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miércoles, 3 de diciembre de 2008

MUERTE EN LO PROFUNDO


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


Uno de los subgéneros más apreciados por los aficionados al cine y la literatura de tema bélico fue el de los submarinos. Clark Carrados (Luís García Lecha) dedicó bastantes de sus novelas a esta temática, y MUERTE EN LO PROFUNDO, nº 35 de la colección Metralla, de Ediciones Ceres, aparecida en diciembre de 1980, es una de las mejores.
MUERTE EN LO PROFUNDO nos narra las aventuras de Barry Blake, un teniente de la US Navy acusado de un asesinato que no cometió. Aunque las pruebas contra él parecen claras, la Marina preferiría que no se celebrase el juicio, a fin de evitar el consiguiente escándalo, por lo que proponen a Blake la retirada de todos los cargos en su contra, a cambio de que presente la dimisión y abandone la Armada. A Blake no le queda más remedio que aceptar eso o la cárcel, así que dimite. Meses más tarde, Blake, bajo la falsa identidad de Thomas Andrew Smith, malvive agarrado a una botella de licor. Un día, poco después del ataque a Pearl Harbor, una patrulla de la Policía Naval irrumpe en su cochambroso apartamento y se lo lleva detenido bajo la acusación de deserción, ya que un tal Thomas Andrew Smith, marinero de segunda, había abandonado su barco cuatro semanas antes sin permiso. La misión de los policías militares es devolverle a Pearl Harbor. El ataque japonés provocó numerosas bajas entre la marinería, por lo que la US Navy anda escasa de hombres, razón ésta por la que no se tendrá en cuenta su deserción. Pero si vuelve a hacerlo, acabará frente a un pelotón de ejecución.
Nuestro protagonista se encuentra ante una terrible disyuntiva. Puede decir quién es realmente y librarse de ir a la guerra, ya que el teniente Blake dimitió presionado por el Alto Mando, pero, por alguna razón que ni él mismo acierta a entender, no lo hace. Poco después, el marinero Smith es destinado al submarino Rayfish, a las órdenes del comandante Harnigan. El submarino parte hacia una misión, mientras Blake/Smith descubre entre los tripulantes al hombre que declaró falsamente contra él en el pasado, Dickie Pollock. Otra sorpresa aguarda a nuestro héroe. El comandante Harnigan le ha reconocido, y en una tensa entrevista con él, le comunica que tan pronto como regresen de esa misión deberá abandonar su buque. Harnigan es un buen oficial, pero sabe que Blake era mucho más competente que él, y no le agrada la idea de tenerlo a bordo. De todas formas, a su manera, Harnigan es un hombre justo, y no piensa ensañarse con Blake ni mucho menos. Es más, pide a éste que le eche una mano al alférez MaCkay, un oficial recién incorporado al servicio que, en palabras de Harnigan, está demasiado verde.

Mientras se encuentran combatiendo el tráfico marítimo nipón, Harnigan recibe un mensaje del Estado Mayor. Debe dejar a un lado su misión rutinaria y acercarse a determinada posición costera para recoger a un agente secreto, cuyo nombre en clave es Crisantemo Negro, un espía poseedor de importantísima información sobre los efectivos militares nipones. Una vez a bordo el agente, el Rayfish deberá dirigirse hacia unas coordenadas determinadas, donde les estará esperando un hidro, un Catalina, para trasladar al agente a Pearl Harbor. Harnigan pone a Blake en el grupo que, a bordo de una lancha neumática, deberá recoger al agente secreto. A pesar de estar a punto de caer en una emboscada japonesa, logran rescatar al espía y llevarlo al submarino. El agente resulta ser una mujer, y no una fémina cualquiera, sino Moira Edwards, la joven por culpa de la cual Barry Blake echó su carrera por la borda casi dos años atrás.
Las cosas se complican para la tripulación del Rayfish. Todos los oficiales, menos el bisoño alférez MaCkay, han muerto durante el combate contra los japoneses. El novato alférez es víctima de una crisis nerviosa, y sólo Smith / Blake puede comandar la nave. Con la eficaz colaboración del contramaestre Crequod, que desde el principio le había reconocido pero que no había dicho nada por no molestarle, Blake se dispone a completar la misión del Rayfish. Pero antes, él y Moira, que también le ha reconocido a pesar del frondoso bigote que altera ligeramente sus facciones, exorcizarán sus demonios interiores, logrando que el amor renazca entre ellos. Será precisamente Moira quien obligue a Pollock a confesar por escrito que Barry Blake fue víctima de una encerrona, para hacerle aparecer como culpable de un asesinato cometido por otros.
Lo mejor de la novela, aparte de las sucintas pero correctas descripciones del carácter de los personajes, son sin duda los pasajes de acción, en los que Carrados describe con mano maestra los combates del submarino contra las unidades de la Flota Imperial japonesa. Carrados consigue transmitir al lector toda la tensión, la angustia y el ambiente claustrofóbico que se respira a bordo de un sumergible en misión de guerra, especialmente en los pasajes en los que el Rayfish es acosado por los destructores enemigos y sus terribles cargas de profundidad. MUERTE EN LO PROFUNDO se revela, así, como una de las novelas de guerra más logradas de LGL, un relato en el que el interés no decae en ningún momento a lo largo de sus 96 páginas.

1 comentario:

Deka Black dijo...

No estoy seguro, pero juraria que he visto una pelicula con un argumento parecido...