LECTORES DE BOLSI & PULP:

CONTACTOS:

¡HOLA AMIGOS! ESTAN EN BOLSI & PULP, SITIO IMPERDIBLE PARA AMANTES DEL PULP

¡HOLA AMIGOS! ESTAN EN BOLSI & PULP, SITIO IMPERDIBLE PARA AMANTES DEL PULP
PINCHEN EN LA IMAGEN SUPERIOR Y DISFRUTEN DE NUESTRA VARIADA BOLSITECA

LO MÁS VISTO EN EL BLOG DURANTE ESTA SEMANA ES...

¿QUÉ LIBRO QUIERES VER PUBLICADO EN BOLSI & PULP?

jueves, 31 de agosto de 2017

REFLEXIONES DESPUÉS DE UNA MASACRE



 
 


Tras el infame ataque de los terroristas islámicos perpetrado en Barcelona, hemos asistido de nuevo al cansino y algo patético espectáculo que suele seguir a esta clase de hechos: rimbombantes declaraciones de los políticos, exaltando eso que llaman “la unidad de todos los demócratas” y haciendo llamamientos a la calma; concentraciones de repulsa en las principales ciudades de España; colocación de florecitas y velitas en el lugar de los hechos, etcétera. Detalles muy emotivos, que quedan muy bien en la tele y en los periódicos, pero que no sirven para nada. Claro que, según los adalides de la “corrección política”, estas cosas valen para que “los violentos”, expresión que gusta mucho a los progresistas de salita de estar, comprendan que están solos. Como si a los yihadistas les preocupara eso.
 
En realidad, es precisamente esto lo que buscan esos individuos. Cada atentado que cometen tiene como objetivo causar el mayor número posible de víctimas, pero también generar un eco mediático que proporcione publicidad a su “causa”. Quieren aterrorizar a occidente y que se hable de ellos lo más posible. Y están alcanzando estos dos objetivos gracias, en parte, a la blandenguería de la clase política europea, que se acompleja en cuanto hay que tomar medidas un poco drásticas, y a una sociedad occidental que alardea de sus valores y principios, pero que se muestra reticente a defenderlos con firmeza llegado el caso. Ese “buenismo” patológico, que se ha ido  imponiendo en las sociedades europeas,  lastra nuestras posibilidades de hacer frente eficazmente a esta clase de terrorismo, y si no tomamos cartas en el asunto, e invertimos esa deriva “buenista” a tiempo, puede conducirnos al desastre.
 
Lo primero que se debe hacer es admitir, de una vez por todas, que no se puede tratar con los terroristas islámicos como si fueran delincuentes comunes, algo que tienen muy claro los mandos de los cuerpos de seguridad, pero no así los responsables políticos. Lo segundo, llamar a las cosas por su nombre. Esto es una GUERRA, así, con mayúsculas. Las distintas facciones yihadistas le han declarado la guerra a occidente hace mucho tiempo, y va siendo hora de que los gobiernos se lo tomen en serio de verdad. Como es obvio, se trata de una guerra un tanto atípica, que exige la utilización de medios especiales para librarla. Tenemos dichos medios, como ha dejado claro la OTAN hace poco. El problema es que no tenemos la voluntad política para usarlos, y eso tiene que cambiar, si es que de verdad pretendemos imponernos a esas alimañas y vencerlas. La actividad del terrorismo yihadista ha provocado un cambio en los conceptos de seguridad occidentales, y no queda otro remedio que adaptarse a la nueva situación, si queremos enfrentarnos a ellos con posibilidades de vencer.
 
Lo más repugnante es escuchar a políticos o periodistas eso de que “tendremos que acostumbrarnos a cosas así”. Declaraciones semejantes son  muestra de una patética debilidad que no podemos permitirnos. Una cosa es aceptar que habrá otros atentados por muchas medidas preventivas que se tomen, porque la seguridad total no existe, y otra muy distinta resignarnos a recibir golpes como el de Barcelona y aún peores.  Porque la resignación suele dar paso a la derrota, como ha quedado demostrado a lo largo de la historia, y esa es una opción que tampoco nos podemos permitir.
 
Para enfrentarse al terrorismo yihadista los principales elementos son la unidad y la firmeza, pero las reales, no ese patético paripé orquestado por la clase política. Puesto que estamos embarcados en una guerra global, es hora de que se exija tanto a los ciudadanos como a los políticos que tomen partido claramente y ya, sin medias tintas ni ambigüedades de ningún tipo. En una cuestión como la que nos ocupa, debería ser vital que todos estuviéramos de acuerdo, dejando las estúpidas ideologías aparte. Por desgracia, aunque en principio todo el mundo condena los execrables crímenes del terrorismo yihadista, pronto salen a relucir los distintos matices y percepciones inherentes a las diferentes fuerzas políticas, lo que fragiliza la unidad que debería prevalecer por encima de cualquier otra consideración. Esto da pie a diferencias de opinión que alimentan un inútil debate político en torno a un peligro alarmante, y sólo sirve para confundir más a la opinión pública.
 
Las fuerzas armadas pueden contribuir eficazmente a la lucha contra el yihadismo. Ahora bien, experiencias como la del Ulster han demostrado que no se puede combatir el terrorismo sólo con compañías de soldados. Las labores de inteligencia son esenciales, así como el intercambio de información entre países, y sobre todo una buena coordinación entre los distintos cuerpos de seguridad. Si algunas informaciones de lo sucedido en este último atentado son ciertas, se habría producido una descoordinación notable entre los Mossos de Escuadra catalanes por un lado,  y la Policía Nacional y la Guardia Civil por el otro,  lo que sin duda alguna afectará negativamente a las investigaciones. Si esto es así, está claro que no podemos permitírnoslo, y tal y como yo lo veo, la única solución factible sería encargar la lucha antiterrorista a un único cuerpo, que ostentaría la máxima autoridad en estas cuestiones y tendría competencia exclusiva sobre las mismas. Y ese cuerpo no podría ser otro, a mi juicio, que la Guardia Civil, por su indudable experiencia en la lucha de décadas contra ETA, y por ser un Instituto volcado en el servicio a España y los españoles desde su fundación hasta nuestros días. Obviamente, la Benemérita necesitaría más recursos económicos e incrementar su plantilla, pero, si se le proporcionara todo lo necesario, creo que podría ofrecer a la sociedad española resultados notables en relativamente poco tiempo.
 
