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jueves, 25 de febrero de 2010

TRES PÁJAROS DE UN TIRO



POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI



Publicada en 1967, con el nº 320 de la famosa colección bélica de Toray Relatos de Guerra, esta trepidante novela de LGL nos cuenta la odisea personal de Jack Rowey, otro de los falsos culpables que tantas obras del riojano protagonizaron.

La acción se inicia cuando Rowey se fuga de la prisión militar en la que se halla confinado, justo la víspera de su traslado al tristemente célebre penal británico de Dartmoor. Acusado de un delito que no cometió, Rowey, obsesionado con encontrar al verdadero culpable, el mayor Dalbert Canald, y hacerle confesar por las buenas o las malas, acude a un cirujano plástico de dudosa reputación para que altere sus facciones, a fin de evitar que alguien pueda reconocerle. Nuestro héroe se siente atraído por la bella ayudante del médico, la enfermera June Plont, que parece asqueada por la labor que se ve obligada a hacer en esa clínica. Tras la intervención, Rowey investiga a Canald, descubriendo que se encuentra sirviendo en una unidad de carros de combate en el norte de África. Con documentación falsa y un nuevo aspecto, incluido un frondoso mostacho, y bajo el nombre de Jack Renfrey, nuestro protagonista se alista en el ejército. Como voluntario, y poseyendo el permiso de conducir, puede elegir arma. Obviamente, elige carros de asalto, confiando en que le destinen inmediatamente a África, donde espera encontrar al canalla que le tendió la trampa.

Pasan los meses y Rowey, bajo la identidad de Renfrey y el apodo de Bigotes, se encuentra combatiendo contra el Afrika Korps germano. Un día se tropieza con una bella enfermera del cuerpo sanitario, que resulta ser June Plont. Ella le reconoce a pesar del tupido bigote, pero, aunque está convencida de que es un delincuente, el hecho de que se haya alistado voluntario no deja de sorprenderla favorablemente. Entre ambos se establece una relación un tanto ambigua, que se irá concretando en algo más sólido conforme la muchacha vaya conociendo a Rowey, quien acabará por contarle sus desventuras y confesarle el motivo de que se encuentre ahora en el continente negro.

Los combates se van sucediendo ininterrumpidamente, unas veces a favor de los tommys y otras de los boches. Y tras uno de esos enfrentamientos, Rowey encuentra por fin a su odiado enemigo. El muchacho espera pacientemente el momento de actuar contra Canald, pero, al mismo tiempo, éste ha comenzado a recibir una serie de notas amenazadoras, supuestamente escritas por Rowey, pidiéndole una fuerte suma de dinero a cambio de guardar silencio sobre los pasados actos del ahora honorable mayor de fuerzas blindadas. Dalbert está lejos de sospechar que el autor de los anónimos es su ayudante personal, que fue testigo de su crimen. El mayor recurre a sus contactos en Inglaterra, y a través del mismo individuo que proporcionó a Rowey la documentación falsa y el nombre del cirujano plástico, averigua la identidad bajo la que se oculta ahora el hombre a quien envió a prisión bajo una acusación falseada. Aprovechando la confusión originada durante un combate, Canald trata de matar a Rowey, pero la afortunada intervención de June evita que logre culminar sus criminales propósitos. Descubierto al fin, Canald decide morir combatiendo, en vez pasar el resto de sus días en presidio, y encuentra una muerte honrosa atacando a pecho descubierto, con granadas de mano, a unos blindados germanos. Acribillado a balazos, no expira sin antes confesar sus crímenes ante numerosos testigos, exonerando así a Rowey, que puede recuperar su auténtico nombre, limpio ya de toda lacra. A esto hay que añadir que el ayudante del fallecido mayor, descubierto también, no tiene otro remedio que contar cuanto sabe, reafirmando la inocencia de Rowey. Puesto que éste era teniente, una vez rehabilitado, y en reconocimiento a su heroísmo en el campo de batalla, es ascendido a capitán. Pero el mejor premio para nuestro protagonista es, sin duda, el amor de June Plont.

La novela repite, como se ha dicho, el esquema básico de otros títulos señeros de la obra de LGL. Tenemos un hombre acusado de un crimen cometido por otro; un oficial falsamente honorable, capaz de cualquier cosa por satisfacer sus más bajos instintos; una mujer que cree en la honradez del héroe, aunque éste lo tenga todo en contra, y un grupo de amigos dispuesto a hacer lo que sea necesario por quien ha compartido el horror de la lucha en el desierto con ellos. Este último punto es muy importante. Muchas de las novelas de LGL tienen un enfoque coral. Como buen veterano de guerra, el autor concede mucha importancia al compañerismo, a la especial camaradería que sólo se forja en los campos de batalla y en las situaciones límite a las que conduce la guerra. Tres pájaros de un tiro es una novela modélica en este aspecto. Por otra parte, LGL utilizaría este planteamiento coral del argumento no sólo en sus relatos bélicos, si no también en otros géneros, especialmente en la ciencia ficción, como veremos en la reseña de Enigma, aparecida en 1981 en LCDE.

Poco más se puede decir de esta novela. Si acaso, señalar, por enésima vez, la maestría del riojano a la hora de describir las escenas de acción, siempre narradas con sobriedad, no exenta de espectacularidad. Por último, nos referiremos a la cubierta del volumen, un excelente primer plano del gran Anthony Perkins en su papel de soldado americano en la superproducción ¿ARDE PARÍS? El film se rodó en B/N, pero para la portada la foto se coloreó artificialmente. El resultado es bastante bueno, pero nunca me han gustado las cubiertas con fotografías. La colección Relatos de Guerra alternó las cubiertas con fotogramas de películas del género con las dibujadas, siendo mucho mejores, en mi modesta opinión, éstas últimas.

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