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viernes, 26 de diciembre de 2008

PROFESOR ESPECIAL DEL FBI

POR ANTONIO QUINTANA


El FBI (Federal Bureau of Investigation) fue creado en 1908 por el entonces Secretario de Justicia y Fiscal General de EE UU Charles Bonaparte, que, a pesar de su curioso apellido, nada tenía que ver con el pequeño corso del que todos hemos oído hablar. En principio, se trataba de una agencia federal dedicada a recopilar información sobre los delitos y los delincuentes más notorios, y sus miembros, más que agentes de la ley, eran funcionarios que ni siquiera iban armados. Poco a poco, el FBI fue adquiriendo más atribuciones, hasta llegar a convertirse en una auténtica policía federal. Pero el FBI, tal y como lo conocemos, nació en 1924, cuando fue nombrado director del mismo un oscuro pero inteligentísimo licenciado en Derecho llamado John Edgard Hoover. Hoover desarrolló una febril actividad, reestructurando el Bureau de arriba a abajo, dotándolo de los más modernos medios técnicos y científicos disponibles en la época, y convirtiéndolo en la primera policía especializada del mundo. Con Hoover al frente, los G-Men (hombres del gobierno, como empezaron a llamarlos los gángsters) adquirieron una preparación extraordinaria, muy superior a la de cualquier otro representante de la ley no sólo de EE UU, sino de cualquier país del mundo. Los éxitos en la lucha contra el gangsterismo, el crimen organizado y el espionaje enemigo en territorio americano dotaron al Bureau de una aureola casi mítica. El cine primero, y la televisión después, glosaron la heroicidad, el patriotismo y el espíritu de sacrificio de unos esforzados agentes federales cuyos salarios eran, en la mayoría de los casos, inferiores a los de muchos policías menos cualificados que ellos. El lema de estos agentes federales también se escribía con las siglas FBI: Fidelidad, Bravura, Integridad. Sus hazañas llenaban las páginas de los diarios, pero también las de los cómics y novelas populares. En España, durante la época de esplendor de la literatura popular, se publicaron varias colecciones de bolsilibros dedicadas a estos abnegados defensores de la ley y el orden, siendo las más populares las de Editorial Rollan. El autor estrella de esta editorial era Lou Carrigan, un novelista que muy pronto demostró no tener rival a la hora de relatar las aventuras de los míticos G-Men.


Dentro de esta temática, su mejor creación fue el personaje de Clarence Hadaway, Inspector Especial del Bureau, una suerte de James Bond con placa de agente federal. Hadaway protagonizó varias novelas de Lou, pero también hizo apariciones puntuales en obras en las que el protagonismo recaía en otros agentes, además de haber colaborado con la legendaria Baby. Pero si tuviera que elegir una novela del FBI de entre la vastísima producción de Lou, personalmente me quedaría con esta estupenda PROFESOR ESPECIAL DEL FBI, publicada en 1969 en la muy exitosa Colección FBI de la ya citada Rollan.

La acción de la novela se sitúa en la Academia del FBI en Quantico, Virginia. Carrigan nos presenta en esta historia uno de sus personajes más logrados, Mike de Brando, un profesor muy especial, encargado de la instrucción de aquellos cadetes de la Academia que han demostrado poseer cualidades superiores a las de la media de los aspirantes a agentes del Bureau. A de Brando se le encomienda la preparación de siete muchachos que han destacado por encima de sus compañeros de promoción. Pero lo que empieza como un cursillo especial más de la Academia, pronto se transformará en una peligrosa aventura para de Brando. El profesor comienza a recibir una serie de anónimos, en los que se le avisa que uno de sus especiales alumnos va a matarle. De Brando, antiguo agente especial herido en acto de servicio, y uno de los cerebros más lúcidos del Bureau, es viudo y tiene una hija de ocho años, que es secuestrada por su misterioso enemigo. Empleando todos los recursos a su alcance, el G-Man se enfrenta a la situación con la entereza que se le supone a un agente del FBI, aunque ahora el caso sea muy diferente de otros, ya que se trata de la vida de su pequeña Bonnie. Por salvar a su hija, de Brando está dispuesto a todo, incluso a dejarse matar como un cordero, y así se lo hace saber a sus alumnos, uno de los cuales debe ser, sin duda, un traidor que actúa por dinero. Y, en efecto; uno de ellos, precisamente aquel del que menos sospecha el lector, resulta estar compinchado con el enemigo de de Brando, Broderick Gatlin, un gángster que ha pasado largos años en prisión y a cuyo hermano abatió a tiros el profesor especial del FBI.

