LECTORES DE BOLSI & PULP:

CONTACTOS:

¡HOLA AMIGOS! ESTAN EN BOLSI & PULP, SITIO IMPERDIBLE PARA AMANTES DEL PULP

¡HOLA AMIGOS! ESTAN EN BOLSI & PULP, SITIO IMPERDIBLE PARA AMANTES DEL PULP
PINCHEN EN LA IMAGEN SUPERIOR Y DISFRUTEN DE NUESTRA VARIADA BOLSITECA

LO MÁS VISTO EN EL BLOG DURANTE ESTA SEMANA ES...

¿QUÉ LIBRO QUIERES VER PUBLICADO EN BOLSI & PULP?

viernes, 6 de febrero de 2015

UN CUARTO DE SIGLO SIN BETTE

 

POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI




Hace un cuarto de siglo, el 6 de octubre de 1989, fallecía en Neuilly, Francia, la gran Bette Davis. De nombre real Ruth Elizabeth Davis, esta chica de Lowell, Massachusetts, nacida un 5 de abril de 1908, fue una de las más grandes estrellas de la pantalla. Veinticinco años después de su muerte, los cinéfilos de todo el mundo han recordado a esta inigualable mujer que marcó toda una época del cine clásico.

Como tantos otros actores, comenzó en el teatro en 1928, empezando a trabajar en el cine con la llegada del sonoro, en producciones Universal aceptables, pero que no tuvieron mucho éxito. De hecho,  fue rechazada  para el film LA CASA DE LA DISCORDIA (A HOUSE DIVIDIDE, William Wyler 1931), porque se presentó a la prueba con un  vestido demasiado revelador, lo que le valió un sarcástico comentario del director sobre esas damas que esperan obtener un papel mostrando sus senos. En realidad, la joven actriz se había vestido apresuradamente, no prestando la atención debida a su indumentaria por puro nerviosismo. Todavía era una novata, pero no tardaría en aprender.

Carl Laemle, a la sazón gran jefe de la Universal y tío de Wyler, no confiaba mucho en ella y estuvo a punto de despedirla, pero se lo pensó mejor cuando Karl Freund, uno de los mejores directores de fotografía que ha dado el cine, comentó que la Davis poseía unos ojos encantadores y muy profundos, además de ser increíblemente fotogénica, lo que la hacía ideal, a su juicio, para interpretar a la protagonista de MALA HERMANA (BAD SISTER, Hobart Henley, 1931). Este fue el film en el que debutó en el cine, que se saldó con un enorme fracaso. LA SEMILLA (SEED, John M. Stahl, 1931), era un poco mejor, pero aquí Bette tenía un rol demasiado secundario y breve para destacar. Otro tanto ocurrió con su intervención en EL PUENTE DE WATERLOO (WATERLOO BRIDGE, James Whale, 1931), en la que tuvo un pequeño papel sin mucha trascendencia. Bette Davis no conseguía hacer despegar su carrera. Laemle, no obstante, la mantuvo en nómina, pero la cedió en préstamo a la Columbia  e incluso a la modesta Capitol Film, compañías en las que rodó un par de películas intrascendentes. En total Davis trabajo en seis títulos Universal durante aquellos años, sin contar las ocasiones en que fue prestada a otros estudios, y en todos ellos su intervención no pasó de aceptable. Esto sería decisivo para que Carl Laemle rescindiera su contrato, pero antes, y por intercesión de George Arliss, que tenía cierta influencia sobre Laemle, protagonizó en el seno de Universal LA OCULTA PROVIDENCIA (THE MAN WHO PLAYED GOD, John G. Adolfi, 1932).


En 1932 formalizó un contrato por siete años con Warner Bros, estudios en los que realizaría algunas de sus mejores películas. La práctica de prestarse estrellas, muy común entre las Majors de la época, le brindaría una oportunidad de oro cuando Warner la cedió a la RKO Radio Pictures para CAUTIVO DEL DESEO (OF HUMAN BONDAGE,  John Cromwell, 1934), adaptación de la genial obra de William Somerset Maugham. El papel de la viciosa y malvada Mildred Rogers había sido rechazado por varias actrices, espantadas ante la idea de encarnar a una mujer tan depravada. Pero Bette, como Hitchcock, pensaba que el mejor papel de una película es el del villano, y vio en ese rol una oportunidad de demostrar su valía. Tanto el equipo técnico como el artístico se mostraron reticentes con ella, pero, tras los primeros días de rodaje, el director de la cinta comprendió que tenía ante sí a una gran actriz y le dio plena libertad para componer el papel. Leslie Howard, que al principio no hizo buenas migas con Bette, acabó admitiendo que era única y a partir de entonces siempre habló muy bien de ella. CAUTIVO DEL DESEO se convirtió en un taquillazo, gracias sobre todo a la memorable actuación de Bette, calificada por la prestigiosa revista Life como la mejor jamás vista en una pantalla cinematográfica. Algo más de una década más tarde, Hollywood produciría un lujoso remake del film de Cromwell, titulado también DESEOS HUMANOS (A HUMAN BONDAGE, Edmund Goulding, 1945), con Paul Henreid, Alexis Smith, Eleanor Parker y Edmund Gwenn, película menos conocida y de inferior calidad que la cinta de 1934.

