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domingo, 19 de enero de 2014

ESPACIO 1999: EL COMUNICADOR

 
POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


Aunque, vistos hoy, los efectos especiales de esta mítica serie televisiva puedan sabernos a poco, lo cierto es que en su época Espacio 1999 fue la serie más vanguardista y también la más cara, ya que cada episodio tuvo un coste medio de unos 300.000 dólares. Buena parte del presupuesto de que disponían los Anderson se fue en decorados, maquetas y trucajes varios. Aparte de la magnífica recreación de la base Alfa, lo más recordado de esta serie son las portentosas Águilas, que marcaron un antes y un después en la historia del maquetismo cinematográfico aplicado a la ciencia-ficción. Los productores, conscientes de las carencias de otras series del género en el apartado de los efectos especiales y del atrezzo en general, dedicaron especial atención al vestuario, las armas y los equipos de todo tipo que deberían emplear los alfanos. Y así nació un conjunto de maravillas tecnológicas del futuro que dejaron boquiabiertos a los espectadores. Entre los fantásticos aparatos que aparecieron en la serie, destaca por derecho propio el comunicador.
 
Espacio 1999 comenzó a rodarse, no lo olvidemos, en 1975. Por aquel entonces, ni los más visionarios soñaban con los teléfonos móviles que hoy día hasta los críos de diez años poseen. El aparato de comunicación portátil por excelencia era el Walkie-Talkie. Inventado en los EE. UU. a comienzos de la II Guerra Mundial, este artilugio fue reduciendo su tamaño y sus componentes a lo largo de las décadas, hasta hacerse bastante compacto. No obstante, a mediados de los setenta seguía siendo un chisme voluminoso. Por su parte, los Servicios Secretos, siempre a la cabeza en el empleo de nuevas tecnologías, desarrollaron modelos de pequeño tamaño, que incluso podían camuflarse en el interior de una cajetilla de cigarrillos. Pero este tipo de radios no estaba, obviamente, al alcance de particulares, aunque pudimos ver algunos modelos en varias películas de espionaje.
 
Hasta la llegada de la serie de los Anderson, el comunicador más avanzado que se había visto en la ciencia-ficción televisiva era el de Star Trek TOS, que en realidad sólo difería del Walkie-Talkie en el diseño. El transmisor de Kirk y compañía servía para ponerse en contacto con la nave y con otros miembros de la tripulación, o para localizar a la persona que se quería teletransportar. Y aunque en el episodio HIJO DE UN JEFE veíamos al Capitán y a Spock utilizar estos artefactos para provocar un derrumbamiento de rocas, las prestaciones del comunicador de la serie clásica Trek eran limitadísimas. De hecho, los móviles actuales pueden realizar muchas más funciones. Por eso, cuando se estrenó Espacio 1999, los aficionados de todo el mundo se quedaron pasmados ante el inusual despliegue de parafernalia futurista exhibido en la serie. El comunicador fue uno de los artefactos más logrados. Por vez primera en una producción del género, los protagonistas estaban equipados con unos intercomunicadores realmente fabulosos.
 
Lo más llamativo del aparato era que estaba dotado de microcámara y una minúscula pantalla de televisión, en blanco y negro, en la que se visualizaba el rostro del comunicante, además de incorporar, lógicamente, un micrófono y un pequeño altavoz. Disponía de un teclado numérico, con los dígitos del 1 al 9. Para el 0 había una tecla aparte, que también servía para otras cosas. Contaba, además, con una serie de teclas y botones para activar las funciones adicionales. Una de las principales era la de mando a distancia para abrir y cerrar las puertas del complejo lunar y de las naves Águila. Era posible utilizarlo como reloj y cronómetro, y en caso necesario, se podía activar con él las distintas alarmas de la base. Y si se deseaba, se podían desconectar la microcámara y el monitor, usando el aparato como un comunicador corriente, como el de Kirk y sus amigos.
 
Cada miembro de la dotación de la base tenía su comunicador, debidamente programado por el computador central. En uno de los costados del artefacto iba la placa de identidad de su propietario, con una foto en blanco y negro tipo carnet, una clave compuesta por una letra y dos series de cifras separadas por un guión, el apellido y nombre del individuo y su función en el organigrama de Alfa. Por razones obvias, los comunicadores del Comandante, el oficial médico y los miembros de Seguridad estaban programados para abrir todas las puertas de la base, incluyendo las de las pistas de despegue y las naves. El resto de la dotación tenía acceso a las áreas comunes, y a aquellas en que prestaban sus servicios; pero sus mandos no activaban los accesos a determinadas zonas restringidas, como por ejemplo las ya mencionadas plataformas de despegue, el Control de Armamento o el sector de Generadores Nucleares. En caso de necesidad, el Comandante o el Jefe de Seguridad podían ordenar a la computadora que desactivase algunas funciones de determinado comunicador, con lo cual su propietario se encontraba imposibilitado para, por ejemplo, franquear las puertas… a menos que dispusiera de una pistola láser, claro. Como vimos en muchos episodios, cuando el mando no funciona, nada mejor que una descarga láser para hacer polvo el mecanismo de la puerta y abrirla fácilmente.

 
El de Espacio 1999 fue, durante mucho tiempo, el comunicador más avanzado jamás visto en una serie de ciencia-ficción. Incluso en la prestigiosa Babylon 5, producción espectacular donde las haya, el comunicador era un cachivache de una sobriedad decepcionante. No fue hasta el estreno de LA TIERRA; CONFLICTO FINAL, creada por Gene Roddenberry junior basándose en unos guiones que dejó escritos su legendario progenitor, que pudimos disfrutar de un telecomunicador portátil superior en todo al de Espacio 1999. Mas, a pesar de ello, el diseño de Brian Johnson y su equipo sigue teniendo un encanto especial para el aficionado a la ciencia-ficción televisiva. Visto hoy, todavía sorprende por su concepción, tan original como creíble. Lo único que puede chocarnos es que su monitor fuera en blanco y negro. Aparte de eso, su configuración y prestaciones hacen de este singular artefacto una verdadera joya de los efectos especiales, recordada con nostalgia por todos lo seguidores de la estupenda serie de Silvya y Gerry Anderson.

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