Suele decirse que un buen final, espectacular e inesperado, puede convertir en una obra maestra el relato más corriente. PROFESOR ESPECIAL DEL FBI no es, ni mucho menos, una obra corriente, sino una de las novelas policiales más logradas de Carrigan. Pero su final es de los que te cortan el aliento, uno de los mejores desenlaces jamás ideados por nuestro admirado Lou. Una conclusión no por esperada menos sorprendente, en la que además aparece el inefable Clarence Hadaway, quintaesencia del auténtico G-Man carriganiano. Estamos ante una de las obras más redondas de Lou. La ambientación y las caracterizaciones de los personajes son perfectas. Destacan, por encima de todo, los pasajes en los que de Brando instruye a sus alumnos, y las pequeñas trampas que les tiende para evaluar sus capacidades.


PROFESOR ESPECIAL DEL FBI. Otra de las fabulosas historias surgidas de la prodigiosa pluma de Antonio Vera Ramírez. Una obra que no debe faltar en la biblioteca de todo admirador de Lou Carrigan, el mejor autor de novela policial que ha dado España.

5 comentarios:

Deka Black dijo...

Yo policiacas del maestro solo he leido la Lista Negra, novela que por cierto tiene su aquel, porqueunono sabe de quien compadecerse más.

Anónimo dijo...

Quiero felicitar al señor Quintana por la brillante y acertada exposición dada sobre los orígenes de FBI en Norteamérica y de su "oscuro" director J. Edgar Hoover, cuya labor siempre admiré a pesar del "carretón de porquería" que la prensa liberal norteamericana siempre le ha echado encima a su memoria para mancillar su obra.

Es cierto que todas esas historias escritas por autores españoles con seudónimos estadounidenses fueron, en cierta medida, geniales y marcaron un hito en las décadas de los años 60 y 70, sobre todo para un párvulo de habla castellana refugiado en un país de habla inglesa, a quien le fascinaba poder leer cuanta aventura del FBI cayera en sus manos.

Sin embargo, y esto lo hago notar porque, como me crié en Estados Unidos, tengo mucho más en común con la verdadera idiosincrasia anglosajona, el idioma inglés y el modo de vida en USA en general, siempre hubieron algunos detalles que me chocaban de aquellas aventuras policiacas escritas por españoles con seudónimos norteamericanos.

En primer término, los nombrecitos que le adjudicaban a sus personajes... En la mayor parte inventados y sin ninguna relación con verdaderos nombres de pura cepa anglosajona, o angloamericana para ser más exactos, pero inclusibe el famoso Tom Clancy y muchos de sus homólogos gringos confrotan el mismo problema cuando inventan personajes de origen hispano...

Otro detalle es que en el FBI nunca, que yo sepa, hubieron "inspectores", sino agentes especiales, si es que vamos a traducir literalmente sus "special agents". Los demás rangos que he conocido son los de Director, y Director Diputado, Asistente del Director...

Tampoco existieron, que yo sepa, los "profesores especiales" sólo "instructors" o "trainers" que se especializaban en distintas materias, todo en USA tiene una especialización... Estaban los instructores de tiro, de defensa personal, de ciencia y tecnología, de explosivos, de lenguas extranjeras, etc. No había uno solo de estos "instructors" que enseñara tantas materias a la vez.

Como dije, Estados Unidos es la tierra de los "especialistas" y por lo general, cada uno es lo mejorcito en el mundo entero, pero sólo en su campo...