Aunque todo parecía sonreír a Davis, la Warner se resistía incomprensiblemente a darle papeles de más enjundia. Bette llegó a suplicarle a Jack L. Warner, magnate de los estudios, pero éste se negó a cederla a Columbia para SUCEDIÓ UNA NOCHE (HAPPENED ONE NIGHT, Frank Capra, 1934), papel que la actriz ansiaba interpretar. La cinta fue un gran éxito, pero aunque Claudette Colbert estaba muy bien, sin duda Bette habría dotado al personaje de más encanto y picardía. Warner le impuso UNA MUJER DE SU CASA (HOUSEWIFE, Alfred E. Green, 1934), un film simpático pero insustancial, que no podía compararse ni de lejos con el de Frank Capra. Este hecho y la actitud de Jack L. Warner hicieron que Bette comenzara a replantearse su vinculación profesional con los estudios dirigidos con mano de hierro por ese hombre.
 

El éxito de CAUTIVO DEL DESEO  tuvo una repercusión inesperada en la entonces corta historia de los Oscars. Bette no fue nominada por su interpretación, sin duda la mejor de ese año, muy superior en todo a la de Claudette Colbert en la cinta de Capra. La actriz Norma Shearer, que también había sido nominada, había visto el film de Cromwell y, considerando una injusticia que Bette Davis no fuese candidata a los premios, abanderó una campaña para que la Academia subsanara tan lamentable error, ya señalado por el diario The Hollywood Citizen News. De resultas de ello, el presidente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas declaro que cada miembro del comité elector era libre de escribir en su papeleta su opción personal para los ganadores, aunque escogiese a alguien que no hubiese sido nominado. Esta irregularidad, que sólo se toleró una vez en la historia de la Academia por el escándalo que produjo la exclusión de Bette Davis, impulsaría una reforma en las votaciones, pasando las nominaciones a los Oscars de cada año a ser decididas por los miembros de la Academia de cada especialidad, y no por un pequeño comité. Claudette Colbert obtuvo el premio a la mejor actriz, pero la mejor, en puridad, fue Bette Davis. Un año después Davis obtendría el Oscar como mejor actriz por PELIGROSA (DANGEROUS, Alfred E. Green, 1935), cinta que cosechó muy buenas críticas, pero ella restó importancia al premio, pues consideraba que su mejor interpretación, y por tanto más digna de haber sido premiada, había sido la que realizó en CAUTIVO DEL DESEO, film que siempre recordaría con cariño.
 
A pesar de que su talento estaba siendo reconocido por la crítica, Bette pensaba que la inmensa mayoría de las películas que le ofrecían eran mediocres. Empezaba a valorar la posibilidad de abandonar la Warner, pero estaba sometida a un contrato leonino. A pesar de ello, aceptó protagonizar dos películas en Inglaterra. Sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, Bette actúo imprudentemente, y aunque que pleiteó ante los tribunales británicos en contra de la Warner, la sentencia fue favorable a los estudios. En aquella época los actores sujetos a las productoras por contrato se comprometían a rodar las películas que quisiese el estudio, así que el pleito de Davis no tenía posibilidad de progresar. La actriz hubo de resignarse y volver a Hollywood, dispuesta a reanudar su carrera para recuperarse económicamente, ya que se había quedado prácticamente en la ruina. Curiosamente, Olivia de Haviland tuvo más suerte cuando se enfrentó a la Warner en los tribunales por idénticas razones en 1943, pues ganó el pleito al todopoderoso Jack L. Warner.
El magnate de la Warner podía ser duro e intransigente, pero en su fuero interno sabía que Bette Davis era una muy buena actriz, a la que quería tener en su nómina. Lo cierto es que a Bette no le faltó trabajo y sus siguientes films funcionaron muy bien tanto a nivel de público como de crítica. Wyler, que la había rechazado unos años antes, la dirigiría en la espléndida JEZABEL (ídem, 1938).  Durante el rodaje cristalizaría un romance entre ella y el director del film, a quien llegó a calificar como el amor de su vida, llegando a afirmar que la filmación de JEZABEL había sido el periodo más feliz de su existencia. El drama sureño de Wyler fue todo un éxito, valiéndole a Bette su segundo Oscar como  mejor actriz protagonista. Su personaje en la cinta de Wyler tenía no pocos puntos en común con el de Scarlet O´Hara en LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (GONE WITH THE WIND, Victor Fleming, 1939), papel al que, animada por el triunfo personal que representó para ella JEZABEL, aspiró con el apoyo de Warner. Pero ni ella ni la otra estrella del estudio, Olivia de Haviland, convencieron al megalómano David O. Selznick, aunque Olivia sí que fue seleccionada para encarnar a la dulce y frágil Melanie Hamilton-Wilkes.
 
 

Su siguiente película, AMARGA VICTORIA (DARK VICTORY, Edmund Goulding, 1939), en la que compartió cartel con George Brent, Bogart y Ronald Reagan, también fue un éxito. Fue un rodaje difícil, pues Bette pasaba por graves problemas en su matrimonio con Ham Nelson , un actor cuya carrera no acababa de despegar. Ham había pedido el divorcio, pues sospechaba que Bette mantenía relaciones íntimas con el magnate Howard Hughes. Las tensiones emocionales a que estaba sometida casi provocaron que abandonara la película, pero Hal B. Wallis, productor de la misma, la convenció para que aprovechara aquella situación personal, canalizando la angustia que sentía y vertiéndola en su interpretación. El resultado fue asombroso. Con AMARGA VICTORIA, una de las cintas más taquilleras de aquel año, consiguió otra nominación a los Oscars, y muchos años después Bette recordaría el papel de Judith Traherne como su preferido.
 

Tras protagonizar LA SOLTERONA (THE OLD MAID, Edmund Goulding, 1939) y JUÁREZ (Ídem, William Dieterle, 1939),   Bette asumió un rol muy complicado en LA VIDA PRIVADA DE ELIZABETH Y ESSEX (THE PRIVATE LIVES OF ELIZABETH AND ESSEX, Michael Curtiz,  1939), que la emparejó con Errol Flynn. Tenía cierto reparo e inseguridad al interpretar a una mujer de sesenta años, pero un consejo de Charles Laughton le infundió una gran confianza en sí misma, lo que tendría un efecto muy positivo tanto en su papel en aquel film como en su carrera posterior, y Davis siempre le estuvo agradecida al gran actor británico por sus palabras de aliento.
 

Jack L. Warner, como todos los magnates de la industria cinematográfica, no sabía dirigir una película y mucho menos actuar, pero conocía a la perfección los entresijos del negocio y, lo que es aún más importante,  reconocía a una estrella cuando la veía, aunque ni siquiera hubiera aparecido en un film. Su apuesta por Bette Davis se tradujo en una popularidad increíble para la actriz, que se convirtió en la principal intérprete femenina del estudio, llegando a ser considerada como el quinto hermano Warner, en alusión a Harry, Sam y Albert,  los tres hermanos de Jack, que desempeñaban importantísimas funciones en el seno de la Warner Bros. No se sabe lo que opinaba Jack de esto, pero considerando que Bette era su estrella más rentable, lo más probable es que se sintiera muy satisfecho. El magnate promocionó ampliamente a Davis, proporcionándole papeles memorables en EL CIELO Y TÚ (ALL THIS, AND HEAVEN TOO,  Anatole Litvak, 1940), una de las cintas más taquilleras de la Warner, y en LA CARTA (THE LETTER, William Wyler, 1940).  En ésta última mantuvo un affaire con su compañero de reparto, George Brent, quien por lo visto llegó a proponerle matrimonio, pero Davis le rechazó porque estaba enamorada de Arthur Farnsworth, un hostelero de Nueva Inglaterra con el que se casaría en Arizona en diciembre de 1940, una vez que se hubo divorciado de Nelson. En LA LOBA (THE LITTLE FOXES, William Wyler, 1941), producción  de Samuel Goldwyn, Davis dio vida a la perversa Regina Giddens, que había sdo encarnada en el teatro por esa otra gran actriz que fue Tallullah Bankhead. Su composición del personaje había sido tan memorable, que Bette se propuso basarse en ella para la película. Wyler, consciente de que la actuación de la Bankhead había resultado algo escabrosa, por decirlo de alguna manera, insistió en suavizar un tanto a Regina. Esto provocó un enfrentamiento entre director y actriz. Wyler se salió con la suya, pero en contrapartida se enemistó con Bette, que nunca más quiso volver a trabajar a sus órdenes. Y eso que con LA LOBA obtuvo una nueva nominación al Oscar a la mejor actriz protagonista. En esta época Bette accedió a la presidencia de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, siendo la primera mujer en ocupar tal puesto. Pero su fuerte carácter y sus propuestas, un tanto revolucionarias, le granjearon la enemistad de los miembros del comité, y ante el cariz que tomaban las cosas, optó por renunciar al cargo, que fue ocupado por el inteligente productor Walter Wanger. Evidentemente, la Adademia era demasiado conservadora en aquellos años para ser presidida por alguin como Bette Davis, una mujer de acusada personalidad, que sabía muy bien lo que quería y que no se dejaba manipular.

