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miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL CUARTO PODER

 
 

 
 
 

USA/1952
TÍTULO ORIGINAL: DEADLINE USA
DIRECCIÓN: Richard Brooks
GUIÓN: Richard Brooks
FOTOGRAFÍA: Milton Krasner
MÚSICA: Cyril Mockridge y Sol Kaplan
PRODUCCIÓN: Sol C. Siegel para 20th Century-Fox

REPARTO: Humphrey Bogart (Ed Hutchinson); Ethel Barrymore (Margaret Garrison); Kim Hunter (Nora Hutchinson); Martin Gabel (Thomas Rienzi); Ed Begley (Frank Allen); Paul Stewart (Harry Thompson); Joseph De Santis (Herman Schmidt); Joyce Mackenzie (Katharine Garrison-Geary); Fay Barker (Alice Garrison-Courtney); Audrey Christie (Wilebrandt); Jim Bakus (Cleary).

SINOPSIS
“The Day”, el único diario independiente de la ciudad, está a punto de ser absorbido por una gran cadena, lo que significará su desaparición como voz crítica en el panorama periodístico. Su director, Ed Hutchinson, decide que su periódico será fiel hasta el final a su política informativa, caracterizada por su búsqueda incansable de la verdad caiga quien caiga. Hutchinson pretende lanzar una última edición espectacular, ofreciendo a los lectores información veraz y contrastada sobre los manejos de Thomas Rienzi, jefe del Sindicato del Crimen local, que ha sido investigado infructuosamente por el Senado en dos ocasiones. La aparición de una chica muerta, asesinato cometido por orden de Rienzi, es aprovechada por Hutchinson para llevar a cabo una pormenorizada investigación de las actividades del mafioso, lo que empuja a éste a poner a Hutchinson y su periódico en el punto de mira. Por otra parte, la viuda del dueño de “The Day” intenta adquirir el diario para preservar su integridad, cosa que molesta mucho a sus dos reaccionarias hijas, que pretenden venderlo a una gran cadena no sólo para obtener dinero, sino para destruir un periódico progresista por el que no sienten ningún respeto. Hutchinson y la señora  Garrison darán la última batalla de “The Day”, demostrando un coraje y una decisión extraordinarios, haciendo frente a fuerzas muy superiores a ellos en todo, menos en el aspecto moral.

Una prensa libre, igual que una vida libre, siempre es arriesgada.

Ed Hutchinson (Humphrey Bogart)

 
 
El actor más importante y representativo del cine negro fue Humphrey Bogart, de eso no cabe la menor duda. Durante los años 30, y sobre todo tras su genial encarnación del cruel pistolero Duke Mantee en EL BOSQUE PETRIFICADO (THE PETRIFIED FOREST,  Archie Mayo, 1936)— film en el que intervino a instancias de Bette Davis, que había quedado visiblemente impresionada por su actuación en el mismo rol en los escenarios teatrales— apareció en  infinidad de títulos, casi siempre como el gangster destinado a terminar sus días acribillado a balazos, ya fuera por Edward G. Robinson en BALAS O VOTOS (BULLETS OR BALLOTS, William Keighley, 1936),  por Joel McCrea en CALLE SIN SALIDA (DEAD END, William Wyler, 1937) o por James Cagney en LOS VIOLENTOS AÑOS VEINTE (THE ROARING TWENTIES,  Raoul Walsh, 1939). Curtido en mil lances cinematográficos, Bogart, uno de los poquísimos actores al que no le preocupaba morir en pantalla, alcanzó el protagonismo en parte gracias a este detalle. George Raft iba a protagonizar EL ÚLTIMO REFUGIÓ (HIGH SIERRA, Raoul Walsh, 1941), pero como se negaba a morir al final de la cinta fue sustituido por Bogart. El film de Walsh está considerado como la obra con la que el cine negro alcanzó su mayoría de edad, y el protagonismo de Bogart fue decisivo en el éxito de la película. Ese mismo año rodaría EL HALCÓN MALTÉS (THE MALTESE FALCON, John Huston, 1941), nueva versión de la novela de Samuel Dashiel Hammet, que ya había sido adaptada con acierto una década atrás en EL HALCÓN (THE MALTESE FALCON, Roy Del Ruth, 1931). Estos dos geniales títulos elevaron a Bogart al estatus de estrella, convirtiéndole en el intérprete idóneo para encarnar en pantalla a los más característicos anti-héroes del cine negro. Durante los casi veinte años siguientes, Boggie interpretaría una dilatada gama de personajes fascinantes en films adscritos a tal movimiento cinematográfico, por lo que puede considerársele sin exagerar como el actor fetiche del genuino noir americano. 
 
 
Estrenada en mayo de 1952, EL CUARTO PODER se inscribía en el subgénero periodístico, un tema muy tratado por el cine en general, con especial presencia en el noir por razones obvias. Inspirado en parte en la desaparición del diario neoyorkino New York World, el film narra la muerte de un periódico progresista e independiente, The Day, que sucumbía ante las presiones de una poderosa cadena de diarios y ante los turbios manejos de las hijas de su fundador. Durante sus últimas 24 horas de existencia, The Day, regido con firmeza por su director, Ed Hutchinson, un periodista de la vieja escuela, libraba una agónica batalla periodística contra un poderoso mafioso local, Thomas Rienzi.
 
Film característico de una época, el rodaje de EL CUARTO PODER provocó sentimientos encontrados en el magnate de la Fox Darryl Zanuck. Por una parte apoyaba a Brooks, que había pergeñado un guión brillante y estaba filmando una cinta que seguramente obtendría un gran éxito por el tema que trataba. Por otra se sentía preocupado por el notable contenido ideológico del film, que sin duda suscitaría la inquina de los inquisidores maccarthistas en plena efervescencia de la Caza de Brujas. Una película así podía ser acusada de propaganda comunista, de modo que es normal que Zanuck no las tuviera todas consigo durante el proceso de producción. Pero a pesar de todo, Zanuck decidió seguir adelante, y los cinéfilos debemos honrar su valentía y compromiso en momentos tan delicados. Lo fácil, lo seguro, habría sido abortar el proyecto, o aligerar su carga ideológica hasta convertirlo en un film periodístico del montón. Pero el gran jefe de la Fox, cuyas decisiones no se discutían y que podría haber dado carpetazo al proyecto de Brooks de haber querido hacerlo, apretó los dientes y dejo que el director y guionista hiciese la película que quería hacer. El resultado fue una de las obras más significactivas del mejor noir de vertiente periodística, una atemporal obra maestra que no ha podido ser superada hasta la fecha.
 
EL CUARTO PODER  se erige en un poderoso alegato en defensa de la verdadera libertad de prensa, al tiempo que simboliza el involucionismo ideológico en que cayó la sociedad norteamericana durante la ominosa Caza de Brujas. Los personajes del film son un símbolo de aquel tiempo. Las hijas del antiguo dueño del periódico,  y el magnate de la prensa que pretende comprarlo para cerrarlo, representan las posturas más reaccionarias de una gran parte de la sociedad estadounidense, que se sometió sin demasiada reticencia a los dictados de MaCarthy y sus secuaces. Hutchinson y la señora Garrison, por su parte, personalizan la rectitud y el compromiso moral de los que no se plegaban a los dictados del poder, tratando de preservar la prensa libre y crítica representada por The Day frente al conformismo defendido por la gran cadena que aspira a comprar el viejo diario. Hutchinson emprende una lucha en dos frentes. Por una parte, apoya con decisión a Margaret en su intento de adquirir The Day para evitar su cierre definitivo; por otra, emplea todos sus recursos para dar la batalla al Sindicato del Crimen, una lucha épica que probablemente será la última que libre The Day, pero que Hutchinson está decidido a que contribuya a darle la puntilla a la organización de Rienzi. Así, Hutchinson reivindica el verdadero espíritu periodístico, independiente, crítico y enemigo de las componendas,  frente a un tipo de prensa masificada, caracterizada por su blandura, por su obsesión por contemporizar con los que detentan el poder por corruptos que sean, y por un notable afán crematístico.
 
La cinta es un canto a la labor periodística seria y comprometida. Pródigas son las secuencias en las que Hutchinson, cual adalid de las virtudes que debieran observar todos los directores de periódico, hace una apasionada defensa de lo que representan y significan tanto una prensa realmente libre como unos periodistas conscientes de sus responsabilidades. La libertad de prensa, consagrada en la Constitución de los Estados Unidos, estaba siendo cuestionada en aquellos momentos por un concepto equivocado del patriotismo, y Brooks aprovechó la coyuntura para intentar que sus compatriotas reflexionaran seriamente sobre el tema, y consideraran qué tipo de país podría llegar a ser el suyo si aquélla desaparecía. Si en YO CREO EN TI (CALL NORTHSIDE 777, Henry Hathaway, 1948) un periodista se enfrentaba al sistema para desvelar uno de sus fallos e inculpar a un inocente, EL CUARTO PODER iba más allá, resaltando la misión ética del periodismo, y mostrando a éste como uno de los pilares básicos de la democracia. Resultan comprensibles por tanto, insistamos en ello, las reticencias que esta película despertó en Zanuck en coyuntura tan delicada como la que se vivía en USA a comienzos de los 50.
 
Quizá el momento más emotivo del film sea el del velatorio del diario moribundo, rodado por Brooks en un bar, como si del  ceremonial de una iglesia negra se tratase. El tema interpretado por los periodistas es The Day´s Body, acompañado por la música del himno sobre John Brown, el conocido abolicionista de Kansas en el siglo XIX. Es la misma música que marcaría el final del film, acompañando las imágenes del edificio del periódico, con su nombre reluciendo en la noche de la ciudad corrupta en caracteres de neón. En cierto modo, la historia del combativo The Day puede asimilarse a la del cine negro, un movimiento fílmico con escasas posibilidades de subsistir en unos Estados Unidos subyugados por el maccarthismo. EL CUARTO PODER, uno de los títulos más emblemáticos de la última etapa del noir, sería también uno de las últimas grandes películas dedicadas al periodismo. En décadas posteriores se rodarían muchos films de ambiente periodístico, pero ninguno brillaría a la altura del de Brooks, que destacará siempre como el más apasionado alegato en favor de la libertad de prensa.
 
Antonio Quintana
Diciembre de 2014

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