Claro que para lograrlo necesitaría también, además de ampliar sus recursos de todo tipo y su personal, que se eliminasen o cuando menos atenuasen ciertas trabas burocráticas que le impiden desarrollar su trabajo todo lo eficazmente que sería de desear. El terrorismo yihadista posee unas características muy especiales, similares en algunos puntos y muy distintas en otros muchos a los del terrorismo que podríamos llamar “convencional”, el inspirado en ideas políticas llevadas a sus extremos, como los de la ETA en España, la Baader-Meinhof en Alemania, el IRA en Irlanda del Norte o las Brigadas Rojas en Italia. Los integrantes de estas organizaciones criminales tenían una estrategia, y era posible,  hasta cierto punto,  prever dónde podrían actuar y de qué manera. Estos terroristas pretendían causar el mayor daño posible, obteniendo al mismo tiempo el máximo de publicidad, pero en ningún caso buscaban la muerte. Si se veían rodeados por la policía, normalmente acababan entregándose, pues no consideraban la inmolación personal como una opción.
 
Por el contrario, el terrorismo islamista, como su propio nombre indica, tiene una inspiración religiosa, basada en una interpretación extremista del Corán. No es sólo que sus miembros quieran matar, sino que quieren morir matando “infieles”, lo que para ellos significa acceder a un supuesto “paraíso” donde gozarán de tropecientas vírgenes y maravillas sin cuento. Además, sus objetivos abarcan el mundo entero, de forma que allí donde haya occidentales, hay peligro de un atentado islamista. Esta diferencia nada sutil entre unos terroristas y otros le confiere al terrorismo islámico mayor peligrosidad, pues el fanatismo religioso es infinitamente peor que el político. Puesto que están dispuestos a perecer, llevándose por delante a quien sea, también están dispuestos a afrontar cualquier peligro que a los terroristas “convencionales” les induciría a echarse atrás. Como resulta evidente, este tipo de terrorismo tiene que ser combatido de forma diferente al “tradicional”, por decirlo de alguna manera. Y esto exige cambios sustanciales no sólo en la manera de trabajar de las fuerzas del orden, sino también en los aspectos legales. Abundan los “ilustrados” que abogan por un endurecimiento de las penas para los terroristas, pero… ¿alguien cree que se le puede meter el miedo en el cuerpo a un yihadista, diciéndole que,  si le cogen,  en vez de cinco años de cárcel le van a caer diez?
 
Como cada vez que se produce un atentado de estos, algunos gerifaltes de las comunidades islámicas españolas han aparecido en la prensa repudiándolo, alegando que el Islam es la religión de la paz y cosas por el estilo. Nada que alegar en contra. Me parece loable que hagan esas declaraciones. Pero si, como afirman, la mayoría de los musulmanes españoles están por la paz y repudian tales actos, ¿por qué nunca hemos visto una manifestación de ellos condenando el terrorismo yihadista? Sí, se han manifestado algunos, pero apenas eran unas docenas, prácticamente nada si se tiene en cuenta que en España hay casi dos millones de musulmanes. Se quejan de que, después de cosas como las de Barcelona, el resto de la gente los mira mal, con una mezcla de temor y rechazo. Pues bien, ello se debe exclusivamente a que la comunidad musulmana española jamás se ha manifestado pública y masivamente contra esta barbarie. Sólo lo han hecho, y muy puntualmente, determinadas personas. Esto es insuficiente desde cualquier punto de vista, de modo que, si quieren que creamos en la sinceridad de sus declaraciones, que se manifiesten en gran número y abiertamente contra el salvajismo yihadista que azota Europa, porque si no, habremos de colegir que, como afirma el dicho castellano, “quien calla, otorga”.
 
Ninguna “causa”, ni política ni religiosa, justifica la pérdida de una vida humana. El terrorismo ha sido una lacra durante el pasado siglo XX. Pero ahora nos enfrentamos a algo mucho peor, una forma de terrorismo que amenaza nuestra forma de vida y nuestros principios  democráticos, que son el resultado de siglos de evolución social. La civilización occidental, encabezada por Europa y basada en el respeto a los derechos humanos y la diversidad, está en grave peligro, no sólo por culpa del yihadismo, sino también del patético “buenismo” del que hablaba antes, que lleva a las autoridades del continente a asumir, estúpidamente, que como rezaba el título de la película de Summers, TO ER MUNDO ES GÜENO, cuando no es así ni mucho menos. Los únicos islamistas que deben tener cabida en nuestra sociedad son aquellos que estén dispuestos a integrarse plenamente, respeten nuestras leyes y normas de comportamiento,  renuncien a aquellos aspectos de su religión que choquen frontalmente con nuestros valores humanistas, y colaboren activamente con las fuerzas del orden en la identificación de aquellos que estén radicalizándose. Estoy convencido de que hay musulmanes así. Pero Europa no puede bajar la guardia ni un segundo, porque también los hay cuyo lema es: “Os venceremos con vuestras leyes, y os gobernaremos con las nuestras”. A buen entendedor...
 
Antonio Quintana
Agosto de 2017

No hay comentarios.: