifles. El otro modelo de fusil era mucho más ligero y fácil de portar, siendo utilizado ampliamente por los miembros de Seguridad y formando parte también de la dotación de armas ligeras de algunas Águilas. Estos últimos rifles pueden verse en numerosos episodios, como por ejemplo en METAMORFOSIS y EL CEREBRO ELECTRÓNICO, ambos de la segunda temporada.

 
Y sólo nos resta hablar de los curiosos lanzagranadas, que aparecieron por vez primera en el episodio La nube Beta. Se trata, como su nombre indica, de fusiles diseñados para el disparo de proyectiles explosivos. En el mencionado episodio son empleados, con nulos efectos, contra una monstruosa criatura que ha sido enviada a Alpha para apoderarse del sistema de Mantenimiento de la base. Pueden disparar, presumiblemente, cualquier tipo de granada, pero la más común parece ser la de carga térmica, que es la que emplean contra la citada criatura. De las armas referidas, esta es la que en menos ocasiones utilizaron los alfanos, ya que sólo apareció en dos capítulos.
 
La reina de las armas de Espacio 1999 fue, sin duda, la pistola, que se convirtió casi en un icono de la serie, al igual que las legendarias e irrepetibles Águilas. En su interesante ensayo sobre la serie, Alfonso Mereló recuerda que muchos niños españoles de la época le quitaban la hoja a un serrucho viejo y se quedaban con la empuñadura, que se asemejaba bastante a la pistola de Koenig y los suyos. Quien esto firma fue más allá, tallando una en madera que, convenientemente forrada con plástico adhesivo de diversos colores, casi, casi daba el pego. Desde luego, no puede negarse que hasta en el diseño de armas portátiles esta serie marcó un antes y un después. Vaya este artículo dedicado a todos aquellos que alguna vez, siendo niños, emulamos con nuestros juegos las fabulosas aventuras de John Koenig, Helena Russell, Alan Carter, Víctor Bergman, Maya, Tony Verdeschi, Sandra Benes y todos los demás.

domingo, 19 de enero de 2014

ESPACIO 1999: EL COMUNICADOR

 
POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


Aunque, vistos hoy, los efectos especiales de esta mítica serie televisiva puedan sabernos a poco, lo cierto es que en su época Espacio 1999 fue la serie más vanguardista y también la más cara, ya que cada episodio tuvo un coste medio de unos 300.000 dólares. Buena parte del presupuesto de que disponían los Anderson se fue en decorados, maquetas y trucajes varios. Aparte de la magnífica recreación de la base Alfa, lo más recordado de esta serie son las portentosas Águilas, que marcaron un antes y un después en la historia del maquetismo cinematográfico aplicado a la ciencia-ficción. Los productores, conscientes de las carencias de otras series del género en el apartado de los efectos especiales y del atrezzo en general, dedicaron especial atención al vestuario, las armas y los equipos de todo tipo que deberían emplear los alfanos. Y así nació un conjunto de maravillas tecnológicas del futuro que dejaron boquiabiertos a los espectadores. Entre los fantásticos aparatos que aparecieron en la serie, destaca por derecho propio el comunicador.
 
Espacio 1999 comenzó a rodarse, no lo olvidemos, en 1975. Por aquel entonces, ni los más visionarios soñaban con los teléfonos móviles que hoy día hasta los críos de diez años poseen. El aparato de comunicación portátil por excelencia era el Walkie-Talkie. Inventado en los EE. UU. a comienzos de la II Guerra Mundial, este artilugio fue reduciendo su tamaño y sus componentes a lo largo de las décadas, hasta hacerse bastante compacto. No obstante, a mediados de los setenta seguía siendo un chisme voluminoso. Por su parte, los Servicios Secretos, siempre a la cabeza en el empleo de nuevas tecnologías, desarrollaron modelos de pequeño tamaño, que incluso podían camuflarse en el interior de una cajetilla de cigarrillos. Pero este tipo de radios no estaba, obviamente, al alcance de particulares, aunque pudimos ver algunos modelos en varias películas de espionaje.
 
