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domingo, 14 de septiembre de 2014

LA SAGA DE HARRY “EL SUCIO”




POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Entre las sagas cinematográficas surgidas a raíz de un éxito inicial, una constante en el Séptimo Arte desde hace mucho tiempo, destaca la protagonizada por el gran Clint Eastwood como el inspector Harry Calahan, de la policía de San Francisco. En principio no estaba previsto que el personaje protagonizara más títulos, pero HARRY EL SUCIO (DIRTY HARRY, Don Siegel, 1972) fue un auténtico bombazo que pedía a gritos una prolongación. Así, como quien no quiere la cosa, vería la luz una serie fílmica policial, corta en títulos pero prolongada en el tiempo, que marcaría un antes y un después en el cine policiaco, y que sería imitada, con mejor o peor fortuna, hasta la saciedad. Pero empecemos por el principio.
 
 
El fabuloso film de Siegel
 
A comienzos de los años 70, gracias a los tres westerns almerieños que había protagonizado a las órdenes de Sergio Leone, así como del extraordinario film bélico EL DESAFÍO DE LAS ÁGUILAS (WHERE EAGLES DARE, Brian G. Hutton, 1969), Eastwood era un intérprete emergente en el panorama hollywoodense. No obstante, todavía no era, en puridad, una estrella de primera magnitud, pero tampoco le faltaba tanto. Sus trabajos en LA JUNGLA HUMANA (COOGAN´S BLUFF, Don Siegel, 1968), que sería adaptada a la tv como McCloud,  y en la divertidísima comedia bélica LOS VIOLENTOS DE KELLY (KELLY´S HEROES, Brian G. Hutton, 1970) le situaban ya entre los actores preferidos por el público, muy cerca del casi imbatible John Wayne. Sin embargo, aún le faltaba algo para igualarse al gran Duke, y eso llegaría casi por casualidad, de la mano del realizador Don Siegel y los guionistas Harry Julian Fink y R. M. Fink, muy populares gracias a su creación de Columbo, personaje que,  tras una gloriosa carrera en los escenarios, había debutado con éxito en tv.
 
Los Fink, con la colaboración de Dean Riesner, habían escrito el argumento de HARRY EL SUCIO  con vistas a ser protagonizado por un actor popular. Tantearon a Burt Lancaster y Robert Mitchum entre otros, pero ante el rechazo de éstos se lo propusieron a John Wayne. Duke, una vez estuvo al tanto de la historia, también rechazaría el papel considerando que era demasiado blando para él. ¿Blando Harry Calahan? Pues sí, porque el personaje primigenio era poco más o menos como Columbo, más dado a la reflexión que a la acción, lo que explica la negativa de Wayne a interpretarlo. Con sesenta y cuatro años a sus espaldas, una carrera brillante en su haber y una inequívoca aureola de héroe, Wayne consideró que dar vida a alguien como Harry Calahan no era adecuado para él. Posteriormente, y en vista del exitazo conseguido por la cinta de Siegel, Duke protagonizaría McQ (ídem, John Sturges, 1974) y BRANIGAN (Ïdem, Douglas Hickox, 1975), dos películas en la línea de HARRY EL SUCIO, muy efectivas pero inferiores a ésta. Pero ésa es otra historia.
 
Ante la negativa de Duke le fue ofrecido el proyecto a Clint Eastwood. Éste, tras leerse el guión inicial,  se avino a protagonizarlo si se cambiaba el enfoque del mismo, apostando por la acción y endureciendo a Calahan,  y si se trasladaba la acción de New York a San Francisco. Eastwood se ofreció a producir el film a través de su productora, la Malpaso Company, con apoyo de la Warner. Los gerifaltes de los Estudios pensaron que la cinta sería mucho más comercial con los cambios sugeridos por el actor, de forma que se dio vía libre al proyecto. No se equivocaron.
 
HARRY EL SUCIO fue una de las películas más taquilleras de 1972, y desde luego la más popular tras EL PADRINO (THE GODFATHER, Francis Ford Coppolla). Las andanzas del expeditivo policía llenaron los cines de USA y de medio mundo, sorprendiendo incluso a los responsables de su producción, que no esperaban un triunfo tan rotundo. HARRY EL SUCIO era un thriller moderno y trepidante, una brillante muestra del cine policiaco de última generación. Pero también era un film duro, que mostraba sin tapujos la realidad cotidiana de los que luchan contra el crimen, y que, en cierto modo, radiografiaba la sociedad estadounidense de su tiempo. Era un título innovador, aunque muchos se negaron a verlo así.  Fue una película exitosa pero polémica. Que un policía, harto de los fallos de un sistema calamitoso, en el que los derechos de los agresores eran más importantes que los de las víctimas, acabara tomándose la justicia por su mano  no era políticamente correcto. Los ataques contra la película, su director y su protagonista arreciaron en cierta clase de prensa, que la tachó de cinta fascista, término empleado con gran ligereza por un tipo de gente muy concreto. Algunos se ensañaron con Siegel, aduciendo que el director de obras maestras como LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (INVASION OF THE BODY SNATCHERS, 1956) o BRIGADA HOMICIDA (MADIGAN, 1968), que daría origen a una efímera serie de tv, se había plegado a la comercialidad, dando de paso un giro a la derecha. Cualquier cosa antes que admitir los innegables valores de un film poco complaciente, que bajo su apariencia de relato policial al uso ocultaba una profunda crítica de lo que estaba pasando en los Estados Unidos del momento.
 
Pero al público de entonces, como al de ahora por suerte, se la traían al pairo las opiniones de cierta especie de críticos. La cinta fue un gran éxito y catapultó definitivamente a la fama a Eastwood, que en breve reemplazaría a Wayne como el actor más taquillero. La película fue repuesta en varias ocasiones, abarrotando las salas de proyección y obteniendo tanto o más éxito que en el momento de su estreno, mientras las críticas negativas seguían arreciando. En realidad, HARRY EL SUCIO funcionaba casi como un film noir, mostrando alguna reminiscencia de tan extraordinario movimiento fílmico, no en vano Siegel era uno de esos profesionales que había desarrollado parte de su carrera en el ámbito del cine negro. Podría decirse que la película protagonizada por Eastwood semejaba un film noir de exaltación policial, parecido a ORDEN: CAZA SIN CUARTEL (HE WALKED BY NIGHT, Alfred L. Werker/Anthony Mann, 1948) pero actualizado y mucho más real y violento.
 
Un punto obviado por los críticos de esta obra de Siegel fue el progresivo envalentonamiento de los delincuentes y el consecuente aumento de las actividades delictivas a principios de los 70, provocado todo ello por la blandura a la europea que se estaba imponiendo en USA por aquel entonces. Los 70 fueron una época especialmente violenta en los Estados Unidos, y si bien es cierto que parte de culpa la tiene la excesiva proliferación de armas de fuego, vendidas casi como un producto más, también lo es que el relativo relajamiento de las leyes, impulsado por los adalides de la corrección política, tuvo mucho que ver en el asunto.  Sea como fuere, lo cierto es que la población en general se sentía cada día un poco más a merced de criminales que, en muchas ocasiones, esquivaban la acción de la justicia por absurdos tecnicismos legales, siendo puestos en libertad y volviendo a delinquir al poco, a veces con resultado de muerte para algún desdichado ciudadano. A esto había que añadirle el problema que representaban unos policías reducidos a la condición de funcionarios con placa, dependientes de administraciones políticas inoperantes, cuando no venales, más preocupadas por la corrección política y por su conversión en votos que por aplicar la ley. Esta circunstancia favorecería mucho el estreno de HARRY EL SUCIO, así como los de otros films de similar temática. La gente, en general, estaba harta de los criminales que se salían con la suya, y le gustaba ver que, al menos en la pantalla, recibían su merecido.
 