Otro detalle chocante para mí en estas novelas, a pesar de que me encantan, era la pasión que cada escritor ponía en sus agentes especiales del Bureau, cuando lo primero que le enseñan en los cuerpos de seguridad norteamericanos a un "trainee", entiéndase por ello un recluta, es precisamente lo contrario. Te desapasionan y te dan taller como profesional sobrio y comedido, no como el "héroe" que muchos jóvenes incautos pretenden ser... estos heroicos muchachos, cuando uno de los instructores se huele sus verdaderos motivos, son descalificados y enviados a sus hogares mucho antes de poner un pie en Quantico. Allí solamente quieren "robots" que cumplan órdenes sin cuestionarlas, no chicos con ideales y las venas repletas de sangre caliente que buscan la oportunidad de mostrarle al mundo lo que valen...

El genial Donald Hamilton, autor de las novelas de espionaje del agente secreto Matt Helm (fíjense que enfatizo la palabra novelas, no las películas en que Helm fue ridiculizado y convertido en un payaso borrachín por Dean Martin) siempre hacía mofa de aquellos "agentes heroicos" que estropeaban sus misiones una y otra vez por seguir los dictados del corazón, o su conciencia, y no cumplir con las órdenes dadas en un momento dado...

Esa es, en mi humilde opinión, la "pata de la que cojeaban" casi todos los bolsilibros del FBI (o todos los) que me leí en mi tiempo... a pesar de que narraban historias muy bonitas y extraordinariamente bien escritas, pero, para un servidor, poco creíbles.

En la CIA o Agencia Central de Inteligencia no aceptaban a nadie que se ofreciera como voluntario antes del derrumbe de las Torres el 9/11 y lo hicieron porque necesitaban levantar la moral y el patriotismo para dar comienzo a la Guerra contra el Terror y, más aún, porque necesitaban agentes que dominaran las lenguas del Medio Oriente. Antes de eso, se limitaban a cazar chicos o chicas brillantes en las mejores universidades del país, que no tuvieran convicciones políticas ni heroicas de ninguna especie, porque, como bien se lee en su manual de entrenamiento: "such people are dangerous".

FELICITACIONES a los lectores de Bolsi & Pulp desde USA, y a los administradores de este extraordinario blog por una encomiable labor que espero nunca termine mientras yo viva... Lo mismo para todos los grandes escritores de bolsilibros policiacos y de espionaje españoles entre los que, sin duda, Silver Kane, Clark Carrados, Lou Carrigan, Burton Hare y Frank Caudett fueron siempre mis favoritos.

Deka Black dijo...

Y como miembro de Bolsi & Pulp, gracias a usted por su opinion. Pocas veces lee uno una exposicion tan razonada como la suya.

Anónimo dijo...

Bueno...

... tengo mis dudas de que nuestros escritores intentaran historiar; tan sólo novelaban.

¡Qué manía -tan pesada- de buscar fidelidad en la ficción!

Anónimo dijo...

Perdone usted, amigo mío, si mi comentario anterior ha herido su sensibilidad en modo alguno. No ha sido esa mi intención. Tampoco, quiero aclarar, tengo nada en contra de ninguno de los grandes escritores españoles del pulp... ¡al contrario! Por ellos tuve yo una niñez muy feliz y entretenida una vez tuve acceso a ese mundo tan maravilloso como imaginario en que me permitieron vivir los "grandes" como Lou Carrigan, Frank Caudett, Clark Carrados, Silver Kane y Burton Hare... ¡Viva Baby y viva el DANS! Pero no por ello debo callar la existente falta de conocimientos de un mundo (el del espionaje) al cual supuestamente conocían. Como escritor policiaco de oficio que soy, siempre he tenido por costumbre documentarme bien sobre lo que escribo..., hasta el punto de que, en la mayoría de mis novelas, es difícil distinguir entre ficción y realidad. Ejemplos vivo de lo que digo son: Ian Fleming, Donald Hamilton, Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Unas aventuras increíbles, pero siempre escalonadas dentro del marco de la lógica y la realidad histórica del momento. Esa, con todo el respeto que usted se merece, es mi firme opinión profesional; no una "manía pesada".

SALUDOS