 
Además de una actriz sencillamente genial, Bette Davis fue también una gran patriota. Consciente de que su popularidad le daba gran ascendiente sobre el público, apenas Estados Unidos entró en el conflicto mundial, tras el cobarde y ruin ataque a Pearl Harbor, se volcó en el apoyo al esfuerzo de guerra y en la venta de bonos para financiar la misma. Bette Davis fue, si mis datos son correctos, la personalidad de Hollywood que más dinero consiguió recaudar, pues en tan sólo dos días vendió bonos de guerra por valor de dos millones de dólares… de los de 1942, no lo olvidemos. Incluso parece que consiguió otro cuarto de millón de dólares por una foto suya firmada del rodaje de JEZABEL.

 
El ejemplo de la comunidad hollywoodense durante la II Guerra Mundial fue modélico, en las antípodas de la cínica y cómoda actitud políticamente correcta de posteriores generaciones de profesionales del cine. Tanto actores como directores y productores sirvieron en las Fuerzas Armadas, muchos como combatientes, destacando entre éstos últimos James Stewart, Clark Gable y Robert Montgomery. Otros muchos colaboraron emprendiendo diversas actividades para apoyar a las tropas. John Garfield, uno de los más representativos actores del cine negro, sugirió que sería muy positivo abrir una cantina para soldados en Hollywood, y Bette acogió el proyecto con entusiasmo. Obtuvo la colaboración  de Cary Grant e incluso Warner Bros apoyó el proyecto, contribuyendo al mismo con una importante suma. La cantina de Hollywood se inauguró el 2 de octubre de 1942. Sita en un antiguo club nocturno, ofreció sano entretenimiento a los soldados destinados al frente. Toda la comunidad hollywoodense contribuyó en mayor o menor medida,  muchas grandes estrellas actuaron para las tropas y varias de ellas, incluida Bette, donaron grandes cantidades de dinero al proyecto. Se filmó una película de propaganda, LA CANTINA DE HOLLYWOOD (HOLLYWOOD CANTEEN, Delmer Daves, 1944)  que fue rodada íntegramente en el local del título y en la que Bette se interpretó a sí misma. De todas formas, la idea de John Garfield y Bette Davis tampoco era original. Poco antes se había estrenado TRES DÍAS DE AMOR Y DE FE (STAGE DOOR CANTEEN, Frank Borzague, 1943), cinta ambientada en una cantina similar para soldados ya existente en Nueva York, dirigida por Katharine Hepbur, en la que Johnny Weismüller  (Tarzán) servía las mesas a pecho descubierto, mientras un tropel de artistas, entre los que destacaba el español Xavier Cugat y su orquesta, deleitaban a la concurrencia. En este tipo de establecimientos la única bebida alcohólica que se servía era cerveza y  las consumiciones, incluidos los bocadillos, eran gratis. Las voluntarias que prestaban servicio en ellos debían observar la norma de no relacionarse demasiado íntimamente con los soldados; no obstante esto, surgieron numerosos idilios, algunos de los cuales cristalizaron en boda. Estos locales se sostenían gracias a las contribuciones económicas de empresas y particulares, y en la práctica contribuyeron a animar algo a las tropas, a la vez que trataban de alejar a los soldados de otro tipo de establecimientos, especializados en vaciarles los bolsillos ofreciéndoles sexo y alcohol a raudales. Bette reconocería que pocas cosas en su vida habían sido tan gratificantes como poner en marcha la cantina de Hollywood. Cuarenta años después sería condecorada por el Ejército estadounidense con la medalla al Servicio Civil por su desinteresada labor. Durante los años de la guerra, a pesar de su implicación en el apoyo a los soldados, no descuidó su carrera, protagonizando films excelentes, como la comedia navideña EL HOMBRE QUE VINO A CENAR (THE MAN WHO CAME TO DINNER, William Keighley, 1942) y VIEJA AMISTAD (OLD ACQUAINTANCE, Vincent Sherman, 1943), cinta que conocería una versión posterior e inferior, RICAS Y FAMOSAS (RICH AND FAMOUS, George Cukor, 1981), con Jacqueline Bisset y Candice Bergen en los roles que bordaron Bette Davis y Miriam Hopkins, y que sería la película con la que su director cerraría su dilata filmografía.

