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lunes, 12 de agosto de 2013

LA NOVELA FRANQUICIA: UN GÉNERO MÁS

                                         
 
 
 
Cuando una serie televisiva o una saga cinematográfica devienen en un clamoroso éxito, sus creadores, como es natural, desean exprimir el filón al máximo. Esto suele concretarse en el rodaje de secuelas del film, nuevas temporadas de la serie en cuestión, e incluso en la creación de series paralelas, nacidas al abrigo de la producción matriz. Si las continuaciones de la obra original funcionan bien, se tiende a presentar el producto en otros formatos, tales como los comics, los juegos de rol, los videojuegos y, más recientemente, los juegos de ordenador. Sin olvidarnos, claro está, de los juguetes, las maquetas y ese sin fin de objetos de todo tipo que conforman lo que se ha dado en llamar el merchandising, uno de cuyos productos estrella es, desde siempre, la novela franquicia.
 
La industria del merchandising, tal y como hoy la conocemos, nació a la sombra de la enorme popularidad del film EL PLANETA DE LOS SIMIOS, una obra maestra de la ciencia-ficción que generó cuatro largometrajes más y una serie de televisión. La saga simia se prolongó en una estimable colección de comics, una serie de dibujos animados y varias novelas, si bien éstas últimas no alcanzaron gran difusión fuera de EE. UU. Pero la verdadera eclosión de la novela-franquicia se produjo en la segunda mitad de los años setenta, como resultado de la inmensa popularidad, a nivel mundial, de Star Trek y Star Wars, posiblemente las producciones de ciencia-ficción más míticas de la historia.
 
Star Trek, la serie clásica, había sido cancelada en 1969, presumiblemente a causa de sus bajos niveles de audiencia. Pero sus continuas reposiciones en centenares de emisoras de televisión locales, a todo lo largo y ancho de los EE. UU., acabaron por hacer de ella una serie de culto seguida por millones de personas. El fenómeno Star Trek alcanzó tal relevancia, que la Paramount decidió rodar una nueva serie de acción real, proyecto que no se concretaría en una realidad debido a que los gerifaltes del Estudio, sorprendidos por el apoteósico estreno de STAR WARS, producida por la Fox, decidieron en el último momento rodar un espectacular largometraje. La noticia de la cancelación de la proyectada serie semanal, cuyo proceso de preproducción estaba ya muy avanzado, no fue bien acogida por los trekkies, aunque muchos hallaron consuelo imaginándose lo que podría dar de sí Star Trek en el cine, con un buen presupuesto y los medios técnicos más avanzados a su disposición. Conscientes de que había que mantener vivo el interés de los fans, Roddenberry y los responsables de Paramount intensificaron las campañas publicitarias y de merchandising relacionadas con la saga. Puesto que habría que esperar algún tiempo hasta el estreno de STAR TREK: THE MOTION PICTURE, y los aficionados reclamaban con delirio más aventuras de sus personajes favoritos, se decidió iniciar una colección de relatos basados en las aventuras televisivas de Kirk y su tripulación. Y así, mientras STAR WARS rompía las taquillas de medio mundo y parte del otro medio, la editorial neoyorkina Pocket Books, una división de la poderosa Simon & Schuster Inc, sacó al mercado la primera colección de novelas de Star Trek, que fue recibida con gran júbilo por los trekkies. Con el paso de los años surgirían nuevas series trekTNG, DS9, Voyager, Enterprise —, cada una de las cuales generaría su propia colección de novelas-franquicia. Por otra parte, aparecerían también series de novelas ambientadas en el universo trek, aunque no directamente relacionadas con la saga fílmica o las televisivas.
 
En el caso de STAR WARS, la cosa fue aún más fulgurante. El film batió todos los récords de taquilla deviniendo en un fenómeno de masas, por lo que poco después de su estreno en USA se publicó su versión novelada, firmada por Lucas pero escrita, en realidad, por Alan Dean Foster. La obra que inauguró la franquicia literaria de esta saga fue EL OJO DE LA MENTE, también de Foster, que tuvo casi tanto éxito como la película.
 
STAR WARS había sido concebida desde un principio como una saga exclusivamente cinematográfica. La intención de Lucas era rodar una trilogía, a un ritmo de un film cada tres años. A fin de mantener el interés del público, se puso en marcha una agresiva campaña de merchandising, en la que los cómics y las novelas-franquicia fueron los productos más potenciados. Con EL IMPERIO CONTRAATACA Star Wars alcanzó el cénit de su popularidad, lo que provocó una eclosión de novelas ambientadas en el mágico universo imaginado por Lucas. Las colecciones basadas en la saga fílmica empezaron a proliferar como los hongos en un tronco podrido, apareciendo series paralelas como las de Las guerras Clon, La nueva Orden Jedi, La Academia Jedi, etcétera.
 
El fenómeno de la novela-franquicia no se ha circunscrito sólo a Star Wars y Star Trek, naturalmente. Producciones como V, Babylon 5, la saga de Alien y otras muchas han generado una vastísima producción de relatos inspirados en ellas. Casi no hay serie televisiva o saga cinematográfica de ciencia-ficción que no tenga su colección de novelas. En España tenemos el caso de la mítica Saga de los Aznar, un impresionante fresco futurista urdido por el valenciano Pascual Enguídanos Usach (George H. White) entre los años cincuenta y setenta del siglo pasado. Esta fabulosa serie, obra cumbre de la literatura española de ciencia-ficción, ha originado una colección de novelas-franquicia de gran calidad escritas por un plantel de entusiastas del fascinante universo enguidosiano, publicadas por la editorial Silente.
 
                                                
 
La novela-franquicia goza de gran aceptación, siendo las más populares, como se ha dicho, las de Star Trek y Star Wars. No obstante, amplios sectores del público y la crítica parecen hallar cierta complacencia en denostarla, lo que a mi juicio es injusto. Probablemente ninguno de sus títulos figurará jamás entre las grandes obras de la literatura del género, pero eso no significa que no tengan cierto valor literario, por mínimo que sea. Hay quien las compara con los bolsilibros, las popularísimas novelas de a duro de antaño. Aunque no estoy del todo de acuerdo con esa apreciación, lo cierto es que ambos tipo de novela tienen, al menos, un punto en común, una virtud compartida: ofrecen al lector lo que éste espera, ni más ni menos, y raras veces defraudan. Las historias que relatan son predecibles, tópicas si se quiere expresarlo así. Pero eso es precisamente lo que buscan los lectores de novela-franquicia..., y lo que reclamaban los que leían bolsilibros.
 
Para un escritor novel la novela-franquicia representa una oportunidad de oro para introducirse en el mundo literario. Al menos, así ocurre en EE. UU. Porque, si bien es cierto que muchos escritores consagrados han escrito alguna que otra novela de este tipo, también lo es que la gran mayoría de los autores que han cultivado este sub-genero—y empleo el término en su acepción más digna—comenzaron sus carreras con esta clase de historias. Es el caso, por citar dos ejemplos relacionados con mi amada Star Trek, de Diane Duane y Ann C. Crispin, que dieron sus primeros pasos profesionales escribiendo novelas ambientadas en el universo futurista creado por Roddenberry, para posteriormente desarrollar, con notable éxito, sus propias sagas. Dicho de otro modo: son muchos los autores especializados en ciencia-ficción y fantasía que se dieron a conocer con novelas-franquicia, por lo que podemos considerar éste sub-género como una fértil cantera de novelistas. Por desgracia, es éste un fenómeno que, como he comentado antes, sólo parece darse en EE. UU., salvo excepciones muy puntuales. Una verdadera lástima, porque en España, sin ir más lejos, tenemos una pléyade de excelentes escritores que poco o nada tienen que envidiar a los del otro lado del charco..., como no sea el inmenso mercado interior norteamericano, con cientos de miles de voraces lectores.
 
Escribir un relato de éstos puede parecer fácil, pero en realidad no lo es. El autor de novela franquicia debe conocer en profundidad la Saga en la que va a basar sus obras, el ambiente en que se desarrolla, la tecnología, los personajes y todo cuanto con ellos se relacione, especialmente su carácter, sus motivaciones psicológicas y la historia personal de cada uno de ellos. Ha de ser muy cuidadoso a la hora de pergeñar sus argumentos, para evitar caer en contradicciones con el espíritu de la obra original, lo que sin duda provocaría el rechazo por parte de los lectores. Debe ser plenamente consciente de que su libertad creativa ha de estar necesariamente limitada, al menos en parte, por las peculiaridades de la saga sobre la que haya decidido escribir. Está obligado a respetar estas premisas sobre todo cuando base sus relatos en lo filmado, es decir, en personajes, ambientes y situaciones previamente descritos en películas o episodios televisivos. En este caso concreto, la estructura de sus obras tendrá que ser coherente al máximo con la línea narrativa básica de la serie de televisión o la saga de películas. En las series de novelas paralelas, es decir, en aquellas cuya acción se desarrolle en el mismo universo ficticio, pero con ambientes y personajes creados exclusivamente por el autor, éste podrá gozar de un margen creativo más amplio, si bien tendrá que ceñirse lo más fielmente posible a los parámetros narrativos básicos de la obra madre.
 
Es importante señalar que, a pesar de la gran difusión y popularidad de las novelas-franquicia, éstas no son canónicas. Es decir, lo que se narra en ellas nunca será considerado como oficial dentro de su particular universo de ficción. Por ejemplo, en la novela EL HIJO DEL AYER, de A. C. Crispin, concebida como una continuación del episodio de Star Trek TOS: TODOS NUESTROS AYERES, aparece Zar, hijo de Spock y Zarabeth. Puesto que no existe ningún episodio o película en el que se mencione el personaje, o alguno de los hechos descritos en esa obra, a todos los efectos lo narrado en la misma nunca sucedió y no figura en los anales de la saga.
 
Ya para concluir diré que he leído muchas novelas franquicia, principalmente de Star Wars y Star Trek, y he de señalar que he encontrado algunas verdaderamente notables, que respetan al máximo el espíritu de las sagas matrices, y que serían dignas de ser empleadas como base argumental para unos espectaculares telefilmes. Como es obvio, también me he tropezado con algunos títulos pésimos, mal escritos y que a duras penas consiguen recrear medianamente bien los universos imaginados por Lucas y Roddenberry. Pero son excepciones muy puntuales. Por lo general, las novelas-franquicia de Star Wars y Star Trek (las que mejor conozco) suelen tener un nivel literario más que aceptable. Así pues, considero necesario romper una lanza en favor de este género literario, que tantas satisfacciones ha proporcionado a los fans de Star Wars, Star Trek, Babylon 5, Alien y otras producciones míticas de la ciencia-ficción.

2 comentarios:

José A. García dijo...

Muy buen informe. Sabía lo que era una novela franquicia pero no conocía todos los datos que ustedes presentan.

Buen trabajo!

Saludos y Suerte!

J.

ODISEO dijo...

Gracias amigo!!

Aunque todos los créditos son para mi colega Quintana.

Un abrazote para ti.

Atte: ODISEO...Legendario Guerrero Arcano