El villano interpretado por Andrew Robinson (hijo del gran Edward G. Robinson) fue una de las grandes bazas de la película.  Frente a los planteamientos de otros films más en la línea de la crítica, que trataban de victimizar a los criminales excusándolos con una infancia caótica o por razones de marginación social o racial, Scorpio es un criminal porque así es su naturaleza y como tal se comporta. El retrato del malvado asesino fue tan realista que algunas personas,  de cerebro blandengue y que no eran capaces de distinguir lo real de lo ficticio, llegaron a amenazar por teléfono al actor, que se vio obligado a solicitar un número secreto. Ciertamente, su interpretación es de las que hacen época, y en pocas ocasiones se ha visto en el cine un delincuente tan real como repulsivo. Curiosamente, Robinson no estaba acostumbrado a las armas de fuego, de hecho le asustaban, así que cada vez que tenía que disparar una hacía una mueca extraña. Este aparente defecto fue bien aprovechado por el director para enfatizar la maldad del personaje. En este sentido, alguien debería hacerles ver a los críticos políticamente correctos que la maldad pura y dura existe, por más que personajes como ellos se empeñen en negarlo. Scorpio está basado en el llamado asesino del zodiaco, un serial killer real, que aterrorizó San Francisco sin que nunca fuera capturado. Seguro que,  de haberlo sido, los mismos que se complacían en denostar hasta el hartazgo la película de Siegel hubieran encontrado algún tipo de explicación social y razonable para sus crímenes. Estaba previsto que el papel lo interpretara Audie Murphy, pero este actor, que además fue el soldado americano más condecorado de la II Guerra Mundial, falleció en un accidente a los mandos de su avioneta. Cabe preguntarse cómo habría sido su Scorpio. Sin duda, muy distinto al de Robinson, pero igual de siniestro.
 
HARRY EL SUCIO  funcionaba como thriller de acción y también como film crítico, aunque dicha crítica no coincidiera con los postulados de ciertas personas. Tuvo un enorme impacto en los espectadores y fue muy popular, pero la polémica rodeaba a su personaje principal, así que, en la inevitable continuación de las aventuras de Calahan,  se optaría por darle la vuelta a la tortilla.
 
 
La corrección política en el film de Ted Post
 


Las acusaciones de fascista recibidas por la cinta de Siegel preocupaban un poco a los directivos de la Warner. Dado el interés despertado por HARRY EL SUCIO se imponía seguir explotando el filón, pero tratando de acallar al mismo tiempo las críticas negativas. Para la segunda entrega se contrató como guionistas a los también directores John Millius y Michael Cimino, que asumieron sus funciones dispuestos a pergeñar una aventura algo diferente para Calahan. Si en la cinta original el personaje recibió el apelativo de fascista por su actitud ante los delincuentes, en HARRY EL FUERTE (MAGNUM FORCE, Ted Post, 1973) el inspector 71 se enfrentaría a una organización policial clandestina, dedicada a asesinar delincuentes absueltos por fallos del sistema. Como los rasgos y el comportamiento de Harry Calahan ya habían sido expuestos en el film de Siegel, Cimino y Millius optaron por seguir en la misma línea, así que el protagonista es tan expeditivo como en la película original, haciendo ostentación a las mínimas de cambio de su pavoroso Smith & Wesson modelo 29 Distinguido en calibre 44 Magnum. Pero además decidieron ahondar más en la psicología del personaje, que si bien sigue siendo un policía extremadamente duro con los delincuentes, se declara firme defensor del sistema, aunque éste falle lastimosamente, y no duda en hacer frente a los policías que se toman la justicia por su mano, entre otras cosas porque no tienen reparos en matar inocentes llegado el caso, incluyendo algunos agentes amigos del protagonista.  Los guionistas se cargaban así, de un plumazo,  las acusaciones de fascismo vertidas contra la anterior película. Para resaltar más aún la actitud de Calahan, le confrontaron con el teniente Briggs (Hal Holbroock), un oficial que responde fielmente a la idea que tienen algunos de lo que debe ser un policía, permanente enfrentado al fascista Calahan, pero que al final se revelará como el líder de ese escuadrón de la muerte surgido a la sombra del Cuerpo.
 
HARRY EL FUERTE funcionó muy bien en taquilla, y aunque resultó inferior a la cinta original, lo que resulta lógico, fue una correcta película policiaca que hizo las delicias del público. Una parte de la crítica, inmune a cualquier cosa que vaya contra sus patéticos dogmas, continuó denostando al personaje, extendiendo sus vomitivos requiebros a Clint Eastwood,  actor que, por las películas que hacía entonces y según ellos, era uno de los más reaccionarios de Hollywood. Pero la perspectiva que ofrecen tanto el paso del tiempo como la dilatada y brillante carrera de Eastwood, han acabado por poner a cada cual en el lugar que le corresponde, y, ciertamente, los que entonces pusieron a bajar de un burro a Eastwood no han salido muy bien parados.
 
La segunda cinta demostró que el público recibiría con agrado una tercera entrega, pero habrían de pasar casi tres años antes de que Eastwood accediera a rodarla. Calahan era muy carismático, pero el actor no quería encasillarse, así que aparcó el proyecto del tercer film dedicado al policía y se centró en ir consolidando aún más su carrera con una serie de películas memorables. Las aventuras de Harry el sucio pasaron a un segundo plano, convirtiéndose en una opción a la que Eastwood recurriría cuando necesitara un éxito de taquilla seguro, o, simplemente, cuando le apeteciera divertirse un poco. Porque, después de sus primeros westerns americanos, a medio camino entre el estilo característico de Leone y el del Hollywood clásico, hacer una  película de Harry Calahan era casi como algo recreativo para el actor. La siguiente entrega no llegaría hasta 1976.


La tercera aventura de Harry




A comienzos de la segunda mitad de los 70 Eastwood era ya una gran estrella. El público le admiraba y no dejaba de preguntarse cuándo se decidiría a filmar otra entrega de su héroe policial característico. Ante la insistencia de los espectadores y también de los jefazos de la Warner, Eastwood se avino a rodar un nuevo film de Calahan. A esas alturas el personaje ya había sido copiado docenas de veces, tanto en cine como en tv, y desde ópticas muy distintas. Pero Harry el sucio sólo había uno, el suyo, de modo que volvió a ver la luz en HARRY EL EJECUTOR (THE ENFORCER, James Fargo, 1976). Por aquel entonces las mujeres policía eran una realidad, las féminas iban integrándose lenta y trabajosamente en las estructuras de los cuerpos policiales, así que la cinta incluyó el personaje de una joven mujer policía con la que Calahan chocaría inevitablemente. La inclusión de la inspectora Kate Moore (Tyne Daly) era muy acertada, porque en aquel momento triunfaba en tv la serie La mujer policía (Police Woman), interpretada por una espléndida Angie Dickinson, y estaba a punto de estrenarse otra que haría historia, Los ángeles de Charlie (Charlie Angell´s), producida por el Rey Midas de la tv, Aaron Spelling.
 
HARRY EL EJECUTOR contenía mucha más acción que sus predecesoras, y además se olvidaba por completo de la tenue pero notoria corrección política que había impregnado la segunda película de la saga. El Calahan del film de Fargo era el mismo de la cinta original, tal vez un poco machista al principio, pero ese machismo iría difuminándose hasta desaparecer, conforme el duro inspector 71 fuese viendo que la inspectora era una policía muy competente. La cinta es un auténtico festival de Harry el sucio, con abundantes y espectaculares tiroteos, destacando el producido al final entre la pareja de agentes de la ley y los criminales en la vieja prisión de Alcatraz. Huelga decir que continúa el enfrentamiento entre el verdadero policía que es Calahan y los funcionarios con placa como el odioso capitán McKay (Bradford Dillman), siempre dispuesto a ceder ante el chantaje de los terroristas y sólo preocupado por las apariencias y por conservar su puesto.
 
HARRY EL EJECUTOR fue otro éxito, pero durante siete años habría sequía de Calahan, pues Eastwood, ya consagrado como un gran actor y director, no tenía intención de repetir el personaje. Pero en 1983 Calahan volvería por sus fueros.


La cinta dirigida por Eastwood

 

Sondra Locke, una actriz correcta pero del montón, fue esposa de Eastwood durante algún tiempo. En su carrera, no demasiado brillante, tan sólo destacan los films que protagonizaría junto a Clint, y, tras el divorcio de la pareja, prácticamente desaparecería del mapa. Una de sus mejores actuaciones la ofrecería en IMPACTO SÚBITO (SUDDEN IMPACT, 1983), la única película de la saga de Harry el sucio dirigida por Eastwood, en la que repetiría Bradford Dillman, que ya había aparecido en la entrega anterior, dando vida a otro policía de mentalidad funcionarial, el capitán Briggs (nada que ver con el corrompido polizonte interpretado por Hal Holbroock en el film de Post). Aunque el actor no tenía previsto volver a interpretar al personaje, hizo una excepción para complacer a los directivos de la Warner, que querían un film de acción y muy comercial. Fiel a su política profesional, Eastwood se avino a hacerlo para obtener ciertas contrapartidas de Warner.
 