Hasta la llegada de la serie de los Anderson, el comunicador más avanzado que se había visto en la ciencia-ficción televisiva era el de Star Trek TOS, que en realidad sólo difería del Walkie-Talkie en el diseño. El transmisor de Kirk y compañía servía para ponerse en contacto con la nave y con otros miembros de la tripulación, o para localizar a la persona que se quería teletransportar. Y aunque en el episodio HIJO DE UN JEFE veíamos al Capitán y a Spock utilizar estos artefactos para provocar un derrumbamiento de rocas, las prestaciones del comunicador de la serie clásica Trek eran limitadísimas. De hecho, los móviles actuales pueden realizar muchas más funciones. Por eso, cuando se estrenó Espacio 1999, los aficionados de todo el mundo se quedaron pasmados ante el inusual despliegue de parafernalia futurista exhibido en la serie. El comunicador fue uno de los artefactos más logrados. Por vez primera en una producción del género, los protagonistas estaban equipados con unos intercomunicadores realmente fabulosos.
 
Lo más llamativo del aparato era que estaba dotado de microcámara y una minúscula pantalla de televisión, en blanco y negro, en la que se visualizaba el rostro del comunicante, además de incorporar, lógicamente, un micrófono y un pequeño altavoz. Disponía de un teclado numérico, con los dígitos del 1 al 9. Para el 0 había una tecla aparte, que también servía para otras cosas. Contaba, además, con una serie de teclas y botones para activar las funciones adicionales. Una de las principales era la de mando a distancia para abrir y cerrar las puertas del complejo lunar y de las naves Águila. Era posible utilizarlo como reloj y cronómetro, y en caso necesario, se podía activar con él las distintas alarmas de la base. Y si se deseaba, se podían desconectar la microcámara y el monitor, usando el aparato como un comunicador corriente, como el de Kirk y sus amigos.
 
Cada miembro de la dotación de la base tenía su comunicador, debidamente programado por el computador central. En uno de los costados del artefacto iba la placa de identidad de su propietario, con una foto en blanco y negro tipo carnet, una clave compuesta por una letra y dos series de cifras separadas por un guión, el apellido y nombre del individuo y su función en el organigrama de Alfa. Por razones obvias, los comunicadores del Comandante, el oficial médico y los miembros de Seguridad estaban programados para abrir todas las puertas de la base, incluyendo las de las pistas de despegue y las naves. El resto de la dotación tenía acceso a las áreas comunes, y a aquellas en que prestaban sus servicios; pero sus mandos no activaban los accesos a determinadas zonas restringidas, como por ejemplo las ya mencionadas plataformas de despegue, el Control de Armamento o el sector de Generadores Nucleares. En caso de necesidad, el Comandante o el Jefe de Seguridad podían ordenar a la computadora que desactivase algunas funciones de determinado comunicador, con lo cual su propietario se encontraba imposibilitado para, por ejemplo, franquear las puertas… a menos que dispusiera de una pistola láser, claro. Como vimos en muchos episodios, cuando el mando no funciona, nada mejor que una descarga láser para hacer polvo el mecanismo de la puerta y abrirla fácilmente.

 
El de Espacio 1999 fue, durante mucho tiempo, el comunicador más avanzado jamás visto en una serie de ciencia-ficción. Incluso en la prestigiosa Babylon 5, producción espectacular donde las haya, el comunicador era un cachivache de una sobriedad decepcionante. No fue hasta el estreno de LA TIERRA; CONFLICTO FINAL, creada por Gene Roddenberry junior basándose en unos guiones que dejó escritos su legendario progenitor, que pudimos disfrutar de un telecomunicador portátil superior en todo al de Espacio 1999. Mas, a pesar de ello, el diseño de Brian Johnson y su equipo sigue teniendo un encanto especial para el aficionado a la ciencia-ficción televisiva. Visto hoy, todavía sorprende por su concepción, tan original como creíble. Lo único que puede chocarnos es que su monitor fuera en blanco y negro. Aparte de eso, su configuración y prestaciones hacen de este singular artefacto una verdadera joya de los efectos especiales, recordada con nostalgia por todos lo seguidores de la estupenda serie de Silvya y Gerry Anderson.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