 
Aparte de interpretaciones inolvidables en cintas como LA EXTRAÑA PASAJERA (NOW, VOYAGER, Irving Rapper, 1942), Bette, como la mayoría de actores, protagonizó cintas de propaganda durante la guerra, films coyunturales, sin demasiados rasgos distintivos, pero aun así estimables, como por ejemplo ALARMA EN EL RHIN (WATCH ON THE RHINE, Herman Shumlin, 1943). La muerte del que por aquel entonces era su marido, acaecida en agosto de 1943, fue un duro golpe para ella, que se tradujo en un visceral enfrentamiento con Vincent Sherman, director de EL SEÑOR SKEFFINGTON (Mr. SKEFFINGTON, 1944), aunque más tarde admitió que la tensión que caracterizó el rodaje se debió exclusivamente a ella, que estaba como perdida por su desgracia personal. La película recibió críticas para todos los gustos, pero tuvo una buena acogida y le valió una nueva nominación al Oscar. En 1945 rehízo un poco su vida personal al contraer matrimonio con Willian Grant Sherry, un artista que no sentía ningún interés por el cine y que ni siquiera sabía que ella era una gran estrella.  Por aquel entonces rechazó el rol principal en ALMA EN SUPLICIO (MILDRED PIERCE, Michael Curtiz, 1945), obra importantísima del cine negro, prefiriendo trabajar en EL TRIGO ESTÁ VERDE (THE CORN IS GREEN, Irving Rapper, 1945), basada en una obra teatral de Emilyn Williams que había interpretado en los escenarios la gran Ethel Barrymore, y que conocería una nueva versión de Cukor protagonizada por la sin par Katharine Hepburn en 1979. ALMA EN SUPLICIO fue otro gran éxito de taquilla y crítica, pero todo buen cinéfilo no puede dejar de preguntarse cómo habría estado Bette en la piel de Mildred Pierce en el film de Curtiz, considerando que era mejor actriz que la Crawford.  

 
Casi todos los actores y directores de Hollywood trataron de independizarse de los grandes estudios, y aunque muchos no lo lograron, algunos crearon sus propias productoras para llevar a la pantalla las historias que les interesaban. Así, por ejemplo, Humphrey Bogart creó Santana Productions (a partir de la reconversión de la productora de Mark Hellinger tras la muerte de éste),  John Wayne Batjack, John Garfield (en asociación con otros) Enterprise y  Howard Hawks Armada. Davis fundo la BD Productions, cuya única cinta sería UNA VIDA ROBADA (A STOLEN LIFE, Curtis Bernhardt, 1946), en la que Bette se metió en las pieles de dos hermanas gemelas.  A pesar de las malas críticas recibidas, la película funcionó relativamente bien en taquilla, todo lo contrario que la más ambiciosa ENGAÑO (DECEPTION, Irving Rapper, 1946), lo que viene a probar, por enésima vez, que público y crítica se mueven en espacios muy distintos.  AMOR QUE MATA (POSSESSED, Curtis Bernhardt,  1947) había sido concebida para ella, pero al estar embarazada se retiró temporalmente, de forma que el rol recayó en Joan Crawford, que obtuvo una nominación a los Oscars por su interpretación. A todo esto, Bette, influenciada sin duda por su embarazo, llegó a plantearse la posibilidad del retiro, pero su matrimonio, en principio feliz, empezaba a hacer aguas por todas partes, así que decidió proseguir con su carrera, que sería lo más importante para ella después de su familia.
 

REUNIÓN DE INVIERNO (WINTER MEETING, Bretaigne Windust, 1948), donde compartió protagonismo con el joven galán Jim Davis, que treinta años después alcanzaría fama mundial como el padre de JR en la exitosa serie de televisión Dallas, se saldó con un merecido fracaso, pues era una plomiza historia que no acabó de funcionar y generó unas pérdidas cercanas al millón de dólares. NOVIA DE JUNIO (JUNE BRIDE, Bretaigne Windust, 1948), una comedia aceptable, la enemistó con el actor Robert Montgomery, al que acusó de ladrón de escenas. Luego vendría MÁS ALLÁ DEL BOSQUE (BEYOND THE FOREST, King Vidor, 1949), que Davis se avino a protagonizar a regañadientes, más que nada porque la Warner se había negado a seguir sus sugerencias respecto al papel que debía interpretar. La película es muy buena, pero siempre sería una de las menos apreciadas por Bette. No quiso trabajar en SIN REMISIÓN (CAGED, John Cromwell, 1950), film ambientado en una prisión femenina, pues según su criterio en el guión se sugerían ciertos tintes lésbicos que no eran de su agrado.  El papel de Rose Sayer en LA REINA DE ÁFRICA (THE QUEEN OF AFRICA, John Huston, 1951) también estaba pensado para ella, pero cuando supo que el rodaje iba a realizarse en la mismísima África declinó hacerlo, pues no le apetecía emprender un viaje tan largo para trabajar en unas condiciones tan primitivas. Katharine Hepbur la sustituyó, y el relato de sus peripecias durante la accidentada filmación interesó mucho a Bette y le confirmó que había hecho bien rechazando ese trabajo.  Tras el estreno de MÁS ALLÁ DEL BOSQUE había pedido a la Warner que la liberara de su contrato y, curiosamente, el estudio accedió a sus pretensiones poco después. A partir de ese momento Bette Davis trabajaría como actriz independiente.

