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viernes, 20 de septiembre de 2013

ESPACIO 1999: LAS PORTENTOSAS ÁGUILAS


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



A Fernando Ledesma, barman, maquetista y buen amigo.
 
 
Si me preguntaran cuál es, a mi juicio, el mejor diseño de una nave espacial hecho para una serie o película de ciencia-ficción, mi respuesta sería el Águila de Espacio 1999. A pesar de los treinta y tres años transcurridos desde el rodaje de la mítica serie británica, las portentosas Águilas pueden competir en igualdad de condiciones con otras maquetas creadas para series o filmes más recientes. Habrá quien prefiera la entrañable Enterprise de Star Trek, ya sea en su versión más purista, la de TOS, o en sus posteriores remodelaciones; habrá quien se decante por los impactantes y variados navíos vistos en Babylon 5; habrá, en fin, quien escoja el Halcón Milenario u otra cualquiera de las fabulosas naves que la ILM creó para Star Wars. Pero para mi, nunca habrá un diseño mejor que el de Brian Johnson para Espacio 1999.
 
En 1974, Sylvia y Gerry Anderson se embarcaron en un nuevo proyecto televisivo, su segunda serie de acción real tras la excelente UFO. Brian Johnson, que ya había colaborado en otras producciones del matrimonio Anderson, sería el jefe del equipo de efectos especiales. La nueva serie iba a contar con un presupuesto muy holgado, más de 300.000 dólares por episodio, y los productores querían que el aspecto visual fuera realmente espectacular. Los Anderson pidieron a Johnson que diseñara una nave espacial que resultara creíble para los espectadores, y que fuera, al mismo tiempo, elegante y funcional. El técnico y su equipo se pusieron inmediatamente manos a la obra. Mientras unos se ocupaban de la maqueta de la base Alfa y de sus interiores, Johnson, sin dejar de supervisar el trabajo de sus colaboradores, comenzó a dar forma a una idea que hacía tiempo le rondaba por la cabeza.

 
La acción de la serie transcurría en una base lunar. En un principio, se pensó en diseñar varios tipos de naves para la base, en función del cometido que debieran cumplir. Pero Johnson decidió dar un salto adelante, poniendo en práctica la idea que le bullía en la mente. En vez de crear tres o cuatro clases de naves distintas, se dijo: ¿por qué no diseñar una sola, apta para cumplir múltiples misiones? Dicho y hecho. En un tiempo récord, Johnson presentó la maqueta matriz a Sylvia y Gerry Anderson, los cuales se mostraron entusiasmados con el estupendo diseño. Así nacieron las míticas Águilas.
 
Más de tres décadas después de su creación, sigue asombrando la perfección y originalidad del diseño de Johnson. No es extraño que estas naves hayan fascinado a los aficionados al modelismo de todo el mundo. En la red hay numerosas páginas dedicadas a las Águilas, que a estas alturas son ya no sólo un símbolo de Espacio 1999, sino un icono de la ciencia-ficción televisiva.

 
Johnson imaginó una nave de gran versatilidad, a la que pudieran acoplarse diversos módulos, según fuera la misión que tuviera que cumplir en determinado momento. Con una longitud de 25 metros, una Águila podía desmontarse en tres partes principales: el módulo de mando, el cuerpo principal de la nave propiamente dicha y el módulo central. El cuerpo principal integraba los motores a popa, con cuatro toberas de escape de gases, y una pequeña sección habitable a proa, a la que se acoplaba el característico módulo de mando, que albergaba la cabina de pilotaje. Este módulo de mando unido al cuerpo principal es la configuración básica del Águila. El módulo central puede ser de diversos tipos y configuraciones, de forma que, dependiendo del que lleve acoplada en cada momento, tenemos Águilas médicas, exploradoras, de transporte, de combate, etcétera… A menudo, para transportar determinadas clases de carga, tales como contenedores de residuos nucleares, puede acoplársele al Águila una plataforma especial abierta. Las combinaciones posibles son casi infinitas.
 
El módulo central, sea del tipo que sea, suele estar equipado con un corto túnel telescópico, que permite el acoplamiento entre naves para transbordar mercancías o pasajeros. Todas las Águilas, sin excepción, llevan un brazo robot que les permite realizar múltiples tareas en el espacio. Hay también multitud de adminículos ideados para ser empleados por estas portentosas naves. En el episodio NUEVO ADÁN, NUEVA EVA, aparecen unos cohetes especiales, diseñados para aumentar la potencia ascensional de las naves, aunque en el capítulo citado de poco le sirven al pobre Alan Carter, ya que el misterioso Magus impide, con sus extraordinarios poderes, que cualquier nave pueda despegar de Alfa para acudir al rescate de Koenig, Helena, Tony y Maya.