ESPACIO 1999 Y YO

 
 

Espacio 1999, la gran producción televisiva de Sylvia y Gerry Anderson, siempre ha sido mi serie de ciencia-ficción de cabecera, como creo haber comentado en alguna ocasión. Si me preguntaran cuál o cuáles han sido, a mi juicio, las mejores producciones catódicas del género, no tendría dudas a la hora de responder: Star Trek: TOS, la primera con un enfoque serio y dirigida, por tanto, preferentemente a un público adulto; y Babylon 5, que significó toda una revolución en la forma de plantear la ciencia-ficción en la pequeña pantalla. Pero si me preguntan cuál fue la que más me marcó como aficionado al género, mi respuesta sería clara y contundente: Espacio 1999. Y esto por una razón muy fácil de explicar: porque fue la primera serie que disfruté íntegramente, sin perderme uno sólo de los episodios que la componían.
 
Corría el ya lejano año de 1976. Por aquel entonces, en España sólo existía una televisión, TVE, que emitía en dos canales. El primero de ellos era el canal estrella, por así decirlo, ya que cubría la totalidad del territorio nacional. El segundo, denominado entonces UHF y hoy simplemente la Dos, tenía un radio de cobertura mucho menor, de manera que bastantes regiones de España, entre ellas Asturias, quedaban fuera de su campo de emisión, razón esta por la que muchos aficionados a la ciencia-ficción no pudimos disfrutar en su día de Star Trek, rebautizada aquí como La conquista del espacio. Así pues, puede afirmarse que ocho de cada diez españoles de la época veíamos en televisión las mismas cosas. Cabe mencionar que TVE no emitía durante todo el día, ni mucho menos. En aquel tiempo, la televisión estatal comenzaba sus emisiones hacia las dos de la tarde, más o menos, y las cortaba entre las cuatro y media o cinco de la tarde. A eso de las seis y media se reanudaba la emisión, que podía durar hasta las doce o doce y media, como mucho, antes de ser nuevamente suspendida hasta el día siguiente. Los fines de semana comenzaban las emisiones un par de horas antes, a eso de las doce del mediodía, prolongándose ininterrumpidamente hasta medianoche o así. Películas de aventuras, programas deportivos, informativos, documentales y musicales, además de la consabida publicidad, ocupaban el tiempo de emisión de sábados y domingos. Los días de diario, en horario de sobremesa, la TVE de la época programaba varias series, generalmente de procedencia norteamericana, aunque de vez en cuando caía también alguna británica. Los patrulleros, La línea Onedin, Los pilotos de Spencer, Las aventuras de Sherlock Holmes (protagonizada por el genial Peter Cushing) La mujer policía (con la despampanante Angie Dickinson) Brigada especial, Salto mortal, El mago (el más tarde popular Bill Bixby de El increíble Hulk) Los hombres de la frontera (aventuras épicas en la Escocia medieval) etcétera… Como puede apreciarse, la programación diaria de sobremesa de TVE en los años setenta era bastante más variada y de muchísima más calidad que la basura que ponen hoy día. Todas las series citadas eran entretenidas y de buena factura. La tele de la época buscaba, sobre todo, entretener, y lo conseguía plenamente. Pude ver algunos episodios sueltos de las series citadas, sobre todo durante las vacaciones de verano, y recuerdo que me gustaron bastante. Por aquel entonces, ya era un alevín de aficionado a la ciencia-ficción, gracias sobre todo a los bolsilibros de Bruguera, y me habría gustado poder ver alguna serie del género, de las que tanto había oído hablar a los chicos mayores. En mi mente guardaba imágenes difusas de Guardianes del Espacio y Perdidos en el Espacio, pero cuando éstas fueron emitidas yo era demasiado pequeño para conservar un recuerdo claro de las mismas. La única ciencia-ficción televisiva que yo había visto hasta entonces eran El hombre de los seis millones de dólares, que ponían en horario nocturno, y un episodio suelto de OVNI (UFO) que también era emitida en la sobremesa. La serie de Lee Majors nunca me gustó demasiado, y en cuanto a OVNI, como la ponían a una hora tan mala, no pude apreciarla en su justa valía. Estábamos, insisto, a mediados de los años setenta. No había vídeos domésticos ni nada parecido. Los chavales teníamos que ir al colegio. Recuerdo que nuestro horario de clases era de 9:30 a 12:30 por la mañana y de 15:30 a 17:30 por las tardes. Si ponían algo interesante en la tele en ese horario, te lo perdías y punto. No había vuelta de hoja.