 
Tras LA EGOÍSTA (PAYMENT ON DEMAND, Curtis Bernhardt, 1950), una producción RKO a su medida, Bette recibió una oferta de Darryl Zanuck, Gran Jefe de la Fox, que le ofreció el que sin duda sería el papel más emblemático de su carrera, el de la actriz teatral Margo Channing en EVA AL DESNUDO (ALL ABOUT EVE, Joseph Leo Mankiewicz, 1950). El film iba a ser protagonizado por Claudette Colbert, quien por lo visto se lesionó una pierna y no pudo seguir. Esa fue la explicación oficial, pero todo apunta a que Zanuck, un viejo zorro del cine, quería a Davis por encima de todo. Así que, aunque no hubiese mediado la oportuna lesión de Colbert, es casi seguro que Zanuck habría encontrado la manera de darle a Bette el protagonismo de su producción. Durante la filmación entabló una buena amistad con Anne Baxter  (con la que coincidiría muchos años después en la serie Hotel) y comenzó una relación con Gary Merrill, que se concretaría en matrimonio poco después, tras divorciarse de William Sherry. En cuanto a la cinta, obtuvo los aplausos de crítica y público, revelándose como una obra maestra con mayúsculas, que le valió a Bette varios premios y grandes elogios. Mankiewicz dijo de ella: nadie podría haber interpretado a Margo Channing con tanta convicción como Bette; palabras que probablemente no fueron del agrado de Claudette Colbert. Lo cierto es que resulta muy difícil imaginarse a Margo con otro rostro, y cabe preguntarse si la película hubiera funcionado igual con la Colbert de protagonista.       

 
Tras su matrimonio con Merrill, la familia, compuesta por la pareja y la hija de Bette, y engrosada por un nuevo miembro, una niña adoptada a la que llamaron  Margot (¿?), se trasladó a Gran Bretaña. Allí Bette y Gary protagonizarían VENENO PARA TUS LABIOS (ANOTHER MAN´S POISON, Irving Rapper, 1951), un rutinario thriller que apenas tuvo éxito, pese a tratarse de un film aceptable dentro de su mediocridad. De vuelta a USA la pareja adoptó un niño, Michael.  La carrera de Bette parecía haberse estancado, pues LA ESTRELLA (THE STAR, Stuar Heisler, 1952) tampoco funcionó bien en taquilla, pese a que la actriz fue nominada de nuevo por su trabajo en esta cinta. Volvió a trabajar con Merrill en LLAMADA DE UN DESCONOCIDO (PHONE CALL  FROM A STRANGER, Jean Negulesco, 1952) y las cosas fueron un poco mejor, pues la cinta tuvo una buena acogida, y otro tanto ocurrió con EL FAVORITO DE LA REINA (THE VIRGIN QUEEN, Henry Koster, 1955). De todas formas, comenzó un periodo gris en su vida, marcado por la enfermedad de su hija Margot, que hubo de ser ingresada en una clínica especializada, y los constantes desacuerdos y peleas con su esposo. Las películas que hizo durante esta etapa apenas merecen mención, aunque algunas de ellas fueran aceptables. Sus desavenencias con Gary desembocaron en divorcio en 1960, y apenas un año después falleció la madre de la actriz. La supuesta decadencia de la otrora gran señora de la pantalla parecía confirmarse por su decisión de aparecer en algunos episodios de las populares series televisivas Perry Mason y Caravana, trabajos eminentemente alimenticios. Pero cuando Frank Capra la eligió para encarnar a Annie manzanas en UN GÁNGSTER PARA UN MILAGRO (POCKETFUL OF MIRACLES, 1961), nueva versión de DAMA POR UN DÍA (LADY FOR A DAY, 1935), uno de los grandes éxitos del director en los años 30, todo cambió y Bette inició una nueva etapa en su vida profesional. Después vendría ¿QUÉ FUE DE BABY JANE? (WHAT EVER HAPPENED BABY JANE?, Robert Aldrich, 1962), una de las películas más taquilleras de aquel año y cuyos resultados beneficiaron extraordinariamente a la actriz. El astuto Aldrich aprovechó para trasladar a la pantalla la rivalidad existente entre Bette Davis y Joan Crawford, que encarnaban a dos hermanas de cierta edad, antiguas actrices, que se veían obligadas a vivir juntas a pesar de odiarse mutuamente. ¿QUÉ FUE DE BABY JANE? devino en un éxito, pero también  acrecentó la inquina personal entre Davis y Crawford. La enemistad entre las actrices alcanzaría cotas nunca vistas, pues una despectiva Bette llegó a decir que Joan Crawford se había acostado con todo Hollywood… menos con la perrita Lassie. Se aborrecerían durante el resto de sus vidas.

