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lunes, 8 de junio de 2015

GENTE DE INVERNADERO


POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Siempre que me propongo reseñar una obra de Carrigan, la releo antes, aunque esté seguro de acordarme bien de la trama. Y siempre me pasa lo mismo: la disfruto tanto o más que la primera vez que la leí. “Gente de invernadro”, nº 136 de “La Huella”, aparecida en 1977 pero publicada originalmente por Rollan en 1972, no fue una excepción. Su intrigante argumento me enganchó desde la primera página, a pesar de conocer ya el desenlace. Ahí reside la gran virtud de Lou como novelista. Sus obras son como esas películas que uno no se cansa de ver una y otra vez.
 
El protagonista de la novela es Mike Marsh, uno de esos simpaticotes agentes del FBI que poblaron muchos de los relatos del Maestro barcelonés. Marsh languidece en la delegación del FBI de Syracuse, estado de New York, una pequeña agencia del buró donde reina la calma, porque en esa tranquila población no hay demasiados delitos que digamos. Marsh sueña con resolver uno de esos casos fabulosos con gran proyección mediática, pues, como es lógico, desea hacer carrera en el FBI. Además es un gran admirador de Sheila Carroll, una bellísima actriz teatral, de la que por otra parte está irremediablemente enamorado. Y he aquí que la señorita Carroll acude al FBI en demanda de ayuda. Resulta que la actriz, decidida a comprar una casa, respondió a un anuncio puesto por un tal señor Whitaker. La casa que éste había puesto a la venta fue del agrado de la señorita Carroll, que pagó al señor Whitaker con un cheque por valor de 55.000 dólares. Convinieron en verse a la mañana siguiente en la casa, donde Whitaker la esperaría con la escritura de venta. Pero cuando Sheila hizo acto de presencia, el señor Whitaker no estaba. El ama de llaves, una tal señora Cavendish, dijo a Sheila que Whitaker no había pasado la noche en la casa. Pero su coche seguía allí, en el garaje. Sheila insiste en que Whitaker le dio una buena impresión. No así los dos hombres que llegaron cuando ella ya se despedía de él. Esos hombres, que parecían un tanto irritados, le provocaron un estremecimiento a la muchacha, pues la verdad es que eran muy mal encarados. Al día siguiente, al no encontrar a Whitaker en la casa, como habían acordado, Sheila Carroll empezó a preocuparse y decidió recurrir al FBI.
 
Mike Marsh no oculta su satisfacción. ¡Ahí es nada conocer en persona a la hermosísima y adorable Sheila Carroll! Pero también es un avezado G-man y comienza sus investigaciones asistido por sus compañeros de la delegación de Syracuse. Aunque en un principio no avanza demasiado, su sexto sentido de agente federal le dice que allí ocurre algo muy extraño. Valora la posibilidad de que Whitaker haya estafado a la señorita Carroll, dándose a la fuga después. Pero las piezas del rompecabezas no acaban de encajar. Marsh, que con todo es un hombre sensible, amante de las flores, admira el invernadero que posee la mansión, unido a ésta por un pasaje subterráneo. Pero en ese invernadero hallará la primera pista importante para resolver el caso, en forma de tres cadáveres cosidos a balazos y enterrados bajo algunos macizos de flores.


Carrigan nos ofrece en esta novela uno de sus estupendos relatos policiales, con mucho suspense, fino humor, diálogos chispeantes y algo de acción. En definitiva: cien por cien Lou Carrigan. “Gente de invernadero” es un relato de puro entretenimiento, que satisfará sin duda a los fans de los bolsilibros y a los miles de seguidores del mejor autor de novela popular: Antonio Vera Ramírez. Lou Carrigan.


Antonio Quintana

2 comentarios:

José A. García dijo...

No hay caso, habrá que leerla... Cuando la encuentre en BsAs...

Saludos

J.

ODISEO dijo...

¡Lou Carrigan nunca decepciona con un libro!

Abrazos desde Chile.