 
En el invierno de 1976, al poco de comenzar el nuevo curso escolar, caí repentinamente enfermo y me vi obligado a guardar cama durante algunas semanas. Durante aquel tiempo devoré un buen puñado de novelas de ciencia-ficción de Bruguera y bastantes cómics. Una lluviosa tarde de jueves, encontrándome solo en casa y sin nada que leer, me envolví en una bata, me fui al salón y encendí la tele. Justo en ese momento aparecían en pantalla los créditos de una serie titulada Espacio 1999. Recuerdo que me dio un vuelco el corazón. Aquello era, sin duda, ciencia-ficción. Ajusté el volumen, el brillo y el contraste de aquel viejo y entrañable televisor italiano marca FERCU, y me senté en el sofá, expectante, dispuesto a disfrutar de aquel programa que parecía prometerme las más fantásticas aventuras espaciales. Yo entonces no lo sabía, pero esta serie había comenzado a emitirse el jueves 30 de septiembre, justito el primer día que tuve que guardar cama por mi enfermedad. EL GUARDIAN DE PIRI fue el primer episodio de Espacio 1999 que tuve el placer de visionar aquella memorable tarde invernal de hace treinta y tres años, y me impresionó muchísimo. Nunca antes había visto nada igual. Me cautivaron la misteriosa y fascinante historia que relataba, los increíbles (para la época) efectos especiales y los estupendos decorados. Huelga decir que lo que más me impactó fueron las fabulosas Águilas y el espléndido diseño de interiores de la base Alfa, espectaculares incluso en el glorioso blanco y negro de la tele de entonces. Estaba exultante. Por fin había encontrado una serie de ciencia-ficción realmente buena. Pero mi gozo acabó en un pozo. Pronto caí en la cuenta de que sólo podría verla mientras durase mi enfermedad, y eso, justo es reconocerlo, me entristeció bastante. Mi recuperación avanzaba a marchas forzadas, así que sólo pude disfrutar de dos episodios más, aparte del ya citado. Una vez repuesto, había que regresar a la rutina escolar. Algún tiempo después, hubo problemas en el colegio con unas tuberías y nos dieron el jueves y el viernes libres, gracias a lo cual pude ver un capítulo más, concretamente TODO LO QUE BRILLA, en el que ya aparecía el personaje de Maya. Estaba realmente deprimido. El único programa televisivo que de verdad me interesaba, no podía verlo porque lo pasaban a una hora absurda. No me parecía justo, así que, ni corto ni perezoso, escribí a RTVE solicitando que emitiesen la serie por la noche, o en fin de semana. Confieso que estaba convencido de que no me harían caso, de que mi carta acabaría en alguna papelera. Fueron pasando los meses, llegó Navidad y el nuevo año 1977. Ya había perdido toda esperanza de ver aquella serie tan estupenda. Pero entonces se produjo el milagro.


De lunes a viernes, a las siete de la tarde, TVE emitía un programa infantil y juvenil titulado Un globo, dos globos, tres globos, que había sustituido al entrañable La casa del reloj. Los miércoles, en el citado programa, ponían una serie de aventuras que yo seguía con gran interés. Se trataba de Costa Bárbara, ambientada en el San Francisco de mediados del siglo XIX, y protagonizada por William Shatner y Doug McClure. La programación infantil y juvenil era presentada por la inolvidable María Luisa Seco, prematuramente fallecida a causa de una grave enfermedad. Cuando aquel miércoles María Luisa nos anunció que Costa Bárbara había finalizado, me llevé una gran desilusión. Pero esa desilusión se transformó en satisfacción cuando la presentadora nos informó de la nueva serie que se programaría todos los miércoles a las siete: Espacio 1999. Casi no podía creérmelo. María Luisa Seco explicó entonces las razones por las que TVE había decidido recuperar la serie de los Anderson en un horario más adecuado. En Prado del Rey, sede de RTVE, habían recibido una verdadera avalancha de cartas, procedentes de toda España, pidiendo que Espacio 1999 se emitiera en una franja horaria más adecuada. Después de todo, sólo las amas de casa podían ver la tele en la sobremesa, y resultaba dudoso que a las marujas les interesaran las aventuras de un grupo de astronautas perdidos en el vacío sideral.
 
Aquella fue la primera vez que no me sentí solo como aficionado a la ciencia-ficción. A la mayoría de mis amigos y conocidos no les atraía nada este género en ninguna de sus vertientes, así que, en cierto modo, me sentía como un bicho raro. Pero comprobar que existían miles de españoles que compartían mis gustos, y que, al igual que yo, habían escrito a la tele solicitando el pase de Espacio 1999 en horario de gran audiencia, significó mucho para mi, afianzando aún más mi convicción de que la ciencia-ficción era el mejor de los géneros.
 
A partir de entonces, sentarse ante el televisor cada miércoles a las siete se convirtió casi en un ritual religioso. Como no tenía con quien comentar los episodios, empecé a redactar pequeñas críticas personales sobre cada uno de ellos, a la vez que iniciaba una colección de fotografías y artículos sobre la serie, material que obtenía, armándome de paciencia, de revistas y periódicos. La primera vez que vi una escena de la serie en color fue en unas fotos del ¡Hola! y recuerdo que me llamó poderosamente la atención el magnífico diseño de los uniformes.

 
TVE no emitió los episodios por el orden de producción, así que el último que vimos en aquella época fue TORBELLINO ESPACIAL. Y ahí terminó Espacio 1999 en 1977. Fue sustituida en la parrilla de TVE por El planeta de los simios, adaptación televisiva de la saga de películas que tanto éxito habían cosechado en las salas cinematográficas. Luego vino El hombre invisible. Pero a mi no me convencieron ninguna de las dos. Echaba de menos a John Koenig y su gente.
 
La sombra de Espacio 1999 se proyectó sobre mi durante muchos años. Cuando se estrenó en mi pueblo LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, disfruté de ella como un enano. Pero a pesar del fabuloso despliegue de medios de esta película, seguía pensando que la serie de los Anderson era mejor. Al menos, a mi me gustaba más. Los destructores estelares eran impresionantes, y el Halcón Milenario muy aparente; pero las Águilas me parecían insuperables. Vader era inquietante, la princesa un primor y Han Solo un gran héroe; pero Koenig, Helena, Victor, Sandra y los demás se me antojaban más humanos, más creíbles. Más tarde llegaron Galáctica y La fuga de Logan, series aceptables, sin duda; pero que a mi juicio no admitían comparación con Espacio 1999. Ansiaba ver de nuevo mi serie favorita. A mediados de los ochenta, con el boom del vídeo doméstico, pensé que podría hacerme con algunos episodios. Pero mi búsqueda resultó de todo punto infructuosa. No conseguí ni una sola cinta VHS de la serie. A principios de los noventa llegaron las televisiones privadas, y Antena 3 anunció la emisión de Espacio 1999 las mañanas de los sábados y domingos. Pero la señal de esta cadena todavía no llegaba nítidamente hasta mi pueblo. ¡Porca miseria! Más adelante llegó la señal con claridad, pero ya no ponían Espacio 1999, sino OVNI, otra de las producciones míticas de los Anderson. Menos da una piedra, me dije, y disfruté plenamente de las aventuras del comandante Stryker y sus hombres en su lucha contra los invasores alienígenas. Con todo, tuve suerte. Antena 3 emitió un sábado por la tarde, como si fuera un largometraje, el único episodio doble de Espacio 1999, titulado PORTADORES DE MISTERIO. Ver a todo color una de las mejores aventuras de mis héroes favoritos fue un auténtico regalo, y durante bastante tiempo ése fue el único episodio de la serie que tuve en mi videoteca.
 