 
La excelente acogida de ¿QUÉ FUE DE BABY JANE? animó a Aldrich a realizar una especie de continuación, para la que contaba nuevamente con las dos actrices.   Ambas aceptaron pero, poco después de iniciarse el rodaje,  la Crawford lo abandonó pretextando una enfermedad, aunque lo más probable es que se marchara para no llegar a las manos con Bette, que según parece le lanzaba unas invectivas que hacían sonrojar a los miembros del equipo técnico. El público salió ganando, pues la Crawford fue reemplazada por Olivia de Haviland, una actriz mucho más competente que ella. Completaban el reparto Joseph Cotten y otras dos damas de la escena, Agnes Morehead y Mary Astor, más un principiante Bruce Dern, que tenía un papel pequeño pero destacado. CANCIÓN DE CUNA PARA UN CADÁVER (HUSH… HUSH, SWEET CHARLOTTE, Robert Aldrich, 1964) fue un taquillazo.   La carrera de Bette semejaba haber sido relanzada, pues era como si, en plena madurez, hubiera encontrado un nuevo filón interpretativo dando vida a mujeres conflictivas entradas en años.  Tal impresión pareció confirmarse cuando la productora británica Hammer Films requirió sus servicios para A MERCED DEL ODIO (THE NANNY, Seth Holt, 1965), cinta que se apartaba de la especialización del Estudio inglés en el cine de terror, pues se trataba de un tenso thriller de suspense ambientado en el Londres contemporáneo. La película, tan modesta pero eficaz como cabe esperar de una producción Hammer, se rodó en blanco y negro en plenos años 60, pero eso contribuyó a otorgarle un cierto hálito inquietante. Bette Davis estuvo magistral como la siniestra niñera del título,  e incluso  Jimmy Sangster  incluyó una especie de guiño u homenaje a la espléndida LA LOBA en el guión,  posiblemente para honrar a la gran actriz americana. De Seth Holt diría Bette: es el director más despiadado con el que he trabajado, dejando aparte a William Wyler. Los buenos resultados del film de Holt determinaron que Davis protagonizara otra película Hammer, una especie de comedia negra con toques trascendentales titulada EL ANIVERSARIO (THE ANIVERSARY, Roy Ward Baker, 1968). Funcionó bien, pero, en cierto modo, vino a ser algo así como el canto del cisne de Bette Davis, pues su carrera cinematográfica se estancó definitivamente. Apareció en algunas películas de televisión, medio en el que ya había hecho sus pinitos en las series Caravana y Perry Mason, pero sus colaboraciones en la pantalla grande se redujeron a roles secundarios en algunas cintas no demasiado conocidas, a excepción hecha de MUERTE EN EL NILO (DEATH ON THE NILE, John Guillermin, 1978), adaptación de la novela Poirot en Egipto de Agatha Christie, con un reparto de veteranas estrellas  compuesto por Peter Ustinov,  George Kennedy, Maggie Smith, Angela Lansbury, David Niven, Jack Warden, John Finch y Harry Andrews, y completado con actores relativamente jóvenes como Lois Chiles, Simon MacCorkindale, Mia Farrow y Jane Birkin. Poco antes de participar en esta película, Bette había sido la primera mujer premiada por el American Institute Film por su trayectoria profesional, en una gala televisada en la que intervinieron algunas de las mayores personalidades del Hollywood clásico, entre ellas William Wyler.
 