La película es decididamente inferior a las tres entregas anteriores. No encierra sorpresas de ningún tipo y, en esencia, no es más que otro thriller fílmico de los producidos en aquellos años. No obstante, resulta interesante ver cómo se desenvuelve Eastwood dirigiendo una aventura de su personaje más popular, y hay que admitir que pasó muy bien la prueba. Al fin y al cabo, ya tenía bastante experiencia en la realización, así que, a pesar de su condición de cinta policiaca al uso, sin apenas nada que la distinga del resto de producciones similares, IMPACTO SÚBITO picó un poco más alto que otras películas de parecida temática, deviniendo en una producción previsible pero muy digna.
 
Es obligado mencionar la estupenda canción que sirve de fondo musical a los créditos finales, con música compuesta por el gran Lalo Schifrin, letra de Dewayne Blackwell e interpretada por Roberta Flack. Schifrin fue el creador de las bandas sonoras de todos los films de Calahan menos de uno, el tercero, que sería musicalizado por Jerry Fielding, también con gran acierto. En esta ocasión Schifrin adaptó la música original que había compuesto para finalizar HARRY EL SUCIO, dando pie así a uno de los temas musicales más logrados del cine policiaco.


La entrega final



IMPACTO SÚBITO iba a ser la última película del inspector Calahan. Eastwood le estaba muy agradecido al personaje, por el que sentía un gran cariño, pero su carrera había alcanzado ya cotas increíbles y no era cosa de seguir dando vida al duro polizonte, pues en su inmediato futuro había una serie de proyectos muy interesantes a los que quería dar forma. Durante un lustro el actor dio largas a los jefazos de la Warner, que ansiaban un nuevo título de Calahan. Eastwood era un actor muy comercial y había interpretado cintas  muy rentables, pero los mandamases de Warner pensaban, con razón, que una nueva película de Harry el sucio sería un taquillazo seguro y no dejaron de incordiar a la estrella. Finalmente Eastwood pareció ceder, aunque, en realidad, se trataba de una estrategia que le había dado excelentes resultados en sus tratos con los importantes Estudios: se avino a rodar LA LISTA NEGRA (THE DEAD POOLE, Buddy Van Horn, 1988) a cambio de que Warner le financiase la excelente pero nada comercial BIRD (ídem, Clint Eastwood, 1988), biografía de un conocido saxofonista de jazz, que sería uno de los trabajos más personales y queridos del actor/director/productor. La Warner estuvo encantada, y aunque BIRD fue un fracaso de taquilla, las ganancias proporcionadas por LA LISTA NEGRA compensaron con creces lo invertido en el peculiar proyecto de Eastwood.
 
Buddy Van Horn asumió la dirección de LA LISTA NEGRA como lo que era, un simple trabajo alimenticio, digno pero no brillante. Si se la compara con los restantes títulos de la saga, esta cinta resulta algo decepcionante. Pero comparada con otras películas similares de su tiempo, destaca por su correcta puesta en escena y por la siempre magnífica interpretación de su protagonista, un Eastwood en su mejor momento profesional.
 
Con LA LISTA NEGRA se cerraría definitivamente la saga de Harry el sucio. La de los 90 sería una gran década en la carrera de Eastwood, pues a lo largo de ella verían la luz algunas de sus obras fílmicas más conseguidas. Incluso la infumable y elitista crítica europea, que llevaba años tildándole de facha, tuvo que claudicar ante LOS PUENTES DE MADISON (THE BRIDGES OF MADISON COUNTY, Clint Eastwood, 1995), muchísimo más que una cinta romántica, en la que el polifacético artista vertería todo su inmenso saber cinematográfico, además de ofrecernos una conmovedora actuación que complementaba la de esa gran actriz que es Meryl Street. Desde entonces la valoración de Eastwood no ha dejado de aumentar.  GRAN TORINO (Ídem, Clint Eastwood, 2008)  significó su adiós como actor, pero ha seguido desarrollando una destacadísima carrera como productor, guionista, director e incluso compositor. Es, sin ningún género de dudas, el último cineasta clásico, y ojalá siga entre nosotros durante mucho tiempo. La saga de Harry el sucio le ayudó a consolidarse como un actor popular y muy taquillero, abriéndole las puertas de una industria en la que llegaría a brillar con luz propia. Aunque sólo fuera por eso, que no es el caso, las películas protagonizadas por el duro, adusto y violento inspector Calahan merecen figurar con letras de oro en su biografía.

 

Antonio Quintana
Septiembre de 2014

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