Hube de aguardar unos años más, hasta la llegada de Internet, para poder hacerme, ¡ahora sí! con la serie íntegra. Por fin los 48 episodios estaban a mi disposición, para verlos cuantas veces quisiera. Recibir los DVDs de la serie fue una de las experiencias más emotivas de mi vida como aficionado a la ciencia-ficción. No me importó que aquella edición viniera doblada en español neutro, y no en el original de TVE. Lo importante era que ya tenía la serie enterita. Para entonces ya colaboraba en el Sitio, y decidí ir comentando los episodios a medida que los fuera viendo. En realidad, me planteé escribir un libro dedicado a la serie, proyecto que todavía acarició. Decidí utilizar el Sitio como plataforma para comprobar cómo recibían los aficionados mis ensayos sobre Espacio 1999, y me complace poder decir que la acogida fue muy buena. Esto me ha dado nuevos ánimos para retomar el proyecto del libro, que ya está bastante avanzado, y en el que me propongo explorar todos y cada uno de los aspectos que han caracterizado a esta excelente producción.

A pesar de todo lo expuesto en los párrafos anteriores, soy consciente de que Espacio 1999 no es la mejor serie de ciencia-ficción. Posiblemente, como afirma Alfonso Mereló, ni siquiera sea la mejor serie de los Anderson. Pero no puede negarse que marcó un hito, un antes y un después, en la forma de hacer y entender la ciencia-ficción televisiva. Hay muchos disparates científicos en sus episodios, pero también los hay en algunas de las mejores películas y novelas del género, lo que no impide que se les considere obras excepcionales. La serie que nos ocupa recibió críticas durísimas y bastante injustas, incluso del mismísimo Asimov, que despotricaba contra la absoluta falta de rigor científico de la misma. Pero aunque no funcionó bien en EE UU, gozó de gran aceptación en otros muchos países, como demuestra la gran cantidad de páginas y sitios dedicados a ella en la red en todos los idiomas. Ninguna obra dedicada a la ciencia-ficción televisiva puede estar completa sin una referencia a la producción más cara de Sylvia y Gerry Anderson. Es, repito, mi serie de cabecera, la que me introdujo en el fascinante mundo de la ciencia-ficción catódica. Por eso, aunque reconozca que hay series infinitamente mejores en todos los aspectos, nunca habrá para mi otra como ella.

viernes, 20 de septiembre de 2013

ESPACIO 1999: LAS PORTENTOSAS ÁGUILAS


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



A Fernando Ledesma, barman, maquetista y buen amigo.
 
 
Si me preguntaran cuál es, a mi juicio, el mejor diseño de una nave espacial hecho para una serie o película de ciencia-ficción, mi respuesta sería el Águila de Espacio 1999. A pesar de los treinta y tres años transcurridos desde el rodaje de la mítica serie británica, las portentosas Águilas pueden competir en igualdad de condiciones con otras maquetas creadas para series o filmes más recientes. Habrá quien prefiera la entrañable Enterprise de Star Trek, ya sea en su versión más purista, la de TOS, o en sus posteriores remodelaciones; habrá quien se decante por los impactantes y variados navíos vistos en Babylon 5; habrá, en fin, quien escoja el Halcón Milenario u otra cualquiera de las fabulosas naves que la ILM creó para Star Wars. Pero para mi, nunca habrá un diseño mejor que el de Brian Johnson para Espacio 1999.
 
