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miércoles, 31 de agosto de 2011

JONES, EL HOMBRE ESTELAR

POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI

Volver a leer un libro que leímos hace mucho tiempo es como reencontrarse con un viejo amigo con el que perdimos el contacto y del que conservamos un recuerdo nebuloso. JONES, EL HOMBRE ESTELAR, dormía un sueño de largos años en un estante de mi biblioteca, junto a otros hermanos suyos adquiridos, como él, en librerías de viejo o en alguno de aquellos maravillosos puestos de libros que ponían en Llanes en el verano, y que dejaron de acudir a su cita estival con los lectores compulsivos como yo por culpa de la estulticia de los políticos.

Este libro de Heinlein permaneció muchísimo tiempo semiolvidado en mi extensa biblioteca de ciencia-ficción. La lectura de obras más actuales ocupaba la mayor parte de mi tiempo libre. Pero hace poco, debido a una intervención quirúrgica, tuve que coger la baja laboral. Al disponer de muchos días libres por delante, decidí releer algunos de los libros que mejor sabor de boca me habían dejado. Y el primero de ellos fue JONES, EL HOMBRE ESTELAR.

La novela nos narra las aventuras de Max Jones, un joven que huye de su casa cuando su madrastra contrae matrimonio con un tipo insoportable. El muchacho, que sueña con ser oficial astrogador en una nave estelar, como lo fue su tío, decide dirigirse hacia Earthport con la intención de ingresar en el gremio de astrogadores. Por el camino entablará amistad con Sam Anderson, un pintoresco individuo que parece saber mucho sobre el espacio, a pesar de su aspecto de vagabundo. Ya en Earthport, Jones descubrirá que no tiene la menor posibilidad de ingresar en el gremio al que perteneció su tío. Pero con la ayuda de Sam, que consigue papeles falsos para ambos, consiguen enrolarse como vulgares tripulantes en la nave Asgard, que está a punto de partir. La fabulosa aventura de Max Jones no ha hecho más que empezar. Gracias a su prodigiosa memoria, que le permite recordar absolutamente todo lo que leyó en los manuales de astrogación de su tío, y también gracias a una serie de afortunadas circunstancias, nuestro héroe pasará de cuidar los animales domésticos de los pasajeros a ocupar un puesto en el puente de mando. Mientras se realizan los cálculos necesarios para una transición o salto estelar, Jones se da cuenta de que el capitán ha cometido un error, y así se lo hace saber. Pero nadie le hace caso. Poco después, la nave efectúa el salto y los tripulantes descubren, horrorizados, que se encuentran en un punto del espacio completamente desconocido para ellos.

Es preciso decir algo sobre los astrogadores, unos profesionales de la navegación estelar, omnipresentes en la literatura de ciencia-ficción anterior a la eclosión de la informática avanzada. En novelas como esta, los astrogadores eran navegantes especializados, poseedores de una completísima formación matemática y astronómica. La Astrogación es una triangulación que ayudaba a los navegantes estelares a fijar la posición de su nave en el espacio, y también a calcular la de cualquier cuerpo celeste. Los astrogadores se guiaban utilizando las magnitudes de las estrellas conocidas que aparecían en las cartas estelares de navegación. Durante la Edad de Oro de la ciencia-ficción literaria, todas las naves llevaban uno o varios oficiales astrogadores, y lo normal era que los capitanes hubieran sido anteriormente miembros de ese gremio. La de los astrogadores es una de las profesiones más… románticas, si se me permite emplear esta palabra, que aparecía en las novelas de ciencia-ficción. Después de cada salto estelar, estos esforzados navegantes cósmicos podían pasarse horas inclinados sobre los mapas galácticos, tratando de determinar, con la máxima exactitud posible, la nueva posición. Gracias a estos personajes ficticios nació en mi la afición a la astronomía. Pero con la llegada de la informática, la figura del astrogador ha desaparecido de los relatos, y con ella, la ciencia-ficción ha perdido, a mi juicio, uno de sus mayores encantos. Pero qué se le va a hacer. El progreso es el progreso.

Los astrogadores, como he dicho, se guiaban por las magnitudes de las estrellas. Con los conocimientos que poseemos actualmente, habría resultado más lógico que realizaran sus cálculos guiándose por las ondas de radio emitidas por los pulsares o estrellas de neutrones, cuerpos dotados de un poderosísimo campo magnético, que rotan con elevadísima rapidez, y que emiten por sus polos fuertes radiaciones de muy corta longitud de onda, visibles preferentemente en forma de rayos X o Gamma. Como los polos magnéticos de los pulsares casi nunca coinciden con los polos de rotación, los haces de ondas que emiten barren literalmente el espacio como si fueran poderosos faros estelares. La pulsación emitida por cada una de estas estrellas de neutrones es distinta, y hasta el momento no se han identificado dos que emitan pulsaciones idénticas, por lo que su semejanza con los viejos faros marinos es considerable. Con un equipo adecuado, capaz de captar las emisiones de los pulsares, cuya energía es muy baja, los astrogadores habrían podido realizar su trabajo con mayor precisión. Claro que en la época en que se escribieron estos relatos las estrellas de neutrones aún no habían sido descubiertas, aunque algunos científicos ya habían intuido su existencia.

