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sábado, 14 de enero de 2012

EL ORDEN ESTELAR O MI PRIMER CONTACTO CON LA CIENCIA-FICCIÓN

POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


Siempre he creído que para todo aficionado a la ciencia-ficción el momento más importante de su vida es aquel en que tomó contacto por vez primera con el género. En mi caso esto sucedió hace tres décadas. Contaba por aquel entonces doce años y como casi todos los críos de la época leía mucho, cómics principalmente. Claro que entonces se los conocía como tebeos en toda España menos en Llanes, Asturias, donde nací y vivo y trabajo actualmente. Aquí siempre se les llamó cuentos, aunque hasta la fecha no he podido averiguar por qué. El caso es que leía muchísimo y casi todo el tiempo libre que tenía lo dedicaba a Mortadelo y Filemón, a Supermán, a Flash Gordón, al Inspector Dan o a cualquier otro personaje tebeístico. Hasta entonces nunca me había sentido atraído por ninguna novela. Había visto, eso sí, muchas de las llamadas de a duro, pero nunca llamaron mi atención. Pero cierto día caí enfermo y hube de guardar cama durante bastante tiempo. Las visitas que recibí me proporcionaron mucho material para leer y hacerme más llevadera la convalecencia.

Una de esas personas me llevó una enorme bolsa de plástico llena de tebeos variados, y cuando los estaba revisando me encontré conque entre ellos venía una de aquellas novelitas de a duro. Recuerdo que llamó poderosamente mi atención la colorista portada y el intrigante título: MISIÓN EN OULAX. Estuve un buen rato admirando la llamativa portada, pasé sus páginas al tún tún y acabé dejándola sobre la mesita de noche, tras lo cual escogí una novela gráfica de Tex, mi héroe favorito del Lejano Oeste, y me sumergí en sus apasionantes aventuras, olvidándome por completo de aquel librito que firmaba un tal A. Thorkent.

Unos días más tarde ya había acabado con los tebeos, y como no tenía nada más me acordé de la novelita que descansaba sobre la mesilla de noche. La tomé en mis manos, me recreé unos instantes en la contemplación de su fascinante portada y, tras un leve titubeo, la abrí y empecé a leer. Me zambullí en la lectura de aquella obrita con la mejor de las intenciones, aunque la verdad es que estaba seguro de que no podría pasar del segundo o tercer capítulo. Para mi sorpresa no sólo terminé el primer capítulo sino que me la leí de un tirón. Y me gustó tantísimo que decidí leer alguna otra novela de aquel estilo.

Ya recuperado de mi enfermedad acudí como una flecha a la tiendecita que regentaba una señora llamada Josefina. Era una de esas tiendas mixtas en las que se vendían golosinas, juguetes, revistas y periódicos y además, aunque os sorprenda, ¡se zurcían medias! También funcionaba como librería de lance donde se podían cambiar tebeos y novelas. La señora, una vez la informé de lo que quería, me sacó un montón de novelas de las que ella llamaba de Cosas Raras, vaga definición ésta que abarcaba todos los géneros que no fueran Oeste, Amor y Policiaco. Pero había un problema. Había que dejar una novela por cada una que te llevaras más una pequeña cantidad de dinero. Yo tenía el dinero pero no las novelas, y naturalmente no quería deshacerme de MISIÓN EN OULAX, la única que poseía entonces. Al percatarse de mi contrariedad la buena de Josefina sonrió y me dijo que cogiera las que quisiera, que de este modo hacía un nuevo cliente. Nunca le agradeceré lo bastante a esa buena mujer el gran favor que me hizo.

Así que husmeé entre aquel montón de bolsilibros con entusiasmo, separé los de ciencia-ficción y luego seleccioné cinco de entre éstos, ya que mi exiguo presupuesto no daba para más. Sufrí una pequeña decepción porque entre aquellas novelitas no había ninguna de A. Thorkent. No me quedó más remedio que hacer de tripas corazón e irme a casa con dos de Clark Carrados, una de Curtis Garland, una de Joseph Berna y otra de Lou Carrigan. Tres días más tarde ya me las había leído. Me gustaron, pero no tanto como aquella de Thorkent. De modo que tan pronto como reuní unas pesetillas volví corriendo a la tienda de Josefina. ¡Eureka! Esta vez me hice con tres de A. Thorkent, MUNDO OLVIDADO, LOS ENEMIGOS DE LA TIERRA y LOS MERCENARIOS DE LAS ESTRELLAS.

Más contento que unas castañuelas me leí una de ellas esa misma noche, de una sentada. Creo que fue entonces cuando me di cuenta de que allí había una verdadera saga espacial y que el personaje dominante de ésta era la mujer, aquella hermosa Alice Cooper, de rubios cabellos y verdes ojos. Hoy no llamaría la atención que el protagonista principal de un ciclo de novelas de ciencia-ficción fuera una mujer, pero en aquella época, y en aquel tipo de literatura, las mujeres ejercían generalmente de simples comparsas del héroe masculino de turno. Todavía no conocía a Baby, la divina espía creada por Lou Carrigan, y faltaban algunos años (no muchos no vayais a creer) para que supiera de la existencia literaria de la robopsicóloga Susan Calvin imaginada por el Buen Doctor, así que encontré el protagonismo de Alice Cooper tremendamente novedoso y sugestivo. Me parecía que aquel Thorkent era un genio de la literatura y me propuse reunir todas las novelas suyas que pudiera.

Cuando me regalaron una montaña de novelas de Marcial Lafuente Estefanía, autor que nunca me gustó, me fueron valiosísimas para ir cambiándolas por las del Espacio, que eran las que me interesaban. Mi admiración por Alice Cooper, Adán Villagrán y el Orden Estelar crecía a pasos agigantados. No obstante mi relación con el autor podía considerarse de amor y odio. Admiraba profundamente su trabajo y le estaba agradecido por haberme mostrado lo maravillosa que podía ser la ciencia-ficción. Pero también me irritaba su manía de escribir las novelas del Orden salteadas, sin aparente orden ni concierto, dando saltos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo. No acertaba a comprender por que lo hacía así. Sólo con la llegada de Internet y este estupendo Sitio pude conocer las dificultades que tuvo Thorkent para dar un mínimo de coherencia a su saga.

Hoy día poseo treinta y nueve novelas de A. Thorkent, o de Ángel Torres Quesada, como más os guste, incluyendo MISIÓN EN OULAX, la primera obra del género que cayó en mis manos. Casi todas están en perfecto estado y reposan en un lugar privilegiado de mi biblioteca, junto a Asimov, Clarke, Pohl, Heinlein y otros muchos. Creo sinceramente que sus obras, incluso estas modestas novelillas de a duro, merecen estar con las de los grandes maestros del género. Creo que yo jamás habría leído a esos monstruos de la ciencia-ficción sin haber leído antes a Thorkent y sus colegas de la literatura popular española. Por eso mi idilio con Alice Cooper y el Orden Estelar, que comenzó hace treinta años, perdura aún intensamente. Gracias, Ángel, por las emocionantes aventuras que nos hiciste vivir a bordo de la Hermes y la Silente.

1 comentario:

jaberasa dijo...

Entrañable y emotiva reseña sobre el nacimiento de una afición.
La nostalgia me ha invadido al leer estas lineas, sobre un tiempo pasado, en el que los primeros momentos, los principios, son el tesoro de los recuerdos más preciados.
Saludos!
Juan
http://bolsilibrosblog.blogspot.com/