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sábado, 19 de octubre de 2013

UN ALIENÍGENA EN EL OESTE

 
 
 
 
Uno de los personajes más populares del cómic europeo fue Tex Willer, un ranger de Texas cuyas emocionantes aventuras encandilaron a millones de lectores durante décadas. Tex fue publicado en España por la editorial Buru Lan, convirtiéndose pronto en uno de los personajes favoritos de los aficionados a los tebeos ambientados en el salvaje Oeste. Su popularidad en nuestro país sólo fue superada por otro gran clásico del western en viñetas, El Teniente Blueberry. Hace poco, mientras hojeaba nostálgicamente algunos tomos de Tex, encontré algo que me sorprendió, algo que no recordaba ni remotamente. En una de sus extraordinarias aventuras, Tex Willer se enfrentó nada más y nada menos que a un ser de otro planeta.
 
Las aventuras de este personaje se presentaban en tomos de 96 páginas, de aparición quincenal. Cada volumen incluía dos historias. La edición había sido diseñada de forma que en cada tomo terminaba la aventura empezada en el anterior y comenzaba otra que concluiría en el siguiente. De este modo se conseguía enganchar al lector con facilidad. Y fue al releer dos de estos volúmenes, los números 9 y 10 de la colección, cuando me tropecé con una curiosa historia de ciencia-ficción ambientada en el Oeste americano de la década de 1880.
 
La historia que nos interesa comienza en el episodio titulado EL VALLE DE LA LUNA, del tomo 9, cuando Tex y su gran amigo Carson se encuentran con un viejo conocido, Ben Rufus. Rufus ha comprado una mina a Tom Fresno por 3000 dólares y un tanto por ciento de los beneficios. Tex sospecha que su amigo ha sido estafado, pero Fresno parece un hombre honrado, de manera que el ranger le pregunta por qué vende tan barata una mina de la que, según él mismo ha dicho, podría extraerse hasta un millón de dólares en oro. Fresno no vacila en reconocer que es el miedo lo que le impulsó a venderla, ya que, según parece, en esa mina pasan cosas muy raras, como si estuviese encantada o algo así. Tex escucha el extraordinario relato de Fresno, tras lo cual decide ayudar a su amigo Rufus. Nuestro héroe, como es natural, no cree en fantasmas ni tonterías así. A pesar de ello, el ranger no puede evitar sentirse impresionado por las extrañas muertes producidas en esa mina, de modo que, poco después, parte hacia el valle de la Luna, lugar en que se encuentra la mina, acompañado de Rufus y Carson. Y así comienza la más sorprendente aventura de Tex Willer. La gente que vive en el valle está aterrorizada por las cosas que pasan en torno a la mina del hombre muerto. La misma noche de su llegada al lugar, nuestros amigos son despertados por un extraño sonido como de campanillas. Un intruso merodea en torno a la cabaña en la que se alojan. Tex, colt en mano, le da el alto, pero el extraño huye en dirección a la mina, introduciéndose en ella. Tex, Rufus y Carson, le persiguen, pero un derrumbamiento les obliga a retroceder.
 
 
El ranger decide entrevistarse con el jefe apache Mano Amarilla. Los indios conocen mejor que nadie el valle de la Luna y los cercanos montes Dragón, y si ocurre algo anormal por esos lugares, ellos deben saberlo. La entrevista con el cabecilla nativo resulta muy provechosa. Mano Amarilla le habla del hijo del Gran Espíritu, que, según él, ha bajado a la Tierra. Nuestro héroe comprueba, con asombro, que el siempre valeroso guerrero apache tiene miedo. Mientras tanto, Rufus y Carson, que están tratando de despejar la entrada a la mina, encuentran en una de las galerías de ésta a un indio moribundo, que sostiene en una mano un pedazo de roca con vetas verdes y plateadas. El indio muere y los hombres blancos comprueban, horrorizados, que la mano en la que sostenía la extraña roca está llagada.
 
Mientras esto ocurre en la mina, Kiwan, hechicero de la tribu de Mano Amarilla, explica a Tex todo lo relacionado con el hijo del Gran Espíritu, que ha conseguido la colaboración de los guerreros ofreciéndoles una fortísima agua de fuego nunca vista antes por los indios. El hechicero tiene una de las curiosas pastillas con las que el ser elabora dicho licor. Disolviendo un trozo de ella en agua, se consigue una bebida más fuerte que el mezcal. Por conseguir esa bebida, los miembros de la tribu de Mano Amarilla trabajan para ese ser, extrayendo extrañas rocas negras, verdes y plateadas de la llamada mina del hombre muerto. Pero los guerreros que trabajan para el hijo del Gran Espíritu van muriendo poco a poco, víctimas de una extraña enfermedad.
 
Los acontecimientos se precipitan cuando Rufus y Carson regresan al poblado minero, y se encuentran con un aterrado y andrajoso buscador de oro que les relata su increíble historia. Él y su socio se disponían a lavar en el torrente los minerales que extrajeron de su mina, cuando apareció el hombre más extraño que habían visto en todos los días de su vida. El minero relata cómo su socio murió fulminado por un rayo de luz que brotó de la mano del extraño. Los mineros organizan inmediatamente un pelotón para salir en busca de ese tipo. Pronto localizan al extraño, que parece merodear por los alrededores buscando sólo él sabe qué, y se entabla un feroz combate, en el que, a pesar de la superioridad de su extraña arma de rayos, el hijo del Gran Espíritu lleva las de perder, sobre todo porque Tex y Mano Amarilla se presentan de improviso en auxilio de Carson, Rufus y los demás, uniendo el fuego de sus winchesters al de las armas de sus compañeros. El ser de otro mundo huye en dirección a la mina, perseguido de cerca por Willer y los demás. Pero el alienígena no está dispuesto a permitir que le cojan vivo y que descubran sus secretos. Una de las galerías de la mina desemboca en el valle de la Luna y por ella huye el ser. Cuando están a punto de alcanzarle, se produce una horrible detonación acompañada de una luz cegadora, y poco después, nuestros amigos descubren las ropas semiquemadas que llevaba el individuo, y en el centro del valle observan un gran círculo de tierra abrasada, del cual salen espirales de humo. Nuestros héroes deducen que el misterioso personaje ha preferido morir, empleando sólo Dios sabe qué clase de explosivo, a que le cogieran vivo. Así concluye esta aventura de Tex. Pero el lector no puede evitar preguntarse si el alienígena, una vez terminada su misión, cualquiera que ésta fuera, no habrá logrado regresar a su mundo empleando alguna nave auxiliar que tuviera dispuesta para tal fin en aquel recóndito rincón del valle.
 
 
Esta fue, sin duda, la aventura más original de las narradas en los álbumes de Tex. No obstante, cabe señalar que las aventuras de este personaje estaban sazonadas frecuentemente con elementos propios de otros géneros. Quizás por eso, aunque me gustaba bastante, Tex no fue nunca uno de mis personajes favoritos. En aquella época no me convencía la mezcla de géneros, así que en lo que a tebeos del Oeste se refiere, prefería a Blueberry o El Pequeño Luchador. Sin embargo, la calidad de los dibujos y los guiones de Tex me sedujeron, y durante algún tiempo adquirí los volúmenes que iban saliendo al mercado.
 
Aunque no es la mejor aventura de este personaje, este curioso relato de un extraterrestre que busca mineral radiactivo en pleno Oeste americano, empleando a los indios como mano de obra semiesclava, tiene cierta gracia. Una historieta para recordar, aunque sólo sea como curiosidad.

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