En el universo futurista de esta obra, los viajes interestelares son posibles gracias a la especial constitución del espacio tiempo, que tiene dobleces que pueden ser aprovechadas por las naves para realizar una transición, o salto interestelar, con el que pueden recorrer en poco tiempo docenas de años luz. Es decir, que existen lugares en la galaxia en los que el espacio es realmente plano, donde está replegado sobre sí mismo, convirtiendo la distancia en ausencia de distancia. El protagonista explica esta teoría recurriendo al conocido ejemplo del pañuelo doblado. Esta misma idea ha sido ampliamente utilizada en multitud de obras del género, tanto literarias como cinematográficas. Otros autores suponen que el salto interestelar puede efectuarse desde cualquier punto del espacio. Pero Heinlein, por boca de su protagonista, deja bien claro que sólo puede llevarse a cabo un salto o transición desde un punto del espacio en el que exista un repliegue o anomalía, dándonos a entender que éstos ocupan una posición fija en la galaxia y que no pueden reproducirse artificialmente. Como consecuencia de ello, una nave que efectúe un salto, deberá pasarse varias semanas o meses navegando por el espacio normal hasta llegar al siguiente repliegue o anomalía que le permita efectuar una nueva transición. La distancia que se recorre en cada salto varía según la configuración del repliegue espacio temporal, de manera que unas anomalías permiten saltos de 487 años luz y otras de sólo 19. Un científico no quedaría en absoluto convencido por esta teoría heinleiniana, pero no podría negar que está inventada con muchísima gracia y que casi casi parece plausible.

En definitiva, JONES, EL HOMBRE ESTELAR, se revela como una pequeña obra maestra del género, una novela sugestiva y atrayente, que se lee con agrado y que no decepciona.


Título original: Starman Jones
Autor: Robert A. Heinlein
Año de publicación: 1962
Editorial: Edhasa
Colección: Nebulae, nº 9
Traducción: Manuel Bosch Barret
Edición: 1962

lunes, 10 de agosto de 2009

ODISEA EN EL PLANETA TANGAROA

POR RMC

Entre la marea de autores anglosajones que fueron publicados dentro de la mítica colección Nebulae, vigente entre 1955 y 1969, sobresale la enorme figura de Robert A Heinlein ( 1907-1988), un autor reconocido por la critica y el publico como uno de los mejores de su tiempo. Debemos apuntar que a lo largo de su carrera, Heinlein logro conquistar cuatro premios Hugo, entre 1956 y 1967, y fue el primer escritor en ser galardonado con el titulo de Gran Maestro por la Science Fiction Writers of America en 1974, en reconocimiento al vasto quehacer creativo desplegado a lo largo de veinte años de carrera.

Advirtiendo los instantes de apogeo que estaba viviendo el autor norteamericano, la editorial barcelonesa EDHASA se animo a traducir al castellano varias de las novelas que produjo por aquella época, entre los 50 y 60, para divulgarlas con notable éxito de ventas, entre los aficionados hispanohablantes. Gracias a esta circunstancia Heinlein se convirtió en el autor con más títulos publicados en el catalogo de la colección.
“Túnel en el espacio”, la novela que vamos a reseñar a continuación, no pertenece al conjunto de obras más aclamadas o polémicas del norteamericano, como es el caso de “Forastero en tierra extraña” o de “Tropas del espacio”, y se afilia mas bien al grupo de “novelas iniciaticas” que Heinlein produjo cuando retorno a la literatura, después de renunciar a su empleo en la “Naval Air Experimental Station”, una dependencia de la US Navy, después de concluida la Segunda Guerra Mundial.

En esta novela Heinlein explora uno de sus temas más queridos y constantes de su practica narrativa: algo que podríamos llamar “los encuentros y desencuentros de un individualista a ultranza con la estructura social dentro de la cual se desarrollo”. Para la ocasión, Heinlein centra su mirada en la personalidad de Rod Walker, un estudiante adolescente del colegio Henry Patrick, convirtiéndolo en el adalid de su ideología predilecta, pero Rod no esta solo y es sumergido junto con sus condiscípulos, en una experiencia extrema pero contemplada dentro del programa de estudios: los estudiantes deberán ser teletransportados hacia un planeta agreste y salvaje, ubicado en alguna galaxia remota, con el único propósito de sobrevivir a los retos que puedan plantear las condiciones y la fauna de un mundo plenamente silvestre. Las razones que inducen a una prueba tan dura son determinantes: La Tierra se encuentra sobrepoblada, y no se da abasto para alimentar a su población siempre creciente, para paliar esta crisis se decide emplear un novísimo invento que desborda las posibilidades del viaje espacial ultraluminico... Hablamos de la puerta interestelar Ramsbothan, un invento capaz de “generar una distorsión extradimensional necesaria para equiparar lugares de dos planetas distantes años luz”. Gracias a este hallazgo esta humanidad futura se halla en condiciones de enfrentar la sobrepoblación y conquistar el cosmos del mismo modo que los colonos anglosajones y sus descendientes se apropiaron de la Nueva Inglaterra y del Lejano Oeste respectivamente.