En 1974, Sylvia y Gerry Anderson se embarcaron en un nuevo proyecto televisivo, su segunda serie de acción real tras la excelente UFO. Brian Johnson, que ya había colaborado en otras producciones del matrimonio Anderson, sería el jefe del equipo de efectos especiales. La nueva serie iba a contar con un presupuesto muy holgado, más de 300.000 dólares por episodio, y los productores querían que el aspecto visual fuera realmente espectacular. Los Anderson pidieron a Johnson que diseñara una nave espacial que resultara creíble para los espectadores, y que fuera, al mismo tiempo, elegante y funcional. El técnico y su equipo se pusieron inmediatamente manos a la obra. Mientras unos se ocupaban de la maqueta de la base Alfa y de sus interiores, Johnson, sin dejar de supervisar el trabajo de sus colaboradores, comenzó a dar forma a una idea que hacía tiempo le rondaba por la cabeza.

 
La acción de la serie transcurría en una base lunar. En un principio, se pensó en diseñar varios tipos de naves para la base, en función del cometido que debieran cumplir. Pero Johnson decidió dar un salto adelante, poniendo en práctica la idea que le bullía en la mente. En vez de crear tres o cuatro clases de naves distintas, se dijo: ¿por qué no diseñar una sola, apta para cumplir múltiples misiones? Dicho y hecho. En un tiempo récord, Johnson presentó la maqueta matriz a Sylvia y Gerry Anderson, los cuales se mostraron entusiasmados con el estupendo diseño. Así nacieron las míticas Águilas.
 
Más de tres décadas después de su creación, sigue asombrando la perfección y originalidad del diseño de Johnson. No es extraño que estas naves hayan fascinado a los aficionados al modelismo de todo el mundo. En la red hay numerosas páginas dedicadas a las Águilas, que a estas alturas son ya no sólo un símbolo de Espacio 1999, sino un icono de la ciencia-ficción televisiva.

 
Johnson imaginó una nave de gran versatilidad, a la que pudieran acoplarse diversos módulos, según fuera la misión que tuviera que cumplir en determinado momento. Con una longitud de 25 metros, una Águila podía desmontarse en tres partes principales: el módulo de mando, el cuerpo principal de la nave propiamente dicha y el módulo central. El cuerpo principal integraba los motores a popa, con cuatro toberas de escape de gases, y una pequeña sección habitable a proa, a la que se acoplaba el característico módulo de mando, que albergaba la cabina de pilotaje. Este módulo de mando unido al cuerpo principal es la configuración básica del Águila. El módulo central puede ser de diversos tipos y configuraciones, de forma que, dependiendo del que lleve acoplada en cada momento, tenemos Águilas médicas, exploradoras, de transporte, de combate, etcétera… A menudo, para transportar determinadas clases de carga, tales como contenedores de residuos nucleares, puede acoplársele al Águila una plataforma especial abierta. Las combinaciones posibles son casi infinitas.
 
El módulo central, sea del tipo que sea, suele estar equipado con un corto túnel telescópico, que permite el acoplamiento entre naves para transbordar mercancías o pasajeros. Todas las Águilas, sin excepción, llevan un brazo robot que les permite realizar múltiples tareas en el espacio. Hay también multitud de adminículos ideados para ser empleados por estas portentosas naves. En el episodio NUEVO ADÁN, NUEVA EVA, aparecen unos cohetes especiales, diseñados para aumentar la potencia ascensional de las naves, aunque en el capítulo citado de poco le sirven al pobre Alan Carter, ya que el misterioso Magus impide, con sus extraordinarios poderes, que cualquier nave pueda despegar de Alfa para acudir al rescate de Koenig, Helena, Tony y Maya.

