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martes, 17 de marzo de 2015

ADIÓS A SILVER KANE






Fue uno de los autores de bolsilibros más populares, uno de aquellos estupendos escritores que pergeñaron cientos de relatos de diversos géneros, con el único propósito de ofrecer al público una lectura sana e intrascendente, unas horas de simple evasión. Francisco González Ledesma, Silver Kane en el grueso de su producción bolsilibresca y Rosa Alcázar en la novela rosa, acaba de dejar el mundo de los vivos. Durante unos días, la prensa española se ha llenado de artículos de opinión glosando su figura. Unos, los menos, elogiaron sinceramente su digna labor como autor de novelas de quiosco, y con esos debe quedarse el buen aficionado a la literatura popular, pasando olímpicamente de los otros artículos, aquellos escritos por encargo, sólo para cobrar la colaboración en tal o cual periódico, y en los que ciertos “culturetas” hacen un “emocionado” he  hipócrita panegírico de un novelista que no se plegó a los dictados de la sectaria intelectualidad española. Porque González Ledesma, que desarrolló una interesante carrera como novelista “serio”, jamás renegó de Silver Kane, su “alter ego” bolsilibresco, declarándose orgulloso de su trabajo bajo tal seudónimo. En la historia española  hubo autores que, por diversas circunstancias, se vieron obligados a escribir “novelas de a duro” para salir adelante. Pero cuando algunos de ellos alcanzaron cierto estatus en el mundillo de las letras, trataron de ocultar su anterior condición de autores de bolsilibros, como si se avergonzaran de ello. González Ledesma, por el contrario, ondeo siempre bien alto el pabellón de Silver Kane, consciente de cuánto le debía a éste. Porque trabajando bajo la firma de Kane aprendió los fundamentos del arte de novelar, ganó dinero que le permitió estudiar una carrera y ayudar a su familia, y contribuyó a hacer un poco más llevaderas las grises vidas de cientos de miles de españoles. Por eso, aunque no era uno de mis autores preferidos, siempre le tendré una especial consideración.


Como Silver Kane dio a la imprenta, a lo largo de varias décadas, cientos de bolsilibros,  destacando los que dedicó al género Oeste, en el que fue sin duda uno de los grandes. Pero, en mi humilde opinión, sus mejores novelas de quiosco fueron las de tema policial y que, publicadas principalmente en las colecciones “Punto Rojo” y “Servicio Secreto” de Bruguera, presagiaban ya su triunfo como autor de novela policiaca de más enjundia. Y aunque la mítica editora barcelonesa no tenía especial apego por las series, por las novelas protagonizadas por un mismo personaje, su genial creación de Clive, héroe de muchas de sus obras policiales, contribuiría a convertirle en uno de los más afamados cultivadores del género policiaco.





Un colaborador de cierto diario se lamentaba por haberse deshecho, tiempo atrás, en un arranque de esnobismo seudocultural,  de la cincuentena de novelas de Kane que poseía. Por mi parte, y aunque con el tiempo mis lecturas se hicieron más serias y profundas, nunca renegué de esos escritores con los que comencé mi andadura por el fascinante mundo de la literatura. A día de hoy poseo una extensísima biblioteca de bolsilibros, o “novelas de a duro”, como las llamaban entonces un tanto despectivamente. Me confieso un estudioso de la novelística popular española, y en mi fondo sobre el tema figuran 87 títulos de Silver Kane, principalmente policiales y del Oeste, aunque también poseo algunos de terror y ciencia ficción. Mi preferencia por otros autores responde exclusivamente a cuestiones de gusto personal, razón por la que las obras de Kane ocupan en mi biblioteca un lugar secundario. Lo cual no es óbice para que reconozca su enorme valía profesional, mucho más notoria, a mi juicio,  en su vasta producción bolsilibresca que en sus más prestigiosas obras posteriores. En todo caso, González Ledesma es digno de admiración en sus dos vertientes profesionales, la de autor de bolsilibros y la de escritor “serio”. Descanse en paz. Nosotros seguiremos disfrutando de su buen hacer literario.


Antonio Quintana
Marzo de 2015



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