Una vez transportado a Tangaroa, que es el nombre del mundo donde vivirá su prueba de supervivencia, Rod siente renacer en su interior el espíritu pionero y emprendedor de sus antepasados y se aboca a la tarea de reunir, mediante señales de humo, a todos sus compañeros y compañeras., dispersos sobre la faz del planeta para formar el núcleo de una colonia en aquel planeta virgen. Al principio todos esperan ser rescatados, pero el plazo prometido se dilata y muchos llegan a pensar que deberán permanecer en Tangaroa muchos años, pues se encuentran totalmente aislados de la Tierra.

Por el momento Rod ejerce una autoridad tacita sobre el grupo de chicos que ha reunido a su alrededor, sin embargo, pronto ese liderazgo se ve cuestionado debido a un fortuito enfrentamiento con Bruce McGowan, un advenedizo que no admitía la tutela de nadie, pone en peligro la vida de Rod. Ante la perspectiva de quedarse sin líder se convocan a elecciones, y los estudiantes, una mesnada formada por universitarios formados en la Teller, y colegiales del Henry Patrick y el Ponce de León, eligen a un leguleyo de la Teller, de nombre Grant Cowper, como primer Alcalde de la colonia terrícola. El gobierno de Cowper, en oposición al pragmatismo de Rod, se caracteriza por calcar las instituciones y los males de los gobiernos establecidos en la Tierra, y no ofrece soluciones viables a los problemas prácticos de la colonia, tales como la búsqueda de alimento y la protección de las cuevas que ocupaban contra las incursiones de los animales salvajes oriundos de Tangaroa.

Fastidiados ante la inacción del Alcalde, amante del debate por el debate, Rod parte acompañado de Roy Kilroy para buscar un sitio más seguro que estaban ocupando. Una semana reintensa exploración da sus frutos y hacen un hallazgo sorprendente que Heinlein cuenta así: “Recorrieron una serie de galerías que formaban arcadas horadadas en el acantilado de arcilla por el agua. El borde de la galería inferior estaba a seis o siete metros del nivel del suelo. Las aberturas que debieron ser las puertas no eran mas altas que la rodilla de un hombre, pero era claro que eran habitaciones, el material era una especie de cemento hecho con barro seco, formando adobe reforzado con madera”.

Al saberse de la existencia de estas cuevas acondicionadas, quien sabe por quien, como vivienda para seres racionales estalla una seria desavenencia entre Rod y Grant, ambos defensores de posturas antagónicas. Rod alienta la emigración hacia la cuevas que hallo, mientras Grant prefiere quedarse donde están, pese a todos los inconvenientes que acarrea seguir alli.Inesperadamente la disputa se resuelve a favor de Rod, después que una violenta incursión de animales salvajes se cobra la vida del Alcalde quien sufre una horrible muerte en las fauces de las bestias carnívoras que periódicamente asolaban la colonia.

La desaparición de Grant permite a Rod ejecutar su plan, y todos se trasladan a las cuevas halladas por Rod y Roy. La colonia recibe el nombre de Cowpertown, en honor al alcalde caído en acción, y se inicia un breve periodo de prosperidad bajo la franca dirección de Rod, Ahora que ha desaparecido el peligro que representaban los animales salvajes, los esfuerzos de la colonia pueden dejar de lado la necesidad de protegerse de un entorno hostil para dedicarse a explotarlo buscando carbón e iniciando la practica de la agricultura.
Sin embargo los sueños de progreso de Rod se desvanecen repentinamente cuando, de repente se restablece la comunicación con la Tierra. Y una puerta Ramsbothan surge en Tangaroa para tentar a los colonizadores con los lejanos ecos de su planeta madre... Todos sucumben ante el poderoso estimulo, pues tienen hijos y resistiéndose a abandonar Cowpertown, el mundo que ayudo a forjar. A duras penas, su hermana Helen y el profesor Matson lo inducen a retornar a la Tierra para ver por última vez a su padre antes de partir a encontrar su destino a otro mundo virgen ahora que ya es todo un hombre.

“Túnel en el espacio” es una novela de aventuras con trasfondo de ciencia ficción, que duda cabe, pero tiene la virtud de ofrecernos el punto de vista de un joven ingenuo que poco a poco va templando su carácter en aquel mundo inhóspito, y siente nacer en el la necesidad de romper las ataduras de la tradición, y de apartarse del nido para fundar una realidad hecha a su imagen y semejanza, una realidad en la cual pueda sentirse plenamente participe como actor y creador.

Robert Anson Heinlein, fue un escritor estadounidense de ciencia ficción considerado por algunos críticos entre los tres mejores de todos los tiempos, junto con Isaac Asímov y Arthur C. Clarke.


Título: Túnel en el espacio
Autor: Robert A. Heinlein

Título original: Tunnel in the sky

Año de publicación: 1957
Editorial: EDHASA

Traducción: Manuel Bosch Barreto


Desde Chiclayo, en el norte del Perú, para Bolsi & Pulp; Rubén Mesías Cornejo (RMC).