 
El armamento estándar de las Águilas es el socorrido pero siempre eficaz láser. Todas las naves llevan dos proyectores de serie, uno en proa, bajo el morro del módulo de mando, y otro, escamoteable y orientable, en la parte superior de la estructura principal. También pueden armar misiles nucleares y otros tipos de armas de largo alcance, pero, en general, en la serie sólo vimos a estas fabulosas naves combatir con láser. De todas formas, las Águilas solían salir airosas de casi cualquier enfrentamiento con naves alienígenas. Aunque su diseño no era muy aerodinámico, se comportaban bastante bien en vuelo atmosférico. Pero, lógicamente, donde mejores prestaciones podían ofrecer era en el vacío espacial.
 
Johnson tenía muy claro que unas maquetas tan estupendas requerían un diseño de interiores a su altura. No puede negarse que este gran maestro de los efectos especiales pasó la prueba con sobresaliente, porque los decorados interiores de las Águilas fueron realmente insuperables. Vistos hoy, la única pega que se les puede poner es el empleo de monitores de tv en blanco y negro, aunque, por otra parte, éstos también abundaban en la base Alfa. No obstante, algunas naves disponen, en el módulo central, de una gran pantalla a todo color, muy similar al monitor principal del Centro de Mando. El interior de las Águilas se mantendría, más o menos igual, a lo largo de las dos temporadas de que constó la serie. Sólo se efectuaron unos ligeros cambios en los módulos de mando, cosa que puede apreciarse con facilidad comparando cualquier episodio de la primera temporada con otro de la segunda.
 
Curiosamente, no se construyó ninguna maqueta a escala real. De hecho, la mayor Águila construida para el rodaje media apenas un metro de longitud. Se fabricaron, eso sí, docenas de maquetas de diversos tamaños. Las maquetas carecían de piezas móviles, ya que Johnson consideraba que daban demasiados problemas. En cuanto a los materiales utilizados para construirlas, se recurrió a todo: metal, plástico, madera, resina… También hubo que crear un entorno adecuado para ellas en la base. Los hangares de las Águilas son subterráneos, dotados con plataformas elevadoras similares a las de los actuales portaaviones. Estos hangares y plataformas de despegue están magníficamente recreados en la serie, con una perfección técnica y un detallismo que todavía hoy nos dejan perplejos.
 

 
Otro aspecto muy cuidado fue el de las maquetas y decorados que representan planetas en los que se posan las Águilas. Estas escenas fueron de las más costosas de la serie, y algunas eran de una espectacularidad impresionante. Un par de ejemplos: en el clímax de EL GUARDIÁN DE PIRI, de la primera temporada, presenciamos el despegue de docenas de Águilas que transportan a los alfanos que huyen del misterioso planeta a que se refiere el título; en el final del ya citado NUEVO ADÁN, NUEVA EVA, el planeta de Magus comienza a autodestruirse mientras nuestros héroes lo abandonan a bordo de un Águila. Con las actuales técnicas infográficas, estas escenas serían fáciles de filmar hoy día; pero en 1975, a base de maquetas, requirieron mucho dinero y esfuerzo.
 
Espacio 1999 duró poco, pero dejó una huella indeleble en el ánimo de los aficionados españoles. Cuando se estrenó en nuestro país, en 1976, TVE, la única que existía entonces, llevaba tiempo sin emitir nada de ciencia-ficción. Esa circunstancia, unida al hecho de que la serie de los Anderson contara con un diseño de producción muy superior a la media habitual en este tipo de producciones, convirtieron a Espacio 1999 en una de las series más queridas por el público. Su impacto en toda una generación de aficionados a la ciencia-ficción fue muy considerable, y sus dos temporadas, de 24 episodios cada una, fueron emitidas en más de sesenta países con notable éxito. En nuestros días, una legión de seguidores de la serie inundan de contenidos la red. Y entre todas esas páginas y sitios dedicados a la gran creación de Sylvia y Gerry Anderson destacan, por derecho propio, los dedicados a las míticas Águilas diseñadas por Brian Johnson, las naves más originales, elegantes y funcionales de la historia de la ciencia-ficción. Esta serie habría merecido pasar a la historia del género aunque sólo fuera por ellas. Obviamente, Johnson creo muchos otros diseños para Espacio 1999. Pero esa es otra historia de la que hablaremos muy pronto.

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