Aunque ya no era la gran estrella de antes, sus últimos años estuvieron marcados por sus constantes apariciones en la pequeña pantalla y en alguna película, a pesar de su delicado estado de salud. En el tramo final de su vida sería distinguida con la Legión de Honor del gobierno francés, el premio a toda una vida del John Fitzgerald Kennedy Center, el de la Sociedad Fílmica del Abraham Lincoln Center y el Donostia del Festival de cine de San Sebastián. Hallándose en esta ciudad española comenzó a sentirse mal. Los médicos le aconsejaron no emprender el largo viaje de regreso a Estados Unidos, así que se dirigió a Francia, ingresando en el Hospital Americano de Neully-sur-Seine, donde falleció el 6 de octubre de 1989 a los 81 años de edad, víctima de un cáncer de mama. Sus restos mortales fueron enviados a USA y hoy reposan en el Forest Lawn-Hollywood Hills Cemetery de Los Angeles.




Bette Davis en el cine negro

 
Persona de  carácter fuerte, actriz difícil en el trato, Bette Davis siempre mostró preferencia por interpretar roles de mujer fría y calculadora,  decidida a todo, incluso a llegar al crimen,  para alcanzar sus objetivos.  Consciente de que ese tipo de papeles, que espantaban a muchas actrices, eran los verdaderamente difíciles,  se empeñó en interpretarlos con esa fuerza y esa convicción que sólo ella era capaz de imprimir a tales féminas, provocando que al espectador le resultaran tan repulsivas como interesantes. Esa cualidad de Bette como actriz se reflejó en parte en la Julie de JEZABEL, y sobre todo en la Regina Giddens de LA LOBA, tal vez los dos films por los que es más recordada, obviando la Margo Channing de EVA AL DESNUDO, que sería el gran papel de su vida. Pero Bette tuvo una presencia importante en el cine negro, sobre todo durante su etapa primigenia, la de los años 30, que coincidió con los inicios de su carrera profesional. Así, fue Fay Wilson, la novia de  (Spencer Tracy) en 20.000 AÑOS EN SING SING (20.000 YEARS AT SING SING, Michael Curtiz, 1932), que hacía lo posible por sacarle de la cárcel para que no pagará por un crimen que ella había cometido por defenderle. También tendría un rol destacado en AGENTE ESPECIAL (SPECIAL AGENT, William Keighley, 1936) como Julie Carston, contable de un gangster, que ayudaba a un periodista infiltrado en la organización criminal. En EL BOSQUE PETRIFICADO (THE PETRIFIED FOREST, Archie Mayo, 1936) estuvo magnífica como Gabrielle Maple, la hija del dueño de una aislada gasolinera-restaurante, que soñaba con ser pintora y se veía atrapada por los turbios manejos de un pistolero al que daba vida Humphrey Bogart. Alcanzó el protagonismo absoluto en LA MUJER MARCADA (MARKED WOMAN,   Lloyd Bacon, 1937), donde encarnaba a Mary Dwight, una chica de club de alterne víctima propiciatoria de la violencia gangsteril. Y poco después asumiría el rol de Louise Fluff Phillips, amante de un manager de boxeo interpretado por Edward G. Robinson, y atraída sexualmente por el púgil que daba título a la película en KID GALAHAD (Ídem, Michael Curtiz, 1937), una interesantísima cinta ambientada en un submundo deportivo muy tratado por el cine negro, con  Humphrey Bogart en uno de sus memorables papeles de villano.

 
Pero la que quizá fue su mejor composición para el cine negro es la de Leslie Crosbie en LA CARTA (THE LETTER, Wyliam Wyler, 1940), espléndido film noir etiquetado erróneamente por algunos como un simple drama. Davis interpretó a una de las mujeres fatales más emblemáticas del cine negro en esta cuidada adaptación de la novela de Maugham. Esta película fue durante mucho tiempo la última obra negra de Bette, que poco a poco fue despojándose de su glamour y decantándose por composiciones actorales aún más agresivas, combinando la seducción femenina con miradas penetrantes y envolventes, acentuadas por enérgicos y despectivos movimientos de barbilla. Su belleza un tanto ambigua, y un cierto aire de fragilidad que matizaba, en parte, su imagen de fémina destructora, eran ideales para convertirla en estrella absoluta del melodrama, género en el no tuvo rival. No obstante, regresó al noir al menos en una ocasión, cuando protagonizó MÁS ALLÁ DEL BOSQUE (BEYOND THE FOREST, King Vidor, 1949), donde las características que determinaron su triunfo absoluto en el melodrama reaparecerían con tintes inequívocamente negros. Su participación en tan singular movimiento cinematográfico quizá fue corta en títulos, pero éstos tienen una importancia capital en la historia del cine negro, por lo que Bette Davis debe ser recordada también como una de las actrices más representativas de ese espléndido e irrepetible movimiento cinematográfico.


Antonio Quintana
Febrero de 2015

No hay comentarios.: