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miércoles, 11 de diciembre de 2013

ESPACIO 1999 Y YO

 
 

Espacio 1999, la gran producción televisiva de Sylvia y Gerry Anderson, siempre ha sido mi serie de ciencia-ficción de cabecera, como creo haber comentado en alguna ocasión. Si me preguntaran cuál o cuáles han sido, a mi juicio, las mejores producciones catódicas del género, no tendría dudas a la hora de responder: Star Trek: TOS, la primera con un enfoque serio y dirigida, por tanto, preferentemente a un público adulto; y Babylon 5, que significó toda una revolución en la forma de plantear la ciencia-ficción en la pequeña pantalla. Pero si me preguntan cuál fue la que más me marcó como aficionado al género, mi respuesta sería clara y contundente: Espacio 1999. Y esto por una razón muy fácil de explicar: porque fue la primera serie que disfruté íntegramente, sin perderme uno sólo de los episodios que la componían.
 
Corría el ya lejano año de 1976. Por aquel entonces, en España sólo existía una televisión, TVE, que emitía en dos canales. El primero de ellos era el canal estrella, por así decirlo, ya que cubría la totalidad del territorio nacional. El segundo, denominado entonces UHF y hoy simplemente la Dos, tenía un radio de cobertura mucho menor, de manera que bastantes regiones de España, entre ellas Asturias, quedaban fuera de su campo de emisión, razón esta por la que muchos aficionados a la ciencia-ficción no pudimos disfrutar en su día de Star Trek, rebautizada aquí como La conquista del espacio. Así pues, puede afirmarse que ocho de cada diez españoles de la época veíamos en televisión las mismas cosas. Cabe mencionar que TVE no emitía durante todo el día, ni mucho menos. En aquel tiempo, la televisión estatal comenzaba sus emisiones hacia las dos de la tarde, más o menos, y las cortaba entre las cuatro y media o cinco de la tarde. A eso de las seis y media se reanudaba la emisión, que podía durar hasta las doce o doce y media, como mucho, antes de ser nuevamente suspendida hasta el día siguiente. Los fines de semana comenzaban las emisiones un par de horas antes, a eso de las doce del mediodía, prolongándose ininterrumpidamente hasta medianoche o así. Películas de aventuras, programas deportivos, informativos, documentales y musicales, además de la consabida publicidad, ocupaban el tiempo de emisión de sábados y domingos. Los días de diario, en horario de sobremesa, la TVE de la época programaba varias series, generalmente de procedencia norteamericana, aunque de vez en cuando caía también alguna británica. Los patrulleros, La línea Onedin, Los pilotos de Spencer, Las aventuras de Sherlock Holmes (protagonizada por el genial Peter Cushing) La mujer policía (con la despampanante Angie Dickinson) Brigada especial, Salto mortal, El mago (el más tarde popular Bill Bixby de El increíble Hulk) Los hombres de la frontera (aventuras épicas en la Escocia medieval) etcétera… Como puede apreciarse, la programación diaria de sobremesa de TVE en los años setenta era bastante más variada y de muchísima más calidad que la basura que ponen hoy día. Todas las series citadas eran entretenidas y de buena factura. La tele de la época buscaba, sobre todo, entretener, y lo conseguía plenamente. Pude ver algunos episodios sueltos de las series citadas, sobre todo durante las vacaciones de verano, y recuerdo que me gustaron bastante. Por aquel entonces, ya era un alevín de aficionado a la ciencia-ficción, gracias sobre todo a los bolsilibros de Bruguera, y me habría gustado poder ver alguna serie del género, de las que tanto había oído hablar a los chicos mayores. En mi mente guardaba imágenes difusas de Guardianes del Espacio y Perdidos en el Espacio, pero cuando éstas fueron emitidas yo era demasiado pequeño para conservar un recuerdo claro de las mismas. La única ciencia-ficción televisiva que yo había visto hasta entonces eran El hombre de los seis millones de dólares, que ponían en horario nocturno, y un episodio suelto de OVNI (UFO) que también era emitida en la sobremesa. La serie de Lee Majors nunca me gustó demasiado, y en cuanto a OVNI, como la ponían a una hora tan mala, no pude apreciarla en su justa valía. Estábamos, insisto, a mediados de los años setenta. No había vídeos domésticos ni nada parecido. Los chavales teníamos que ir al colegio. Recuerdo que nuestro horario de clases era de 9:30 a 12:30 por la mañana y de 15:30 a 17:30 por las tardes. Si ponían algo interesante en la tele en ese horario, te lo perdías y punto. No había vuelta de hoja.