 
El armamento estándar de las Águilas es el socorrido pero siempre eficaz láser. Todas las naves llevan dos proyectores de serie, uno en proa, bajo el morro del módulo de mando, y otro, escamoteable y orientable, en la parte superior de la estructura principal. También pueden armar misiles nucleares y otros tipos de armas de largo alcance, pero, en general, en la serie sólo vimos a estas fabulosas naves combatir con láser. De todas formas, las Águilas solían salir airosas de casi cualquier enfrentamiento con naves alienígenas. Aunque su diseño no era muy aerodinámico, se comportaban bastante bien en vuelo atmosférico. Pero, lógicamente, donde mejores prestaciones podían ofrecer era en el vacío espacial.
 
Johnson tenía muy claro que unas maquetas tan estupendas requerían un diseño de interiores a su altura. No puede negarse que este gran maestro de los efectos especiales pasó la prueba con sobresaliente, porque los decorados interiores de las Águilas fueron realmente insuperables. Vistos hoy, la única pega que se les puede poner es el empleo de monitores de tv en blanco y negro, aunque, por otra parte, éstos también abundaban en la base Alfa. No obstante, algunas naves disponen, en el módulo central, de una gran pantalla a todo color, muy similar al monitor principal del Centro de Mando. El interior de las Águilas se mantendría, más o menos igual, a lo largo de las dos temporadas de que constó la serie. Sólo se efectuaron unos ligeros cambios en los módulos de mando, cosa que puede apreciarse con facilidad comparando cualquier episodio de la primera temporada con otro de la segunda.
 
Curiosamente, no se construyó ninguna maqueta a escala real. De hecho, la mayor Águila construida para el rodaje media apenas un metro de longitud. Se fabricaron, eso sí, docenas de maquetas de diversos tamaños. Las maquetas carecían de piezas móviles, ya que Johnson consideraba que daban demasiados problemas. En cuanto a los materiales utilizados para construirlas, se recurrió a todo: metal, plástico, madera, resina… También hubo que crear un entorno adecuado para ellas en la base. Los hangares de las Águilas son subterráneos, dotados con plataformas elevadoras similares a las de los actuales portaaviones. Estos hangares y plataformas de despegue están magníficamente recreados en la serie, con una perfección técnica y un detallismo que todavía hoy nos dejan perplejos.
 

 
Otro aspecto muy cuidado fue el de las maquetas y decorados que representan planetas en los que se posan las Águilas. Estas escenas fueron de las más costosas de la serie, y algunas eran de una espectacularidad impresionante. Un par de ejemplos: en el clímax de EL GUARDIÁN DE PIRI, de la primera temporada, presenciamos el despegue de docenas de Águilas que transportan a los alfanos que huyen del misterioso planeta a que se refiere el título; en el final del ya citado NUEVO ADÁN, NUEVA EVA, el planeta de Magus comienza a autodestruirse mientras nuestros héroes lo abandonan a bordo de un Águila. Con las actuales técnicas infográficas, estas escenas serían fáciles de filmar hoy día; pero en 1975, a base de maquetas, requirieron mucho dinero y esfuerzo.
 
Espacio 1999 duró poco, pero dejó una huella indeleble en el ánimo de los aficionados españoles. Cuando se estrenó en nuestro país, en 1976, TVE, la única que existía entonces, llevaba tiempo sin emitir nada de ciencia-ficción. Esa circunstancia, unida al hecho de que la serie de los Anderson contara con un diseño de producción muy superior a la media habitual en este tipo de producciones, convirtieron a Espacio 1999 en una de las series más queridas por el público. Su impacto en toda una generación de aficionados a la ciencia-ficción fue muy considerable, y sus dos temporadas, de 24 episodios cada una, fueron emitidas en más de sesenta países con notable éxito. En nuestros días, una legión de seguidores de la serie inundan de contenidos la red. Y entre todas esas páginas y sitios dedicados a la gran creación de Sylvia y Gerry Anderson destacan, por derecho propio, los dedicados a las míticas Águilas diseñadas por Brian Johnson, las naves más originales, elegantes y funcionales de la historia de la ciencia-ficción. Esta serie habría merecido pasar a la historia del género aunque sólo fuera por ellas. Obviamente, Johnson creo muchos otros diseños para Espacio 1999. Pero esa es otra historia de la que hablaremos muy pronto.