 
En el invierno de 1976, al poco de comenzar el nuevo curso escolar, caí repentinamente enfermo y me vi obligado a guardar cama durante algunas semanas. Durante aquel tiempo devoré un buen puñado de novelas de ciencia-ficción de Bruguera y bastantes cómics. Una lluviosa tarde de jueves, encontrándome solo en casa y sin nada que leer, me envolví en una bata, me fui al salón y encendí la tele. Justo en ese momento aparecían en pantalla los créditos de una serie titulada Espacio 1999. Recuerdo que me dio un vuelco el corazón. Aquello era, sin duda, ciencia-ficción. Ajusté el volumen, el brillo y el contraste de aquel viejo y entrañable televisor italiano marca FERCU, y me senté en el sofá, expectante, dispuesto a disfrutar de aquel programa que parecía prometerme las más fantásticas aventuras espaciales. Yo entonces no lo sabía, pero esta serie había comenzado a emitirse el jueves 30 de septiembre, justito el primer día que tuve que guardar cama por mi enfermedad. EL GUARDIAN DE PIRI fue el primer episodio de Espacio 1999 que tuve el placer de visionar aquella memorable tarde invernal de hace treinta y tres años, y me impresionó muchísimo. Nunca antes había visto nada igual. Me cautivaron la misteriosa y fascinante historia que relataba, los increíbles (para la época) efectos especiales y los estupendos decorados. Huelga decir que lo que más me impactó fueron las fabulosas Águilas y el espléndido diseño de interiores de la base Alfa, espectaculares incluso en el glorioso blanco y negro de la tele de entonces. Estaba exultante. Por fin había encontrado una serie de ciencia-ficción realmente buena. Pero mi gozo acabó en un pozo. Pronto caí en la cuenta de que sólo podría verla mientras durase mi enfermedad, y eso, justo es reconocerlo, me entristeció bastante. Mi recuperación avanzaba a marchas forzadas, así que sólo pude disfrutar de dos episodios más, aparte del ya citado. Una vez repuesto, había que regresar a la rutina escolar. Algún tiempo después, hubo problemas en el colegio con unas tuberías y nos dieron el jueves y el viernes libres, gracias a lo cual pude ver un capítulo más, concretamente TODO LO QUE BRILLA, en el que ya aparecía el personaje de Maya. Estaba realmente deprimido. El único programa televisivo que de verdad me interesaba, no podía verlo porque lo pasaban a una hora absurda. No me parecía justo, así que, ni corto ni perezoso, escribí a RTVE solicitando que emitiesen la serie por la noche, o en fin de semana. Confieso que estaba convencido de que no me harían caso, de que mi carta acabaría en alguna papelera. Fueron pasando los meses, llegó Navidad y el nuevo año 1977. Ya había perdido toda esperanza de ver aquella serie tan estupenda. Pero entonces se produjo el milagro.


De lunes a viernes, a las siete de la tarde, TVE emitía un programa infantil y juvenil titulado Un globo, dos globos, tres globos, que había sustituido al entrañable La casa del reloj. Los miércoles, en el citado programa, ponían una serie de aventuras que yo seguía con gran interés. Se trataba de Costa Bárbara, ambientada en el San Francisco de mediados del siglo XIX, y protagonizada por William Shatner y Doug McClure. La programación infantil y juvenil era presentada por la inolvidable María Luisa Seco, prematuramente fallecida a causa de una grave enfermedad. Cuando aquel miércoles María Luisa nos anunció que Costa Bárbara había finalizado, me llevé una gran desilusión. Pero esa desilusión se transformó en satisfacción cuando la presentadora nos informó de la nueva serie que se programaría todos los miércoles a las siete: Espacio 1999. Casi no podía creérmelo. María Luisa Seco explicó entonces las razones por las que TVE había decidido recuperar la serie de los Anderson en un horario más adecuado. En Prado del Rey, sede de RTVE, habían recibido una verdadera avalancha de cartas, procedentes de toda España, pidiendo que Espacio 1999 se emitiera en una franja horaria más adecuada. Después de todo, sólo las amas de casa podían ver la tele en la sobremesa, y resultaba dudoso que a las marujas les interesaran las aventuras de un grupo de astronautas perdidos en el vacío sideral.
 
Aquella fue la primera vez que no me sentí solo como aficionado a la ciencia-ficción. A la mayoría de mis amigos y conocidos no les atraía nada este género en ninguna de sus vertientes, así que, en cierto modo, me sentía como un bicho raro. Pero comprobar que existían miles de españoles que compartían mis gustos, y que, al igual que yo, habían escrito a la tele solicitando el pase de Espacio 1999 en horario de gran audiencia, significó mucho para mi, afianzando aún más mi convicción de que la ciencia-ficción era el mejor de los géneros.
 
A partir de entonces, sentarse ante el televisor cada miércoles a las siete se convirtió casi en un ritual religioso. Como no tenía con quien comentar los episodios, empecé a redactar pequeñas críticas personales sobre cada uno de ellos, a la vez que iniciaba una colección de fotografías y artículos sobre la serie, material que obtenía, armándome de paciencia, de revistas y periódicos. La primera vez que vi una escena de la serie en color fue en unas fotos del ¡Hola! y recuerdo que me llamó poderosamente la atención el magnífico diseño de los uniformes.

 
TVE no emitió los episodios por el orden de producción, así que el último que vimos en aquella época fue TORBELLINO ESPACIAL. Y ahí terminó Espacio 1999 en 1977. Fue sustituida en la parrilla de TVE por El planeta de los simios, adaptación televisiva de la saga de películas que tanto éxito habían cosechado en las salas cinematográficas. Luego vino El hombre invisible. Pero a mi no me convencieron ninguna de las dos. Echaba de menos a John Koenig y su gente.
 
La sombra de Espacio 1999 se proyectó sobre mi durante muchos años. Cuando se estrenó en mi pueblo LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, disfruté de ella como un enano. Pero a pesar del fabuloso despliegue de medios de esta película, seguía pensando que la serie de los Anderson era mejor. Al menos, a mi me gustaba más. Los destructores estelares eran impresionantes, y el Halcón Milenario muy aparente; pero las Águilas me parecían insuperables. Vader era inquietante, la princesa un primor y Han Solo un gran héroe; pero Koenig, Helena, Victor, Sandra y los demás se me antojaban más humanos, más creíbles. Más tarde llegaron Galáctica y La fuga de Logan, series aceptables, sin duda; pero que a mi juicio no admitían comparación con Espacio 1999. Ansiaba ver de nuevo mi serie favorita. A mediados de los ochenta, con el boom del vídeo doméstico, pensé que podría hacerme con algunos episodios. Pero mi búsqueda resultó de todo punto infructuosa. No conseguí ni una sola cinta VHS de la serie. A principios de los noventa llegaron las televisiones privadas, y Antena 3 anunció la emisión de Espacio 1999 las mañanas de los sábados y domingos. Pero la señal de esta cadena todavía no llegaba nítidamente hasta mi pueblo. ¡Porca miseria! Más adelante llegó la señal con claridad, pero ya no ponían Espacio 1999, sino OVNI, otra de las producciones míticas de los Anderson. Menos da una piedra, me dije, y disfruté plenamente de las aventuras del comandante Stryker y sus hombres en su lucha contra los invasores alienígenas. Con todo, tuve suerte. Antena 3 emitió un sábado por la tarde, como si fuera un largometraje, el único episodio doble de Espacio 1999, titulado PORTADORES DE MISTERIO. Ver a todo color una de las mejores aventuras de mis héroes favoritos fue un auténtico regalo, y durante bastante tiempo ése fue el único episodio de la serie que tuve en mi videoteca.
 
Hube de aguardar unos años más, hasta la llegada de Internet, para poder hacerme, ¡ahora sí! con la serie íntegra. Por fin los 48 episodios estaban a mi disposición, para verlos cuantas veces quisiera. Recibir los DVDs de la serie fue una de las experiencias más emotivas de mi vida como aficionado a la ciencia-ficción. No me importó que aquella edición viniera doblada en español neutro, y no en el original de TVE. Lo importante era que ya tenía la serie enterita. Para entonces ya colaboraba en el Sitio, y decidí ir comentando los episodios a medida que los fuera viendo. En realidad, me planteé escribir un libro dedicado a la serie, proyecto que todavía acarició. Decidí utilizar el Sitio como plataforma para comprobar cómo recibían los aficionados mis ensayos sobre Espacio 1999, y me complace poder decir que la acogida fue muy buena. Esto me ha dado nuevos ánimos para retomar el proyecto del libro, que ya está bastante avanzado, y en el que me propongo explorar todos y cada uno de los aspectos que han caracterizado a esta excelente producción.

A pesar de todo lo expuesto en los párrafos anteriores, soy consciente de que Espacio 1999 no es la mejor serie de ciencia-ficción. Posiblemente, como afirma Alfonso Mereló, ni siquiera sea la mejor serie de los Anderson. Pero no puede negarse que marcó un hito, un antes y un después, en la forma de hacer y entender la ciencia-ficción televisiva. Hay muchos disparates científicos en sus episodios, pero también los hay en algunas de las mejores películas y novelas del género, lo que no impide que se les considere obras excepcionales. La serie que nos ocupa recibió críticas durísimas y bastante injustas, incluso del mismísimo Asimov, que despotricaba contra la absoluta falta de rigor científico de la misma. Pero aunque no funcionó bien en EE UU, gozó de gran aceptación en otros muchos países, como demuestra la gran cantidad de páginas y sitios dedicados a ella en la red en todos los idiomas. Ninguna obra dedicada a la ciencia-ficción televisiva puede estar completa sin una referencia a la producción más cara de Sylvia y Gerry Anderson. Es, repito, mi serie de cabecera, la que me introdujo en el fascinante mundo de la ciencia-ficción catódica. Por eso, aunque reconozca que hay series infinitamente mejores en todos los aspectos, nunca habrá para mi otra como ella.

2 comentarios:

Francesc Barceló dijo...

Hola Antonio, yo también fui seguidor de Espacio 1999 en aquel año 1977. La hora de emisión tan rara nos coincidía en el colegio con la clase de gimnasia y te puedo asegurar que éramos muchos los que nos escapábamos de gimnasia para verla en el televisor de la cantina del colegio. Evidentemente pasar de tener que aguantar a un inepto profesor de gimnasia a ver a Koenig y sus compañeros no tenía color. Era mucha la gente que pedía que la serie se pasase en horario nocturno. Luego la cosa se acabó de pronto y la sustituyeron por una serie de detectives inglesa bastante aburrida. Espacio 1999 es uno de los mejores recuerdos de mi adolescencia, sin duda. Saludos.

Anónimo dijo...

Gracias por tu comentario, amigo Francesc. Por tu nombre deduzco que eres español, como yo, catalán en concreto. Me encanta comprobar que somos muchos los que nos acordamos de John Koenig y los suyos. En aquel momento, Espacio 1999 era de lo mejorcito de la televisión, y sigue siendo mi serie de CF de cabecera. Admito que hay otras infinitamente4 mejores, pero... ¿Qué quieres que te diga? Los momentos felices que se pasan de niño no se olvidan nunca, y gracias a esta serie miles de chicos españoles (y supongo que mucho smiles más de latinoamericanaos) disfrutamos de lo lindo.
Un abrazo, Francesc, y gracias de nuevo por tu opinión

Antonio Quintana